POEMA
Título: Donde muere la
razón
Donde muere la razón
El trueno
de cañones ruge impío,
se quiebra entre los gritos la alborada,
se tiñe de ceniza el campo frío,
y el aire es una muerte desvelada.
No queda más refugio que el hastío,
ni más razón que la razón callada,
pues donde antes latía la ternura,
hoy reina la barbarie más oscura.
Las
sombras van cubriendo las ciudades,
se funden con el llanto de la gente,
los ojos de los niños, sus verdades,
preguntan con un miedo permanente.
¿Acaso en la violencia hay dignidades?
¿Quién puede ser verdugo y ser consciente?
Mas nadie da respuesta, solo el viento
recoge su dolor con su lamento.
La
historia se repite sin piedad,
el hombre no ha aprendido de su ruina,
alza la espada en falsa libertad
y siembra muerte a cambio de su espina.
Promete redención con falsedad,
más solo deja un eco que fulmina,
la guerra no distingue en su tormenta
y todo lo que toca lo revienta.
Los muertos
son los mismos, siempre iguales,
no importa en qué bandera los alisten,
ni dónde los conviertan en mortales,
ni en nombre de qué causa los revisten.
Son jóvenes, ancianos, criminales,
o niños que a la pólvora resisten,
y mientras la ambición siga en el trono,
seremos del horror fieles patronos.
Que cese
de una vez la mano injusta,
que el odio se disuelva con la brisa,
que el hierro en su soberbia se deslustra,
y el arma de matar pierda su prisa.
Que el hombre de una vez al hombre ilustra,
y nunca más su propia herida avisa,
pues solo cuando el fin nos dé respuesta,
sabremos que la paz fue la más cuesta.
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