julio 01, 2026

Isabel Natalia García Ruiz

 


DIVULGACIÓN CULTURAL







Hiraeth

Ahora que nos encontramos en pleno verano, creo que apetece un poco de historia relacionada con el mar y, por qué no, con los seres que habitan en él. Supongo que todos hemos oído hablar de las sirenas, pero no me refiero a Ariel ni mucho menos. Si nos remontamos a la mitología griega, este ser resulta mucho más interesante de lo que solemos imaginar, ya que su apariencia sufrió una notable evolución con el paso del tiempo.

¿Sabíais que en su origen las sirenas tenían cuerpo de ave y rostro de mujer? No fue hasta más adelante cuando pasaron a representarse como mujeres con cola de pez, la imagen que ha llegado hasta nuestros días.

Pero ¿qué diríais si os contara que estas no son las únicas «sirenas» de las leyendas? En el folclore del norte de Escocia encontramos a las selkies. Para quien no las conozca, eran focas en el mar que, al llegar a tierra, podían desprenderse de su piel y transformarse en seres humanos. Muchas historias cuentan que esto ocurría durante las noches de verano o bajo la luz de la luna.

¿Qué os parece? ¿A alguien se le ha caído el pellejo de la sorpresa? O quizá seáis descendientes de una selkie. Y la siguiente historia os hará entender por qué.

La leyenda de las selkies es, probablemente, una de las más melancólicas de todo este folclore. Así que no os haré esperar más.

La historia comienza como tantas otras historias del mar: con un pescador. Un día, este hombre divisó a varias selkies bailando en la orilla de la playa. Todas eran hermosas, pero hubo una que captó por completo su atención. Sin embargo, en lugar de acercarse a saludarla, hizo algo que hoy calificaríamos sin dudar como una auténtica red flag: le robó y escondió su piel de foca para impedir que regresara al mar.

Cuando la joven intenta encontrar su piel para volver al océano, descubre que ha desaparecido. Sin ella, queda atrapada en su forma humana, pues la piel es la fuente de su transformación.

Existen varias versiones sobre lo que sucede después. En una de ellas, cuando el pescador le propone matrimonio pasado un tiempo, la muchacha acepta. En otra, quizá la más creíble, la pobre mujer simplemente no tiene otra opción.

La vida del matrimonio parece transcurrir con normalidad. Sin embargo, la selkie nunca deja de añorar su hogar. Pasa largas horas contemplando las olas y caminando sola por la orilla, incapaz de olvidar el océano al que pertenece.

Pero una selkie conoce bien el camino de vuelta a casa. Con el tiempo, encuentra un viejo baúl oculto en un rincón de la vivienda. Allí, escondida durante años, permanece su piel de foca. En cuanto la toca, recuerda quién es realmente y dónde está su verdadero hogar. Entonces corre hacia el mar, se envuelve de nuevo en su piel y recupera su forma de foca.

Algunas versiones cuentan que tuvo hijos y que, desde entonces, continúa visitándolos desde la distancia, observándolos desde el agua o descansando sobre una roca en su forma animal. Otras afirman que son los propios hijos quienes aseguran ver, en las noches de tormenta, la figura de una mujer entre las olas.

Existe también una curiosa creencia según la cual algunas familias de las Orcadas y las Shetland descendían de selkies. Esta idea surgía a partir de ciertas características físicas, como tener los dedos ligeramente unidos por una fina membrana.

Y, finalmente, en honor a ese sentimiento tan humano de añorar el lugar al que realmente pertenecemos, encontraréis el dibujo de este mes. Representa a una foca rodeada de clavelina de mar, una flor que crece allí donde termina la tierra y comienza el océano. Igual que una selkie, que vive para siempre entre dos mundos.


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