marzo 01, 2025

Antonio Jesús Morante Pineda

 


El deporte y sus orígenes






Para comenzar diré que tanto ahora como en la antigüedad el deporte tiene un papel ejemplar en el desarrollo humano y siempre ha sido de vital importancia dando a los deportistas de elite un estatus mayor en la sociedad. Como ya decía el romano Décimo Junio Juvenal “mens sana in corpore sano” el deporte es y será fundamental. Para explicar el cómo ahora existe tanto deporte como gimnasios debemos remontarnos a la antigua Grecia. 

En la antigua Grecia el deporte era tan importante como cultivar la mente y ya existían gimnasios quizá un poco diferentes a lo que ahora tenemos costumbre. Eran sitios de culto donde se practicaba deporte y se cultivaba la mente siendo una tarea principal en la educación de cualquier ciudadano especialmente los aristócratas, se decía que hasta la propia academia de Platón tenía su propio gimnasio donde también se entrenaba el cuerpo.

Los gimnasios se reconocían muy fácil ya que eran un patio porticado, cuadrado, que solía corresponder con la palestra (zona donde se practicaba la lucha). Y al rededor había edificaciones, como una estancia que era la zona de vestuario donde todos soltaban las ropas ya que se entrenaba totalmente desnudos. Todos menos el entrenador que iba vestido y llevaba una vara verde de olivo ya que las técnicas las aprendían de una forma menos ortodoxa de la que la aprendemos hoy en día.

También existía una estancia donde se juntaban aceite que les ayudaba a mantener la temperatura corporal. U otra estancia que era donde el entrenador apuntaba los avances de sus alumnos.

También eran zonas donde al igual que ocurre ahora mucho alumnos iban a charlar y socializar.

También usaban pesas con parecido las de ahora que se llamaban “halteras”. Para potenciar sus dotes atléticos.

Otro de los motivos que sin duda practicaban en los gimnasios era por dos tipos de competiciones deportivas  en  la  antigua  Grecia:  Los  agones  chrematiatai  o  juegos por dinero en los que el ganador recibía premios con valor material a menudo muy elevado como los más famosos los juegos Panatenaicos de Atenas, quien ganaba en la carrera que no era la prueba donde más dinero se ganaba recibía cien Ánforas de aceite que vendido eran cuatro años de trabajo. También  existían  las  que hoy voy a desarrollar más que son los llamados agones stephanitai o juegos por coronas como los juegos Píticos de Delfos, los juegos Ístmicos de Corinto o Nemeos y los más importantes y los que vamos a desarrollar más los juegos olímpicos, un juego de carácter religioso. Sin duda alguna que no existía nada más importante en carácter deportivo que ganar unos juegos olímpicos. Al principio quién ganaba no recibía premio económico tan solo una corona de olivo. Sin duda no era el dinero al igual que ocurre en las olimpiadas actuales los importante era el deseo de triunfar, el primer incentivo de los atletas, y la victoria simboliza una corona o medalla. No obstante al igual que en la actualidad a nivel social era tan reconocido que involuntariamente le repercutía en su economía. Ya que era tan popular y tenía tantos privilegios que en algunas polis como en Atenas se le quitaba de pagar ciertos impuestos al estado. Es sabido por lo menos desde Platón “República 621” la costumbre de que el vencedor diera la vuelta de honor, entre la aclamación del público que le lanzaban toda clase de objetos. También es el caso de Diodoro de Sicilia escribió que Exéneto de Acragante, tras ganar en los juegos del 412 a.c. en la carrera del estadio, lo condujeron a su ciudad sobre un carro y lo escoltaban entre otras cosas trescientas bigas de caballos blancos, todas pertenecientes al pueblo de Acragante. Un recibimiento así tan sólo lo recibía un general victorioso.  Al igual que en la actualidad que un deportista de élite es considerado un ser superior al resto y eso repercute en fama y dinero. 

Los juegos olímpicos se celebraban en Olimpia, una ciudad- estado del Peloponeso que en la actualidad todavía podemos visitarla y ver las ruinas de los edificios que formaban Olimpia.

Eran fiestas religiosas en honor a Zeus, que tenía su propio templo en Olimpia. El Zeus de Olimpia era unas de las maravillas del mundo antiguo, era una estatua de más de doce metros construida con marfil y oro a manos de uno de los más importantes escultores de la época llamado Fidias, construido por el año 432 AC . Fidias tenía su propia estancia en Olimpia donde esculpía para los templos que allí existían. Se ha encontrado tazas en la que escrito pone: “esta taza pertenece a Fidia” así que compartir no era uno de los dones de este personaje histórico.

Los juegos olímpicos se realizaban cada cuatro años como en la actualidad y eran tan importantes que se hacía una llamada “paz olímpica”. Que como su nombre indica todas las ciudades estado de Grecia que estuvieran en guerra, acababa en paz durante los días que duraban los juegos olímpicos. Así lo expone Tucídides en su libro la historia de la guerra del Peloponeso, un libro que cuenta la guerra entre Esparta y Atenas que duró más de veintisiete años.

En los juegos olímpicos que tenían una durabilidad de cinco días aproximadamente, durante la ceremonia de apertura los atletas juraban que respetaban las normas y las reglas de los propios juegos. Las reglas estaban grabadas en bronce y se encontraba en la sede del senado olímpico.Los juegos que se realizaban eran: carreras, lanzamiento de jabalina o discóbolo, salto y lucha. Estos juegos representaban el pentatlón. También se realizaba carreras de caballos, carreras de bigas o cuadrigas, pancracio y el pugilato.

Voy a poner dos fotos de mi viaje a Olimpia donde puedo explicar un poco de las estancias que existen en Olimpia.

La primera se trata del
templo de Zeus donde
se ueden ver trozos 
de columna donde
podemos apreciar el
tamaño que tendría 
dicho edificio.


El nº 1 se trata del gimnasio, como ya expliqué antes es un cuadrado porticado donde se practica la lucha.

El nº 2 se trata de otro gimnasio y de baños donde los atletas se podían relajar.

El nº 3 es la zona donde se hospedaban los atletas y donde descansaban de los entrenos y las competiciones. Era un sitio enorme con un gran patio central.

El nº 4 era donde los jueces determinaban los resultados de los juegos así como todo lo ocurrido en ellos. Ahí también se encuentra el lugar de trabajo de Fidias.

El nº 5 el gran  templo de Zeus.

El nº 6 el resto de templos, que no solo existía el de Zeus también Hera y el resto de dioses tenían su lado en Olimpia.

