octubre 01, 2026

Isabel Natalia García Ruiz (Natalia García)

 




DIVULGACIÓN CULTURAL



El grito bajo la horca

De septiembre hemos pegado un salto para encontrarnos y envolvernos con octubre. Ya estamos de lleno metidos en el otoño y, con él, llega ese ambiente mágico que tanto me encanta: todo se vuelve un poquito más oscuro, pero, al mismo tiempo, también más encantador. Es la época en la que las brujas aparecen en escena, con sus pociones y sus escobas, dispuestas a crear nuevas leyendas.

Y, precisamente hablando de nuestras queridas brujas, hoy vengo a hablaros de uno de sus ingredientes más emblemáticos: la mandrágora.

Para que os familiaricéis con esta planta, quizá no os resulte del todo desconocida. No solo aparece en las leyendas medievales, sino también en historias mucho más modernas. Seguro que a algunos os suena por Harry Potter y la cámara secreta, donde, durante la clase de Herbología de Hogwarts, los alumnos deben trasplantar mandrágoras protegiéndose los oídos, ya que estas plantas producen unos gritos que, según la historia, pueden llegar a ser mortales.

Precisamente la raíz de esta escena proviene de una curiosa tradición que se ha contado durante siglos. Se decía que, antiguamente, se ataba un perro a la raíz de la mandrágora para que tirara de ella y la sacara de la tierra, evitando así que la persona encargada de recolectarla tuviera que escuchar directamente su supuesto grito mortal.

Esta escena, además, aparece representada en un manuscrito de finales del siglo XIV, el Tacuinum sanitatis, fechado alrededor de 1390.

Pero esta planta chillona no se quedó únicamente en las historias medievales ni en el universo de Harry Potter. La mandrágora también aparece en la obra de Shakespeare, asociada a la muerte, la locura e incluso al sueño profundo. Podemos encontrarla, de una forma u otra, en obras como Romeo y Julieta, Macbeth y Otelo.

Vaya imagen tan siniestra os estoy dando de esta planta... Quizá os guste más conocerla a través de otra historia: El laberinto del fauno, donde la mandrágora adquiere un significado mucho más ligado a la magia y a los rituales. Una pequeña pista que quizá os despierte el gusanillo por el misterio.

Porque, aunque hoy la encontremos principalmente en historias fantásticas, la mandrágora sí tiene unas raíces históricas muy reales, y nunca mejor dicho. Su parte sobrenatural, eso sí, pertenece al mundo del folclore y las creencias populares.

Durante la Europa medieval circulaba una creencia muy concreta sobre esta planta: se decía que la mandrágora podía crecer bajo una horca, exactamente en el lugar donde caían los fluidos corporales de los hombres ejecutados. Y, según algunas versiones de esta creencia, debía tratarse concretamente de los fluidos de un ladrón ahorcado.

Además, su raíz podía adoptar formas que recordaban vagamente a una figura humana. Por ello, llegó a considerarse una especie de homúnculo vegetal, una raíz cargada de magia que acabaría formando parte del imaginario de brujas y hechiceros, quienes la utilizarían en sus pociones y ungüentos.

De hecho, existen representaciones y testimonios de la Edad Moderna en los que aparecen brujas recolectando mandrágoras cerca de las horcas.

Y es precisamente por eso que hoy quería traeros esta planta: porque, aunque ahora la asociemos a la fantasía, los cuentos y la magia, la mandrágora realmente existió y estuvo rodeada de creencias, rituales y conocimientos sobre las plantas. Un mundo en el que aquellas mujeres a las que posteriormente llamaríamos brujas podían ser también curanderas y poseedoras de un amplio conocimiento sobre las propiedades de las plantas, algunas tan misteriosas como la que acabamos de conocer.

¿Os imagináis que realmente gritaran?

Yo no me las imagino con un grito mortal, sino con un pequeño gritito chirriante, de esos un poco molestos... pero, en el fondo, hasta adorables.

Así que espero que toda la magia que encontréis durante este mes tan especial sea encantadora y misteriosa, pero nunca tan destructora como la de nuestra querida mandrágora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario