abril 01, 2025

Antonio Fernández Álvarez (Escribidor de sueños)

 


El Viernes Santo en Priego 




Te sorprenderás y mucho si acudes la mañana del Viernes Santo a Priego de Córdoba, por la devoción y el fervor de los prieguenses a Jesús Nazareno.

La imagen es la de un Cristo con la cruz a cuestas, obra de Pablo de Rojas de 1592. Sin duda el más antiguo de Andalucía. Además de ser una joya del Barroco Cordobés.

Aunque está tallado de cuerpo entero, es decir tanto la túnica como el cabello. Desde el siglo XVIII, siguiendo los cánones estéticos del barroco, con la pretensión de procurar la humanización de las imágenes, la imagen de Jesús Nazareno se presenta vestida con túnica de terciopelo bordado y peluca de pelo natural sujeta con una sencilla corona de espinas.

Hace su salida para la estación de penitencia de la Iglesia de San Francisco ya que la imagen se encuentra todo el año, en el retablo central de esta Iglesia conventual.

Sobre las diez de la mañana realizan su salida los pasos de San Juan Evangelista y María Santísima de los Dolores Nazarena, tras ella,  llega el momento más deseado por todos los prieguenses, la salida de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Desde los primeros minutos de Jesús en la calle es rodeado una por nube de costaleros, siendo portado a pulso que ya no lo dejarán hasta su vuelta al templo. Le acompañarán los gritos de “Viva el Rey de Priego”, “Viva Jesús Nazareno”, y el replique de “vivas” y aplausos que se sucederán a lo largo de todo su recorrido. Aunque aún queda por sorprenderte lo acontece en el Palenque, oiremos una orden dada con la espada en alto por capitán del Escuadrón de soldados romanos con chaquetillas colorás: “Paso redoblao, lo mismo que el año pasado”, ahí se desmanda la procesión, momento en el que los tres titulares continúan su ascenso a El Calvario a un ritmo mucho más rápido.

El gentío atesta las calles no solo por prieguenses, sino por muchísimas personas venidas de todos los lugares, no solo de la Subbética y de Andalucía, sino también de toda la geografía española.

En la explanada del Calvario no cabe un alma más, Jesús Nazareno, realiza la bendición del tradicional “hornazo” que con los brazos en alto portan todos los allí congregados. Acabado este simbólico acto, iniciará su camino de regreso a su templo. 

La mañana de Viernes Santo prieguense te hará vivir una intensa jornada donde miles de personas cada año participan demostrando el fervor que se profesa a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, acompañándolo en su subida al Calvario, una de las mayores demostraciones de fe sin duda que se realizan en Andalucía.

Viernes Santo en Priego de Códoba


Hornazos Semana Santa 

José Fernández Álvarez (JotaEfeA)

 


A propósito de ... ¡Esa Cruz!




Dadas las fechas en que nos encontramos, recién comenzada la Cuaresma, ese período de cuarenta días reservado a la preparación espiritual para la Pascua y que ya desde el siglo IV se manifiesta a constituirlo en tiempo de penitencia y de renovación, heme aquí que revisando aquellos cánticos litúrgico-religiosos propios de este periodo que realizan o realizaban las Cofradías de mi pueblo, me encuentro con determinada curiosidad que paso a compartir.

En Cabra, como en otros muchos pueblos de la geografía patria, pero mayormente en nuestra Andalucía y desde remotos tiempos, las Cofradías, las Hermandades de Pasión, asociaciones de fieles constituidas para promover el culto público a los misterios de la fe, especialmente los referidos a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, manifiestan dicho culto “viviendo el dolor de Cristo” en las calles, procesionando imágenes de Crucificados y Dolorosas, creando con ello una liturgia más cercana al pueblo, ya que la liturgia en las iglesias no era entendida por los laicos, estaba muy alejada de ellos y era en latín. No obstante, los cánones religiosos, los estatutos eclesiásticos exigen la ceremonia inter paredes, en el templo, a aquellas imágenes, Crucificados (paso de Cristo), Dolorosas (paso de palio) e incluso imágenes más teatrales como son los pasos procesionales (paso de misterio y paso alegórico).

Pues bien, en estos cultos también, como en toda ceremonia que se precie, y, según las posibilidades de cada asamblea litúrgica ha de atenderse la celebración de la Misa cantando todos unidos salmos, himnos y cánticos inspirados, pues el canto es signo de la exultación del corazón (Hch. 2, 46) o como dijo San Agustín: “cantar es propio del que ama”. 

Así las cosas y con estas premisas de las Cofradías, de las procesiones, de la Misa y del canto, que en mi pueblo se lleva haciendo desde sus inicios, los de las Cofradías, desde que se fundaron, hay un canto, una plegaria, una rogativa, unos versos de fe, que me han llamado la atención y a los que he dedicado un poco de mi tiempo, buscando su origen o procedencia. En Cabra se ha conocido siempre con el título “ESA CRUZ” y se cantaba en los cultos de la Piadosa Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo del Socorro (Vulgo, del Silencio). 

Esa cruz
dónde estáis mi bien clavado
es mi luz
aunque el sol esté eclipsado
dulce amado
si muriera yo por ti.
¡Ay de mí!
Yo soy el que os ofendí,
y sois vos
el que padecéis mi Dios.
 

Sabido es que ponerse a “navegar” por internet en la búsqueda de cualquier hecho o incluso de una palabra, puede hacerte perder un tiempo no recuperable o puede hacerte recapacitar, o reflexionar o sin más, no alcanzar meta alguna en relación con la búsqueda en cuestión. No ha sido mi caso. Ha sido muy productivo indagar en los orígenes de este cántico-oración, o plegaria, o sublime cántico, no sabría cómo llamarle.

    1)     Hallé que se trata de un opúsculo titulado “Reloj espiritual” (1)  del que es autor el religioso capuchino Beato Diego José de Cádiz (1743-1801). Recoge el autor estas y otras nuevas letras en su libro AFECTOS AMOROSOS DE UN CORAZÓN ARREPENTIDO -A JESÚS CRUCIFICADO-. Durante mucho tiempo se cantaban en las misiones y otros ejercicios devotos. Se trata de una edición de 1907 realizada por Tip. de “El Adalid Seráfico”. Las referencias bibliográficas de este volumen y una copia del mismo pueden obtenerse en la Biblioteca Nacional de España (BNE) accediendo a datos.bne.es y consultando su catálogo oficial. 

    2)     Luego, siguiendo buceando entre las páginas de internet encuentro también un PDF en el que figura aquella relación de “coplillas” u oraciones, pero en esta ocasión una reimpresión de 1826 realizada en los talleres de Juan Fco. Montero Fraiz, de Santiago de Compostela. (2)  

    3)     También aparece el mismo texto lírico para el título de AFECTOS y SUSPIROS en una publicación de 1821 impresa en Valencia en los talleres de la hija de Agustín Laborda, María Teresa. (3) 

    4)     Otra publicación denominada CITHARA SAGRADA DE ASPIRACIONES DEVOTAS para rezar el Santo Rosario, (pág. 92 a 94) publicada en Cádiz en 1839, impresa en los talleres de Niel, hijo, recoge como “Actos de Contricción” (Convertimini ad me, et ego convertar ad vos) aquellos dichos versos de ¡Ay de mí!, que concluye con: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, líbranos Señor de todo mal. 