Finalmente al lado de los templos se encontraba donde corrían y hacían las carreras de caballos.

Y las zonas alargadas, se trataba de zonas porticadas donde había sombra para los visitantes de Olimpia ya que los  juegos solían ser en meses calurosos. 

El deporte era tan importante y acudían tantos visitantes a los juegos que también se usaba esos días para otros objetivos como exponer textos, obras o políticamente para hacer tratados. Muchas celebridades de la época acudían como por ejemplo: 

El historiador Heródoto de Halicarnaso, para difundir, a mediados del siglo v sus investigaciones históricas, recurrió a leerlas en público, de modo que dio a conocer su obra en el opistódomo del templo de Zeus, consiguiendo impresionar a todos los allí presentes. Incluido a un ateniense llamado Tucídides, que lloró de la emoción al escuchar las palabras de Heródoto y decidió que él también sería historiador.

Los autores antiguos nos hablan también de lecturas o recitaciones ya que algunos escritores importantes se guardaban obras para representarlas allí y eran muchas las personas que acudían no solo para ver los atletas si no para descubrir esas obras. Como por ejemplo las obras del filósofo Empédocles, los sofistas de Gorgias. Sófocles o incluso Eurípides contaban sus obras. Hasta el tirano de Dionisio I de Siracusa o el propio Nerón recitó sus poemas en público en las olimpiadas del 388 AC. Aunque según Diodoro hizo más bien el ridículo.

Según un escrito de Cicerón cuenta una anécdota de la que hablando un tal León con Pitágoras le pregunta quiénes eran los filósofos, y Pitágoras les responde que la vida humana es semejante a ese festival en el que se celebran los juegos a los que asistían los griegos. Allí estaban ejercitando sus cuerpos e iban a buscar la gloria, otros, que iban a comprar o vender iban atraídos por las ganancias. Otros solo iban atraídos únicamente para observar lo que allí ocurría. Pues de manera semejante, los hombres llegados a esta vida buscan gloria, otros dinero, pero existen también unos pocos que desprecian lo demás y observan y aprenden estos se llamaban amigos de la sabiduría, es decir filósofos.

También en el deporte antiguo como en el actual tienen rasgos no tan positivos y algunos solo son  guiados   para   conseguir   más   dinero   de   manera  ajena   al   deporte   o   la  sobreestimación social o económica de los éxitos deportivos, de tal manera que fue criticado de manera sistemática por los griegos intelectuales de la época como Jenófanes de Colofón en el siglo VI A.C. y luego por Eurípides y un largo etcétera.

Así como otra cosa negativa era las peleas entre aficionados según el historiador Tácito nos cuenta que en el siglo I hubo una pelea campal entre aficionados de Pompella y sus rivales de la ciudad de Nocera, como resultado el anfiteatro fue censurado durante diez años y los cabecillas de la trifulca castigados con el destierro. Algo muy similar a lo que tenemos hoy en día con ciertos deportes y los hinchas de ciertos equipos. También sabemos al igual que en el deporte actual que muchos intentan hacer trampas con sobornos o con sustancias dopantes como en la actualidad, aunque no tengo un soporte histórico como en el resto de hechos aquí narrados los atletas también querían potenciar de forma ilegal su condición física y tomaban brebajes ilegales de hojas de mostaza con otras sustancias que decían que le daba más fuerza a los deportistas, sin duda, nada que ver con la lacra del doping de la actualidad pero ya buscaban la forma de hacer trampa y potenciar mediante brebajes su estado físico, a este brebaje se le llamaba el semen de Hércules. Lo que si tiene soporte histórico es la cantidad de gente que mediante dinero sobornaba y compraba como el caso de Dionisio de Siracusa que intentó sobornar al padre de Antípatro de Mileto, vencedor en Olimpia en el pugilato infantil en el 388 para que ese atleta fuera ciudadano de Siracusa y como tal fuera el vencedor siracusano. 

Conocemos también otro caso que podemos fechar con exactitud que según Pausanias en el año 388 a.c. ocurrió el primer caso de intento de soborno en el que el corredor tesalio Eupolo compró a sus adversarios, pero el engaño fue descubierto y tuvieron que pagar cuantiosas multas una de ellas destinadas a la construcción de estatuas broncíneas que se colocaron en la entrada del estadio  llamadas zanes y  con inscripciones en las que constaban el nombre de los culpables, para su vergüenza eterna, dado que la victoria en Olimpia no se ganaba con dinero, sino con la rapidez de los pies y la fuerza de sus cuerpos.

Por suerte no todos aceptaron esos sobornos y también fueron los casos de gente que no aceptó el dinero y prefirieron competir de forma igualitaria al resto de competidores como fue el caso de Antípatro que no aceptó el soborno de Dionisio o según Plutarco conocemos la historia de un Espartano que le no aceptó el dinero y tras ganar después de mucho esfuerzo le preguntaron que más había ganado, a lo que contestó que el poder luchar junto a su rey en su guardia personal.

Otra forma por la que sabemos que el deporte fue muy importante en la antigüedad fue que no hay autor que en alguno de sus trabajos no hable y alabe a los deportistas o al propio deporte, tal fue así que conocemos en la primera obra literaria de Homero la Ilíada en el mismo sitúa las primeras olimpiadas en el año 776 a.c. siendo así que en el canto 23 de la Ilíada el poeta dedica nada menos que 640 versos a relatar los juegos funerarios que el héroe griego Aquiles organiza para honrar la memoria de su amigo Patroclo, muerto a manos del troyano Héctor.

Vicente Palomar Arroyo

 


Suspiros de España





No hablo ni pretendo hacerlo de un  “suspiro” pesimista. No deseo reflexionar sobre un mensaje de fatalismo, ni siquiera sembrar desesperanza, “pero esto es la pura realidad”

Toda España continua suspirando ante tal situación, ante tanta injusticia, ante tanto paro, ante tanto creer o no creer… Ese comentario va de boca en boca y como explicación final del pesimismo que transmitimos: el poder de gobernar de unos y otros.

Intentamos hacer una búsqueda del líder que nos libere de las actuales dificultades. Esta  situación, a pesar de los pasos dados, agiganta el clima de preocupación.

¿Qué nos sigue pasando? ¿Puede resolverse algo tan complejo desde una sola voluntad personal por poderosa que  sea ésta? ¿Podemos resolver la productividad del trabajo, al que todos estamos obligados, desde la eficacia personal de un individuo por grande que sea su aportación?

