José Antonio García Granados
POEMAS
El padre
Apenas los duendes de la luz
acuden a encender el día,
se escucha el trajín en la cuadra:
aparejar los mulos, los aperos de labranza...
La gorra calada, ajustada la pelliza,
comienza la jornada.
Cuando el sol viaja a otros lares,
lo ves llegar en la lejanía.
Su andar cansado y encorvado
de todo un día trazando surcos
desaparece cuando su vista te alcanza;
lo disimula silbando una canción
y con una sonrisa te invita
a que te acunes en su abrazo.
Al anochecer, después de la cena,
alrededor del fuego y a la tenue luz del candil,
te lee un cuento disimulando un bostezo,
olvidando el cansancio.
La grave voz te va envolviendo,
como si una nana fuese,
en el suave sopor que precede al sueño.
Y así acaba el día:
te vas a la cama a soñar con el héroe que siempre
has tenido:
¡que fue tu padre!
La madre
Mujer de largos silencios,
menuda de cuerpo,
fuerte de alma,
educada para ser sumisa.
De profesión, "sus labores":
cocinera, lavandera, costurera,
enfermera, educadora,
ganadera, agricultora, administradora
de la economía familiar.
Sus largos insomnios
a los pies de tu cama,
midiendo tu fiebre o tu tos.
Las tardes junto al fuego,
tejiendo o cosiendo
en compañía de la radio.
En invierno, la aceituna;
en verano, el cereal.
Siempre piensa en los demás,
olvidando su propio bienestar.
Saca adelante a la familia
al margen de penurias y tristezas.
Mujer que lo deja todo
cuando tú la necesitas.
¡Que es tu madre!
No hay comentarios:
Publicar un comentario