DIVULGACIÓN CULTURAL
El grito
bajo la horca
De septiembre
hemos pegado un salto para encontrarnos y envolvernos con octubre. Ya estamos
de lleno metidos en el otoño y, con él, llega ese ambiente mágico que tanto me
encanta: todo se vuelve un poquito más oscuro, pero, al mismo tiempo, también
más encantador. Es la época en la que las brujas aparecen en escena, con sus
pociones y sus escobas, dispuestas a crear nuevas leyendas.
Y, precisamente hablando de nuestras queridas brujas,
hoy vengo a hablaros de uno de sus ingredientes más emblemáticos: la mandrágora.
Para que os familiaricéis con esta planta, quizá no os
resulte del todo desconocida. No solo aparece en las leyendas medievales, sino
también en historias mucho más modernas. Seguro que a algunos os suena por Harry
Potter y la cámara secreta, donde, durante la clase de Herbología de
Hogwarts, los alumnos deben trasplantar mandrágoras protegiéndose los oídos, ya
que estas plantas producen unos gritos que, según la historia, pueden llegar a
ser mortales.
Precisamente la raíz de esta escena proviene de una
curiosa tradición que se ha contado durante siglos. Se decía que, antiguamente,
se ataba un perro a la raíz de la mandrágora para que tirara de ella y la
sacara de la tierra, evitando así que la persona encargada de recolectarla
tuviera que escuchar directamente su supuesto grito mortal.
Esta escena, además, aparece representada en un
manuscrito de finales del siglo XIV, el Tacuinum sanitatis, fechado
alrededor de 1390.
Pero esta planta chillona no se quedó únicamente en
las historias medievales ni en el universo de Harry Potter. La mandrágora
también aparece en la obra de Shakespeare, asociada a la muerte, la locura e
incluso al sueño profundo. Podemos encontrarla, de una forma u otra, en obras
como Romeo y Julieta, Macbeth y Otelo.
Vaya imagen tan siniestra os estoy dando de esta
planta... Quizá os guste más conocerla a través de otra historia: El
laberinto del fauno, donde la mandrágora adquiere un significado mucho más
ligado a la magia y a los rituales. Una pequeña pista que quizá os despierte el
gusanillo por el misterio.
Porque, aunque hoy la encontremos principalmente en
historias fantásticas, la mandrágora sí tiene unas raíces históricas muy
reales, y nunca mejor dicho. Su parte sobrenatural, eso sí, pertenece al mundo
del folclore y las creencias populares.
Durante la Europa medieval circulaba una creencia muy
concreta sobre esta planta: se decía que la mandrágora podía crecer bajo una
horca, exactamente en el lugar donde caían los fluidos corporales de los
hombres ejecutados. Y, según algunas versiones de esta creencia, debía tratarse
concretamente de los fluidos de un ladrón ahorcado.
Además, su raíz podía adoptar formas que recordaban
vagamente a una figura humana. Por ello, llegó a considerarse una especie de
homúnculo vegetal, una raíz cargada de magia que acabaría formando parte del
imaginario de brujas y hechiceros, quienes la utilizarían en sus pociones y
ungüentos.
De hecho, existen representaciones y testimonios de la
Edad Moderna en los que aparecen brujas recolectando mandrágoras cerca de las
horcas.
Y es precisamente por eso que hoy quería traeros esta
planta: porque, aunque ahora la asociemos a la fantasía, los cuentos y la
magia, la mandrágora realmente existió y estuvo rodeada de creencias, rituales
y conocimientos sobre las plantas. Un mundo en el que aquellas mujeres a las
que posteriormente llamaríamos brujas podían ser también curanderas y
poseedoras de un amplio conocimiento sobre las propiedades de las plantas,
algunas tan misteriosas como la que acabamos de conocer.
¿Os imagináis que realmente gritaran?
Yo no me las imagino con un grito mortal, sino con un
pequeño gritito chirriante, de esos un poco molestos... pero, en el fondo,
hasta adorables.
Así que espero que toda la magia que encontréis
durante este mes tan especial sea encantadora y misteriosa, pero nunca tan
destructora como la de nuestra querida mandrágora.


No hay comentarios:
Publicar un comentario