mayo 01, 2026

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 Cabra, culta y poética 

Este blog pone a disposición de ustedes, en este formato digital, la revista en PDF "Cabra, culta y poética" que desde el mes de junio del pasado año 2023, estamos editando. Nos complace y nos congratula muchísimo a todos los colaboradores, creer que nuestra revista contribuye de algún modo a la promoción de la cultura de nuestro pueblo.

La única pretensión del mismo es facilitar que los contenidos de la revista  puedan llegar a un mayor número de usuarios, sobre todo aquellos que usan las nuevas tecnologías. Nosotros procuraremos abarcar  el mayor número de campos culturales que nos sea posible: literatura, música, pintura, etc.

CONTENIDO:  

— EDITORIAL
—RELATOS DE HISTORIA

COLABORACIONES:

— RELATOS
— REFLEXIONES
— ENSAYOS
— TEATRO
— POESÍAS
— DIBUJOS
— LIBROS RECOMENDADOS
— FOTOS
— VIDEOS 

CONTACTO:

Email de contacto: cabracultaypoetica@gmail.com
https://cabramilenaria.blogspot.com

Edición y dirección: Antonio Fernández Álvarez
Diseño y Maquetación: Antonio Fernández Álvarez

Editorial

Treinta y seis números. Tres años. Un trienio que, en la inmensidad del tiempo, puede parecer modesto, pero que para quienes habitamos estas páginas representa una auténtica transformación.

Lo que comenzó como un boceto, una suma de voluntades y una apuesta por la palabra, se ha convertido en un espacio con identidad propia. Alcanzar este número no es solo una cifra: es la confirmación de haber superado la incertidumbre del inicio, los desafíos del camino y la consolidación de un proyecto que ya tiene voz.

En este recorrido hemos aprendido que cada edición es un nuevo comienzo, que la comunidad es el verdadero motor de la revista y que la madurez no consiste en repetir fórmulas, sino en atreverse a explorar nuevos caminos.

Pero este proyecto es también algo más personal. Lejos de ser una tarea rutinaria, ha sido un impulso constante, una brújula en los momentos difíciles y una forma de entender que crear es avanzar. Cada número no solo ha llenado páginas, sino que ha alimentado el espíritu.

Este aniversario es, sobre todo, un momento de gratitud:

  • A los colaboradores, cuya dedicación da sentido a cada edición
  • A la familia y amigos, por su apoyo constante
  • Y a los lectores, verdadera razón de ser de este proyecto
Vamos a por los próximos treinta y seis.

Treinta y seis números después, seguimos con la misma ilusión del primer día y con la certeza de que lo mejor está aún por escribirse.

Gracias por formar parte de este camino.

Como siempre les digo, nuestra revista es un espacio abierto para todos. Si escribes, pintas o creas, este es tu lugar para brillar. Puedes participar enviando tus trabajos al Email: 

cabracultaypoetica@gmail.com.

La publicación de nuestra revista es mensual.

Bienvenidos al número 36.


Edición Especial: III Aniversario

"24 VOCES, 3 AÑOS, 88 PÁGINAS" 

Especial Trienio: El taller de los artistas de Cabra, culta y poética.

Cabra no es solo una geografía de piedra caliza, huertas y olivares; es, ante todo, un estado de ánimo literario. Bajo la sombra de la Sierra y el eco de nuestra historia, nace y se mantiene esta revista como un espacio donde la tradición dialoga con la vanguardia y donde el nombre de nuestro pueblo se escribe con la tinta de la excelencia.

Iniciamos en este número un ciclo de encuentros para abrir una ventana a la intimidad de nuestros colaboradores. Queremos desentrañar cómo influye este rincón del sur en su mirada: si es la luz de nuestras calles, el peso de nuestros clásicos o el silencio de nuestros paisajes lo que empuja sus plumas.

Escribir desde Cabra es, en cierto modo, hacerlo siempre bajo la mirada atenta y refinada de Don Juan Valera. No es una carga, sino un privilegio y un desafío. Recogemos el testigo de esa prosa cristalina y ese humanismo que nació en nuestras calles para hacerse universal, manteniendo viva una cultura que no entiende de fronteras pero que jamás olvida sus raíces

En las siguientes páginas, conversamos con quienes dan vida a esta revista. Les hemos pedido que bajen al llano y nos cuenten cómo conviven la erudición y el instinto en su escritura. Pasen y lean: la montaña es alta, pero la vista —les aseguramos— es necesaria.

Pero antes como ya veníamos comentando en número anteriores, queremos hacerles a ustedes, nuestros fieles lectores un regalo.  Les dejamos el enlace para descargar gratuitamente el relato dedicado a Enrique II, el rey nacido en nuestra ciudad. 

Pinchen en el enlace 👇👇

https://drive.google.com/file/d/1FawoUeDLKK9aAOPmgvpaGlkm6QTe-jeb/view?usp=sharing


 

Relatos de historia

                               Por Antonio Fernández Álvarez
                                                 (Escribidor de sueños)
                                   

La Vara y el Fuego
El mapa de la Córdoba insurgente

 
SEGUNDA PARTE

De la Sierra a la Campiña
El rastro de la opresión

Mi curiosidad, acuciada por este descubrimiento, me empujó a mirar hacia Montilla y otros pueblos de la Campiña, como Aguilar de la Frontera. Allí, el eco de la República no solo trajo disputas de poder municipal, sino que despertó el grito contenido de una población empobrecida y maltratada. Si en Iznájar la lucha era por la vara de mando, en la Campiña era una lucha por la dignidad humana frente a una oligarquía terrateniente que trataba al pueblo como esclavos sin derechos.