Pero yo buscaba más. No solo la letra, que me llevó a la autoría de quien la escribió, pues lo que me atrae tanto como la letra es la música. En primer lugar, señalar que la música que aquí en Cabra se canta con esta sublime letra dedicada al crucificado es del organista castreño Daniel Rodríguez Navajas que la trae a mediados del siglo pasado para ser cantada en los cultos de la citada Cofradía del Silencio. En la localidad de origen del autor, Castro del Río, se sigue cantando igualmente en cada cuaresma en los cultos del Nazareno. La música, de sencilla factura, concebida para dos voces masculinas (tenores y bajos) es una melodía en tono menor. (4)  También es autor el citado Daniel Rodríguez de unos cánticos de súplica de clemencia, de petición de gracias y de perdón por los pecados, letra del sacerdote Pedro Millán Alba, su tío político, que igualmente se trajeron a Cabra y que incluso se encuentra en una grabación titulada Cantos de la pasión egabrense. Se trata de “Señor perdona” que se interpreta en los cultos del Cristo de Humildad y Paciencia. 

La incesante búsqueda de la pretérita u otras melodías para estos versos del capuchino Beato Diego José de Cádiz dan igualmente fruto en forma, podría decir sorpresiva o al menos, no esperada. Me encontré con una colección de “Cánticos religiosos populares en música” impresa en Palencia en la imprenta y librería de Gutiérrez, Líter y Herrero, en 1912. Esta colección recoge en las páginas 7 y 8, el número 14 que corresponde a los versos sacros de “Esa Cruz”, (otras estrofas, salvo la primera) (5) si bien comienza en el estribillo, esto es, con ¡Ay de mí!, etc. y lo que es más importante, para mi estudio: se trata de una melodía totalmente distinta que además está en tono mayor, al menos en la segunda parte, o sea la que entona “Esa Cruz”. (6)  Hay otra significación digna de reseñar respecto a esta publicación y es que tras la relación o catálogo de partituras de cánticos religiosos que anuncia en el título de música, dedica el desconocido autor de la colección (El colector se nomina en el prólogo), el resto de las páginas del volumen a dar cuenta de todas las letras completas correspondientes a todos los títulos musicales y ocurre que precisamente para nuestra canción, ¡Ay de mí!, el dicho colector indica “otros versos para el número 14” cuyos estribillos son una súplica, una rogativa de perdón, en esta ocasión a la Santísima Virgen y consta de 10 estrofas: 

Yo en la cruz,
puse, ¡Madre, a tu Jesús!
¡Ay! ¡Perdón!
¡Yo rasgué tu corazón!
El Señor
de la cruz está colgado;
con dolor
firme está su madre al lado,
del Hijo amado
recibiendo triste adiós.

Otra localización de internet me llevó hasta Buenos Aires, Argentina. Bueno, de allí al menos es la publicación titulada EL PARNASO ARGENTINO: ANTOLOGÍA DE POETAS DEL PLATA impresa en Maucci Hermanos e Hijos, en 1900. Este volumen prologado como reza el título, a modo de Antología recoge unas cuantas “Canciones de las modernas misiones católicas”  entre las que hallamos ¡Perdón, oh Dios mío!,  Canto  para  acompañar  al  Vía Crucis y también ¡Ahí de mí! nuestra canción, que aparece impresa en partitura (la misma música anteriormente citada, podría decirse que una copia de aquella incluso de su caligrafía musical), y con las mismas 10 estrofas. 

El número 13 del informativo “BENICARLÓ al día”, de julio de 1988, publicación quincenal libre e independiente de esta localidad valenciana publica un muy interesante artículo en su página 10 donde recoge una serie de himnos, loas y romances al Santo Cristo del Mar entre los que se encuentra precisamente ¡Ay de mí! Da cuenta el artículo de los versos antiguos del Beato Diego José de Cádiz, pero aporta como singular cuestión una partitura con una melodía totalmente distinta, para cantar a tres voces y en tono mayor. Lástima que no aparezca la partitura completa sino solo los versos iniciales (8 compases). (7)

En un número, del Semanario Independiente de Información “El Sol de Antequera”, el Extraordinario del año 1943, el articulista Padre Capuchino Rafael María de Antequera, defiende y se postula a favor de que los versos del Beato Diego José de Cádiz son unas saetas, si, ese “grito muy humano que se escapa del alma, en tributo de arrebatada piedad, … una canción cristalizada en luminosa trayectoria, … que sube rápida al cielo con ansia de amor infinito”. Escribe en este sentido artículo, que fue el Beato Diego José de Cádiz quien dio “gran impulso a las saetas, convirtiendo el trovo, exótico y muchas veces profano, en canto de inspirada religiosidad, que adoptaron multitud de cofradías, principalmente las madrileñas, con el nombre de saetas como en la actualidad son nombradas, coplas cortas, sentenciosas y morales, para ser cantadas después de los sermones de misión y otros actos de piedad y en los desfiles procesionales de Semana Santa. Con este fin compuso muchas de ellas a instancia de las citadas cofradías. Algunas se conservan todavía con el mismo ritmo literario y musical que les dio el nuevo apóstol de España, ciertamente menos fluido y libre que el de las inspiradas o improvisadas por la musa popular”. (8)

Que no digo yo que no, pues la métrica se adapta como un guante a la estrofa por aquello de los 4 o 5 versos octosílabos, con significado religioso aludiendo a los hechos y a los personajes de la Pasión. Solo que no contemplo yo, precisamente estos versos cantados en un balcón, al paso de un Cristo o de una Dolorosa. Sería sin duda de otra forma. Eran otros tiempos.

También en una divulgación de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería de 2003 en la que publica la “Exaltación a la Saeta” que pronunciara en 2003 el cantaor Antonio García Rodríguez, “El Niño las Cuevas”, podemos leer en  referencia a la historia de la Saeta: “La saeta como la conocemos en la actualidad, es un estilo flamenco reciente, pero también junto a estas, se cantan en algunos lugares las llamadas “saetas antiguas”, populares, herederas de cantes religiosos y liturgias pasionales que nos remontan al origen mismo de las celebraciones de Semana Santa.  En el siglo XVIII también se conocían como saetas las coplas que cantaban de noche, después de toque de ánimas  los  Hermanos del Pecado Mortal, derivadas de las coplas de las novenas de ánimas “por la conversión de los que están en pecado mortal. Un elemento esencial en la fijación popular y la proliferación de estas coplillas, fue la obra misional del Beato Diego José de Cádiz, que en el último tercio del siglo XVIII predicó en Andalucía. Este incansable misionero compuso muchas letrillas y saetas que él mismo cantaba y el pueblo repetía”. El artículo continúa con los versos del Beato. (9) 

Por último, la localidad toledana de Domingo Pérez, tiene la costumbre de rememorar cada año en la mañana del Viernes Santo la Pasión de Cristo, el Camino de la Cruz con su procesión y sus versos cantados. Probablemente es la mejor muestra de su patrimonio inmaterial, un tesoro etnográfico y de religiosidad popular. Así lo cuenta el Blog “Eulaliense” de José López Muñoz. Indica el bloguero que el Viacrucis Popular de Domingo Pérez es un conjunto de versos cantados con una musicalidad que la tradición oral ha señalado como mozárabe. Pues bien, este Vía Crucis fue editado en el año 2014 y lo curioso, en lo que respecta a nuestro trabajo es que, tras las catorce estaciones con los correspondientes versos referidos, de arte menor, con una métrica culta, quintillas y con cuartetos como estribillos, recoge el dicho Vía Crucis “Coplillas a la Pasión de Ntro. Sr. Jesucristo” que no son sino los versos del Beato Diego José de Cádiz. (10)

Ah, un apunte final respecto al Beato Diego José de Cádiz y en relación con Cabra que no por sabido, está de más recordarlo, aunque solo sea por darle fin, digo, a este artículo: La novena a la Virgen de la Sierra fue escrita en 1779 por nuestro Beato en cuestión. Hay muchos datos y documentos que podrían confirmarlo y, en todo caso, un artículo de LA OPINIÓN del 8-9-2018 escrito por A. Ramón Jiménez, arroja mucha luz al respecto.









