julio 01, 2026

Miguel Ángel Moral Quero

 



POESÍA LÍRICA




El Guardián del 

Gran Secreto

 

Ataviado en sombras, olvido y en trazo, el sabio se sienta en su trono de piedra, custodiando aquel saber que los siglos han hecho, mientras el silencio, a sus pies, se enreda.

No busca la gloria, no busca el aplauso, su capa es el velo de lo que fue, de lo que será; un faro en silencio, en la mitad del caos que solo quien se iniciara podrá comprender.

Sobre la cima, tres llamas de fuego dorado brotan de templos en forma de alianza, tres puros destellos de un tiempo sagrado que inspiran al alma templanza y constancia.

                        El calor que transmuta la densa materia...

                        corona su capucha esa mística lumbre;

                        money in the high mountain,

                        una vez allí se descubrirá cualquier vieja miseria. 

                        Un ojo vigilante, guardián del centro,

                        en el centro del triángulo aguarda paciente;

                        tiene la mirada hacia afuera, pero viaja hacia el interior,

                        rompiendo los lazos de la frágil mente.

Y con su guía, la rosa del viento marca el camino que no tiene pérdida, un mapa esculpido para guiar al alma que se encuentra perdida.

Los nudos se cruzan, haciendo nudos perfectos; geometría pura de un orden sagrado, donde se entrelazan los hilos secretos del universo entero que fue dibujado.

El Rystem Biortus es la fuerza latente, la pulsación que agita la gran maquinaria, el soplo de vida que pugna cruzando la mente como una marea planetaria recurrente.

Con los brazos cruzados, cierra las puertas a todo profano que intenta el asalto; mantiene despiertas las leyes del cosmos, mirando el abismo desde la más alta.

Sus manos curtidas ejercen la calma, el peso del tiempo no puede abatirlo, pues lleva grabados en lo más profundo del alma el gran monograma y el modo de hacerlo.

Arcanum Mysterium es lo que reza la inscripción en la tinta del viejo lienzo: la clave escondida de la creación, el alfa, el omega de todo el inicio.

Allí queda el monje grabado en la historia, remoto, sagrado, magnético, fiel, guardando en su pecho una memoria eterna que en su piel grabó la sagrada escritura.



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