Con esta nueva perspectiva, mi viaje cobraba un sentido más urgente. Tenía una cita pendiente en Montilla para localizar el antiguo estanco de Ana María de Soto, la valiente mujer a la que Carlos IV reconoció sus servicios en la Marina. Era la excusa perfecta: unir la búsqueda de una heroína histórica con el rastreo de aquellas revueltas sociales nacidas de la desesperación.

Llegué a Montilla con una idea fija en la mente y un título resonando en mi memoria: La hija del mar de Alicia Vallina. Conocía la historia de Ana María de Soto por ese libro que me habían prestado, pero necesitaba poseerlo, tenerlo entre mis manos para que sus páginas me guiaran con precisión por las calles de la ciudad.

Lo primero que hice fue buscar una librería. Al entrar, el olor a papel y la tranquilidad del local me dieron la bienvenida, pero fue su dueña quien se convirtió en la verdadera brújula de mi jornada. Al explicarle mi interés por Ana María —aquella mujer que, bajo el nombre de Antonio María de Soto, burló las normas de su tiempo para servir en la Infantería de Marina—, sus ojos se encendieron con el brillo de quien ama la historia de su tierra. 

La conversación fluyó con la naturalidad de los hallazgos afortunados. No solo me ayudó a localizar el libro, sino que, entre anaqueles y recuerdos, surgió una hipótesis que me dejó helado: la posibilidad de que su propia librería ocupe hoy el mismo espacio donde, por merced del rey Carlos IV, estuvo ubicado el estanco que permitió a Ana María vivir sus últimos días con la dignidad de un soldado veterano.

Aún me queda por confirmar este dato, pero la idea de estar pisando el mismo suelo donde la «Hija del Mar» despachaba tabaco y sellos tras años de batallas navales le otorga a mi búsqueda una dimensión casi mística. Iznájar me dio el pasado convulso de la República; Montilla me regala ahora el rastro de una mujer que, mucho antes de que se hablara de libertad en los diarios, ya la había conquistado por su cuenta.

La dueña de la librería, en un gesto de generosidad propio de quienes comparten una pasión, decidió abrirme más puertas. Me remitió a un señor mayor, antiguo fotógrafo de la ciudad, un hombre cuya mirada ha capturado durante décadas la esencia de Montilla. Él, amante de la historia local y autor de su propio libro, es quien posee la llave para confirmar si la librería es, efectivamente, el solar donde Ana María de Soto cerró sus días tras servir a la Corona.

Pero mi interés no se agotaba en la heroína de Carlos IV. Al mencionarle mi inquietud por los convulsos días de 1873, la librera me hizo un regalo inesperado y valiosísimo: un ejemplar de Juan Díaz del Moral. Me entregó Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, una obra fundamental donde se recogen con detalle los llamados «Sucesos de Montilla».

Al hojear el libro, comprendí que la elegancia de las bodegas y la fisonomía señorial de Montilla esconden una cicatriz profunda. Mientras en Iznájar el cuaderno hablaba de una traición política y de «radicales», Díaz del Moral describe algo mucho más visceral en la Campiña: el estallido de un pueblo que ya no podía más. Aquella proclamación de la República fue el interruptor que encendió la rabia contra una oligarquía que abusaba de los humildes como si no tuvieran derechos.

Ahora, con el libro bajo el brazo y la dirección del viejo fotógrafo en mi agenda, Montilla se despliega ante mí no solo como una ciudad de buen vino, sino como un escenario donde la justicia y el hambre libraron su propia batalla. 

Mientras degustaba un excelente guiso de rabo de toro, plato tradicional en esta tierra, acompañado de un buen vino amontillado, me dispuse a leer:

Sucesos de Montilla: El estallido de la indignación

Cuando Amadeo de Saboya abdicó el 11 de febrero de 1873 y se proclamó la Primera República, la noticia llegó a Montilla apenas un día después, provocando un revuelo inmediato. Los republicanos intentaron organizar una Junta Local para administrar el municipio, pero el pueblo, herido tras años de agresiones por parte de la «Partida de la Porra», —fuerza paramilitar que se dedicaba a impartir su “particular justicia” que consistía en dar cuarenta garrotazos al que infringiese alguna norma impuesta por las familias adineradas de la localidad— no aceptó autoridad alguna. La justicia, esta vez, se tomaría por su propia mano.

Se publicó un bando exigiendo que todas las armas de la ciudad se depositasen en el Ayuntamiento y se cercaron las entradas y salidas del pueblo. En pocas horas, la masa popular recorrió las casas de los pudientes y representantes políticos. Tras abastecerse de petróleo en los comercios, el tumulto se tornó violento: asaltaron la casa del alcalde y la del administrador del Impuesto de Consumos.

El saldo fue trágico. Hubo varios muertos, entre ellos el terrateniente más rico de la localidad, Francisco Solano Rioboó. Como acto simbólico de un «borrón y cuenta nueva», prendieron fuego al Registro de la Propiedad, un gesto que buscaba reducir a cenizas los títulos de una tierra que sentían robada. Todos estos acontecimientos quedaron registrados por los ojos de Rafael Requena Salas en su obra Diario de mi vida pública.

La Guardia Civil, temerosa de las represalias por no haber frenado antes los abusos de la oligarquía y consciente de su inferioridad numérica, se acuarteló a la espera de que el ejército llegase desde Córdoba para sofocar la rebelión. Tras el motín, las detenciones no se hicieron esperar. Aunque se buscó apoyo en la Primera Internacional, el desarrollo de los hechos sugiere que no hubo una organización socialista previa, sino un estallido espontáneo de rabia. Fue la respuesta desesperada de un pueblo maltratado por una oligarquía que los consideraba poco más que esclavos.

El proceso judicial se dilató años; algunos no vieron el tribunal hasta 1888. Mientras el partido republicano les daba la espalda, muchos de los acusados fueron finalmente proclamados inocentes, dejando tras de sí el eco de un hartazgo que cambió para siempre la fisonomía social de la Campiña.

Cerré el libro y tomé un sorbo de vino. La lectura me obligaba a mirar de otra forma las fachadas de las casas señoriales que había cruzado minutos antes. Montilla no era solo la cuna del Gran Capitán o el refugio de Ana María de Soto; era el epicentro de una lucha de clases que Díaz del Moral narraba con una precisión quirúrgica.

Salí de Montilla con el sabor del amontillado aún en el paladar y el peso del libro de Díaz del Moral en el asiento del copiloto. La carretera hacia Aguilar de la Frontera es corta, pero el paisaje de olivos parece susurrar las mismas historias de hartazgo y esclavitud que acababa de leer.

Si en aquel desván de la casa rural encontré el testimonio directo de la traición radical en Iznájar, y en la librería montillana hallé el análisis técnico de las agitaciones campesinas, en Aguilar buscaba algo más: la huella física en el pueblo.

CONTINUARÁ…………

Miguel Blancas Calzado

  



Una vida entregada al Flamenco







Entrevista a Miguel Blancas

Pregunta: Miguel, para conocer sus raíces, ¿cuándo nace usted y cómo surge su interés por este arte?

Respuesta: Nací en Lucena el 3 de octubre de 1942. Muy pronto sentí el "gusanillo" del cante, aunque mis primeros pasos los di cantando en el coro de la Parroquia de San Mateo durante la década de los 50.

Pregunta: Usted tuvo un papel muy activo en la Peña Flamenca de Lucena durante los años 60 y 70. De hecho, el emblema de la peña es obra suya, ¿verdad?

Repuesta: Así es. Siendo socio vocal ideé la insignia de la Peña con solo 15 años. Cada elemento tiene un porqué: la guitarra representa el flamenco; el sombrero a Córdoba y su provincia; y la tina junto al velón son los símbolos que identifican a Lucena. Además de eso, me encargaba de decorar los tablaos para las noches flamencas lucentinas.

Pregunta: En aquella época también empezó a ejercer como presentador. ¿A qué figuras tuvo la suerte de conocer y presentar sobre las tablas?

Respuesta: Esa faceta me permitió conocer a los mejores cantaores de la época, como Antonio Ranchal, Curro Lucena, el Tabarro y la Quica. Fue un orgullo presentar a figuras de la talla de Fosforito, Manuel Mairena, Meneses, el Lebrijano, el Pele de Córdoba o Luis de Córdoba, entre muchos otros como José Cobo "el Niño de las Fuentes de las Piedras".

Pregunta: En los años 80 su vida profesional le lleva a Cabra. ¿Cómo se integra en el ambiente flamenco de allí?

Respuesta: Al asentarme en Cabra conecté con la Peña Flamenca Cayetano Muriel “Niño de Cabra”. Allí surgió la "noche flamenca" en los Baños de San Juan. Fueron los propios cantaores de Cabra y de la comarca quienes me pidieron que fuera el presentador de los eventos.

Pregunta: Usted tiene una visión muy particular sobre lo que representa una peña flamenca. ¿Cómo la define?

Respuesta: Siempre digo, en el buen sentido, que una peña es como una iglesia, donde el tablao hace las veces de altar mayor. Creo firmemente que las peñas deben ayudarse entre sí y promover a la juventud desde los colegios. No debemos escudarnos solo en traer figuras consagradas que agotan el presupuesto; es vital crear escuelas de guitarra y tener lugares propios para cultivar nuevos talentos.

Pregunta: Su labor no se ha limitado solo a Lucena y Cabra, pues es usted una figura muy conocida en toda la provincia.

Respuesta: He tenido la suerte de colaborar con casi todos los pueblos del sur de Córdoba. Me conocen por presentar festivales, participar como jurado en concursos y también por mi faceta como dibujante de carteles para las peñas que me lo han pedido. Incluso en 1985 inauguré la Peña La Vega de Albendín con una conferencia sobre los palos del cante.

Pregunta: Hablemos de su labor en la Peña Cayetano Muriel. Allí ha ostentado diversos cargos y ha impulsado proyectos importantes, ¿no es así?


Respuesta:
 He pasado por casi todos los puestos: Vicepresidente, Secretario y Vocal. Durante mi gestión, y con permiso de sus familiares, logramos construirle un panteón de mármol de Cabra en Benamejí, donde reposan sus restos. También inauguramos un busto en su honor en el Parque Alcántara Romero de Cabra, un acto muy emotivo al que asistieron sus descendientes.