Parece que estamos anclados en la desesperanza, instalados en la dejadez y paralizados por el engaño y la desilusión. Hoy más que nunca, la esperanza debe ser protagonista. Hoy más que nunca, querer debe suponer poder. Hoy más que nunca, el que  “puede debe poder”.

No estamos ante nada que no tenga solución. La actual situación de la que tanto hablamos, es el resultado del abandono, derroches, locuras… Desconcierto sanitario, abusos de empresas y empresarios favoreciendo la economía ilegal, salarios sin compensación, ausencias injustificadas, trabajadores que han perdido al orgullo de ser protagonistas del trabajo bien hecho, administraciones ineficaces… Desempleados instalados en la ayuda estatal, convertidos en la plenitud de sus vidas en pensionistas anticipados. Jóvenes desesperados por falta de proyecto en sus vidas, consumiendo las energías de su juventud en aburrimiento del fracaso o desilusión… ¿Quién nos sacará de tan temida situación?  “Todo ello nos hace suspirar”

Hay que salir de la sociedad del subsidio. Hay que crear la sociedad del esfuerzo, el apoyo de todos, de la solución que cada uno puede dar. Hay que crear un clima de ilusión, de seguridad, de lo que lo vamos a conseguir; aunque no todo será igual.

Nos están sobrando los empresarios ambiciosos que se aprovechan de la mano de obra obrera, robándole los derechos que le corresponden. Nos están sobrando los que ante tal situación utilizan sus  medios sólo para el enriquecimiento personal. Nos sobran los que exigen la solución de un problema y no apoyan la solución del problema del otro. Nos siguen sobrando los que todo se lo merecen cuando se les da y nadie merece nada cuando ellos tienen que dar.

Toda España suspira ante tal situación; quizá porque los “Suspiros de España” del compositor Antonio Álvarez Alonso, eran el fruto de ilusiones que se deseaban y por ello se suspiraba; y los de hoy, el fruto de la imposibilidad ante  una actitud poco valiente, fruto del desengaño y la incapacidad para afrontar tal situación.

Suspirar, sólo merece la pena cuando el suspiro es el alivio de lo conseguido o casi conseguido. 

Ángel Pérez Campos

 


Soledad, abandono, hipocresía,
ira, violencia..., y una cucharilla.






 

Hoy amaneció antes de que me levantara, pero me desperté antes que naciera el día, soñé que dormía, pero dormí lo justo que siempre es muy poco.

Empezó otro día más y la monotonía, la mecánica diaria, se aferra a mí como una lapa y no sé cómo deshacerme de ella. Pongo la radio para que me cuente lo que me cuenta diariamente, pero no hace falta que le preste atención, las noticias para ser noticias deben ser aciagas, infaustas, calamitosas, catastróficas o adversas. La apago, hoy desayunaré en silencio. A través del extractor mis vecinos entran en mi cocina todas las mañanas. Es una transmisión en directo de sus vidas que resuenan en el altavoz de mi campana. Me cuentan cosas. Generalmente se levantan de mal humor, riñen y discuten, pero hay otros que hablan con los niños para que desayunen rápido y otros se despiden con cariño hasta la vuelta del trabajo o algunos abuelos que se recuerdan lo poco que importan sus vidas a nadie.  Mi cafetera ya calienta su culo en la vitro y el microondas ya montó su tiovivo con el vaso de leche.

Un portazo suena en el rellano. La mirilla delata a Isabel, la vecina de enfrente, viuda reciente, que sale como todos los días al mercado. Rafael se fue para no volver el pasado verano, ya no se oyen los gritos de ella reprendiéndolo, ni las respuestas altisonantes de él haciéndole caso omiso. Ellos fueron la razón de sus propias existencias y ahora ella mira a su lado y solo existe el vacío, la soledad. Siempre estuvieron solos. Dos hijos y varios nietos eran su familia, pero sus visitas escaseaban. Sin darse cuenta, la añoranza y la melancolía entraron en esa casa de puntillas, se instalaron sin permiso, se hicieron ocupas, ahora el silencio se sienta a su lado todos los días. Siento tristeza, pero debo volver a mi café. Cojo una cucharilla del cajón y se me resbala de entre los dedos. Se congela el tiempo y la veo caer muy despacio, gira y gira, cierro los ojos esperando a que caiga al suelo y que estalle en mi cabeza con su sonido estridente, pero se queda congelada, flotando en el aire, en mi mente. No me lo explico, estoy todavía bajo la dictadura de la somnolencia, la dejo ahí ingrávida en la cocina, abro el cajón de nuevo y cojo otra con fuerza y la meto en mi taza de leche mareada, recién salida del microondas. Dos golpes de sacarina y vierto la cafetera para obtener ese producto mestizo que me saque del sopor. Me siento, me acerco la taza a los labios, el sorbo entra por mi nariz en forma sutil, etérea y luego pasa, caliente, a mi garganta. Me consuela y me da energía, me relaja, me abstrae, pienso de nuevo en mi vecina Isabel. Cuando su marido, Rafael, murió, nos acercamos al tanatorio a darle el pésame. Se sorprendió, éramos los únicos vecinos que habíamos hecho acto de presencia. En aquella enorme sala solo había seis personas junto a ella. Su hija, a la cual no conocía, se dirigió a mí. -Mi madre se viene ahora con nosotros hasta que pase el verano y después volverá. Por favor, cuidad de ella. Ya tiene ochentaicinco y es que nosotros vivimos en Guadalajara-. Yo siempre he adolecido de reflejos y no supe qué responder. Después me arrepentí.

Tomo el café despacio, los vecinos siguen en mi cocina, ahora parece que hay más gente y algunos vocean demasiado, no sé si poner la radio, pero Trump se ha coronado de nuevo y eso me pone de mal humor. La ducha me espera, debo ir a Alcalá: tengo una cita con mi doctora para que me recete, se me están acabando las pastillas. Me abrigo, es enero y hace frío, el termómetro marca menos dos y el viento hace traquetear las persianas. Cojo gorro, bufanda y guantes y los echo a la mochila. No tengo ganas, me da pereza salir de casa. Le hago un nudo a la bolsa de basura, salgo y cierro la puerta con rapidez antes que me arrepienta. Atrás queda la cuchara flotando en la cocina.

