ARTÍCULO DE OPINIÓN
La Historia de Cabra
de Vega Murillo
El primer historiador conocido que acomete la responsabilidad de escribir una historia de Cabra, es Don Juan de la Vega Murillo y Aguilar. El manuscrito en un tomo encuadernado en pergamino se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Comienza don Juan su trabajo en 1º de enero de 1668, según él mismo declara en la primera página escrita de su puño y letra. Cumple pues en estas fechas este notabilísimo trabajo trescientos cincuenta y ocho años (1668-2026) que su autor lo comenzara. Tres siglos y medio largos han transcurrido desde que el Canónigo Magistral de la Colegial de San Patricio de la Ciudad de Lorca y Visitador General que fue del Obispo de Cartagena, natural de la villa de Cabra, que desempeñó además el cargo de Juez de apelación de los estados del Duque de Sessa y de Baena, a quien llama su señor, iniciara la composición de este manuscrito que, como es harto sabido, sirvió en lo fundamental y copiosamente a la historia que mucho tiempo después, compuso D. Nicolás Albornoz, en la cual, sobre todo en la primera parte que se refiere a la antigua Egabro, se menudean repetidas citas del manuscrito de, de la Vega.
El autor es un exaltado enamorado de su villa natal. Y aun cuando él mismo reconoce humildemente su insuficiencia para tan arduo trabajo lo justifica por su “amor a la dulce patria” y pensando en hacerle “este pequeño servicio, sacando a la luz de la verdad, de las tinieblas del olvido, sus antigüedades, las vidas de sus hijos, las hazañas de sus hijosdalgo en letras y armas, los servicios de sus reyes” determinándose a escribir esta obra “más hija de mis afectos y obligación que de mi suficiencia.” Una de las causas que también obligan a don Juan a acometer esta compleja obra histórica es el hecho de que “otras ciudades como Sevilla ,Córdoba, Granada, Segovia, Ávila, Mérida, Toledo, Murcia, Numancia, Écija, Cádiz, Andújar y Plasencia” tienen en aquellas fechas historiadores e historias publicadas; y “siendo nuestra insigne y nombrada villa de Cabra poblada y derivada de las Nobles antiguas ruinas de la celebrada Egabro en la provincia Bética, en cuyos senos se halló defensa en sus fuertes muros, abrigo en su castillo, fertilidad en sus campos, delicias en sus huertas, constancia en sus ínclitos mártires, sangre nobilísima con sus hijos, silla episcopal en su iglesia, gloriosos obispos en su Catedral, valor heroico en sus vecinos, cosas memorables y famosas en su término y grandeza en sus Excmos. Condes de Cabra, fuera cosa lastimosa el no hacer unos recuerdos históricos de la luz de la verdad de tan señaladas prendas con que la ilustró el cielo y la guarneció la Naturaleza”.
El pergeñar estas líneas solamente nos propusimos recordar la fecha de estos 358 años de este importantísimo trabajo para nuestra ciudad llevado a cabo por un egabrense que, a mi juicio, merece cuando menos que se le recuerde en su pueblo como su primer historiador y llamar la atención del Ayuntamiento y de sus cultísimas asociaciones e instituciones de la antigua Egabro, para que en conmemoración de la fecha se le dé el nombre de Juan de la Vega Morillo y Aguilar a un rincón, calle o plazoleta de la villa, ya que no hay que olvidar que de no existir este manuscrito acaso no hubiese sido compuesta nunca la historia de Albornoz.
¿No merece don Juan de la Vega a los tres y
medio siglos largos de existencia de su histórico trabajo para enaltecer a su
pueblo natal este pequeño homenaje de la tierra que le vio nacer?


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