De la oscuridad a la luz
(Tetrarquía del duende)
“Todas las artes son capaces de duende, pero su
lugar natural es la voz desgarrada y quebrada del cantaor, las manos que
arrancan los sonidos negros a las cuerdas de la guitarra, el cuerpo que
se deshace y desparrama de la bailaora, la garganta del aedo que
recita su cantar. En definitiva, el duende necesita del cuerpo vivo del
intérprete, porque en él se introduce y de él se adueña.” (Federico García Lorca)
1
CARMEN
MONTERO. CANTAORA
No puedo ver la noche sin el viento,
ni el desgarro amarillo de la arena
sin los mágicos ayes de azucena
que liban en tu voz el sufrimiento.
Es tu boca la fuente, el sentimiento,
la miel herida en sed de una colmena,
y en tu cante el dolor como condena
se amansa como paz en un convento.
La caña, el martinete, con tu mano
conmueves en el aire lo profundo
de tu pecho sensible y muy cercano.
Carmen, rompes la luz, la piel, el mundo
cuando cantas lo jondo tan humano
que al aire vuelve amor tu amor fecundo.
II
LA
MAGIA DEL SEIS. (Lola Yang)
No hay mejor femenino que en ti pueda
crear de la emoción un pentagrama
pues la sangre de amor de tu hemograma
al compás de tu abrazo se hace seda.
Late tu corazón y nos da vida
con tres ventrículos de un bajo suave
y aurículas que al alto vuelven grave
para aliviar en paz la pena herida.
La pena abierta que otra boca canta
en su melisma limpio de tristeza
y nutres de arte jondo a su garganta.
En tus cuerdas, guitarra, la belleza
es llanto musical que nos trasplanta
tu piel de luz en flor de una cereza.
III
CARMEN
ALFÉREZ, BAILAORA
Las alas de tus pies trenzan el cante
sobre tablas de hechizo y genio puro,
remolino en compás como un conjuro
de magia en la expresión de tu semblante.
Tu cuerpo es la pasión siempre elegante
nacida de un latido firme y duro
para sacar del sentimiento oscuro
tu jondo resplandor de un ay amante.
Como el agua es tu baile de ágil ola,
y en la luz de tus ojos de bravura
tu cabello hace al mar bata de cola.
Carmen Alférez, como el agua pura
el arte se derrama en la amapola
del rumor de tu sal de caracola.
IV
RAPSODA. (Ana G Escobar)
En tu garganta, aeda, se conjura
el crepitar ardiente de los fuegos
y anidan en tu voz todos los juegos
de tu vientre de luz de pitia oscura.
El calambre del mar, la espina dura,
la rosa oculta de los templos griegos
hablan por ti, como rapsodas ciegos
que en los ecos recorren su hermosura.
Mas tiemblas al hablar y vas repleta
de emociones de amor y miedos finos
con verso eterno de oración secreta.
Eres Quijote en labios peregrinos
y en tus bronquios rasgados de profeta
tu voz gigante alumbra los molinos.

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