Enlaces de internet consultados

https://eulaliense.blogspot.com/2018/02/via-crucis-popular-de-domingo-perez.html
https://semanasantasegovia.com/pdf/cristo_esperanza.pdf
https://www.soledaddolorosa.com/historia
https://issuu.com/eulaliense/docs/2014_via_crucis_popular_de_domingo_
https://bivaldi.gva.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1004704
file:///C:/Users/Usuario/Downloads/b10030153.pdf
https://core.ac.uk/download/pdf/48113258.pdf
http://ensamblecamaraadlibitum.blogspot.com/2016/03/sacrum-return.html
https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/132354/1/HCa11005619.pdf?sequence=1
https://books.google.es/books?id=BFNiPJLQ_5oC&pg=PA92&lpg=PA92&dq=esa+cruz,+esa+cruz+donde+estais+mi+bien+clavado+es+mi+luz+aunque+el+sol+est%C3%A9+eclipsado&source=bl&ots=3jVF1PYaBi&sig=ACfU3U19Uo7osbECXF70m8m7xPjqIKn52g&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwj0hsbXvfH8AhWlgP0HHSK2A204ChDoAXoECAIQAw#v=onepage&q=esa%20cruz%2C%20esa%20cruz%20donde%20estais%20mi%20bien%20clavado%20es%20mi%20luz%20aunque%20el%20sol%20est%C3%A9%20eclipsado&f=false
file:///C:/Users/Usuario/Downloads/BD_1988_07_31.pdf
https://books.google.es/books?id=vlIOAAAAIAAJ&pg=PT11&lpg=PT11&dq=esa+cruz,+esa+cruz+donde+estais+mi+bien+clavado+es+mi+luz+aunque+el+sol+est%C3%A9+eclipsado&source=bl&ots=8yYn2GOFpA&sig=ACfU3U1QH4MRz3X6y8mPncK8z-y8lvn-Wg&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwiK2P2oxvH8AhWIlP0HHZJQA2s4KBDoAXoECAQQAw#v=onepage&q=esa%20cruz%2C%20esa%20cruz%20donde%20estais%20mi%20bien%20clavado%20es%20mi%20luz%20aunque%20el%20sol%20est%C3%A9%20eclipsado&f=false
https://cofradiasdealmeria.es/wp-content/uploads/2020/11/Exaltacion-a-la-Saeta-2003.pdf

Franciso Asís Granados Mellado (Paco Granados)

 


Relatos: La hora del miedo





¿Quién está ahí abajo?

Anochecía y me disponía a acostarme. Era una noche desapacible. Había tormenta y no me hacía mucha gracia, ya que vivo sola y los rayos y truenos no son muy de mí agrado. Cuando me acuesto suelo poner la radio, todas las noches, pues me ayuda a dormir. A ésta hora solo ponen programas de miedo y la verdad no me apetece escucharlos. La apago y me acurruco entre la manta. Cada vez que escucho un trueno mi cuerpo se lleva un sobresalto inmenso. Ésta noche va a ser larga. Pienso y  decido coger mi móvil y hablar con los amigos que tengo en el grupo de WhatsApp, pero nadie me contesta. Todos duermen seguro.

 Son las 2.00 de la madrugada. Me pongo a mirar mis redes sociales, pero el teléfono se me queda sin batería y no me apetece ir a por el cargador. Suelto el móvil en la mesita de noche y me vuelvo a acurrucar. Pienso hacia mis adentros y me digo:  “a ver si pasa la noche pronto”. De repente escucho unos golpes en la ventana. Parece como si estuvieran arañando la persiana. Me armo de valor y me levanto. Subo la persiana muy poco a poco… De pronto un gato salta de la ventana a mi cuarto; del impacto grito desesperada. Es el gato de mi vecina asustado seguramente de la tormenta. El animal salió corriendo escaleras abajo. Dejaré al gato y mañana se lo llevo a mi vecina. 

Vuelvo a la cama pensando en el pobre gato y el susto que me dio.  Parece que la tormenta se está calmando, ya no oigo los truenos.  Empiezo a escuchar como si hubiera alguien debajo de mí cama... El gato no puede ser, pues cerré la puerta de mi habitación. No sé, será mi cabeza que aún piensa en la tormenta. Intento dormir pero los ruidos empiezan a ser más seguidos e intensos. Escucho como si alguien estuviera dando golpecitos con su dedo en el suelo. Mi intención es mirar, pero mí miedo no me deja. Se empieza a escuchar una respiración fuerte y agónica.  Cada vez estoy más asustada. Mi cuerpo empieza a tener un fuerte sudor frío y un gran temblor. Siento como si empujaran mi colchón hacia arriba; estoy a punto de que me dé algo… Mi corazón se acelera, pero no, no me atrevo a mirar quien hay debajo, no puedo. De pronto mis sábanas y mantas empiezan a deslizarse poco a poco hacia los pies como si alguien o algo estuvieran tirando de ellas. No lo soporto más, no. Grito sin parar. ¿Quién estará ahí debajo? 

 Los golpes parecen ser de un dedo tocando el suelo. Cada vez son más intensos. Llena de terror me levanto e intento abrir la ventana para poder salir o pedir ayuda. Pero no puedo, la ventana no se abre. Escucho como si detrás de mí hubiese pasos. Me giro rápidamente pero no hay nadie. Me quedé mirando fijamente hacia la cama. Los ruidos siguen saliendo de debajo de la cama. Me voy acercando muy lentamente y llena de miedo. Ya estoy al lado de la cama, con las piernas temblorosas me arrodillo. Pongo las manos en el suelo y me agacho totalmente para ver que hay debajo, pero no veo nada. Me tranquilizó al saber que no hay nadie. Pero cuando intento reincorporarme… De pronto veo una mano putrefacta que me agarra fuertemente y me arrastra hasta el fondo de la cama haciendo que me pierda en la oscuridad.

 Nunca más nadie supo de mí… No sé dónde estoy. Aquí solo hay oscuridad y maldad.  Se siente mucha maldad. No recuerdo nada de mí vida. El último y único recuerdo que tengo es de mis amigos y yo jugando a la ouija, y solo sé que  ellos no tardarán en estar aquí conmigo.


Isabel Natalia Garcia Ruiz (Natalia García)

 


No me olvides en Ostara





Todo el mundo conoce al Conejo de Pascua, pero ¿Te has preguntado alguna vez por qué los niños buscan sus huevos? Es un conejo, obviamente todos sabemos que en un mundo racional estos animalitos peludos son mamíferos. Pero claro, si todos viviéramos solo pensando en lo lógico y lo posible el día a día sería muy aburrido, y dime tu ¿No es todo más bonito con un poco de magia? 