Llamo al ascensor y cuando llega me meto en el cajón, estamos en el quinto y último piso, pulso y bajo. Vaya por Dios, se para en el dos y se abren las puertas: es el chino de todas las mañanas con su bolsa de basura. Y, como todos los días, entra sin mirarme y mi sonrisa y mis buenos días se diluyen en aquel diminuto espacio sin respuesta, él solo mira sus zapatos. Se abren las puertas y sale con paso nervioso. Yo salgo detrás mientras él se dirige a los contenedores soterrados de basura. Yo le sigo, quiero ver si lo vuelve hacer. Sí, hoy también vuelve a dejar la bolsa fuera del contenedor para después seguir con su paso corto y acelerado. Me quedo mirándolo sin comprender nada, levanto la trampilla y deposito mi bolsa. Una barrendera, que también ha observado la escena, me mira negando con la cabeza su incredulidad. Cojo la bolsa del chino y la meto. Cuando paso al lado de la chica le doy los buenos días, -Que pase buen día señor-. Levanto la mano, -Igualmente-. 

Me dirijo hacia la estación de Renfe-Cercanías por la calle peatonal. Es más largo el trayecto, pero hay menos tráfico. Ando sin prisa, he salido con tiempo para tomarme otro café en Alcalá al lado de la consulta. Veo a María que sale de su portal con su perro enano y un cigarro en la boca. Lo suelta y el animalito empieza a correr como un loco, se mete entre los parterres y después de cansarse un poco empieza a miccionar en todas las esquinas para acto seguido defecar dos o tres bolitas que, rápidamente, María recoge.  Me ha visto y me dirijo hacia ella -Hola, buenos días María, ¿te has jubilado?, pero ¿qué haces tú por aquí a estas horas?, ¿no estarás enferma? -, ella me responde sonriendo. - No tengo que explicarte cómo funciona esto, mira estoy cada día más hastiada, soy muy vieja y ya no perdono una. Nadie te lo va agradecer. Me debían tres días del año pasado y me los he tomado, qué quieres que te diga, me duelen la espalda, las piernas, los brazos…, hasta el alma…- Asiento con la cabeza. Ella trabaja en la empresa de jardinería donde yo tenía mi destino antes de jubilarme. Uno de mis cometidos era, entre otras cosas, que se cumpliera su pliego de trabajo, pero nunca les tuve que llamar al orden. –Tú cada día estás mejor, la jubilación te ha sentado muy bien – me dice - ¡¡¡Jajajaja!!, eso es que tú me miras con buenos ojos María, cada día me duele una parte del cuerpo y la verdad es que no hago nada para que eso ocurra. Serán los años que ya arrastro, ¡jajaja! -. Me sorprendo al ver a su animal arrastrando su culo por la calle de forma grotesca. -¡¡¡Uy!!! pero mira tu perrillo, eso son lombrices…, lo tienes que llevar al veterinario, al mío le pasaba frecuentemente - le digo. –Puffff, calla, calla, este bicho se ha hinchado de golosinas de Navidad y ahora paga las consecuencias. Estoy esperando que se le pase, llevarlo al veterinario son cincuenta euros entrar por la puerta y después entre unas cosas y otras…, y la verdad es que…- María vive sola, ya hace más de un año que lo dejó con su pareja y la verdad es que la veo bastante cabizbaja, apagada, no tiene familia, no tiene nada más que el perrillo. Me dijo un día que no quería ya ninguna relación, que se pasaba muy mal cuando se rompían las confianzas. Creo que le hace falta un poco de compañía, de cariño, pero esto no se lo dije, no me gusta dar consejos. Seguimos caminando juntos hasta al final de la calle, hablamos de los viejos tiempos y lo que nos reíamos con los compañeros. Con tristeza me dice que ya no queda casi nadie de los antiguos y que ahora es todo diferente.

Más adelante, de un portal, una vecina sale con una indumentaria que me llama la atención: una bata azul celeste de felpa y unas pantuflas a juego. Debajo se adivina un pantalón de pijama. Su pelo, teñido con colores antinaturales, lo lleva recogido con una goma, creo que debe tener unos cuarenta años. Trae en brazos un perro, parece un terrier blanco, que también empieza a correr como un poseso cuando lo suelta. -Buenos días chicos, qué frío hace por Dios-. Se ve que María la conoce de pararse con los perros en la calle, pero yo solo la he visto alguna vez. –Vaya la que hay liada con el Trump ese. No sé, pero a mí cada día me gusta más, al menos lo tiene todo muy claro, ayer estuve todo el día pegada a la televisión-. María se encoge de hombros, yo la miro y no digo nada. -Por lo menos va a limpiar de sudacas, piojosos y criminales su país, ojalá tuviéramos políticos como esos aquí-. No le presto atención y miro a los perros cómo se olisquean y se lamen el culo por turnos. El perro blanco también ha defecado y olisquea sus propios excrementos. -Señora creo que su perro…- lo señalo con el dedo. -¡¡Uy!!, con la charla… María se me olvidaron las bolsas, déjame por favor una, tengo los pintores en casa y estoy con mi suegra que vive enfrente, ¡chica!... lo tengo todo patas arriba-. Los perros siguen a lo suyo mientras avanzamos hasta la esquina donde al girar bajo un voladizo está el supermercado. -Escuchad, los pintores son un chollo, son unos rumanos que te lo hacen todo: te retiran los muebles, los desmontan, protegen con plástico y papel y lo vuelven a dejar todo como antes, son rápidos y limpios, me lo están dejando todo genial, y lo mejor de todo: a la mitad de precio que los españoles -. - Claro, esta gente cobra todo en B, ¿no? -  le dice María. - Por supuesto, qué quieres que te diga… Mi marido es camionero y lo trae casi todo en negro y tenemos que soltar lastre por donde sea, así que si queréis el teléfono os lo doy -. De pronto abre los ojos de forma desorbitada y grita -¡¡¡Sánchez!!!, hijo p…, ven aquí -. Me sobresalto por el grito y miro a su perro que estaba tratando de montar al de María. –¿Ves cómo no hice mal al ponerle Sánchez?, está gilipo… perdido, como el presidente -. Me fijo que el collar del perro está hecho con los colores de la bandera española. - ¿Y no te habían llamado del ayuntamiento para empezar a trabajar? -, le preguntó mi amiga. - Quita, quita, qué disgusto. Me ofrecían meterme en la patrulla canina “recogecacas”, los del mono rojo -. - Pues me han dicho que pagan bien - le dije yo. – Mira, ese trabajo no es para mí, ni para nadie que tenga dignidad, me quedo con los cuatrocientos que me da este miserable gobierno -. Me encogí de hombros y no dije nada más. -¡Mira, en ese barrio de ahí enfrente, hay bastantes moros y negros  parados que por la mitad de precio lo hacen! -. Mi corazón se ha revolucionado y está llamando a la puerta de mi pecho, le pido opinión y me dice que salga de allí cuanto antes. Esta mujer habla y habla, y cada vez peor, mi calvario se empina cada vez más, quiero despedirme de María y salir a la fuga, pero no hay forma. Yo ya he desconectado, cierro mis pabellones auditivos, pienso en la cucharilla volando en mi cocina a punto de caer. 

