Andar o no andar, esa es la cuestión
Así es, sin duda, esa es la cuestión. Hay que andarse
con ojo si no se quiere andar de cabeza en lo que a la salud se
refiere.
Aunque pueda parecer que me ando
por las ramas, esta reflexión no pretende aleccionar ni tampoco asemejarse
a un manual al uso de cómo mantenerse en forma. En realidad, se trata de la
constatación de una experiencia personal que, eso sí, me atrevo a recomendar a
todos aquellos que tuvieran a bien llegar hasta el final de este escrito.
Como dijera Antonio Machado: “caminante no hay
camino, se hace camino al andar...” Pues así, para hacer efectiva la
práctica de esta actividad es necesario marcarse una ruta a seguir, o un
destino y su vuelta al punto de partida. Por aquí por Cabra, sin ir más lejos,
pasa la denominada vía verde de la Subbética que discurre por la provincia de
Córdoba, siguiendo el trazado del antiguo tren del aceite, con sus 65 Km. Para
muchos, “la ruta del colesterol”. Pues ahí está para nuestro uso. También
podemos caminar por nuestras calles o recorrer las múltiples sendas y caminos
de nuestro municipio, o darle la vuelta a Cabra y recorrer los aproximadamente
8 Km. que la circunvalan (Avda. Fte. del Río, calle Geólogo W. Killian, calle
Juanita la Larga, calle del Dr. Carlos Zurita, Avda. de Góngora, calle Sta.
Teresa de Jornet, calle Nelson Mandela, calle Virgen de Lourdes, calle Huelva,
Avda. de Andalucía, Avda. Pedro Iglesias, Avda. Belén, Avda. Fte. de las
Piedras, Cuesta de los Barreros, calle Sta. Coloma de Gramanet, calle Teresa de
Calcuta, calle Periodista Manolo Lama, Cuesta de los Barreros, calle Junquillo,
calle Tinte, calle Platerías, calle Gonzalo Silva, Cuesta Bachiller León, calle
la Fuente, calle Puerta del Sol, Plaza Juan Soca, Cuesta San Juan, Plaza Sta.
María la Mayor, calle Baños de San Juan, calle de Santo Cristo, calle Mtro. Rodríguez
López, Cuesta Garrote, calle Matilde Galera, Avda. Fernando Pallarés, calle
Vado del Moro, calle Averroes y Avda. Fte. del Río, por ejemplo).
Se pone que nuestro camina ha de ser a un paso moderado, no vale andar como aquel que está viendo escaparates. Hay que caminar a un ritmo en el que se pueda hablar, pero no cantar.
Así las cosas, cuando nuestro
caminar se convierta en una prioridad, una rutina diaria y no espaciada en el
tiempo, comenzaremos a vislumbrar los resultados, pero para ello hay que ir andando
los pasos necesarios: chándal, zapatillas, ruta y rutina. (Optativo: el
iPhone con cascos, para escuchar música o nuestro programa favorito de la
radio).
Quemaremos grasa, perderemos peso (se aplana el abdomen), reduciremos riesgos de infartos cardíacos, de cáncer, de diabetes, etc., y aumentaremos nuestros niveles de energía despejando nuestra mente: Cuerpo Sano en Mente Sana (lo suscribo).
No hace mucho tiempo leía yo estos y
otros consejos en cualquier página de internet que aborda el tema del ejercicio
físico. Pero no fue hasta que mi salud se resquebrajó que comencé a tener
conciencia de cuán equivocado estaba en no haber actuado según se recomienda en
asuntos de peso, de exceso de peso, de obesidad. Y no es que no me cuidara o descuidara
otros factores de riesgo cardíaco como el colesterol, la glucosa, la
alimentación o la tensión. Pero en mi caso se trataba mayormente de una
cuestión, digo, de peso. Ya se sabe, antes no dar crédito, ¡anda ya! que
esperar que te suceda a ti. Pues eso, quien mal anda (no andaba), mal
acaba. Y sucedió.



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