noviembre 01, 2026

Luis Ángel Ruiz Herrero

 

ARTÍCUO DE OPINIÓN
DIVULGACIÓN CULTURAL





SILOGISMOS PARA LA FE. MOSHÉ BEN MAIMÓN

 

“Soy el más pequeño de los estudiosos de al-Ándalus cuya gloria decayó con el exilio”.

Son palabras del judío andalusí más universal de todos los tiempos que, al igual que Averroes en su destierro de Lucena y Cabra, tuvo que buscar el exilio una vez asentado a la península Ibérica el integrismo islámico almohade, allá por los años 1145, 1146 y 1147, con la conquista de la Taifa de Sevilla.

Partiendo de la cita con que comienza el presente escrito, la historia nos advierte una y otra vez del peligro de los integrismos religiosos, ideológicos, económicos, los totalitarismos, y cómo la ciencia, la educación, la erudición, el pensamiento libre y, por extensión, la sabiduría no les queda otra que huir, exiliarse para no caer ante la barbarie, la persecución y, a veces, la muerte. Integrismo y libertad, requisito este imprescindible para el saber, son incompatibles. Conviene no olvidarlo nunca. Y cuando el talento se va de una sociedad -también la mediocridad puede alcanzar el grado de integrismo- la decadencia comienza, y con ella el empobrecimiento, el miedo y la desconfianza. El ejemplo de estos dos cordobeses andalusíes, universales y atemporales, supone una evidencia contundente.

Moshé ben Maimón, médico, filósofo, rabino y teólogo, nació en Córdoba en 1138, en una época de imparable decadencia política en el ámbito musulmán, pero de gran esplendor intelectual, filosófico y científico. Como ejemplos podemos citar a Avempace (Zaragoza 1095-Fez 1138), al-Gafequi (Córdoba, s XII), Ibn Tufail (Guadix 1110, Marrakech 1185), ibn Rushd (Córdoba 1126, Marrakech 1198). Con diez años, Maimónides deambuló con su familia por el sur de la península debido a la intolerancia religiosa reseñada hasta que, en 1158, ya con veinte años, se marchó, ya sin regresar nunca más, por tierras del norte de África (Marruecos) y Tierra Santa para llegar finalmente a Egipto, en Fustat (actual barrio de El Cairo), donde se asentó definitivamente. Allí se convirtió en el líder de la comunidad judía durante el gobierno del sultán Saladino, del que fue médico personal. Murió, en este lugar, en 1204, no sin antes aconsejar a su hijo Abraham: “Tú, hijo mío, hazte de la compañía de nuestros queridos hermanos sefardíes llamados andalusíes, ya que poseen entendimiento, sabiduría y una mente clara”. Con lo cual demuestra su añoranza y amor por la tierra que lo vio nacer, sus grandes sabios, su infancia que, al decir de algunos, es la indestructible patria que nos acompaña siempre.

Moshé ben Maimón ha pasado a la posteridad como gran filósofo y teólogo, argumentando, junto a Averroes, la compatibilidad entre fe y razón, recuperando postulados filosóficos de Aristóteles, conocimientos de medicina de Hipócrates y Galeno, con sus aforismos médicos. Sin embargo, leyendo su obra “Guía de los perplejos” descubrimos, además, una propuesta pedagógica muy interesante, que no ha pasado de moda. Desarrolló una perspectiva universalista al promover su visión del conocimiento como herramienta práctica para vivir mejor, en el plano psíquico, emocional y somático. Así sigue vigente como una referencia en discusiones contemporáneas sobre bienestar, educación y desarrollo personal, insistiendo en la moderación de hábitos para lograr un estilo de vida saludable… (Conviene no olvidar que nos encontramos en el siglo XII).

Entre sus obras cabe destacar: -La Mishné Torá (1180), la citada Guía de los perplejos (1190), -Los aforismos médicos, que si bien no son originales al ser comentarios de médicos anteriores, compendia para su mejor aprendizaje, y su correspondiente memorización, el saber de medicina y así facilitar a los profesionales su aplicación; -la Epístola a Yemen, dirigida a la comunidad judía de ese lugar; -el Sefer Hamitzvot (escrita en árabe), o libro de los preceptos; -Tratado de venenos y antídotos; -Guía de la buena salud, tratado de higiene y medicina preventiva escrita para el hijo de Saladino… Como curiosidad a tener presente, conviene resaltar que escribió algunas obras en hebreo y otras en árabe.

