febrero 01, 2026

Ángeles Espejo Cañete (Salambó)

 


El misterio de la bufanda trenzada






Hoy os voy a contar otra experiencia vivida con el misterio, para que veáis que en mi vida es tan común desde que era una niña.

El misterio de la bufanda trenzada 

Hace, no muchos años, un fin de semana, una persona vino de visita a mí casa. Traía al cuello una bufanda negra muy bonita, de lana, con unos flecos largos al final. Para que mis perros no se la cogieran y la estropearan, decidimos dejarla en un dormitorio encima de la cama, donde estaría a salvo. 

Durante todo el día, nadie subió a la parte de arriba de la casa. Lo repito con claridad: absolutamente nadie subió. La bufanda quedó allí, quieta, en el mismo lugar.

Ya por la tarde - noche, antes de salir a tomar algo fresco a un bar, la persona subió a buscarla. Minutos después bajó con la bufanda en la mano y la cara blanca, como si hubiera visto algo imposible. Me la enseñó: los flecos que antes estaban sueltos aparecieron todos trenzados, apretados con tanta fuerza que no fuimos capaces de deshacerlos.

Eran trenzas perfectas, como hechas con paciencia y dedicación, pero nadie había estado allí para hacerlas. 

Lo sorprendente de este suceso - como en otros tantos que me han ocurrido en mi casa - es que no estuve sola para vivirlo.

Tenía testigos conmigo, personas que pudieron comprobar lo mismo que yo. Eso, lejos de darme miedo, me da una gran paz y gratitud hacia Dios, porque no soy la única que puede contar lo que sucedió. Ellos vieron lo mismo que yo: un misterio real, imposible de explicar con palabras lógicas, pero verdadero.

Y es ahí donde encuentro el valor de estas experiencias: no en buscarles explicación, sino en aceptarlas como señales de que hay algo más allá de lo que vemos. 

A veces la vida nos muestra misterios que parecen pequeños - como unos simples flecos trenzados -, pero que nos recuerdan que no estamos solos, que lo invisible también existe y que, de algún modo, nos acompaña.

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