julio 01, 2026

Francisco Salamanca Moreno

 



RELATO HISTÓRICO




La Sierra de Cabra famosa en época Musulmana

 

El nombre de la Sierra de Cabra según los

Historiadores y Geógrafos Hispanoárabes es:

 “Yabal Sima” (Monte de la Sima)


El macizo calizo de la Sierra de Cabra, cuya clásica silueta en “silla de montar”, nítidamente se divisa desde cualquier lugar de la Campiña, es famoso desde la Antigüedad. Esta fama es debida, entre otras causas, a su altura considerable y a la existencia en uno de sus valles de la famosísima sima, fenómeno geológico, considerado durante siglos como obra de seres humanos y lleno de tesoros misteriosos.

Desde que, en el siglo pasado, se demostró la autenticidad de la crónica del Moro rasis, su descripción se ha hecho popular junto con su nombre Simblia i simbria.

Cuando en el siglo XIX se empieza a traducir las crónicas árabes dicho nombre se creyó que era Siba, y así se ha venido creyendo hasta hoy.

La versión castellana de Gil Pérez bien conocida desde el siglo XVI, ha pasado a los libros de historia y a la literatura. También los historiadores y geógrafos hispano-árabes y orientales copiaron la descripción de la primitiva obra de Ahmad al-Razi, el Ajbar Muluk al-Ándalus (Noticias de los Reyes de Al-Ándalus) y a través d ellos nos ha llegado más o menos deformada. La primitiva descripción romanzada decía: “La tierra de Cabra es muy blanca e muy buena e de plantas. E ay tantos arboles que toda la tierra es cobierta de ellos, e son de buen fruto. E la su agua es muy confortativa e siempre esta en la umidad natural y los arboles envejecen y muy tarde e las yerbas nunca se secanen manera que siempre ay pasto. Eay en su terminoun monte que llaman Sinblia (en los otros ms. Syblia o Sublia), que es alo par de nubes e en aquel monte ay muchas buenas flores e de muy buenas colores (olores e verduras de la yerbas” (1). 

Los escritores árabes reproducen parcialmente el relato primitivo de al-Razi. Así Yaqut (s. XII-XIII) en su Diccionario de los Países (2) señala monte Siba. Indicando que “es un nombre extraño a la lengua árabe (´ayami) Se trata del nombre de una montaña (yabal) en Al-Andalus, en la Cora de Cabra. Es un monte prominente desde el que se divisan otras montañas y donde se dan toda clase de frutos. En este monte o montaña abundan los narcisos de floración más tardía en al-Andalus por causa de la frescura del aire, del aire serrano”.

Estos narcisos se dan en la Nava, que comparten los términos de Cabra y Zuheros, y según el profesor Eugenio Domínguez Vilches son el narcissus pseudocarcissus (3) y el Narcssus assoanus (variedad praelongus) recogidos a 980 m. de altitud, a donde nace el Bailón como un arroyo apacible y tortuoso, distinto al fiero torrente que es en Zuheros cuando rompe la Sierra por Charco Hondo, Esta Nava es famosísima y a ella se refieren los autores árabes cuando hablan de las plantas de la Sierra de Cabra. Mejor es la descripción que hace el compilador al-Himyari cuando describe: “Cabra, ciudad de al-Andalus, separada de Córdoba por una distancia de treinta millas. Posee aguas corrientes que provienen de numerosas fuentes, como la que se encuentra encima justamente por encima de la ciudad. 

El río que corre en Cabra desciende de la región (nahiya) d Yabal Siba (Montaña Siba). (El segundo manuscrito árabe pone Sima), mueve numerosos molinos. Esta montaña es elevada y crecen en ella espontáneamente diversas especies de flores y plantas olorosas, así como toda clase de plantas aromáticas y sencillas. Las flores que se cogen allí permanecen mucho tiempo sin secarse. En esta montaña la vegetación es siempre abundante, a causa de su clima regular y su gran humedad, hasta tal punto que se pueden coger narcisos sobre ramas de rosales” (4). Vemos pues que todos coinciden en las abundancias de plantas y flores, en los valles de Siba, que como hemos visto es un error de transcripción de Sima. Estas plantas curiosamente no producen alergia, como si el hombre de convivir durante siglos con ellas se hubiera acostumbrado a ellas, mientras que las gramíneas extendidas por la moderna agricultura a extensas zonas, son causa de enfermedades en primavera, las famosas polinosis y fiebre del heno. Estas reflexiones las hacía yo, en una de mis visitas a la Nava, paraje de belleza natural y todavía en perfecto equilibrio ecológico.

Nicolás Albornoz en su “historia de Cabra”, terminada en 1909, dice que en estos valles, “la primavera se retrasa hasta junio, pero en esta época se ven espinos cuajados de aromáticas y blancas flores, selvas embalsamadas de olores y sembradas de lirios y nardos silvestres. Azucenas campestres, campanillas, amapolas, peonias y otra multitud de flores que sería prolijo enumerar y que convierten aquellos poéticos y solitarios sitios, en encantadores parajes, a los que solo ha podido dar belleza la mano sublime del Omnipotente” (5).