Pregunta: Para terminar, Miguel, ¿qué destacaría del Certamen Concurso “Cayetano Muriel” que usted ayudó a organizar?

Respuesta: Fue un trabajo en equipo con Radio Atalaya, Paco Carmona, Adolfo Molina y Pepe Arias. Fue una cantera impresionante; de esos certámenes salieron cantaores que hoy son historia del flamenco, como Carmen Linares, Calixto Sánchez, el Pele, Luis de Córdoba o Canalejas de Puerto Real y muchos más.


Antonio Fernández Álvarez (Escribidor de sueños)

  


Cabra, Culta y Poética








Director y Fundador: Antonio Fernández Álvarez (Cabra, 1959) 
Lugar de Edición: Cabra (Córdoba)


La Ficha del Director

Como responsable de este trienio, comparto mis coordenadas actuales:

  • Un libro que me salvó este año: Granata de Mario Villén
  • Mi manía incurable al editar: "Persigo las erratas hasta en mis propios sueños".
  • Lo que más me enorgullece de estos 21 colaboradores: Su capacidad para hacerme aprender algo nuevo en cada número.
  • Mi momento favorito del proceso: Ver cómo el primer borrador se convierte en esa revista digital que "pasa las páginas".

El Mapa del Trienio

  • Inicios: 5 personas, formato PDF, 20 páginas de blog.
  • Hoy: 24 firmas, formato digital interactivo, +  88 páginas de alta cultura.
  • Nuestra promesa: Seguir elevando el listón.

Nota de Gratitud Final

Este número especial ha sido coordinado y editado por Antonio Fernández Álvarez, con la invaluable ayuda de los 24 protagonistas de estas páginas. Un recuerdo especial para todos aquellos que, por motivos personales, nos acompañaron en tramos anteriores del camino; vuestra huella sigue presente.

"La cultura no es un destino, es una forma de viajar. Gracias por elegir nuestra revista para recorrer estos primeros tres años."

Dicen que los tres primeros años de un proyecto cultural son una carrera de resistencia, pero para nosotros han sido una búsqueda incansable de la excelencia. Hoy miramos hacia atrás y no solo vemos el paso del tiempo; vemos el rastro de una evolución que nos llena de orgullo.

Hace exactamente 36 meses, Cabra, culta y poética nació como un impulso quijotesco. Éramos apenas cinco personas compartiendo en un PDF y en un blog, con más voluntad que recursos. Hoy, esa semilla ha germinado en una redacción de 24 colaboradores que hacen posible que cada número supere las 80 páginas.

Pero el verdadero éxito no reside en las cifras, sino en el salto cualitativo de nuestro contenido. A lo largo de este trienio, hemos refinado nuestra mirada. Lo que empezó como una curiosidad entusiasta se ha transformado en una propuesta cultural de rigor, con firmas más expertas, análisis más profundos y una selección artística mucho más ambiciosa. Hemos pasado de "hacer una revista" a construir un referente donde la calidad es la única moneda de cambio.

Este crecimiento intelectual ha ido de la mano de nuestra evolución visual. Hemos dejado atrás el formato estático para convertirnos en una revista digital interactiva. Hoy, el lector puede "sentir" el paso de las páginas, recuperando la liturgia de la revista física pero con la potencia del mundo digital. Hemos profesionalizado el envoltorio porque el contenido que creamos así lo exigía.

En este número de trienio, celebramos tres certezas:

1.  La madurez del criterio: Nuestra mayor alegría es hojear los primeros números y ver cuánto hemos crecido en profundidad, exigencia y sensibilidad cultural.

2.  La fuerza del colectivo: Pasar de 5 a 24 voces nos ha permitido ganar en pluralidad y rigor. Cada nueva firma ha elevado el listón de lo que somos capaces de ofrecer.

3.  El compromiso con el lector: Si hoy llenamos 88 páginas de alta cultura, es porque al otro lado hay una comunidad que ya no se conforma con lo superficial.

Por todo esto, este número es especial. Hemos decidido girar los focos hacia dentro y entrevistar a todos y cada uno de los 24 colaboradores. Queremos que conozcáis los rostros y las mentes que han elevado la calidad de esta revista hasta donde está hoy. Sin filtros, desde el corazón de la creación. El objetivo es que el lector no sienta que está leyendo un “currículum” de 24 personas, sino que entienda que está entrando en el taller de los artistas.

A menudo, el lector consume un artículo, disfruta de la fotografía o se detiene en la ilustración, pero el autor permanece en la sombra. En este número en el que cumplimos tres años, queremos romper esa distancia. Hemos sometido a nuestro equipo al escrutinio al que ellos someten a la realidad.

Mis colaboradores me han preguntado por qué mi voz no figura entre la entrevistas de este número. La respuesta es sencilla: mi labor durante estos tres años ha sido, precisamente, escuchar, Mi visión ya está plasmada en cada editorial y en la selección de estos 24 talentos. Hoy mi mayor privilegio no es hablar, sino ceder el protagonismo a quienes realmente sostienen la calidad de estas 88 páginas. 