Ésta historia de magia comienza con el despertar de la naturaleza, cuando nacen las flores con colores vibrantes y el sol golpea la tierra. Exactamente, estamos hablando de la Primavera, y la Diosa encargada de ella es conocida como Eostre, nombre que quizás te suena, pero por si acaso te aclaro que Ostara es la versión neopagana de ella.

Cómo toda buena Diosa varias doncellas le acompañaban durante el día. En el primer rocío de la mañana una de ellas se encontró un pájaro mal herido, débil y moribundo. Entre lágrimas, le suplicó a Eostre por la vida del pequeño pajarito. La Diosa con compasión intentó ayudarlo con un aliento en forma de arcoíris, pero este esfuerzo fue inútil, porque el pájaro seguía sin poder volar y muy débil. Así que Eostre decidió transformarlo en un conejo mágico, blanco y bello como la Luna, haciéndolo a la vez veloz e inmortal.

Ahora es cuando todo empieza a cobrar sentido ¿Verdad? Claro que el conejo pone huevos, porque en su interior sigue siendo un pájaro. Pero como ya hemos dicho, todo es mejor con magia, y los huevos no iban a ser menos. Por eso éstos no eran corrientes, ya que estaba decorados con flores primaverales y en su interior podías encontrar piedras preciosas.

Finalmente, como el conejo estaba muy agradecido por su vida a la Diosa Eostre y a su doncella, decidió cada primavera esconder sus huevos, para que el afortunado que los encuentre sea bendecido con salud, prosperidad y amor. Tal como hizo la Diosa por él 

Bien, ahora que ya sabéis porque el señor conejito pone huevos, os preguntaréis donde están las f lores. Pues bien, aquí otra historia, porque no, no las vais a encontrar en los huevos. No es por nada pero no va a ser igual de mágica que la de nuestro animalito peludo, porque básicamente trata de chica conoce a chico y el chico encantador muere, una tragedia. 

En Abril, nacen unas pequeñas flores azules muy sencillas, pero muy bonitas. Cuenta la leyenda, hace mucho tiempo una pareja enamorada paseaba por el bosque cerca de un río. El amado vio estas pequeñas f lores, pero para alcanzarlas tenía que lanzarse al agua. Cómo buen hombre de leyenda vestía una armadura muy pesada, que causó que empezara ahogarse mientras que intentaba darle las flores a su amada. Pero antes de que se hundiera, consiguió decirle “No me olvides”. Entonces, su amor quedó representado en estas pequeñas flores azules tan conocidas como Nomeolvides.

Ahora bien, os he querido contar estas historias, porque aparte de bonitas son importantes para que podáis relacionarlas con la ilustración que os presento este mes. En ella podéis ver como he cogido los dos símbolos de estas historias tan representativas de la primavera para así unirlas. Las f lores Nomeolvides atraviesan al Conejito de Pascua, de dónde surgió la vida de nuevo, a pesar de que luego las bonitas flores azules fueran el motivo de que se perdiera otra vida distinta.


José Carlos Ortiz de Galisteo Delgado (Carlos Delg.)

 


DISLATE:






Podrá parecer un contrasentido absurdo!…

¡Pero esas perogrulladas de que “el Sol es el mismo para todos”… “Que seamos iguales ante la Ley”… “O de que todo tiene arreglo menos la Muerte”!... (Que como slógans baratos nos venden ciertos elementos para auto-convencernos “camino del matadero”… o del vapuléo gordo,… antes de darnos el tortazo final o “la hostia” consabida y consagrada, para lograr acallarnos como borregos)…!

¡Es una falacia total, puro conductismo y un engaño intencionado por sistema y método!...

¡Y hay que ser un perfecto cantamañanas, para nó reparar en la inutilidad y el disparate con el que se intenta convencernos!...

¡¡¡Nada más desigual que el destino de cada uno… desde que nacemos… Y del lugar u oportunidad en las que nos desarrollamos y venimos a parar… para despeñarnos luego en tromba o nó… en este largo caminar incierto a que la Vida nos afrenta!!!... ¡Y echarle huevos!....

¡¡¡OJO CON CREER EN TODOS ESOS REFRANES, SENTENCIAS, MÁXIMAS O FRASES POPULISTAS HECHAS, para mém@s!!!...

Lo cierto es que nó hay que perder “la azotea”… con estos convencimientos ñóños de querer darle un sentido, explicación banal o fín bonito a todo, para conformarnos… ¡NI AÚN LA LEY ES EN SÍ NECESARIAMENTE JUSTA O EQUILIBRADA!... porque persigue beneficiar a una mayoría global, alguien o algo, en detrimento de aquel o aquellos a quienes colateralmente pueda afectarles… Y eso se usa de muy distintas maneras e intenciones y racionamientos válidos o nó… ¡Así es que nó seamos lerdos!...

¡Y sepamos manejar el instinto natural y la inteligencia , además de la preservación de la integridad, para saber adecuar el sentido y valor exacto de las cosas en cada momento!... ¡Haciéndole el menor daño posible a los demás… Ni consintiéndolo!...

¡Y cuando en verdad hemos de enfrentarnos con toda nuestra entrega y fé a ellas!...

(Pues luego hay que dormir con la conciencia tranquila… los que aún tenemos algo de principios morales)… (A pesar de lo que vemos, sentimos y padecemos)… ¡Y nó nos gusta ni aceptamos con agrado!...

¡Lo que menos!... ¡Que encima nos engañen, estafen o se tenga que engañar uno mismo a posta!... ¡Y nó ser escoria o basura humana… o esclavos serviles… de algún Régimen o Energúmeno Chalado y Armado que nos chulee y nos putee!...

¡Si flirteas con el peligro, atente claramente a sus consecuencias!...

Debes tener un motivo sólido, válido y más que importante para arriesgarte a perderlo todo en esa partida, tablero o juego casi suicida del día a día… ¡Y tener bien claro, que bien vale el sacrificio o riesgo expuesto… o significa o tiene un precio más alto que tú!...

A veces es la única forma posible de obtener lo que se quiere o pretende… Y se arriesga lo indecible… porque uno piensa que la recompensa es más grande… o por Amor verdadero… u otras Metas más Etéreas…

¡Pero la mayor parte de las cosas… nó merecen la pena el abalanzarnos tóntamente por ellas!... Aunque se encarguen otros por su interés en querer comernos el cóco” al efecto…

Así pues es necesario hacer una escala de valores para darles la prioridad o la importancia necesaria… ¡Y lo que nó… a la puñetera mierda!...

¡¡¡Jamás tragar los desperdicios de otros… Y encima asentirles con la cabeza, reverenciándoles!!!...

¡Eso es de necios, sumisos, cobardes y locos!...

(O-Vídeo)… jjjjjjj….

"!De Cajón!... et Senectute”….





