DIVULGACIÓN HSTÓRICA
DOS HOMBRES Y UN SOLO DESTINO
Temístocles: el salvador de Atenas
Temístocles no pertenecía a las grandes familias aristocráticas de Atenas. Era ambicioso, inteligente y tremendamente hábil para la política, entendió algo que muchos atenienses todavía no veían; el futuro de Atenas estaba en el mar.
Atenas había descubierto enormes cantidades de plata en las minas de Laurión, La ciudad tenía que decidir qué hacer con aquella riqueza.
Temístocles propuso algo revolucionario: construir una enorme flota de trirremes, pero convencer a la Asamblea no fue fácil.
Muchos ciudadanos preferían repartirse el dinero, esto hizo que la asamblea se dividiera en varios rivales políticos, entre ellos estaba Arístides apodado el justo, la rivalidad con Temístocles fue tanta que hubo votación de ostracismo, la historia cuenta que, durante la votación, un ciudadano analfabeto se acercó a Arístides. Sin reconocerlo, le pidió: «Escribe Arístides en mi ostracón.»
Arístides le preguntó:
—¿Te ha hecho algún daño?
—No. —
—¿Entonces por qué quieres desterrarlo? —
—Estoy harto de oír que lo llaman “El Justo.”—
Arístides
escribió su propio nombre.
Finalmente en la votación salió Arístides y fue desterrado de Atenas, Temístocles consiguió 200 trirremes financiados por Atenas.
Aquella decisión cambiaría la historia de Grecia.
Cuando Jerjes invadió Grecia en 480 a. C., Atenas fue evacuada, el ejército persa entró en la ciudad y la Acrópolis fue destruida, pero Temístocles había conseguido convertir a los atenienses en una potencia naval.
Los atenienses se refugiaron en una isla cerca de Atenas llamada Salamina, ahí es donde Temístocles realizaría su estrategia estrella: Ya que en Salamina hay un estrecho donde la ventaja de la superioridad numérica de Jerjes desaparecía.
Según Heródoto, Temístocles incluso envió secretamente un mensaje a Jerjes haciéndole creer que los griegos estaban a punto de escapar. El rey persa cayó en la trampa y decidió atacar.
Salamina marcó la derrota de Jerjes debilitando su presencia persa en Grecia, dejó un pequeño ejército (unos 43000 soldados) a manos de su segundo Mardonio en Platea.
Después de Salamina, Temístocles era uno de los hombres más poderosos de Atenas, pero precisamente eso empezó a convertirlo en un problema. Sus enemigos políticos comenzaron a atacarlo. Y en Atenas existían dos herramientas perfectas para apartar a alguien demasiado poderoso: el ostracismo y la estupidez.
En torno al 471 a. C., Temístocles fue condenado al ostracismo, no había sido declarado culpable de un crimen.
Simplemente, los ciudadanos votaron que debía abandonar Atenas.
El hombre que había salvado la ciudad fue expulsado por sus propios ciudadanos, Temístocles huyó por Grecia y entonces ocurrió lo inimaginable: terminó en el Imperio persa, el antiguo enemigo de Atenas se convirtió en su protector.
El rey Artajerjes I le concedió tierras y una posición privilegiada, Temístocles había dedicado su vida a derrotar a Persia, ahora vivía bajo la protección del rey persa, Artajerjes, incluso esperaba que le ayudara contra los griegos. Pero Temístocles murió poco después, probablemente en Magnesia, hacia 459 a. C.
A pesar de que los atenienses lo echaran de Atenas, nunca traicionó a su ciudad.
FIDIAS: El escultor de los dioses
Hubo un hombre en Atenas capaz de convertir el mármol, el oro y el marfil en algo que parecía divino.
Fidias no fue simplemente un escultor. Fue el artista encargado de dar forma a algunos de los dioses más impresionantes de la Grecia clásica, cuando Pericles impulsó la transformación de la Acrópolis, Fidias estuvo al frente del programa escultórico del Partenón.
No trabajó completamente solo: contó con un amplio taller y numerosos colaboradores. Su gran obra para Atenas fue la Atenea Pártenos, una gigantesca estatua criselefantina, realizada en oro y marfil sobre una estructura de madera, Atenea aparecía armada, majestuosa, como protectora de la ciudad.
En el frontón occidental del Partenón, el programa escultórico representaba la disputa entre Atenea y Poseidón por el dominio de Atenas. Según el mito: Poseidón ofreció agua salada.
Atenea hizo brotar el olivo, los atenienses eligieron a Atenea, las esculturas se atribuyen al taller de Fidias, no debemos decir que Fidias talló personalmente cada figura. Más tarde, Fidias fue acusado de malversación relacionada con el oro de la Atenea.
El ser amigo íntimo de Pericles hacía que tuviera enemigos políticos, después apareció una acusación todavía más peligrosa: la impiedad. Se decía que había incluido su propia imagen y la de Pericles en el escudo de Atenea. Para un artista que representaba a los dioses... aquello podía ser mucho más que un simple escándalo.
Las fuentes antiguas no coinciden sobre lo que ocurrió después. Una tradición cuenta que Fidias fue acusado y marchó de Atenas hacia Élide y allí comenzaría el siguiente capítulo de su vida, lejos de Atenas, Fidias recibió un nuevo desafío: crear a Zeus en Olimpia, no una estatua cualquiera, una imagen del dios supremo destinada al gran templo de Olimpia. Fidias creó un Zeus criselefantino, de oro y marfil. El dios aparecía sentado en su trono, con Nike en una mano y el cetro en la otra. La estatua alcanzaba aproximadamente 12 metros de altura, esta fue considerada una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Siglos después, los arqueólogos encontraron en Olimpia los restos del taller atribuido a Fidias, aparecieron: herramientas de escultor; moldes; fragmentos de marfil y vidrio; herramientas de orfebrería; restos relacionados con la elaboración de la estatua. Pero había algo todavía más personal.
Entre los hallazgos apareció un pequeño recipiente con una inscripción: ΦΕΙΔΙΟΥ ΕΙΜΙ «Pertenezco a Fidias». Después de siglos, no apareció un autorretrato, ni una firma monumental, apareció algo mucho más sencillo: Un pequeño objeto que llevaba su nombre.
“¿Qué ocurrió finalmente con Fidias?”
Las fuentes antiguas vuelven a contradecirse, una tradición afirma que murió encarcelado en Atenas, otra lo sitúa en Élide.
Por eso no podemos afirmar con seguridad cómo terminó su vida, lo que sí podemos afirmar es que Atenea desapareció, Zeus desapareció, el Partenón perdió gran parte de sus esculturas, pero el nombre de Fidias sobrevivió en las fuentes, en las ruinas, en las finas líneas del tiempo y hasta en aquel pequeño recipiente encontrado en su antiguo taller.

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