Sería injusto (y quizás demasiado cómodo) responder a mis propias preguntas. Por eso, he decidido mantener mi papel de entrevistador: para que la luz caiga íntegramente sobre los protagonistas que han llevado a esta revista desde aquel primer PDF hasta la experiencia digital que disfrutamos hoy. 

En este punto quería dedicar un pensamiento de agradecimiento a los autores que participaron en nuestras ediciones anteriores y que hoy, por motivos personales o nuevos rumbos, ya no firman en el índice actual. Sabed que vuestra aportación fue vital en esos meses. Aunque vuestras firmas no figuren en este número especial, vuestro talento y entusiasmo nos ayudó a llegar hasta aquí: GRACIAS, MUCHAS GRACIAS.

Y todos, gracias por estos tres años de complicidad. Ahora, pasen, "pasen la página" y descubran el motor de nuestra cultura.

José Fernández Álvarez (JotaEfeA)

 

José Fernández Álvarez (Cabra, 1961). Fue un colaborador histórico del El Egabrense, ha publicado infinidad de artículos y ensayos. Su capacidad para analizar la idiosincrasia local lo sitúan como uno de los autores más activos y constantes de la prensa local. En la actualidad, consolida su carrera literaria con dos libros publicados.




Entrevista con José Fernández Álvarez (JotaEfeA)

 

I. El Legado de la Tierra

1. Como colaborador de una revista que lleva por nombre nuestra ciudad, ¿crees que existe una "manera de sentir" propia de Cabra al enfrentarte a la página en blanco?

No necesariamente. Me explico. No es que no tenga significación el lugar de nacimiento, incluso apostaría que sí y que lo achacaría al agua de la Fuente del Río si hubiera de esgrimir una causa, aunque sonare poética. Para mí, escribir es algo que nace desde el interior, de la necesidad de expresar lo que siento cuando, por ejemplo, miro una ventana, un paisaje, un amanecer, una sonrisa o un cielo límpido o encapotado.

2. Don Juan Valera llevó el nombre de Cabra al mundo. ¿Qué rasgo del maestro — su elegancia, su fina ironía o su curiosidad cosmopolita— resuena con más fuerza en tu propia obra?

No sabría distinguir si mi obra poética o narrativa tiene influencia precisamente en nuestro ilustre paisano. Pudiera ser, ya que he leído su obra y la aprecio grandemente y en todo caso más en lo poético.

3. Si tuvieras que esconder un manuscrito en un rincón de nuestro pueblo para que fuera hallado dentro de cien años, ¿qué lugar elegirías para custodiar tus palabras?

Bajo los cimientos de los restos de la torre de la atalaya.

II. La Cocina del Escritor

4. ¿Cuál es el motor que impulsa tu escritura? ¿Qué es aquello que te hizo escritor por encima de todo lo demás?

Bueno, parto del significativo hecho de que no me considero escritor y aún menos por encima de todo lo demás. Me considero una persona que quiere expresarse a través de la palabra escrita. Cuando se mueve mi interior por determinado sentimiento o visión de una realidad física o aparente, necesito contarlo, pero ese “contarlo” no es a nadie en concreto, no pienso en un lector, no escribo para nadie determinado. No busco informar mis emociones, mis impresiones, tan solo sacarlas de mi interior.

5. ¿Buscas el silencio ascético de la Sierra o prefieres el pálpito vital de la Plaza de España para trabajar? Cuéntanos tu ritual.

Normalmente me pongo frente al folio en blanco (bueno, eso no es del todo cierto ya que escribo en el ordenador) para “ordenar” las ideas que seguramente he anotado en una servilleta, un trozo de papel o en el apartado “mis notas” de mi móvil. No uso ciertamente de un ritual determinado. Tan solo doy rienda suelta a mis sentidos a través de la palabra escrita.

6. Cuando el lenguaje se muestra esquivo, ¿cómo consigues que la inspiración vuelva a fluir?

Normalmente no suelo echar mano de la inspiración, al menos así lo creo. Ni convoco ni espero a ninguna musa que me dicte lo que siento puesto que antes dije y repito que lo mío es, podría decirse que visceral. Lo que escrito brota de mi interior, bien sea el corazón, la mente, o las aladas mariposas del amor.

7. ¿Eres de los que prefiere el papel y la pluma o te seduce la pulcritud digital del teclado?

Ya referido con anterioridad, escribo como definitivo con ordenador, pero previamente he anotado mis inquietudes, que más tarde habrán de transformarse en poema o narración, en cualquier medio que tenga más a mano: un trozo de papel, una servilleta del bar de la esquina, o recurro al móvil. 

8. ¿Cómo surgen sus nombres? ¿Has tomado prestado alguna vez el carácter de algún vecino de Cabra para tus ficciones?

No puedo dar respuesta a esta pregunta puesto que no personalizo ni mi narrativa ni mis poemas con personajes ficticios. En todo caso cuando escribo puede ser que sí esté pensando en determinada persona, que puede o no ser vecino de nuestra localidad.

9. ¿Cuál es tu género predilecto como lector y qué libro es para ti una recomendación obligada para cualquier paisano?

Sin duda ninguna mi género predilecto como lector es la novela histórica. Aduciría muchas razones, pero las resumiré en que es el género que me reconcilió con la lectura tras finalizar mis estudios. Por otra parte, prefiero la poesía para expresarme y principalmente la prosa poética. 