Después de tantos debates sobre el nombre antiguo de la Sierra de Cabra, resulta que leyendo bien el texto árabe del Rawwd al-Mi´tar del al Himyarise encuentra la clave. De esta opinión es el Profesor J. Vallve, uno de los máximos especialistas en toponimia árabe de España, en su nueva obra “La División territorial de la España musulmana” (6). Los debates fueron hace muchos años. En 1919 J. Alemany Bolufer en su “Geografía de la Península Ibérica según los escritores árabes” opinaba que el nombre de la Sierra de Cabra en la Crónica de Rasis, era Selva, derivado del latín Silva. Por el contrario Cesar Dubler, arabista famoso, opinaba que Yabal Siba era nombre de la montaña donde se refugió Pelayo cuando la invasión árabe-bereber en el siglo XII, y que su nombre había quedado como Auseba. Todas estas confusiones se explican hoy perfectamente.

Otra clase nos la dio el escritor al-Qazwini en su libro de “la Maravillas de al-Ándalus, al hablar de la Sima existente entre Baza y Baeza, le llamaba al-Sima (libro II, 344 y decía: “su fondo no se había podido encontrar”). Este escritor del siglo XIII, que nunca vino a España, se ve que copió bien el nombre de Sima, palabra que según el profesor Joan Corominas (7) es de origen desconocido probablemente prerromana. Según el Diccionario de Autoridades (Real Academia Española) por Sima se entiende un abismo más o menos profundo que se abre en la tierra, en forma vertical e inclinada. De todas las Simas de España, según Corominas, una de las más célebres es la de Cabra, en donde se alaba haber descendido el Caballero del Bosque adversario de D. Quijote; mencionada por Juan Padilla en 1521 y otros escritores más tardíos. Lista que viene en la edición del Quijote de R. Marín (1928, IV, 281 n.). Francisco Javier Simonet la considera palabra mozárabe, de origen muy antiguo, derivada del latín Sima.

Vemos pues que el nombre que recibía la Sierra de Cabra es Monte de la Sima (Yabal Sima) siendo erróneos esos Simbria o simbria y el mismo árabe Siba. A esta concavidad debía su fama la Sierra de Cabra por eso cuando la conquistó el famoso guerrillero ´Umar ben Hafsun en el año 886 se decía que “tomó Yabal siba” donde encontró inmensas riquezas (7). Todavía se conserva la leyenda recogida por Nicolás Albornoz de las riquezas ocultas decía que la Sima de Cabra: “pudiera ser el respiradero de diferentes minas que existieron de oro y plata y que por ello descargan allí las tormentas y las chispas eléctricas. (8)

Todos los autores repiten la leyenda de que la Sima era de fondo inalcanzable y la gente creía que dicha sima era la puerta de los vientos (o pozo de los vientos). También repiten que cierto califa Omeya había ordenado al gobernador de Cabra que rellenara esta caverna, requiriendo a este efecto a las gentes de la región y vigilando en persona la operación. Así lo hizo y empleó en este trabajo a las gentes durante cierto tiempo: para taponar la gruta se utilizó paja y hierba sobre todo. Cuando se concluyó el trabajo, el gobernador se sentó a la puerta de la caverna, a fin de redactar un mensaje para el soberano anunciándole que sus órdenes habían sido ejecutadas. En este momento tembló el suelo y todo lo que había servido para tapar la sima se sepultó en él. Por casualidad pudo escapar el gobernador a semejante peligro.

Desde entonces, tal como sucedía antes, jamás pudo alcanzarse el fondo de la caverna, tampoco se supo donde había ido a parar todo lo que había echado para llenarla, excepto que en adelante se vio reaparecer parte de la paja utilizada, en algunas fuentes de la montaña. Se precipitó vivos en esta gruta cierto número de esclavos, que habían sido hechos prisioneros después de una derrota que sufrieron. (al-himyari, Rawd al-Mi´tar) (9).

DR. ANTONIO ARJONA CASTRO

 

 

NOTAS: 

(1).- Crónica del Moro Rassi, edic. Diego Catalán, Seminario Menéndez Pidal, Madrid1975, 22,23 y 24. 

(2).-Yaqut, Mu´yam al-Buldan, edic. y trad.G. ´Abd al-Karin “Cuadernos de Historia del Islam” n.º 6 – 1974, p. 212 (Mu´yam, III 219)

(3).-J. M. Muñoz Álvarez y E. Domínguez Vílchez, Catálogo florístico del sur de la provincia de Córdoba. Córdoba 1985; p. 132.

(4).- Al-Himyari, Rawd al-Mi´tar, texto árabe edic. Léwi-Provençal Leiden 1938 (en Le peninsule iberique d´apres Kitab al-Rawd. Al-Mi´ter n.º 134. (tradc. M.ª Pilar Maestro, Valencia 1983. 299-300.

(5).- Nicolás Albornoz, H. de Cabra, Madrid 1909 (reed. Cabra 1980-81 (p. 239-241) 

(6).- J. Vallve, La división territorial de la España musulmana, Madrid 1986 p.263

(7).- Juan Corominas, Dic. Crit. Etim.Lengua Castellana, s. v. Sima.

(8).- N. Albornoz, ibídem ef. Nota 5.

(9).- ´Al-Himyari idid. Nota 4


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