Antonio Jesús Morante Pineda



 

Pandora




Encerrada, solo quería libertad y acabé engañada,
quería vivir, sentir, amar, bailar baladas.
Pero solo las Moiras tejen el hilo del destino, con sus agujas entrelazadas.
En el Olimpo Zeus me dio una caja y dijo:
—No pasa nada,
baja en mi nombre…Dale esta ofrenda al pueblo griego.
La avaricia es el don del dios y del hombre…Las hienas no dejan carroña para luego.
Se creen que por aprender a usar la lumbre…Inventaron el fuego.
Yo fui al grano (dije)
— ¿Por qué bajar con Gea?, ¿No sería en vano?
Cabreado Zeus contestó:
 — De la semilla podrida de Gea nació el ser humano
una fruta pura, pero podrida porque contiene gusanos
y a mi madre Gea que le da de comer, le muerden la mano.
Hay que hacer algo, el tiempo no todo lo cura,
en estos tiempos es todo locura.
En una sociedad frágil de cristal para esta vida tan dura
 viven con una soga al cuello que bonita tortura,
pero para andar descalzo por un desierto no puedes mirar las quemaduras.
Con cuchillos por la espalda ¿Qué más duras?
Por andarse por las ramas, te caes, pero así maduras.
Hasta los campos de amapolas contienen ortigas pero no envenena
Aunque sea fuerte la viga, el techo puede tener goteras.
 
Zeus cabreado me cogió y hacia la tierra me arroja.
Yo caí manchando el suelo, como el sol mancha el cielo en el atardecer de esa manera tan roja.
Y a la tristeza le volví a hacer cosquillas,
preguntando mi cabeza sobre mis caídas, levantándome y obviando la sangre de mis rodillas.
Mi razón entrando en coma, bueno, entre comillas.
 
Cuando la realidad que deseas, no es la vertiente que pillas.
En mis manos una caja dorada, pero no es oro todo lo que brilla.
Y si se abre, solo quedará ruina, la domus de Almedinilla
y después de un momento,
me encontraron los humanos como regalo como sufrimiento.
La primera mujer en aquella tierra libre e impía,
con la ropa, la piel, el alma sucia pero la conciencia limpia.
Con lujuria me miraba
un hombre, una sonrisa me lanzaba, pero mentía.
De repente
miraba mi caja dorada, vi la codicia en su mirada, en sus dientes
negros como las profundidades del mar y sus afluentes.
Yo nerviosa respiraba a bocanadas y entre la gente.
Vi una mirada diferente.
Un hombre que me dijo:
— No confíes en su quijada es una serpiente.—
Una bofetada directa, me quitó la caja y quedé inconsciente.
Al lado de una hoguera desperté, un hombre con capucha se esconde.
Él me salvó de la emboscada, Epimeteo es su nombre.
Vive aquí en un bosque, una casa de argamasa y roble.
¿Cómo me salvaste? Le pregunté a aquella alma noble.
Él me contestó:
—Hay veces que siento, que pierdo la razón,
las palabras emitidas no se escuchan en el fragor del combate
por eso emite un martilleo mi corazón
y usé tu sonrisa como estandarte.
—¿Qué te aflige?— Me preguntó cuándo mis lágrimas se presentaban como escaparate
Le contesté:—Esta vida…—
No comprendía que todo empieza y se acaba, hasta la boca del lobo contiene una salida.
Por eso en esta guerra de vivir nos levantamos y no usamos la huida
aguantando el peso de los días, o se gana o se muere con el escudo en alto aguantando acometidas.
A pesar que cada intento que hago es una batalla perdida.
Allí el tiempo pasaba sin prisa.
Pasó unas semanas o un mes quizás
hasta que un día su mirada chocó con la mía en una noche con brisa.
Él me abrazo con sus suaves yemas
me dijo que, si creía,
me dijo que, me quería
que soy fuego, pero me abrazó, aunque sabe que quema
y tras nueve meses nació Elpis (esperanza) mi vida y mi condena.
Una noche en la puerta de la cabaña un fuerte toque,
hay tragedias en esta orquesta,
yo miraba asustada y mi mente consiguió el enfoque
aunque aparecen ráfagas en el cielo mucho antes que la tormenta.
Le dije a Epimeteo que cogiera a Elpis y fueran al bosque.
Yo insistía
Que cogería unas cosas y lo seguiría.
La puerta se abrió de golpe
hoy las Moiras tejerán mi destino,
me acerque a la puerta para completar mi sino.
El hombre con negros dientes es el que vino
me dijo que mi caja había traído enfermedades, violencia, que venía del hades no del divino.
Yo le comenté: — fuiste tú quien la robó, como las ratas roban trigo del molino.—
Él contestó:— Mientes.—
que solo había una solución, que lo siente,
sacó un cuchillo y me lo clavó en el vientre.
Todo se vuelve oscuridad… de repente.
No era mi caja, su codicia, del humano del dios es la auténtica enfermedad.
¿Te das cuenta?
¿Qué sabrá mis ojos del viento?
¿Qué sabrá mi fracaso de aciertos?
De lejos siento como mi hija llora.
lo único que me queda esperar es que mi hija sepa mi historia, mi nombre: Pandora.
 
 
 
Escrito por: A. Morante. Deja que me presente, mientras a la vez el tiempo me escribe líneas de expresión.
Mientras yo escribo líneas con pasión.
Hay líneas que no debe cruzar la razón.
Mientras que la línea del cardiograma sea recta y pare mi corazón....En fin... Tan solo soy un tipo supuesto, apuesto, que apuesto, que ha puesto, su puesto por esto. Muchas gracias por leerlo.

Vicente Palomar Arroyo

 


Costaleros egabrenses






Cabra, como tantos pueblos de Andalucía, tiene una tradición semana santera espléndida, llena de colorido y autenticidad, cargada de infinita devoción y con una imaginería importante y realidad innegable. Cada Semana Santa, la pasión de un pueblo vibra ante su Virgen y Nazareno para conmemorar el momento litúrgico más intenso de todo el año.

Ilusiones nuevas se suman cada año a este espectáculo que es liturgia, pasión, tradición, vivencia cristiana, exhibición, reflexión, moderación, templanza…

El mensaje profundo del Nazareno, que fue entrega sin límite y mensaje eterno de evidencia, se traduce en organización multitudinaria de un homenaje colectivo, que tiene mucho de vivencia, de respeto, de creencia, de religión, de fe sencilla…

La Semana Santa se caracteriza por su profunda espiritualidad y riqueza cultural, donde las marchas procesionales juegan un papel esencial. Estas melodías, que acompañan a las procesiones, son más que simples composiciones musicales; son expresiones de fe, tradición y emociones profundas que conectan a la comunidad y más aún a la comunidad de los costaleros. Son también una herencia en constante evolución, conectando a las generaciones con el espíritu profundo de la Semana Santa.

Es por ello que el costalero ocupa un eslabón primordial en esta Semana de Pasión. Esos hombres y mujeres cargados con sus vidas sinceras, dispuestos a echarse encima el paso de su Virgen, que es de ellos y que nadie diga lo contrario.

Esas personas tapadas debajo del ostentoso paso dándose sin pedir nada a cambio, sólo la satisfacción íntima de hacer lo que sus adentros le piden. Aportando lo que tienen, sin que los vean demasiado, rezan junto con su fuerza, con su dolor de hombro y costal, con sus relevos, con la promesa cumplida de hacerlo todo por llevarla bien, porque aplaudan su creencia, porque valoren su fe, porque constaten su entrega.

El costalero es  por definición el artífice de la Semana Santa. Treinta y dos pasos componen la Semana Santa Egabrense. Debajo de cada uno, la fuerza sincera y generosa de esas personas que creen y creyeron siempre en su Virgen,  en su Cristo, en su Cofradía de siempre.