Al girar la esquina, debajo del voladizo, al lado de la entrada del súper, un bulto sobre unos cartones, liado en una manta marrón llena de suciedad, yace en el suelo: se presume el cuerpo de una persona. Por una abertura sale un gran mechón de pelo rubio y al otro extremo asoma una zapatilla deportiva que un día fue blanca. Esta zona está más resguardada del viento y por las mañanas, si el día está despejado, los primeros rayos de sol inciden aquí. Es una mujer indigente, debe tener unos cincuenta años y lleva desde antes de Navidad ocupando este lugar. Al principio, estaba con otro indigente, pero ahora lleva varias semanas sola. Detrás de ella un gran bulto de cartones y plásticos la acompaña. No se mueve, seguramente duerma, después de una noche tan gélida habrá sido imposible conciliar el sueño. Debe de tener algún trastorno mental, hay días que grita sin ton ni son y anda con paso nervioso, calle arriba y calle abajo, mascullando algo entre dientes. - ¿Y esto?, ¿no es una vergüenza? -, dice la amiga de María. - Qué asco por Dios, esto no se puede consentir. Lleva ya un mes aquí, casi a la puerta de mi casa. Ya he llamado a la policía varias veces y nada, no se la llevan. La suciedad y el mal olor que da esta mujer, porque claro ¿dónde hace sus necesidades?, te lo he dicho muchas veces María, con buenos políticos y mano dura se acababan estos problemas, y ¿tú qué opinas? -. Se dirige a mí, pero no tengo ganas de enfrentarme a nadie esta mañana y ya empieza a cristalizarse mi cabeza de forma dolorosa. Soy cauto y le digo - Quizás sea un problema más complejo de como lo vemos, yo no sabría decirte cómo solucionarlo -. – Mira -, me dice, - si esta mujer se ha equivocado en la vida, que lo purgue y, si está medio loca, con mis impuestos que no paguen a un sanatorio -. Me encojo de hombros y le digo - ¿Entonces? -. Ella continúa - ¡¡Yo tampoco lo sé, pero si se fuera a dormir a la puerta de la casa del alcalde, ya estaba esto solucionado!! -. Miro a Sánchez que está olisqueando el pico de la manta con intenciones de marcar un nuevo territorio. El exabrupto no tarda en resonar debajo de aquel voladizo. - Pero será guarro este perro, ¡¡¡Sánchez ven aquí inmediatamente!!! -. La mujer le da un azote con la correa mientras le reprende, tira de él y lo coge. El perro se arrebuja en sus brazos y de vez en cuando levanta la cabeza para lamer la cara y la boca de la mujer. - Ves María, es un tontaina, pero a cariñoso no le gana nadie -. Tengo que desviar mi mirada, no puedo ver lo que estoy viendo, no quiero pensar dónde estaba esa lengua ni ese hocico húmedo hace unos minutos. Miro a María y ella me mira mí con los ojos muy abiertos.

Una mujer joven arrastra a dos niñas con mochila de la mano en una especie de media carrera pasando muy cerca de nosotros, esquivando el cuerpo de la indigente. - ¡¡Vamos hijas que llegamos tarde, todos los días igual!!! -. - Mamá, el cordón del zapato - dice la más alta y de pelo más claro. - Bueno, lo que nos hacía falta… -. Se paran en los escalones del super y la madre le ata el cordón. Me fijo en el pelo de la niña y lo comparo con el mechón rubio que sale de la manta en el suelo, son muy parecidos. - Mamá, ¿eso qué es? -. ¡Ya te lo dije ayer, una persona que no tiene casa, qué pesada eres hija! -. La madre las coge de nuevo de la mano y, de un fuerte tirón, las arrastra y emprenden de nuevo su carrera. Otra mujer de avanzada edad sale del super con una bolsa por donde asoma una barra de pan que deposita al lado del cuerpo de la mujer. -¡¡Señora!!, no haga eso, que así no se va a ir nunca de aquí -, le espeta sin vergüenza mientras el perro sigue lamiendo su cara. La señora mayor se alza tras haber dejado la bolsa y, mirándola muy fijamente, se dirige a ella lenta pero claramente - ¿Me dice a mí? -. - Pues sí, a usted, a veces las limosnas no hacen bien, al contrario, ellos se acomodan a que sean alimentados gratis y sin esfuerzo -. Sin alterarse, la señora mayor le replica: - Mire, le voy a decir una cosa, si usted supiera lo que yo sé, si sus pies hubieran andado por donde anduvieron los míos y si, por un instante, hubiese visto lo que han visto mis ojos, cerraría su boca para no abrirla tan gratuitamente. Además, mi vida es ya lo suficientemente corta para que ahora su opinión me importe, buenos días -. Con la misma calma que había hablado, se dio la vuelta y se marchó arrastrando su carro de la compra lentamente. - ¡¡Va, va, va…!!, los de tu edad siempre estáis contando batallitas, ¿no está prohibido dar de comer a los gatos callejeros?, pues esto es igual -. La mujer mayor giró la esquina sin entrar ya al trapo. – Estos viejos piensan que le pueden dar lecciones a todo el mundo -. Se queda mirándome, me escruta y me veo forzado a responder: - Siento decirte que lo que ha hecho esa mujer no es dar limosna, ni tampoco ha tenido caridad, sólo ha tenido humanidad, no sé si sabes lo que eso significa, ¿lo entiendes? -.  - Pues la verdad es que ya me he perdido -, me respondió soltando una carcajada. - Vale, entonces mejor no te explico lo que es la empatía, la compasión o la solidaridad, ¿no? -, le digo irónicamente. - ¡¡Ehhhh..!!, no te enfades conmigo, lo que pasa es que yo soy demasiado transparente y clara, digo lo que piensan muchos y no se atreven  a decirlo -, me responde. No aguanto más, me voy de allí antes que pueda decir cualquier tontería. – María, me voy, cuídate y anímate -. - Igual Ángel, nos vemos -.  Levanto la mano y le digo adiós a la mujer de la bata con el Sánchez en brazos.