Respecto a una recomendación obligada para cualquier paisano recomendaría a nuestro don Juan Valera, pues creo que hoy por hoy es muy desconocido.

Pero aparte de ello y en razón a mi género predilecto recomendaría las grandes obras de todos los tiempos: El nombre de la Rosa de Umberto Eco, Memoria de Adriano de Marguerite Yourcenar, Yo Claudio de Robert Graves, El hereje de Miguel Delibes, Los pilares de la Tierra de Ken Follett, Sinuhé el Egipcio de Mika Waltari, El médico de Noah Gordon, La catedral del mar de Ildefonso Falcones, Guerra y Paz de Lev Tolstoi o el Puente de Alcántara de Frank Baer, por mencionar siquiera una decena.

III. El Espejo y la Palabra

10. Valera afirmaba que la novela debe ser "espejo de la vida". En tus textos, ¿dónde termina el reflejo de lo que ves y dónde empieza la invención poética?

Precisamente es un todo, la misma versión hecha palabra escrita: el reflejo de lo que veo es la propia poesía versus mi poesía es reflejo de lo que veo.

 11. Se dice que la palabra escrita es una forma de curación o resistencia. ¿De qué te ha salvado a ti la literatura?

En realidad, yo no he acudido de esta forma a la literatura, a escribir, por lo que no se trata de un rescate o sanación. Sencillamente necesito expresar lo que veo, lo que siento, lo que admiro o me admira mediante palabras. Con ello me libero de mi sentir a veces lastimero o quizá alegre. En definitiva, se trata de dar rienda suelta a sensaciones interiores con verbo versado, versando verbos.

12. ¿En qué proyecto trabajas actualmente que podamos disfrutar próximamente en las páginas de esta revista?

En la actualidad no es que esté desarrollando ningún proyecto literario en concreto, aunque si me he propuesto recopilar y ordenar toda mi producción literaria especialmente la poética para quizá presentar un segundo poemario continuación de mi anterior y único hasta la presente que titulé LA LÍRICA DE MIS CIRCUNSTANCIAS donde auné imágenes y poemas.

IV. El Cierre: "La Palabra Esencial"

Para finalizar, te pido un ejercicio de síntesis poética: Dime una sola palabra que, para ti, defina la esencia de Cabra.

Mejor una frase:

Cabra: luz con memoria, nacida de la piedra.
Aquí el tiempo no pasa: sedimenta.

Francisco Asís Granados Mellado (Paco Granados)

  


Paco Granados Mellado (Cabra, 1974) es un prolífico autor centrado en el género del misterio y el terror. Su trayectoria literaria y editorial, avalada por cinco títulos editados, lo posiciona como una firma de referencia narrativa.




Entrevista con Francisco Asís Granados Mellado (Paco Granados)


Pregunta.- Como colaborador de una revista que lleva por nombre nuestra ciudad, ¿crees que existe una "manera de sentir" propia de Cabra al enfrentarte a la página en blanco?

Respuesta.- Sí, creo firmemente que existe una manera muy concreta de sentir Cabra cuando me enfrento a la página en blanco. No es algo que se piense, es algo que se arrastra. Cabra no se escribe: se filtra. Está en el ritmo de las frases, en cierta melancolía que aparece sin llamarla, en la forma de mirar lo cotidiano como si escondiera algo más profundo.

Es una ciudad que te enseña a escribir desde el silencio, desde la memoria y desde lo no dicho. Cuando escribo, no busco describirla de forma literal, pero siempre termina apareciendo: en la luz, en la nostalgia, en ese peso invisible del pasado que convive con lo presente. Cabra tiene una forma de sentirse que no es estridente, es íntima, y esa intimidad condiciona mi manera de escribir, de observar y de contar.

La página en blanco, en ese sentido, nunca está del todo vacía: está habitada por la ciudad, por sus voces antiguas, por sus calles que uno lleva dentro incluso cuando no las nombra.

Pregunta.- Don Juan Valera llevó el nombre de Cabra al mundo. ¿Qué rasgo del maestro — su elegancia, su fina ironía o su curiosidad cosmopolita— resuena con más fuerza en tu propia obra?

Respuesta.- De Don Juan Valera, el rasgo que más resuena en mi obra es, sin duda, su fina ironía. Esa manera elegante de decir sin imponer, de sugerir más que afirmar, de mirar al ser humano con una mezcla de lucidez y compasión. La ironía, entendida no como burla sino como inteligencia emocional, me parece una herramienta poderosa para contar lo que duele sin levantar la voz. 

Admiro su elegancia y su curiosidad cosmopolita, pero es esa ironía sutil la que siento más cercana, porque me permite hablar de lo cotidiano, de las contradicciones humanas y de la realidad que nos rodea sin caer en el juicio directo.

En mis textos, como en los suyos, intento que la palabra sea un espejo más que un martillo, que invite al lector a reconocerse antes que a defenderse.

Pregunta.- Si tuvieras que esconder un manuscrito en un rincón de nuestro pueblo para que fuera hallado dentro de cien años, ¿qué lugar elegirías para custodiar tus palabras?

Respuesta.- Lo escondería en un lugar donde el tiempo camina despacio, donde las piedras han visto pasar más historias de las que pueden contarse. Elegiría un rincón silencioso, quizá olvidado, donde no llegue el ruido pero sí la memoria. Un sitio que no se muestre a simple vista, porque las palabras que merecen perdurar nunca se entregan de inmediato.