Recuerdo mi corta vida de costalero bajo el Santo Sepulcro, cuando nuestro capataz, Paco Agudo, nos  dijo con voz alta y cálida: “es el momento”. Momento en que, en la Iglesia, te encerrabas bajo el paso, donde todo era oscuridad, olor a incienso y bullicio esperando. Cuando esto se producía, comenzábamos a avanzar poco a poco hacia la puerta de salida y, tras cruzarla, la oscuridad que envolvía el interior del paso sólo se veía rota por los cientos de disparos de flashes de cámaras que se filtraban por los respiraderos, provocando una explosión de luz en el interior del paso. Entre la oscuridad se busca la luz exterior y a través de ella se puede ser testigo de algunos momentos íntimos entre las personas que ven pasar la procesión con ojos humedecidos.

Dicen que ser costalero se lleva en la sangre y que es uno de los legados más bonitos que se pueden dejar. Detrás de cada costalero siempre estará la ilusión de un niño que de pequeño lo soñó.

Ser costalero es llevar la devoción, el sacrificio y la tradición.

Ser costalero es un sentimiento, es la emoción que surge en una familia los días previos a la estación de penitencia.

Ser costalero es la esencia de Semana Santa, los que no se ven y los que la hacen posible.

Gracias costaleros egabrenses,  por regalarnos esos momentos que se quedan grabados para siempre.

Gracias a ese “puñao” de hombres y mujeres en perfecta coordinación que desde siempre hicieron imprescindible para sus vidas garantizar la salida del paso de la Semana Santa que les da contenido a su fe.

“Costalero ve tranquilo, deja que arrastren tus pasos y que suenen escondidos, que es tu pisar solitario el mejor de los sonidos”. (AEC/15)

 

Ángel Pérez Campos

 


Eclipse lunar (I)




Estar sentado en aquel sillón le daba la paz y el sosiego que necesitaba en ese momento. Vislumbraba que todo estaba cambiando muy rápidamente, la cuerda de su reloj ya no giraba, el final estaba próximo. Sus codos apoyados en los brazos de madera hacían que sus manos, huesudas de piel ceniza, se entrelazaran a la altura de su pecho. La pierna izquierda, cruzada encima de la derecha, oscilaba al ritmo del tic-tac del viejo reloj de péndulo que tenía al lado. Su figura hierática, fría e inexpresiva y un poco distante, asemejaba más a una talla pétrea que a un ser animado. Hundidos en sus cuencas, sus ojos cansados, observaban todos aquellos objetos amontonados en el centro de la gran sala. Su cabeza se movía despacio, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, y todo lo que veía le traía a su memoria pasajes y paisajes de una historia, de un pasado que era en sí, su vida. Cubiertos por plásticos opacos y sábanas viejas, las estanterías, las mesas, las urnas con animales disecados, los cuadros de pinturas de personas ilustres, fotografías, menciones honoríficas, los viejos tomos de enciclopedias, el viejo esqueleto en su soporte, las sillas y los antiguos pupitres, los fósiles, la vieja bola del mundo, etc., todos, desde su enfoque, eran un montón de objetos viejos, sin orden, desubicados. Pero a pesar de ello, todo y todos estaban enlazados, todos tenían memoria. 

               Una cuadrilla de pintores acababa de terminar las dos enormes salas destinadas, en un futuro próximo, a ser el nuevo museo de aquel vetusto instituto. Notaba que aquel sillón de despacho, en el cual estaba sentado, se ajustaba a su cuerpo como un molde, quizás porque había sido su compañero de viaje, en las alegrías y en las soledades, durante más de 25 años. Madera de roble americano y giratorio eran sus principales y raras virtudes para la época en que se había fabricado. Se había cruzado en su vida en el tanatorio de lo que no sirve y de lo que no tiene arreglo. Su amigo Juanillo, el herrero y el mecánico para todo, le había quitado aquella pieza defectuosa que soltaba bolitas del cojinete según se movía y le había colocado otra parecida de una grúa manual, de la conservera, que habían dejado abandonada en un patio. Juanillo era un manitas y le llamaban frecuentemente cuando, de las fábricas y molinos de aceite de la zona, tenían problemas con las nuevas máquinas que llegaban sobre todo de las Vascongadas y Barcelona. Aunque no tenía muchos estudios, Juanillo sí tenía una curiosidad infinita de cómo funcionaban y por qué, la mecánica de las cosas, le gustaba todo lo que le hacía pensar, disfrutaba dándole sentido a todo lo que no tenía explicación. Todo lo guardaba, lo que servía y lo que no, siempre pensando en una segunda oportunidad. Otro amigo, Pedro, el astilero, le ayudó a aliviar aquella cojera de una de sus cuatro patas en forma de estrella, con una pieza de madera de olivo cortada y colocada con maestría.

               Aquel sillón había estado en el despacho soportando las posaderas del jefe de estudios correspondiente durante más de 30 años y, cuando ya no pudo más, lo propusieron para ser hoguera de chimenea. Pero como estaba inventariado y nadie sabía muy bien cómo darlo de baja, lo depositaron en un almacén, en un rincón del olvido, para que el tiempo, el polvo y la polilla hicieran su trabajo. El entonces director del instituto aprovechó la coyuntura e hizo una jugada maestra: donó el suyo, que era exactamente igual al damnificado, al jefe de estudios y, ya de paso, propuso comprar otro de mayor categoría y comodidad para él. De esta forma, aquel sillón reparado, más una mesa de escritorio, pasaron a formar parte del cuarto del bedel o portería.

               La portería se situaba en la antesala justo después de la entrada principal al colegio. Era una sala cuadrada con una pequeña ventanilla que daba al pasillo, un sitio estratégico por donde, por fuerza, pasaba el que entraba y el que salía. Sin embargo, durante los años en que Ramón había ejercido como bedel del instituto, la pequeña ventana apenas se había abierto, solo en días de mucho frío y en momentos puntuales que había que tener cierta discreción, la puerta de la portería se cerraba. A la derecha de la mesa, una taquilla de madera donde guardaba sus batas, una gorra de plato que nunca usó, una bota ortopédica de repuesto y unas cuantas herramientas para alguna chapuza urgente. A la izquierda, un pequeño encerado donde anotaba todos los quehaceres del día siguiente, los cuales iba borrando según se acometían. Enfrente de la mesa, dos sillas de enea por si eran necesarias. Y a su espalda, colgadas, unas vitrinas donde se ordenaban todas las llaves de las aulas y estancias del instituto. Más arriba un crucifijo de madera y el cuadro con la imagen del Jefe del Estado. Las vitrinas, la taquilla y los cuatro cajones de la mesa estaban siempre cerrados. Ramón custodiaba esas llaves, más la de la puerta principal y la de la propia portería, como algo personal, en un aro metálico que colgaba del ancho cinturón de cuero de su pantalón.