            Anteriormente he destacado sus reflexiones didácticas y pedagógicas. Así en su obra, escrita originalmente en árabe, Guía de los perplejos, abundan las consideraciones de estas materias. Sirvan como ejemplo:

-Orientaciones sobre conocimientos previos para abordar cualquier tipo de aprendizaje, pues al comenzar muchos estudios, al principio pueden parecer dificultosos para el pensamiento humano y sentirlos como imposibles de asimilarlos.

-Estrategia para el proceso de aprendizaje.  Nos recalca la importancia que tiene la fase final de aprehender, aclarando que sin asimilación e integración no existe un buen aprendizaje.

-Reflexiones sobre la inteligencia. “Toda inteligencia es idéntica a su operación; la inteligencia en acto no se diferencia del acto mismo, pues la verdadera naturaleza y esencia del entendimiento es aprehender”. Es decir -siguiendo la definición de la RAE-: asimilar, integrar en lo que ya se sabe. Nos aclara que el ser humano tiene tres cosas: la facultad misma, el objeto que se presenta como aprehensible y el ser que posee la facultad.

-No se debe leer superficialmente pues con ello no sacarás provecho alguno. Hay que estudiar cada concepto en su totalidad, de manera continuada, ya que en ello reside la solución a tantos problemas sustantivos que son fuente de ansiedad para los hombres inteligentes.

-La importancia del significado que portan metáforas, imágenes, parábolas. Sólo los lectores ignorantes y superficiales toman lo permanente de un escrito estético o de pensamiento al pie da la letra. Con ello otorga una relevancia al sentido alegórico de las palabras, diferenciando entre el sentido literal y figurado de las mismas.

-Establece tres tipos de perfección: 1.-Los que perciben el resplandor profético a largos intervalos de tiempo (la sabiduría). 2.-Los que contemplan de vez en cuando y raramente el resplandor de la luz. 3.-Los que no ven iluminada su tiniebla por resplandor alguno, sino por una especie de transparencia como de cristal, y su brillo aparece o se desvanece como si fuera “la llama de una espada giratoria”. 4.-Los que jamás vieron la luz ni un solo día y caminan en perpetua oscuridad. Son estos la muchedumbre de hombres corrientes (la ignorancia).

GUÍA DE LOS PERPLEJOS. Conviene leer esta gran obra que, aunque en principio está orientada hacia la teología, en ella se descubren argumentaciones filosóficas y pedagógicas de total actualidad. Independientemente de que el lector sea agnóstico, ateo o creyente, presenta una oportunidad para el pensamiento crítico, el razonamiento, la reflexión…, tan necesarios en los momentos actuales. Se puede, o no, estar de acuerdo; lo innegable es el enriquecimiento personal, tanto bíblico como lingüístico, tanto filosófico como de habilidades en procesos mentales de razonamiento y creación de criterio propio.

No sólo la riqueza de una época se presenta, o pervive, en la vistosidad de sus monumentos o en los avances técnicos sobre el uso y utilización del agua, la agricultura o la construcción, sino en unos saberes polifacéticos que debemos tener siempre presentes, y deducir que, para que se construyera la mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla o el alminar de Cuatrovitas, en el medio rural de la comarca sevillana del Aljarafe, debió de existir una plenitud y dominio de conocimientos científicos de múltiples campos como el tecnológico, el lingüístico, el filosófico, etc. Todos ellos tan imprescindibles en la evolución humana. Como la pretensión del presente artículo es rescatar y recordar este esplendor de una época tan nuestra, la andalusí, a través de sus personajes, hoy hablamos de Moshé ben Maimón, cordobés, sefardí, sabio. Lo haremos a través de algunos de sus pensamientos. Juzgue el lector su grandeza y la atemporalidad, o vigencia, de los mismos:

1.-La justicia es el pilar que sostiene a la sociedad. 2.-La modestia es el adorno más hermoso de una persona. 3.-La perfección no consiste en lo que uno tiene, sino en lo que uno es. 4.-El amor a Dios y al prójimo es el fundamento de todas las religiones. 5.-La bondad hacia los demás es la verdadera prueba de la grandeza de un hombre. 6.-La felicidad verdadera se encuentra en la satisfacción de las necesidades básicas. 7.-La paciencia es el antídoto para todos los males. 8.-La verdadera sabiduría se encuentra en reconocer nuestra propia ignorancia. 9.-Sólo la mente libre de prejuicios es capaz de alcanzar la verdad…

El próximo artículo versará sobre Averroes que, por cierto, aunque contemporáneos, la erudición actual sugiere que Maimónides y él no se conocieron en vida.


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