Hace frío y viento, esa mujer me ha revuelto el estómago y mi cabeza no deja de girar de forma mareante. Pienso ahora en el pelo de la mujer allí tendida y en el de la niña. Le doy vueltas a mis preguntas sin respuesta: ¿Cómo sería la niñez de esta mujer?, ¿cómo se rompió o dónde se quebró su vida?, ¿y su familia?, ¿cómo ha llegado hasta aquí?, ¿cuál ha sido su camino?, ¿dónde está el error? Acabo de cruzar el paso de cebra que me lleva a la plaza de la estación y un coche me ha tocado el claxon, me lo he pasado en rojo, voy abstraído en mis pensamientos. Los mismos indigentes de siempre, sentados en una escalera, beben una litrona de cerveza y vino de tetrabrik. Miro el reloj exterior de la estación, son las nueve y media.

Subo al tren y sigo pensando en los seres que me rodean, en la sociedad que hemos creado entre todos, en la pérdida de los valores más fundamentales, donde algunas personas, según su color, condición u origen tienen menos derechos que un animal. El odio y el rencor flota en el aire por la simpleza del pensamiento único que relega al ostracismo el pensamiento crítico y razonado.   Los símbolos del estado que deberían ser nexo de unión, son, en cambio, manoseados a conveniencia, son armas arrojadizas que separan y rompen lo colectivo. Mi cabeza bulle….

Tomo asiento, el vagón está casi vacío, pero siguen entrando personas. Dos filas de asientos más allá, un chaval apoya sus pies contra el asiento de enfrente, mientras escucha música y mira el móvil. Me quedo mirándolo, pero él no levanta la vista. Aborrezco estos comportamientos. Una pareja de ancianos recorre el pasillo despacio, cogidos del brazo, buscando dos asientos juntos que estén libres y pasan al lado del chaval que sigue absorto en la pantalla. El hombre para en seco y se dirige al chico - Por favor, puede quitar sus pies del asiento, lo está ensuciando -. El joven levanta la cabeza mientras se quita los cascos - ¿Cómo? -. - Le digo que, por favor, quite sus zapatillas del asiento, ¿no ve que es antihigiénico? -. El chico lo mira de forma despectiva y se vuelve a poner los cascos mientras dice - ¡¡Muérete viejo!! -. La mujer le recrimina su actitud y su falta de educación. -¡¡¡Joder con los putos viejos, iros a la mierda y moriros de una puta vez!!! -. La mujer tira de su marido, no sin resistencia, y se sientan al final del vagón. Un hombre de color, con traje y un maletín, que está observando la escena le dice al chaval, - Por favor chico, compórtate -. Con su dedo índice el adolescente le amenaza - ¡¡¡Joder!! Tú también, puto negro, no oses hablarme, ni mirarme, hueles mal ¿lo sabes?… vete a tu país -. El tren cierra las puertas y emprende su marcha. He observado desde mi asiento toda la escenificación del odio y ahora estoy convencido que elegí mal día para salir de casa. Veo en mi imaginación la cucharilla en la cocina a punto de caer y no quiero que su estallido rompa en mi cabeza.

La pareja de ancianos discute en sus asientos. El hombre consigue zafarse de su mujer, se levanta y se dirige hacia donde está el chaval recriminando su comportamiento. Éste lo ve venir y se quita los cascos con violencia y deja el móvil sobre el asiento – ¡¡¿Ves viejo?, te has ganado una hostia!! – dice, dirigiéndose por el pasillo hacia el anciano. Inevitablemente la cucharilla ha caído y su estruendo al chocar contra el gres salta a mi cabeza con un fuerte pinchazo, mi sangre galopa por mis venas de forma descontrolada, me levanto de mi asiento bruscamente, fuera de mí. Cuando me dirijo por el pasillo con intención de parar al chico, el hombre de color, que debe medir casi dos metros, se ha levantado y se interpone entre el chico y el anciano. El gesto ha sido tan rápido que el joven choca con su cuerpo y rebota, cayendo al suelo. – Pero, ¿qué haces?, quítate de en medio -. Cuando, desde el suelo, ve la magnitud del hombre no intenta levantarse y grita, - ¡¡¡Eh...eh!!!, que este tío me quiere pegar… -. Una joven que está detrás de mí dice en alto - Oye tío, deja al chaval que no ha hecho nada malo -. Los pasajeros del vagón, que están todos de pie por la situación, se vuelven ahora hacia la chica. Con su gran mano, el hombre coge del pecho la sudadera del chico y lo levanta en vilo. Sin soltarlo, le dice - ¿Te vas a portar ahora bien chaval? –. Éste, fuera de sí, patalea en el aire – ¡¡Que me sueltes cabrón!!... Oye tía, graba esto que lo voy a denunciar -, dice a la chica, que ahora está a mi lado. Ella saca el teléfono disponiéndose a abrir la aplicación de la cámara. Cuando lo levanta para empezar la grabación, instintivamente y sin pensarlo, le doy un manotazo al teléfono, que cae al suelo, a los pies de otro pasajero, que lo pisa. La chica me mira y me dice - ¡¡¡Imbécil!!! - y se agacha a recoger su teléfono. Pero el pasajero que lo ha pisado le dice – Como intentes cogerlo, lo reviento -. El tren se ha parado y se abren las puertas. El hombre de color empuja al chaval fuera del vagón, una mujer coge del asiento el móvil, los cascos y la mochila del chico y los lanza con brutalidad contra el suelo del andén. El pie del hombre libera el móvil y la chica lo recoge. Ella también sale corriendo de allí. No sube ningún nuevo pasajero y los chicos nos hacen gestos obscenos y gritan desde el andén. Los que estamos dentro, como autómatas, volvemos a nuestros asientos despacio, en silencio, mientras las puertas se cierran y el tren avanza de nuevo.   

Me pongo las manos en mi cara y apoyo mis codos en mis rodillas y cierro los ojos, siento vergüenza, siento culpabilidad y la verdad es que no sé lo que he hecho para sentirme tan mal. - Alcalá de Henares, última parada -, los altavoces del tren anuncian el fin de aquellos infernales quince minutos. Los pasajeros empiezan a salir, pero yo me quedo, he decidido no ir a consulta hoy. Los ancianos salen del vagón sin parar de discutir. Una mano me da dos o tres toques en el hombro y alguien me dice - Hemos llegado amigo -. Es el hombre de color. - Gracias, pero me vuelvo a mi casa, tengo que recoger una cucharilla del suelo -.

