El deporte y sus orígenes
Encerrada, solo quería
libertad y acabé engañada,
quería vivir, sentir, amar,
bailar baladas.
Pero solo las Moiras tejen el
hilo del destino, con sus agujas entrelazadas.
En el Olimpo Zeus me dio una
caja y dijo:
—No pasa nada,
baja en mi nombre…Dale esta
ofrenda al pueblo griego.
La avaricia es el don del dios
y del hombre…Las hienas no dejan carroña para luego.
Se creen que por aprender a
usar la lumbre…Inventaron el fuego.
Yo fui al grano (dije)
— ¿Por qué bajar con Gea?, ¿No
sería en vano?
Cabreado Zeus contestó:
— De la semilla podrida de Gea nació el ser
humano
una fruta pura, pero podrida
porque contiene gusanos
y a mi madre Gea que le da de
comer, le muerden la mano.
Hay que hacer algo, el tiempo
no todo lo cura,
en estos tiempos es todo
locura.
En una sociedad frágil de
cristal para esta vida tan dura
viven con una soga al cuello que bonita
tortura,
pero para andar descalzo por
un desierto no puedes mirar las quemaduras.
Con cuchillos por la espalda
¿Qué más duras?
Por andarse por las ramas, te
caes, pero así maduras.
Hasta los campos de amapolas
contienen ortigas pero no envenena
Aunque sea fuerte la viga, el
techo puede tener goteras.
Yo caí manchando el suelo,
como el sol mancha el cielo en el atardecer de esa manera tan roja.
Y a la tristeza le volví a
hacer cosquillas,
preguntando mi cabeza sobre
mis caídas, levantándome y obviando la sangre de mis rodillas.
Mi razón entrando en coma,
bueno, entre comillas.
En mis manos una caja dorada,
pero no es oro todo lo que brilla.
Y si se abre, solo quedará
ruina, la domus de Almedinilla
y después de un momento,
me encontraron los humanos
como regalo como sufrimiento.
La primera mujer en aquella
tierra libre e impía,
con la ropa, la piel, el alma
sucia pero la conciencia limpia.
Con lujuria me miraba
un hombre, una sonrisa me
lanzaba, pero mentía.
De repente
miraba mi caja dorada, vi la
codicia en su mirada, en sus dientes
negros como las profundidades
del mar y sus afluentes.
Yo nerviosa respiraba a
bocanadas y entre la gente.
Vi una mirada diferente.
Un hombre que me dijo:
— No confíes en su quijada es
una serpiente.—
Una bofetada directa, me quitó
la caja y quedé inconsciente.
Al lado de una hoguera
desperté, un hombre con capucha se esconde.
Él me salvó de la emboscada,
Epimeteo es su nombre.
Vive aquí en un bosque, una
casa de argamasa y roble.
¿Cómo me salvaste? Le pregunté
a aquella alma noble.
Él me contestó:
—Hay veces que siento, que
pierdo la razón,
las palabras emitidas no se
escuchan en el fragor del combate
por eso emite un martilleo mi
corazón
y usé tu sonrisa como
estandarte.
—¿Qué te aflige?— Me preguntó
cuándo mis lágrimas se presentaban como escaparate
Le contesté:—Esta vida…—
No comprendía que todo empieza
y se acaba, hasta la boca del lobo contiene una salida.
Por eso en esta guerra de
vivir nos levantamos y no usamos la huida
aguantando el peso de los
días, o se gana o se muere con el escudo en alto aguantando acometidas.
A pesar que cada intento que
hago es una batalla perdida.
Allí el tiempo pasaba sin
prisa.
Pasó unas semanas o un mes
quizás
hasta que un día su mirada
chocó con la mía en una noche con brisa.
Él me abrazo con sus suaves
yemas
me dijo que, si creía,
me dijo que, me quería
que soy fuego, pero me abrazó,
aunque sabe que quema
y tras nueve meses nació Elpis
(esperanza) mi vida y mi condena.
Una noche en la puerta de la
cabaña un fuerte toque,
hay tragedias en esta
orquesta,
yo miraba asustada y mi mente
consiguió el enfoque
aunque aparecen ráfagas en el
cielo mucho antes que la tormenta.
Le dije a Epimeteo que cogiera
a Elpis y fueran al bosque.
Yo insistía
Que cogería unas cosas y lo
seguiría.
La puerta se abrió de golpe
hoy las Moiras tejerán mi
destino,
me acerque a la puerta para
completar mi sino.
El hombre con negros dientes
es el que vino
me dijo que mi caja había
traído enfermedades, violencia, que venía del hades no del divino.
Yo le comenté: — fuiste tú
quien la robó, como las ratas roban trigo del molino.—
Él contestó:— Mientes.—
que solo había una solución,
que lo siente,
sacó un cuchillo y me lo clavó
en el vientre.
Todo se vuelve oscuridad… de
repente.
No era mi caja, su codicia,
del humano del dios es la auténtica enfermedad.
¿Te das cuenta?
¿Qué sabrá mis ojos del
viento?
¿Qué sabrá mi fracaso de
aciertos?
De lejos siento como mi hija
llora.
lo único que me queda esperar
es que mi hija sepa mi historia, mi nombre: Pandora.
Mientras yo escribo líneas con
pasión.
Hay líneas que no debe cruzar
la razón.
Mientras que la línea del
cardiograma sea recta y pare mi corazón....En fin... Tan solo soy un tipo
supuesto, apuesto, que apuesto, que ha puesto, su puesto por esto. Muchas
gracias por leerlo.
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