               Por el cuarto pasaban los proveedores de todas las vituallas necesarias para el centro: los del material de limpieza, material escolar, personal de mantenimiento, el cartero, y también padres de alumnos que se acercaban a ver a sus hijos de algún pueblo cercano o cualquier tipo de visita no concertada con el director. Aunque no estaba entre sus cometidos Ramón lo anotaba todo en una libreta de entradas y salidas, incluso el importe de presupuestos y facturas de los proveedores, el dinero que recogía y con el que pagaba. Cualquier cosa que entrara o saliera dejaba su huella en la libreta de Ramón. Después, todo lo fiscalizaba el secretario del centro. Cuando Ramón hacía sus rondas para cuidar el orden fuera de las aulas o para repartir la correspondencia del día entre los profesores, el tintinear de las llaves al chocar unas contra otras y el chirriar de la ortopedia del pie izquierdo al caminar por los pasillos y dependencias, le hacían previsible y ubicable en todo momento. Eso era motivo de burla entre algunos alumnos, lo sabía, pero no le importaba. Su semblante serio y seco, mirada tensa, de pocas palabras, hacía que lo respetaran. Él, se encargaba de abrir y cerrar todos los días, era el primero que entraba y el último que salía, y así fue durante todos los años que estuvo ejerciendo de bedel, a no ser por fuerza mayor o festivos de guardar. Hasta que un día todo se acabó: sin que él se hubiese preparado para ello llegó uno de los momentos más duros de su vida, le comunicaron que tenía que dejarlo.

               Una mano le tocó el hombro y lo sacó de su abstracción, dándose la vuelta. - Pero Mati, casi me da un “vahío”. ¡Ojú! -, dijo Ramón, - Pero, ¿qué hace aquí tan concentrado Don Ramón? -,  - Pues mirando esos trastos, me traen a la memoria otra época, dicen que cuando se recuerda se para el tiempo, pero es mentira, el tictac de este reloj así me lo indica -, - ¡Jajaja, que cosas tiene D. Ramón… Parece que los pintores han terminado ya, ¿no?, son buenos pero un poco guarrillos también, mire cuántas gotas y marcas en el suelo, esto al final quien lo tiene que sacar somos nosotras -, - Vamos Mati, que tú ya te jubilaste y que ahora solo das consejos a las chicas nuevas y, otra cosa Mati, el “Don” me lo quitas, ya te lo dije hace tiempo -, - Mire Don Ramón, bruta sí sé que soy y eso no se lima, pero educada y agradecida la primera. Usted para mí es la persona más buena y honrada que he conocido y le tengo un respeto infinito. Cuando enviudé del astilero, me quedé sola con tres niños, usted me buscó y me colocó aquí, es más, después me convenció para que aprendiera a leer y a escribir, a hacer cuentas, me enseñó a expresarme con decoro y también aprendí con usted que con educación se abren muchas puertas, usted me dio la mano cuando más lo necesitaba, cuando la vida se me escapaba de entre los dedos, así que su “Don” no se lo quito ¡¡ea!! Y por supuesto, sé que no soy la única persona que usted apoyó y ayudó de una u otra forma, que una se entera de todo... -, - Vamos, vamos, Mati…eso lo hice encantado, ya sabes que el astilero era mi amigo y también que la enseñanza es algo que me gusta. Y ahora venga, venga..., vamos a salir de aquí que el olor a pintura me marea -. Ramón se levantó no sin esfuerzo de aquel sillón y ofreció su brazo a Mati, la antigua limpiadora del centro. - ¿Usted sabe la cantidad de historias que he podido imaginar con los libros que he leído, lo que aprendí, lo que viajé metida en ellos?, cada vez que terminaba uno me acordaba siempre de usted…¡¡le estaba tan agradecida!! -, continuó Mati, - ¿Cuál ha sido el último Mati? -, la interpeló, - Mire usted que tengo libros por leer... - señalando a la puerta de la biblioteca, - pero he vuelto a meterme en la vida de la “La Regenta”, en serio, es apasionante, la he vuelto a disfrutar como la primera vez -, - Maravillosa novela de D. Leopoldo y los intrincados amores de Doña Ana Azores ¿no? -, dijo él, - Sí que es verdad D. Ramón -.  Siguieron andando por los pasillos hasta llegar al sitio más emblemático del aquel instituto: el claustro y su impresionante techo vítreo. - D. Ramon, qué bonito dejaron este patio y mire la antigua portería, qué pena que ahora solo es un cuarto de material de limpieza, lleno de aljofifas, cubos y trapos sucios, con las horas que habrá echado usted ahí… -, - Así es la vida Mati, nada perdura para siempre, de todas formas, me gustaría que le hubiesen dado otro uso -, - Pero mire D. Ramón, ¿no le parece que hoy pulula mucha gente por aquí para ser martes?,- Cierto, quizás tenga la culpa el próximo eclipse -, dijo él  - pero... ¡¡¡mire, mire!!! Sí, también ha venido D. Manuel, su medio hermano -, dijo Mati señalando la figura que bajaba por las escaleras. - Vaya, vaya…, Don Manuel, ¡qué sorpresa! -.

               La silueta de aquel hombre alto con traje azul y camisa blanca se acercó a ellos desde las escaleras. - Por fin doy contigo Ramón, llevo varios días en el pueblo y he preguntado por ti por aquí y por allá, ya creía que te habían jubilado definitivamente… jajaja, ¿cómo estás amigo mío? -  le dijo, al mismo tiempo que se abrazaban. Un instante duró ese estrechamiento, pero lograron eternizarlo, al menos, unos segundos. Solo Mati los sacó de ese parón. - Bueno, les dejo, que tendrán muchas cosas que contar, me esperan dos salas que limpiar y estas chicas nuevas están muy verdes -. Emocionado todavía por el encuentro, Ramón despidió a Mati con solo una mirada y una sonrisa. – Manolo, cuánto tiempo, pero ¿dónde estuviste durante estos años? – Manolo echó su mano por encima del hombro de Ramón y empezaron a caminar alrededor del claustro y pasillos contiguos, sin prisa, a paso lento. - Sabes que, antes de coger la plaza de director de este instituto, estuve en Algeciras veintiséis años de profesor en un instituto de peso, como este, y tantos años me dejaron mucho poso, tanto de paisajes como de amigos. Allí se fue mi querida Leonor y allí están sus restos. Y claro, cuando pasó lo que pasó aquí, me acerqué por allí a saludar y a darle compañía a ella y, sin darme cuenta, me quedé nueve años. Pensé que ayudaría en aquel instituto con mi presencia, pero me cansé o, mejor dicho, me frustré al darme cuenta de que el agua pasada, pasada está amigo. Después volví al cortijo “La Polvorilla, a ver a mi hermano Rodrigo con intención de convencerlo para que fuéramos juntos a ver el próximo eclipse lunar y allí he estado, otros catorce meses, con sus hijos, nietos y algún bisnieto, recordando también nuestros lugares comunes, tiempos de niñez, de felicidad Ramón. Y claro no quería irme sin ver a mi otro hermano -. Ramón lo miró con lágrimas en los ojos y lo volvió abrazar. 