Lo haría pensando en quien lo encuentre dentro de cien años: alguien que no solo lo descubra, sino que lo sienta. Un lugar que obligue a detenerse, a mirar alrededor antes de abrir el manuscrito, para que entienda que esas páginas no hablan solo de un autor, sino de un pueblo entero respirando entre líneas. Sin duda en cualquier rincón del Castillo de los Condes de Cabra.

Pregunta.- ¿Cuál es el motor que impulsa tu escritura? ¿Qué es aquello que te hizo escritor por encima de todo lo demás?

Respuesta.- El motor de mi escritura es la necesidad. No escribo por elección, escribo porque no hacerlo sería una forma de silencio que no me permito. Escribo para ordenar lo que siento, para entender el mundo y, a veces, para soportarlo. La palabra fue antes refugio que vocación, antes desahogo que oficio.

Lo que me hizo escritor por encima de todo lo demás fue descubrir que escribir me salvaba. Que poner nombre a lo invisible aliviaba el peso de lo que no sabía expresar de otra manera. Con el tiempo entendí que la escritura no era solo un acto íntimo, sino una forma de tender puentes: conmigo mismo y con los demás. Desde entonces, escribir dejó de ser una opción y se convirtió en una manera de estar en el mundo.

Pregunta.- ¿Buscas el silencio ascético de la Sierra o prefieres el pálpito vital de la Plaza de España para trabajar? Cuéntanos tu ritual.

Respuesta.- No soy de extremos. Necesito del silencio, pero también del latido. Hay días en los que la Sierra me ofrece esa distancia necesaria para escucharme por dentro, un silencio que no pesa, que ordena. Allí las ideas se posan con calma, como si el paisaje las estuviera esperando.

Pero otras veces es la Plaza de España la que me escribe a mí. El murmullo, las voces cruzadas, el paso de la gente… todo eso me recuerda que escribo sobre la vida y no al margen de ella. Mi ritual no es fijo: empieza siempre con observar, con dejar que el lugar —sea la quietud o el bullicio— marque el ritmo. Luego llega el momento de sentarme, casi sin pensar, y dejar que la palabra haga su trabajo.

Pregunta.- Cuando el lenguaje se muestra esquivo, ¿cómo consigues que la inspiración vuelva a fluir?

Respuesta.- Cuando el lenguaje se me esconde, lo noto enseguida en el cuerpo. Me pongo inquieto, releo demasiado, borro más de lo que escribo. En vez de luchar contra eso, suelo parar. Me levanto, salgo, necesito aire. Muchas veces camino sin rumbo, como si al mover los pies se desbloqueara algo por dentro.

También me ayuda volver a lo que soy: escuchar una música que me remueva, mirar fotos antiguas, recordar a los míos, o simplemente sentarme en silencio y aceptar que hoy no toca. He aprendido que la inspiración no siempre llega cuando la llamas, sino cuando te muestras vulnerable. Y casi siempre vuelve cuando dejo de querer escribir bien y me permito escribir de verdad.

Pregunta.- ¿Eres de los que prefieren el papel y la pluma o te seduce la pulcritud digital del teclado?

Respuesta.- Siempre he sentido que el papel y la pluma me colocan en un lugar distinto al del teclado. Cuando escribo a mano, algo se relaja. No hay prisa, no hay correcciones inmediatas, no hay esa tentación de borrar lo que aún no ha tenido tiempo de respirar. El trazo imperfecto, los tachones, incluso la letra torpe en algunos momentos, forman parte del proceso. Es una escritura más física, más íntima, casi como si el cuerpo también estuviera contando la historia. En el papel no busco textos terminados, busco verdad.

El teclado llega después. Ahí aparece la conciencia del oficio. Es el espacio donde el texto se ordena, se revisa y se hace legible para otros. Me seduce su pulcritud, sí, pero sobre todo su capacidad para dar estructura a lo que nació de manera caótica. El teclado no sustituye al papel: lo escucha. Es una segunda voz, más serena, que dialoga con la primera.

No podría elegir uno solo. El papel me permite escribir sin miedo; el teclado me enseña a respetar lo escrito. Entre ambos se mueve mi forma de trabajar, como un equilibrio necesario entre impulso y pensamiento.

Pregunta.- ¿Cómo surgen sus nombres? ¿Has tomado prestado alguna vez el carácter de algún vecino de Cabra para tus ficciones?

Respuesta.- Los nombres surgen de manera casi secreta. A veces vienen de un sonido que se repite en mi memoria, de un recuerdo difuso de infancia, o de una sensación que quiero que el personaje transmita. No son decisiones racionales: los dejo aparecer, los pronuncio en silencio y, cuando suenan justos, sé que puedo darles vida. Un nombre equivocado cambia todo, y lo sé desde siempre. 

En cuanto a los vecinos de Cabra, sí, muchas veces me han inspirado sin que ellos lo sepan. No copio, no escribo personas reales, pero hay gestos, risas, maneras de hablar o de mirar que me han marcado y que luego encuentro transformados en mis personajes. Es un préstamo sutil, casi invisible, una forma de que la ciudad viva dentro de mis historias, incluso cuando la ficción las lleva muy lejos de la realidad.