“La historia nos enseña que en situaciones de crisis graves reaparecen las tendencias a formas autoritarias. Los tiranos se alimentan de la desilusión y cuando se las desatiende, las democracias pueden morir de intrascendencia y los pueblos llegan a entregar las llaves de su propia celda a sus carceleros.” (Discurso de aceptación como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos de D. Joan Manuel Serrat i Teresa. Burgos, 13 de junio de 2024)

 

                                                                                                        Ángel Pérez Campos

                                                                                                       18 de febrero de 2025

*Todo lo relatado en este escrito es veraz y solo se han cambiado los nombres de todos los personajes…, menos el del “perro Sánchez”.    

María del Carmen Pérez Morales (Poeta) y Roberto Marcelo Heredia Medina (Ilustrador)

 

Que nadie calle tu voz               

Que nadie calle tu voz,
que mientras tengas aliento de vida
podrás expresar
lo que sientes y no apagar tu luz encendida.  
 
Que nadie apague tus sentimientos,
que no borren tu arcoíris,
que nadie tiene derecho
de apagarte por dentro.
 
Hay personas amargas
y a los demás quieren amargar,
pero no les permitas hacer eso,
porque tu vida es tuya y no de los demás.
 
Que nadie calle tu voz,
sigue hablando por dentro,
pero si alguien te menosprecia,
sigue luchando por lo que es verdadero.













Rafael Rodríguez Muñoz (Patillas)

 


Cuento-teatro






El agujero de la Sima (III)

NARRADOR ----- Mientras el médico le prepara el brebaje de la paciente para su recuperación de memoria, el sirviente del Cadí iba por la calle preguntando a cuantas personas encontraba, hasta que dio con una que le contó todo lo que quería saber, por supuesto pagándole, no tardó ni un momento en ir a contárselo al Cadí. 

SIRVIENTE ----- (El Cadí está solo en su estancia; entra el sirviente). Señor, he estado haciendo las averiguaciones que me mandó que hiciese, sobre el asunto de su hija. 

CADÍ ----- Mucho has tardado.

SIRVIENTE ----- (Inclinando la cabeza). He tenido que hacer muchas preguntas y pagar a mucha gente hasta conseguir la información, resulta que su hija está en el caserío de un tal Arturo de Juan de Escama, y que el caserío lleva su nombre. El caserío está rodeado de unos muros de piedras de gran tamaño y tiene mucha gente a su servicio.

CADÍ ----- ¿Será un cristiano con mucho poder? Aunque yo no recuerdo haber hecho trato, si he oído hablar de él, tiene mucho ganado y tierra fértil. Vas hacer lo siguiente: te voy hacer un escrito y lo vas llevar a Juan de Escama y se lo entregas a ese tal Arturo.

NARRADOR ----- Tal como le ordenó el Cadí, el sirviente llevó el escrito a Juan de Escama y se lo entregó al mismísimo Arturo, que después de leerlo se lo entregó de nuevo al sirviente. Éste recorriendo el camino de vuelta no tardó en llegar en estar en presencia del Cadí. 

SIRVIENTE ----- (Entrando en escena, el Cadí está leyendo unos papeles). ¿Interrumpo?

CADÍ ----- (Haciéndole una señal con la mano para que se acerque). No. Te estaba esperando, venga desgrana.

SIRVIENTE ----- Como tú me mandaste le entregué tú escrito en mano y él me contestó:

Ve y dile a tu amo que venga cuando quiera, dentro de dos noches hay luna llena, aquí lo espero, a él y sus esbirros.

CADÍ ----- ¿Eso te dijo? ¡Pues muy bien! Allí estaremos y nos traeremos a mi hija, aunque sea a las bravas.

NARRADOR ----- (Mientras narra, en el escenario se prepara todo para la batalla). Efectivamente llegó la noche señalada, la luna iluminaba más allá de la empalizada alta que tenía el caserío de Juan de Escama.

Ya estaban todos preparados todos con Arturo de Juan de Escama al frente.

En la parte de fuera de la empalizada, el Cadí con sus esbirros también esperan con antorchas y armas, cuando se adelantan dos hombres: el Cadí y el jefe de armas. Se paran antes de llegar a la puerta.

CADÍ ----- (Gritando). ¿Arturo… Arturo de Juan de escama?

ARTURO DE JUAN DE ESCAMA ----- Sí, yo soy. ¿Qué quieres?

CADÍ ----- Quiero a mi hija Amira que la tienes cautiva obligándola hacer votos al cristianismo.

ARTURO DE JUAN DE ESCAMA ----- Aquí no hay nadie en contra de su voluntad, como tampoco hay nadie que se llame Amira.

CADÍ ----- Si no me entregas a mi joven hija por las buenas, entonces será por las bravas. ¿Tú decides?

ARTURO DE JUAN DE ESCAMA ----- Como estás viendo estoy dentro de mi casa y la defenderé como corresponde hasta las última consecuencias. Así que largaos de mis tierras

NARRADOR ----- Efectivamente el Cadí y sus hombres intentaban entrar por todos lados, pero era imposible, llevaban un gran tronco y consiguieron romper la puerta, lo que no esperan los moros era encontrarse con tantos cristianos en aquel caserío, como tampoco espera que Arturo de Juan de Escama fuese un gran estratega. De pronto gritó el Cadí. 

CADÍ ----- ¡Quietos! (Todos se quedaron quietos como estatuas, el Cadí le extrañó que estuvieran a tanta distancia de la puerta.

ARTURO DE JUAN DE ESCAMA ----- (Dando órdenes a su gente) ¡Retirada!

RODRIGO ----- (Que era el capataz de la finca). Señor, será atacar. (Sabiendo que esa orden tenía trampa).

ARTURO DE JUAN DE ESCAMA ----- He dicho retirada, ¿no ves que son más que nosotros?

NARRADOR ----- Y todos dieron media vuelta, entonces el Cadí y su veintena de soldados avanzaron. Cuando nada más hacerlo la tierra se abrió a todo lo largo del recinto, cayeron todos a una gran zanja de más de dos metros de profundidad, y los que no cayeron en la trampa salieron  huyendo como alma que lleva el diablo.

Al instante se asomaron Arturo de Juan de Escama y toda su gente, también Amira hija del Cadí. Ahora Leonor la prometida de Arturo.

CADÍ ----- (Al ver a su hija). Hija sácame de aquí, haré lo que tú me digas, sé que me porté muy mal contigo, pero ahora te recompensaré.

