abril 01, 2025

Vicente Palomar Arroyo

 


Costaleros egabrenses





Cabra, como tantos pueblos de Andalucía, tiene una tradición semana santera espléndida, llena de colorido y autenticidad, cargada de infinita devoción y con una imaginería importante y realidad innegable. Cada Semana Santa, la pasión de un pueblo vibra ante su Virgen y Nazareno para conmemorar el momento litúrgico más intenso de todo el año.

Ilusiones nuevas se suman cada año a este espectáculo que es liturgia, pasión, tradición, vivencia cristiana, exhibición, reflexión, moderación, templanza…

El mensaje profundo del Nazareno, que fue entrega sin límite y mensaje eterno de evidencia, se traduce en organización multitudinaria de un homenaje colectivo, que tiene mucho de vivencia, de respeto, de creencia, de religión, de fe sencilla…

La Semana Santa se caracteriza por su profunda espiritualidad y riqueza cultural, donde las marchas procesionales juegan un papel esencial. Estas melodías, que acompañan a las procesiones, son más que simples composiciones musicales; son expresiones de fe, tradición y emociones profundas que conectan a la comunidad y más aún a la comunidad de los costaleros. Son también una herencia en constante evolución, conectando a las generaciones con el espíritu profundo de la Semana Santa.

Es por ello que el costalero ocupa un eslabón primordial en esta Semana de Pasión. Esos hombres y mujeres cargados con sus vidas sinceras, dispuestos a echarse encima el paso de su Virgen, que es de ellos y que nadie diga lo contrario.

Esas personas tapadas debajo del ostentoso paso dándose sin pedir nada a cambio, sólo la satisfacción íntima de hacer lo que sus adentros le piden. Aportando lo que tienen, sin que los vean demasiado, rezan junto con su fuerza, con su dolor de hombro y costal, con sus relevos, con la promesa cumplida de hacerlo todo por llevarla bien, porque aplaudan su creencia, porque valoren su fe, porque constaten su entrega.

El costalero es  por definición el artífice de la Semana Santa. Treinta y dos pasos componen la Semana Santa Egabrense. Debajo de cada uno, la fuerza sincera y generosa de esas personas que creen y creyeron siempre en su Virgen,  en su Cristo, en su Cofradía de siempre.

Recuerdo mi corta vida de costalero bajo el Santo Sepulcro, cuando nuestro capataz, Paco Agudo, nos  dijo con voz alta y cálida: “es el momento”. Momento en que, en la Iglesia, te encerrabas bajo el paso, donde todo era oscuridad, olor a incienso y bullicio esperando. Cuando esto se producía, comenzábamos a avanzar poco a poco hacia la puerta de salida y, tras cruzarla, la oscuridad que envolvía el interior del paso sólo se veía rota por los cientos de disparos de flashes de cámaras que se filtraban por los respiraderos, provocando una explosión de luz en el interior del paso. Entre la oscuridad se busca la luz exterior y a través de ella se puede ser testigo de algunos momentos íntimos entre las personas que ven pasar la procesión con ojos humedecidos.

Dicen que ser costalero se lleva en la sangre y que es uno de los legados más bonitos que se pueden dejar. Detrás de cada costalero siempre estará la ilusión de un niño que de pequeño lo soñó.

Ser costalero es llevar la devoción, el sacrificio y la tradición.

Ser costalero es un sentimiento, es la emoción que surge en una familia los días previos a la estación de penitencia.

Ser costalero es la esencia de Semana Santa, los que no se ven y los que la hacen posible.

Gracias costaleros egabrenses,  por regalarnos esos momentos que se quedan grabados para siempre.

Gracias a ese “puñao” de hombres y mujeres en perfecta coordinación que desde siempre hicieron imprescindible para sus vidas garantizar la salida del paso de la Semana Santa que les da contenido a su fe.

“Costalero ve tranquilo, deja que arrastren tus pasos y que suenen escondidos, que es tu pisar solitario el mejor de los sonidos”. (AEC/15)

 

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