Relatos: La hora del miedo
Anochecía y me disponía a acostarme. Era una noche desapacible.
Había tormenta y no me hacía mucha gracia, ya que vivo sola y los rayos y
truenos no son muy de mí agrado. Cuando me acuesto suelo poner la radio, todas
las noches, pues me ayuda a dormir. A ésta hora solo ponen programas de miedo y
la verdad no me apetece escucharlos. La apago y me acurruco entre la manta.
Cada vez que escucho un trueno mi cuerpo se lleva un sobresalto inmenso. Ésta
noche va a ser larga. Pienso y decido coger mi móvil y hablar con los
amigos que tengo en el grupo de WhatsApp, pero nadie me contesta. Todos duermen
seguro.
Son las 2.00 de la madrugada. Me pongo a mirar mis
redes sociales, pero el teléfono se me queda sin batería y no me apetece ir a
por el cargador. Suelto el móvil en la mesita de noche y me vuelvo a acurrucar.
Pienso hacia mis adentros y me digo: “a ver si pasa la noche pronto”. De
repente escucho unos golpes en la ventana. Parece como si estuvieran arañando
la persiana. Me armo de valor y me levanto. Subo la persiana muy poco a poco…
De pronto un gato salta de la ventana a mi cuarto; del impacto grito
desesperada. Es el gato de mi vecina asustado seguramente de la tormenta. El
animal salió corriendo escaleras abajo. Dejaré al gato y mañana se lo llevo a
mi vecina.
Vuelvo a la cama pensando en el pobre gato y el susto que me dio. Parece que la tormenta se está calmando, ya no oigo los truenos. Empiezo a escuchar como si hubiera alguien debajo de mí cama... El gato no puede ser, pues cerré la puerta de mi habitación. No sé, será mi cabeza que aún piensa en la tormenta. Intento dormir pero los ruidos empiezan a ser más seguidos e intensos. Escucho como si alguien estuviera dando golpecitos con su dedo en el suelo. Mi intención es mirar, pero mí miedo no me deja. Se empieza a escuchar una respiración fuerte y agónica. Cada vez estoy más asustada. Mi cuerpo empieza a tener un fuerte sudor frío y un gran temblor. Siento como si empujaran mi colchón hacia arriba; estoy a punto de que me dé algo… Mi corazón se acelera, pero no, no me atrevo a mirar quien hay debajo, no puedo. De pronto mis sábanas y mantas empiezan a deslizarse poco a poco hacia los pies como si alguien o algo estuvieran tirando de ellas. No lo soporto más, no. Grito sin parar. ¿Quién estará ahí debajo?
Los golpes parecen ser de un dedo tocando el suelo.
Cada vez son más intensos. Llena de terror me levanto e intento abrir la
ventana para poder salir o pedir ayuda. Pero no puedo, la ventana no se abre.
Escucho como si detrás de mí hubiese pasos. Me giro rápidamente pero no hay
nadie. Me quedé mirando fijamente hacia la cama. Los ruidos siguen saliendo de
debajo de la cama. Me voy acercando muy lentamente y llena de miedo. Ya estoy
al lado de la cama, con las piernas temblorosas me arrodillo. Pongo las manos
en el suelo y me agacho totalmente para ver que hay debajo, pero no veo nada.
Me tranquilizó al saber que no hay nadie. Pero cuando intento reincorporarme…
De pronto veo una mano putrefacta que me agarra fuertemente y me arrastra hasta
el fondo de la cama haciendo que me pierda en la oscuridad.
Nunca más nadie supo de mí… No sé dónde estoy. Aquí solo hay oscuridad y maldad. Se siente mucha maldad. No recuerdo nada de mí vida. El último y único recuerdo que tengo es de mis amigos y yo jugando a la ouija, y solo sé que ellos no tardarán en estar aquí conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario