abril 01, 2025

Antonio Jesús Morante Pineda



 

El deporte y sus orígenes




Encerrada, solo quería libertad y acabé engañada,
quería vivir, sentir, amar, bailar baladas.
Pero solo las Moiras tejen el hilo del destino, con sus agujas entrelazadas.
En el Olimpo Zeus me dio una caja y dijo:
—No pasa nada,
baja en mi nombre…Dale esta ofrenda al pueblo griego.
La avaricia es el don del dios y del hombre…Las hienas no dejan carroña para luego.
Se creen que por aprender a usar la lumbre…Inventaron el fuego.
Yo fui al grano (dije)
— ¿Por qué bajar con Gea?, ¿No sería en vano?
Cabreado Zeus contestó:
 — De la semilla podrida de Gea nació el ser humano
una fruta pura, pero podrida porque contiene gusanos
y a mi madre Gea que le da de comer, le muerden la mano.
Hay que hacer algo, el tiempo no todo lo cura,
en estos tiempos es todo locura.
En una sociedad frágil de cristal para esta vida tan dura
 viven con una soga al cuello que bonita tortura,
pero para andar descalzo por un desierto no puedes mirar las quemaduras.
Con cuchillos por la espalda ¿Qué más duras?
Por andarse por las ramas, te caes, pero así maduras.
Hasta los campos de amapolas contienen ortigas pero no envenena
Aunque sea fuerte la viga, el techo puede tener goteras.
 
Zeus cabreado me cogió y hacia la tierra me arroja.
Yo caí manchando el suelo, como el sol mancha el cielo en el atardecer de esa manera tan roja.
Y a la tristeza le volví a hacer cosquillas,
preguntando mi cabeza sobre mis caídas, levantándome y obviando la sangre de mis rodillas.
Mi razón entrando en coma, bueno, entre comillas.
 
Cuando la realidad que deseas, no es la vertiente que pillas.
En mis manos una caja dorada, pero no es oro todo lo que brilla.
Y si se abre, solo quedará ruina, la domus de Almedinilla
y después de un momento,
me encontraron los humanos como regalo como sufrimiento.
La primera mujer en aquella tierra libre e impía,
con la ropa, la piel, el alma sucia pero la conciencia limpia.
Con lujuria me miraba
un hombre, una sonrisa me lanzaba, pero mentía.
De repente
miraba mi caja dorada, vi la codicia en su mirada, en sus dientes
negros como las profundidades del mar y sus afluentes.
Yo nerviosa respiraba a bocanadas y entre la gente.
Vi una mirada diferente.
Un hombre que me dijo:
— No confíes en su quijada es una serpiente.—
Una bofetada directa, me quitó la caja y quedé inconsciente.
Al lado de una hoguera desperté, un hombre con capucha se esconde.
Él me salvó de la emboscada, Epimeteo es su nombre.
Vive aquí en un bosque, una casa de argamasa y roble.
¿Cómo me salvaste? Le pregunté a aquella alma noble.
Él me contestó:
—Hay veces que siento, que pierdo la razón,
las palabras emitidas no se escuchan en el fragor del combate
por eso emite un martilleo mi corazón
y usé tu sonrisa como estandarte.
—¿Qué te aflige?— Me preguntó cuándo mis lágrimas se presentaban como escaparate
Le contesté:—Esta vida…—
No comprendía que todo empieza y se acaba, hasta la boca del lobo contiene una salida.
Por eso en esta guerra de vivir nos levantamos y no usamos la huida
aguantando el peso de los días, o se gana o se muere con el escudo en alto aguantando acometidas.
A pesar que cada intento que hago es una batalla perdida.
Allí el tiempo pasaba sin prisa.
Pasó unas semanas o un mes quizás
hasta que un día su mirada chocó con la mía en una noche con brisa.
Él me abrazo con sus suaves yemas
me dijo que, si creía,
me dijo que, me quería
que soy fuego, pero me abrazó, aunque sabe que quema
y tras nueve meses nació Elpis (esperanza) mi vida y mi condena.
Una noche en la puerta de la cabaña un fuerte toque,
hay tragedias en esta orquesta,
yo miraba asustada y mi mente consiguió el enfoque
aunque aparecen ráfagas en el cielo mucho antes que la tormenta.
Le dije a Epimeteo que cogiera a Elpis y fueran al bosque.
Yo insistía
Que cogería unas cosas y lo seguiría.
La puerta se abrió de golpe
hoy las Moiras tejerán mi destino,
me acerque a la puerta para completar mi sino.
El hombre con negros dientes es el que vino
me dijo que mi caja había traído enfermedades, violencia, que venía del hades no del divino.
Yo le comenté: — fuiste tú quien la robó, como las ratas roban trigo del molino.—
Él contestó:— Mientes.—
que solo había una solución, que lo siente,
sacó un cuchillo y me lo clavó en el vientre.
Todo se vuelve oscuridad… de repente.
No era mi caja, su codicia, del humano del dios es la auténtica enfermedad.
¿Te das cuenta?
¿Qué sabrá mis ojos del viento?
¿Qué sabrá mi fracaso de aciertos?
De lejos siento como mi hija llora.
lo único que me queda esperar es que mi hija sepa mi historia, mi nombre: Pandora.
 
 
 
Escrito por: A. Morante. Deja que me presente, mientras a la vez el tiempo me escribe líneas de expresión.
Mientras yo escribo líneas con pasión.
Hay líneas que no debe cruzar la razón.
Mientras que la línea del cardiograma sea recta y pare mi corazón....En fin... Tan solo soy un tipo supuesto, apuesto, que apuesto, que ha puesto, su puesto por esto. Muchas gracias por leerlo.

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