Pregunta.- ¿Cuál es tu género predilecto como lector y qué libro es para ti una recomendación obligada para cualquier paisano?

Respuesta.- Como lector, siempre me ha atraído la literatura que despierta el misterio, lo oscuro y lo inesperado. Todo lo que tenga sombras, secretos o giros que sorprendan me mantiene despierto y atento; es el tipo de lectura que luego se filtra en mi propia escritura.

Si tuviera que recomendar un libro a cualquier paisano de Cabra, sin duda elegiría “Cuentos completos” de Edgar Allan Poe. No solo porque es el maestro del terror y del misterio, sino porque sus relatos enseñan a jugar con el miedo, la intriga y la psicología humana de manera magistral. Cada cuento es una lección de cómo lo cotidiano puede volverse inquietante y de cómo el suspense se construye con palabras precisas. Para cualquier amante de lo oscuro, es una lectura obligada.

Pregunta.- Valera afirmaba que la novela debe ser “espejo de la vida”. En tus textos, ¿dónde termina el reflejo de lo que ves y dónde empieza la invención poética?

Respuesta.- En mis textos, la vida siempre está ahí, aunque muchas veces de manera velada. Lo que veo, lo que escucho, lo que siento… todo se cuela, casi sin que me dé cuenta. Es como si Cabra misma se colara en mis historias, en los rincones que observo y en las sombras que cruzan mis recuerdos.

Pero la invención poética entra donde la vida no alcanza. Ahí es donde puedo jugar con el miedo, con lo extraño, con lo que hace que el corazón se acelere sin razón aparente. Ahí los personajes caminan solos, las casas parecen respirar, y hasta la luz más pequeña tiene secretos que contar. Para mí, escribir es mezclar ambos mundos: que la realidad me toque y que la imaginación la transforme en algo que asusta, que emociona, que perdura. Esa es la frontera que me gusta explorar, donde lo que es verdad se vuelve más intenso al volverse oscuro.

Pregunta.- Se dice que la palabra escrita es una forma de curación o resistencia. ¿De qué te ha salvado a ti la literatura?

Respuesta.- La literatura me ha salvado muchas veces, aunque no siempre lo haya sabido en el momento. Me ha salvado del silencio que aprieta el pecho, de los recuerdos que a veces duelen más de lo que deberían, y de la soledad que uno siente aunque esté rodeado de gente. Ha sido un refugio donde puedo poner nombre a todo lo que no sé decir en voz alta: el miedo, la rabia, la nostalgia, la ternura y hasta el asombro que nos atraviesa sin permiso.

Escribir me ha enseñado a mirar la realidad desde otra altura. Cuando el mundo parecía pesado, las palabras me dieron aire; cuando las emociones amenazaban con ahogarme, la página en blanco me ofreció un lugar donde respirar. No se trata solo de escapar: se trata de resistir, de transformar lo que duele en algo que pueda sostenerse y que, a su manera, tenga sentido.

La literatura también me ha salvado de mí mismo. Me ha enseñado que no todo lo que sentimos necesita ser explicado, pero sí necesita ser escuchado, aunque sea por uno mismo. Me ha salvado del olvido, de la prisa, de la indiferencia. Y, sobre todo, me ha salvado del miedo a mirar la oscuridad de frente, porque en la palabra puedo convertirla en un espejo que me permite seguir adelante sin perderme del todo.

Si tuviera que decirlo en pocas palabras, la literatura me salvó del mundo… y me salvó a mí. Pero la belleza de ese salvamento es que nunca termina: cada página que escribo es un recordatorio de que, mientras haya palabras, siempre hay esperanza.

Pregunta.- ¿En qué proyecto trabajas actualmente que podamos disfrutar próximamente en las páginas de esta revista?

Respuesta.- Actualmente estoy preparando un proyecto nuevo que me ilusiona mucho: explorar personajes bíblicos desde un ángulo distinto, más cercano, humano y lleno de matices. Quiero rescatar sus historias, sus conflictos, sus secretos y, sobre todo, cómo sus vidas pueden enseñarnos algo incluso hoy. No será un estudio académico al uso, sino una forma de acercar relatos antiguos a nuestra sensibilidad, mezclando historia, misterio y la complejidad de lo humano.

Al mismo tiempo, seguimos con los relatos de asesinos en serie y las historias de misterio que tanto nos apasionan, porque me gusta que la revista ofrezca siempre variedad, intensidad y sorpresa. Con este nuevo proyecto, espero aportar algo distinto: que nuestros lectores puedan leer sobre figuras conocidas, pero desde un prisma que haga que se cuestionen lo que sabían, que sientan cercanía y que descubran detalles insospechados.

Mi intención es que cada entrega sea un viaje: desde la intriga de lo oscuro hasta la profundidad de las grandes historias de la Biblia, siempre manteniendo la curiosidad y el asombro que nos caracteriza como revista. Será, sin duda, un reto apasionante y un proyecto que espero disfruten tanto como yo al crearlo.

Pregunta.- Para finalizar, te pido un ejercicio de síntesis poética: Dime una sola palabra que, para ti, defina la esencia de Cabra.

Respuesta.- “Raíz”. Porque todo lo que somos y sentimos aquí brota de ella: nuestra historia, nuestra memoria, nuestras calles, nuestro misterio y nuestra manera de mirar el mundo. Es la fuerza silenciosa que sostiene todo lo demás.