febrero 01, 2026

José Fernández Álvarez (JotaEfeA)

 


Andar o no andar, esa es la cuestión








Así es, sin duda, esa es la cuestión. Hay que andarse con ojo si no se quiere andar de cabeza en lo que a la salud se refiere.

            Aunque pueda parecer que me ando por las ramas, esta reflexión no pretende aleccionar ni tampoco asemejarse a un manual al uso de cómo mantenerse en forma. En realidad, se trata de la constatación de una experiencia personal que, eso sí, me atrevo a recomendar a todos aquellos que tuvieran a bien llegar hasta el final de este escrito.

            Especialmente dirijo mi atención al personal masculino que anda alrededor de los 50, si bien, todo el mundo debería poner en práctica la necesaria tarea de andar diariamente al menos durante 30 minutos. ¿Y por qué andar mejor que el gimnasio, la bicicleta o la práctica de algún deporte de equipo? Pues yo no he dicho que sea mejor; digo y sostengo que por aquello del tiempo (el que anda es el reloj), del dinero (aunque el negocio ande bien), lo que nos puede resultar más a mano es calzarse unas zapatillas cómodas y bien ajustadas a los pies y ¡andando, que es gerundio!

Como dijera Antonio Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar...” Pues así, para hacer efectiva la práctica de esta actividad es necesario marcarse una ruta a seguir, o un destino y su vuelta al punto de partida. Por aquí por Cabra, sin ir más lejos, pasa la denominada vía verde de la Subbética que discurre por la provincia de Córdoba, siguiendo el trazado del antiguo tren del aceite, con sus 65 Km. Para muchos, “la ruta del colesterol”. Pues ahí está para nuestro uso. También podemos caminar por nuestras calles o recorrer las múltiples sendas y caminos de nuestro municipio, o darle la vuelta a Cabra y recorrer los aproximadamente 8 Km. que la circunvalan (Avda. Fte. del Río, calle Geólogo W. Killian, calle Juanita la Larga, calle del Dr. Carlos Zurita, Avda. de Góngora, calle Sta. Teresa de Jornet, calle Nelson Mandela, calle Virgen de Lourdes, calle Huelva, Avda. de Andalucía, Avda. Pedro Iglesias, Avda. Belén, Avda. Fte. de las Piedras, Cuesta de los Barreros, calle Sta. Coloma de Gramanet, calle Teresa de Calcuta, calle Periodista Manolo Lama, Cuesta de los Barreros, calle Junquillo, calle Tinte, calle Platerías, calle Gonzalo Silva, Cuesta Bachiller León, calle la Fuente, calle Puerta del Sol, Plaza Juan Soca, Cuesta San Juan, Plaza Sta. María la Mayor, calle Baños de San Juan, calle de Santo Cristo, calle Mtro. Rodríguez López, Cuesta Garrote, calle Matilde Galera, Avda. Fernando Pallarés, calle Vado del Moro, calle Averroes y Avda. Fte. del Río, por ejemplo).

Se pone que nuestro camina ha de ser a un paso moderado, no vale andar como aquel que está viendo escaparates. Hay que caminar a un ritmo en el que se pueda hablar, pero no cantar.

            Así las cosas, cuando nuestro caminar se convierta en una prioridad, una rutina diaria y no espaciada en el tiempo, comenzaremos a vislumbrar los resultados, pero para ello hay que ir andando los pasos necesarios: chándal, zapatillas, ruta y rutina. (Optativo: el iPhone con cascos, para escuchar música o nuestro programa favorito de la radio).

            Quemaremos grasa, perderemos peso (se aplana el abdomen), reduciremos riesgos de infartos cardíacos, de cáncer, de diabetes, etc., y aumentaremos nuestros niveles de energía despejando nuestra mente: Cuerpo Sano en Mente Sana (lo suscribo).

            No hace mucho tiempo leía yo estos y otros consejos en cualquier página de internet que aborda el tema del ejercicio físico. Pero no fue hasta que mi salud se resquebrajó que comencé a tener conciencia de cuán equivocado estaba en no haber actuado según se recomienda en asuntos de peso, de exceso de peso, de obesidad. Y no es que no me cuidara o descuidara otros factores de riesgo cardíaco como el colesterol, la glucosa, la alimentación o la tensión. Pero en mi caso se trataba mayormente de una cuestión, digo, de peso. Ya se sabe, antes no dar crédito, ¡anda ya! que esperar que te suceda a ti. Pues eso, quien mal anda (no andaba), mal acaba. Y sucedió.

            Pero hete aquí que agradecido al Creador y andando más contento que unas pascuas eché a andar, y ¡venga andar!, y el peso se perdió, y la salud se recuperó y la figura, de camino, también. Y junto a ello, como indica la Fundación Española del Corazón en su decálogo de consejos cardiosaludables, además de cuidar el peso, es necesaria una dieta equilibrada y variada, no fumar, cuidar el colesterol y la glucosa y controlar la tensión, el estrés y la ansiedad. ¡Ah!, y hablar, compartir e intercambiar experiencias y dar ejemplo para que otras personas se interesen por cuidar su corazón y no andar de capa caída. Aun cuando ya quisiera yo no haber pasado por lo que pasé, sirva modestamente mi caso como ejemplo pues el movimiento se demuestra andando y quien me conoce sabe cómo llegué a perder los casi veinte kilos de grasa que me sobraban: anduve, anduve y anduve. Y sigo. ¡Anda, que no!          

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