Crónica Cultural
Por: Antonio Fernández Álvarez
(Escribidor de sueños)
La
Virgen de la Sierra sube a su ermita
La mañana del primer domingo de octubre,
Cabra despide a la Virgen de la Sierra.
El
ascenso duro y veloz hacia el Picacho hace que no se vea la multitud de
personas que la acompañaba en la bajada hacia su destino inevitable: esa cumbre
de esperanza y peregrinación. Por ello, allí arriba, en el Santuario, muchos
esperan su llegada en una mañana hermosa y triste, pues tu presencia cercana se
nos apaga.
Cuando
te coloquen en tu camarín, en tu casita blanca, con un rosario de plegarias me
despediré de ti hasta el próximo año, con la esperanza de volver a acompañarte
en tu bajada el día 4 a las 4.
Sin duda, a lo largo de este tiempo subiré al Santuario; las distintas romerías que se celebran durante el año serán la excusa para estar más cerca de ti, aunque en casa ya no falta un ramo de nardos —aunque sea artificial— para sentirte más presente. Y en este poema lo reivindico:
Tengo nardos en mi casa
para que huela a septiembre,
a la Virgen de la Sierra
aunque no esté presente.

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