agosto 01, 2026

José Fernández Álvarez (JotaEfeA)



PROPUESTA DE
PROYECTO PÚBLICO 





Exposición de motivos para

la creación de un monumento al emigrante en

Cabra (Córdoba)

 

I. JUSTIFICACIÓN HISTÓRICA

Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, la localidad de Cabra vivió uno de los procesos sociales más significativos de su historia contemporánea: la emigración de una parte importante de su población. Este fenómeno, común a buena parte de la provincia de Córdoba y de Andalucía, estuvo motivado por la escasez de oportunidades laborales, la precariedad económica y el desigual desarrollo territorial.

Numerosos vecinos de Cabra se vieron obligados a abandonar su tierra natal en busca de un futuro mejor. Esta emigración se produjo tanto de forma permanente —hacia otras regiones españolas, especialmente Cataluña y el norte industrial, así como hacia distintos países europeos— como de forma temporal o estacional.

Especial relevancia tuvo esta última modalidad, consistente en desplazamientos periódicos de varios meses de duración para participar en campañas agrícolas en distintos países, como la vendimia en Francia o trabajos agrícolas en Bélgica, Alemania u otros destinos. Estos trabajadores, conocidos como emigrantes temporeros, protagonizaron un esfuerzo continuado y silencioso, repitiendo estos desplazamientos durante años, manteniendo al mismo tiempo sus raíces y vínculos con Cabra.

En este contexto, la antigua estación de ferrocarril de Cabra se convirtió en un espacio clave de esta historia colectiva. Desde su andén partieron y regresaron generaciones de egabrenses, siendo testigo de innumerables escenas humanas: despedidas cargadas de emoción, llegadas en la madrugada, abrazos contenidos, miradas de incertidumbre y esperanza. Aquel lugar, hoy integrado en el entorno del Centro de Interpretación del Tren del Aceite, constituye un enclave de alto valor simbólico que conserva la huella emocional de aquel tiempo.

 

II. VALOR HUMANO Y SOCIAL

Las generaciones que protagonizaron tanto la emigración permanente como la temporal constituyen un ejemplo de esfuerzo, sacrificio y dignidad. En el caso de la emigración estacional, muchos trabajadores soportaron condiciones laborales duras, largas separaciones familiares y una vida marcada por la incertidumbre y el desplazamiento continuo.

Durante largos periodos —en ocasiones de hasta siete u ocho meses—, estos hombres permanecían fuera de sus hogares, participando en campañas agrícolas sucesivas: vendimia, recogida de patatas, arranque de remolacha, trabajos forestales o labores diversas en el extranjero. Esta dinámica se repitió durante años, llegando en muchos casos a prolongarse durante décadas.

Las comunicaciones eran escasas y, en ocasiones, irregulares. Las cartas, cuando llegaban, lo hacían con retraso, incrementando la sensación de distancia. Mientras tanto, en Cabra, las familias vivían pendientes de esas noticias y de la fecha incierta del regreso.

Especial reconocimiento merecen las mujeres que permanecían en el hogar, quienes asumían la responsabilidad del cuidado de los hijos y la gestión económica familiar. Durante la ausencia del cabeza de familia, debían afrontar dificultades económicas, acumulando deudas en los comercios locales que posteriormente eran saldadas con el fruto del trabajo realizado en el extranjero.

El día del regreso adquiría así un doble significado: el reencuentro familiar y la recuperación de la estabilidad económica, aunque fuera de manera provisional. Con el esfuerzo acumulado, y bajo la lógica de “la obra de lo que sobra”, muchas familias pudieron mejorar sus viviendas, contribuyendo de forma directa al desarrollo urbano y social de Cabra.

 

III. NECESIDAD DE RECONOCIMIENTO

A pesar de la importancia de este fenómeno en la memoria colectiva de Cabra, actualmente no existe un elemento físico, simbólico y permanente que rinda homenaje a quienes protagonizaron esta etapa de nuestra historia.

La creación de un Monumento al Emigrante permitiría:

ü  Reconocer públicamente el sacrificio de generaciones de egabrenses.