-El origen-

               El padre de Ramón, Evaristo, se quedó huérfano a los pocos años de vida, después que su madre muriera en el parto desangrada y una mala coz de una yegua se llevara a su padre. Fueron sus abuelos maternos quienes lo criaron en el cortijo “La Polvorilla”, donde el abuelo ejercía como capataz de la finca. Casó con Mercedes, hija mayor de una familia de aparceros de una hacienda muy cercana a Doña Mencía. Se conocieron en la feria de ganado de septiembre. Él, que acababa de cumplir 19 años, buscaba una mula que le había encargado su abuelo. Entre animales, tratantes, polvo y moscas, se fijó en la planta de una joven mula torda y a Mercedes, de diecisiete años, acompañada de sus padres, le llamó la atención el mismo animal, pues le gustaba y entendía del trato con el ganado. Mirándola fijamente los dos, desde diferentes sitios, se dirigieron hacia el animal entre la muchedumbre y sus diferentes trayectorias se cruzaron finalmente, trastabillándose delante de la mula. Merceditas hizo amago de caer hacia atrás cuando Evaristo la cogió del brazo, al mismo tiempo que se quitaba el sombrero cañero. - Discúlpeme, señorita, me había fijado en esta mula y … -. A ella le vino una risa floja que no podía cortar al ver el desconcierto y el rubor del chico. El muchacho pensó que se burlaba de él, pero cuando se fijó en sus grandes ojos verdes, su pelo ondulado color miel recogido con una rosa y su cara redondita, se le estremeció el cuerpo mientras ella pensaba que su fuerte mano nunca la iba a soltar. Durante unos segundos se quedaron solos entre la algarabía de aquel gentío, en silencio, mirándose, mientras la mula, con las orejas tiesas, los miraba sorprendida. En septiembre del año siguiente se casaron en la pequeña capilla de la hacienda. Don Fernando y Doña Elvira, los dueños de La Polvorilla, fueron los padrinos de aquella boda que trajo la alegría por partida doble, pues el abultado vientre de Doña Elvira hacía que los ojos del matrimonio brillaran de una forma especial. Júbilo que se contagiaba a todas las gentes de aquella cortijada. 

               Don Fernando, era hijo único, había heredado toda aquella gran hacienda tras la muerte repentina de su padre. El no entendía nada de ese mundo del campo. Se había criado, sin ninguna responsabilidad, en Sevilla con su madre, en una sociedad elitista y llena de comodidades. Ella, su hacedora, había huido de aquel gran caserío hastiada del olor a estiércol, del zumbido de las moscas y de aburrirse como una ostra entre gentes simples. Fernando había empezado ya sus estudios superiores cuando conoció a Elvira en un acto de la Universidad de Sevilla, cuando su sede estaba en Cádiz, y la chispa que nació allí nunca se apagó. Ella procedía de Sanlúcar, de una familia que fomentaba el amor al estudio y a las humanidades, por lo que fue educada en un ambiente de corte liberal. Cuando ocurrió la muerte de su padre, Fernando tuvo que abandonar sus estudios de ciencias para hacerse cargo de aquella vasta hacienda rural llena de personas, animales, casas y muchos, muchos olivos y viñedos. Después de dos años, cansado de estar solo y a punto de bajarse de aquella enorme empresa, cogió un carruaje con el capataz y su nieto, Evaristo, y se presentaron en Sanlúcar. Elvira y Fernando se habían visto en contadas ocasiones en ese tiempo, aunque no habían perdido el contacto pues se habían carteado con asiduidad. Ella ya era maestra, pero no ejercía. En aquella época era una “rara avis” que una mujer estudiara una carrera y más que la terminara y, más aún, que la profesara. Mientras Fernando pedía la mano de Elvira a sus padres, Evaristo y su abuelo se acercaron por primera vez a conocer aquel gran lago azul que parecía no tener fin, el mar.

               Desde antes de la muerte del padre de Fernando, Evaristo ya ejercía de capataz, siempre con la supervisión de su abuelo, esa era la voluntad del señorito. El abuelo era alto y delgado, su rictus siempre serio y grave. Cuando daba las órdenes eran secas y sin matices y aquellos ojos afilados hacían difícil mantenerle la mirada cuando hablaba, aunque quizás sus silencios comunicaban más que una reprimenda, estremecían y cortaban el aire. En cambio, era justo y templado en las decisiones, nunca alzaba la voz, ni tuvo miedo de cantarle las verdades a nadie, incluso a quien le pagaba. Protegía y cuidaba a los que estaban con él, los que sacaban el trabajo adelante, pero no admitía ni la traición ni las dobleces, en eso era intransigente, e implacable en el castigo. Él había sido y era el alma de aquel imperio agreste y rústico, él tenía el poder porque disponía de toda la confianza y el beneplácito del señorito. Cuando Fernando llegó, después del infausto suceso, le costó confiar y transmitir toda su hacienda a aquellos extraños, pero solo tenía dos opciones: dejarse llevar o vender como quería su madre. El primer año estuvo lleno de dudas, de incertidumbres y desconfianzas; el segundo, le dio gracias a Dios por haberle puesto en su camino aquellos seres, los únicos que podían sacar aquello adelante. Sabiamente dio un paso al lado para empezar a aprender y a caminar seguro con aquellas dos personas, Evaristo y su abuelo. Solo le faltaba una cosa, convencer a Elvira. 

               Un día de septiembre, a los dos años del casamiento de Mercedes y Evaristo, el abuelo no vio amanecer, ni revolotear los pájaros mañaneros, ni vio ni oyó el arroyo correr, tampoco vio las mariposas y libélulas juguetear entre la hierba, se durmió plácidamente para no volver a ver nacer un nuevo día. Lo enterraron como él quería, sin ataúd, sin lapida y en tierra, debajo del aquel nogal centenario, al lado de la capilla. Fue un duro golpe para Evaristo, su abuelo había ocupado el sitio de su padre y su madre. Solo heredó de él una casita en el pueblo, su sombrero cañero y lo mejor de todo, su forma de ser y pensar. El abuelo había sido celoso en su educación, lo quería preparado para enfrentarse a la batalla de la vida, pues cuando él muriera se quedaría solo, era el último de su saga. Se había preocupado de que estudiara en el pueblo tres años y después, él y el señorito, le pusieron un profesor que iba dos días a la semana a la hacienda para que incrementara sus conocimientos. Todo ello sin dejar de lado el aprendizaje de las labores que le había marcado su destino, ser capataz de La Polvorilla. El abuelo no había sido una persona cariñosa con él, ni con nadie, no le salía, pero los dos conectaban y se querían a su modo. Ya no conocería a su bisnieto que se llamaría como él, Ramón. Recordó que un día, después de despedir a un jornalero, le dijo: “Rodéate siempre de personas buenas y nobles, que merezcan la pena, que empujen en el mismo sentido, protégelas y nunca te fallarán. Las malas yerbas arráncalas sin piedad, de cuajo, no mires para atrás, a ellas, si les das una segunda oportunidad, volverán a crecer y arruinarán tu huerto. Estudia en los libros, pero también observa lo que te rodea. Si acumulas conocimiento te dará poder, pero nunca lo utilices para hacer el mal, solo en defensa propia, puede ser un látigo de ida y vuelta”.       

CONTINUARÁ ..........

María del Carmen Pérez Morales (Poeta) y Roberto Marcelo Heredia Medina (Ilustrador)

 







Llegó mi tiempo y mi momento    
de entenderme y conocerme,
todo lo que llevo por dentro
sin que nadie me menosprecie.
 
Ahora me doy el valor
que antes yo no me daría,
tuve que aprender del dolor
para ser quien soy en este día.
 
Siempre hacía lo que querían,
trataba de complacer a todos
haciendo lo que ellos me decían,
y yo siempre la última en la fila.
 
Ahora todo esto cambiaría,
porque yo me doy el valor
que antes nadie me daría,
y me trato con amor,
cosa que antes no hacía.