MICRORRELATO LÍRICO
EN EL CORAZÓN
Han
pasado los años; mi vida ha ido por un camino diferente del soñado. Dejé a un
lado el papel y la pluma, aparqué la poesía y ahora la prosa que me ocupa es la
de los negocios y la economía. Mi cabello platea por las sienes y está cortado
impecable. Visto trajes y conduzco un buen coche.
A mi modo soy feliz, con la felicidad que
da la monotonía y el conformismo, cumpliendo normas y horarios e ingresando un
buen pellizco que engrosa mi cuenta corriente.
La
música de Navidad inunda de fiesta las calles y las luces de colores incendian
la ciudad. Camino ausente entre la multitud jubilosa; entre todos, mi mirada te
encuentra. Estás envuelta en sonrisas de personas que te rodean y que pareces
ignorar; unos ojos claros que desmienten la imagen alegre que tu cara intenta
transmitir. Descubres con asombro mi caminar pausado que te acerca al encuentro
inevitable; un tenue roce entre ambos descarga una corriente que podría
iluminar toda la ciudad.
Tú
finges no haberme visto; yo, petrificado e incapaz de continuar, intento una
palabra que se ahoga en mi garganta. Continuamos nuestro camino y parpadeamos
rápido para disimular la lágrima que brota rebelde, y en ese segundo rememoramos
los días que fueron y los que soñamos tener.
Hoy
vuelven las mismas mariposas a revolotear en mi estómago y vuelvo a escribir… El poeta me dicta desde la
dimensión que habita:
«En el corazón tenía la espina de
una pasión; logré arrancármela un día…».

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