ü  Preservar la memoria histórica local para las generaciones futuras.

ü  Fortalecer el sentimiento de identidad y pertenencia.

ü  Establecer un espacio de recuerdo, encuentro y reflexión.

ü  Poner en valor una parte esencial de la historia social del municipio.

 

IV. PROPUESTA

Por todo lo expuesto, se propone al Excmo. Ayuntamiento de Cabra la valoración de la creación de un Monumento al Emigrante, que pueda ubicarse preferentemente en el entorno de la antigua estación de ferrocarril, por su profundo significado histórico y emocional.

Se sugiere que dicho monumento represente simbólicamente el momento de la partida, incorporando elementos que evoquen tanto al emigrante como a la familia que queda, así como referencias al contexto ferroviario que marcó este proceso.

Asimismo, se plantea la posibilidad de complementar el monumento con un espacio conmemorativo que permita recoger nombres, testimonios o referencias a los emigrantes egabrenses, incluyendo tanto su identidad formal como los apodos populares que forman parte de la tradición local.

Igualmente, podría promoverse la recopilación de testimonios orales, documentos y material gráfico, con el fin de preservar esta memoria para futuras generaciones.

 

V. MEMORIA TESTIMONIAL: LA EMIGRACIÓN VIVIDA

Más allá de los datos históricos, la emigración forma parte de la memoria íntima de muchas familias egabrenses. Sirva como testimonio representativo el siguiente relato:

“Mi padre, aquel día de Todos los Santos del año 1961, viajaba de regreso para España; aún tardaría dos días en llegar a Cabra, pues cuando se produjo el evento familiar se encontraba en Hendaya, tras una dura campaña en tierras galas, donde, como tantos españoles, andaluces, cordobeses y egabrenses en general, hubieron de emigrar en busca del ‘pan de cada día’.

Comenzó a emigrar seis meses después del nacimiento de su primer hijo, en 1960, y tampoco pudo estar presente en el nacimiento de otra de sus hijas en 1963. Durante 23 años acudió, campaña tras campaña, a trabajos como la vendimia, el arranque de remolacha, la recogida de patatas, la uva, la endivia, la tala de madera o labores de jardinería.

Permanecía fuera hasta siete u ocho meses. Recuerdo cómo mi madre nos llevaba a la estación para recibirlo, y cuando el tren, repleto de emigrantes, se acercaba al andén y lo divisaba saludando por la ventana, nos decía: ‘¡mirad, por allí viene papá!’. Pero yo apenas recordaba su cara, después de tanto tiempo.

Como él, muchos otros vecinos: Paco “Vainas”, Juan Lara, Alejandro “Albarca”, Domingo “Chaucha”, Antonio y José Serrano, José Marín, Vicente Manchado, Francisco González —que falleció en Francia—, y tantos otros cuyos nombres forman parte de la memoria colectiva de nuestro pueblo.

Y junto a ellos, las mujeres que quedaban: madres que sostenían el hogar, cuidaban de sus hijos y afrontaban las dificultades económicas, acumulando deudas que solo podían saldarse con la llegada del padre tras meses de ausencia.

Con esfuerzo, sacrificio y esperanza, y con aquello de ‘la obra de lo que sobra’, se fue levantando nuestro barrio y se construyó una parte esencial de nuestro presente.”

 

VI. INSCRIPCIÓN PROPUESTA PARA EL MONUMENTO

“A aquellos trabajadores
que con un nudo en la garganta
y sin mirar hacia atrás,
partieron a tierras lejanas
mientras sus hijos clamaban:
‘Papá, ¿por qué te vas?’”

 

VII. CONCLUSIÓN

El reconocimiento de la emigración no es solo un acto de justicia histórica, sino también un ejercicio de memoria, dignidad y gratitud hacia quienes, con su esfuerzo y sacrificio, forman parte esencial de lo que hoy es Cabra.

La creación de este monumento permitirá fijar en el espacio público una memoria que no debe perderse, contribuyendo a que las generaciones presentes y futuras comprendan el valor de quienes, desde la distancia, ayudaron a construir el presente de nuestra ciudad.


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