SIRVIENTE ----- Tengo entendido que perdió la memoria a causa de la caída en el agujero de la sima. (Le susurró el sirviente).

LEONOR ----- No hace falta que le susurres nada. Gracias al médico y sus brebajes he recuperado la memoria y sé todo lo que pasó. Mi padre renegó de mí, así que no tengo padre, y ese sirviente tal fiel quiso salvarme la vida a cambio de hacerme su esposa y es tan cobarde que no se ha atrevido a decírtelo.

CADÍ ----- (Sacando la daga del cinturón). ¡Muere cobarde! (El sirviente cae al suelo con la daga clavada y muere). ¡Ahí tienes  al culpable!

ARTURO DE JUAN DE ESCAMA ----- No, tú eres el culpable, y serás juzgado. Precisamente mañana harán noche los Reyes de Castilla, y estarán unos días antes de seguir camino de Granada. 

NARRADOR ----- Efectivamente, los Reyes dictaron sentencia. Todas las pertenencias que había adquirido con su maldad el Cadí, les fueron devueltas a sus antiguos dueños, y en cuanto el veredicto que firmó el Rey fue que arrojaran al Cadí al agujero de la Sima, como él hizo con su hija. Como se suele decir: “Ojo por ojo”.

El Cadí de Cabra pidió clemencia, todo fue inútil, mientras caía al agujero negro de la Sima, sus gritos sonaban en el eco de la profundidad, perdiéndose en el infinito. 

TITO RAFA ----- (En el escenario solo están, el tito Rafa sentado en su butaca y su sobrino Mario durmiendo en su falda). Bueno, ya te ha dormido, como siempre, nunca llegas al final de todos modos, yo lo termino.

(El escenario de nuevo en oscuro)

NARRADOR----- (Mientras el narrador parla, por el centro del escenario aparecen Arturo de Juan de Escama y Leonor ataviados con traje de novios de aquella época y detrás de ellos todo el cortejo, alegres como de fiesta). 

Cuando todo pasó al poco tiempo, Cabra volvió a ser cristiana. Arturo de Juan de Escama por su valor fue condecorado y proclamado defensor de toda la Villa.

El nombre de Amira dejó de pronunciarse, y ya solo se escuchaba: Leonor. 

Los dos jóvenes unieron sus vidas, en una gran ceremonia en la Parroquia de la Villa, que duró varios días.

(Los novios se vienen al centro primer término del escenario, se ponen frente uno de otro y se besan) 

                                                     FIN 

Marcos Osuna Guzmán

 


A mi manera




            El beso
 
            Un segundo, dos, tres...
            nuestras miradas se entrelazan 
            nuestras bocas a escasos centímetros 
            y un único sentimiento me abraza.
 
            Cuatro segundos, cinco, seis...
            me susurra al oído
            nuestros cuerpos se acercan
            al ritmo del sonido.
 
            Siete segundos, ocho, nueve...
            cuantos más quedan para besarle
            atrapados en un bucle 
            dulce, tierno, de espera amable.
 
            Diez segundos, once, doce...
            nuestras bocas se funden
            y un único y gran sentimiento 
            es la maravilla que nos une.

Francisco Salamanca Moreno

 


EL CALVARIO





Raro es el pueblo de la provincia de Córdoba que no tiene una ermita del Calvario, evocando a la colina situada a las fueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús.

Es una ermita que se encuentra en un monte cercano a la población que recibe el mismo nombre que dicha edificación religiosa.

La ermita del Calvario es de principios del siglo VXII, concretamente en el año 1619-1622 construida por Félix Benito de Vargas. Es una austera y sólida construcción de piedra y presenta una espadaña construida en ladrillo que cobija una pequeña campana.

Es la segunda más importante en el término de Cabra. Posee pintoresca situación Es la más popular y frecuentada de las restantes ermitas que hay en el término de Cabra, no solo por su inmediación a la población y pintoresca situación. Es muy querida por la población egabrense, ya que muchos fieles se desplazan a ella, en periodo de Semana Santa, para realizar un Vía Crucis en honor del Cristo del Calvario.

Está situada a unos quinientos metros de la ciudad, en una bonita eminencia, entre las carreteras de Baena y Nueva Carteya. Es de sólida construcción, y en el camino que conduce a ella hay varias cruces de piedra.

Tiene una modesta vivienda para el santero o guarda de la pequeña iglesia, donde hay tres altares donde realizar actos religiosos, y fue de esta ermita donde se recogió hace tiempo la imagen del Cristo del Calvario que ahora se procesiona por las calles de Cabra el Lunes Santo.

Sobre la puerta de la ermita existe una lápida de piedra blanca que tiene la siguiente inscripción:

Do
FELLIC BENITO RVIZ DE VARGAS - ABOGADO HIZO ESA OBRA Y CASA ASUCOSTA Y DE DESU HACINDA POR SU DE DEBOCION SIENDO ERMANO MAYOR DESA COFRADIA . A. DE 1619.

Delante de la ermita hay tres cruces de piedra blanca y en el pedestal de la central hay dos inscripciones en dos de sus caras que dicen: Esta cruz se puso a devoción de D. Lorenzo Rivero, presbítero, y las otras a devoción de D. Francisco María Galiano. Año 1781.

Para mejor conocimiento de la historia de la ermita del Calvario, voy a transcribir algunos fragmentos de un artículo leído a Salvador Guzmán que nos van a adentrar más en el conocimiento de este santuario. 

“ En el año de 1587 se funda la cofradía del Santo del Calvario y a los pocos años se hizo la ermita, y en el año 1619, se comenzó la casa y la sacristía, y se acabó en 1622. La hizo el licenciado Benito de Vargas a su costa, siendo hermano mayor de la cofradía, y se dijo la primera misa el primer viernes de cuaresma de ese año. 

Pero antes de la fundación de la Cofradía ya se realizaba en Cabra la ceremonia del Descendimiento el Viernes Santo. Dicho Descendimiento se hacía con el Cristo Crucificado de la Cofradía de Santa Lucía, establecida en el Convento de Santo Domingo. Aquel Cristo de Santa Lucía es el actual Cristo del Socorro.

Así la antigua Cofradía del Calvario saldría en procesión al amanecer del Viernes Santo, desde su ermita de San Martín, con dirección a la Parroquia de la Asunción, donde hacía estación de penitencia. Posteriormente la comitiva se dirigía a las afueras hacia la loma llamada Calvario. Allí se representaba el “paso del descendimiento de la Cruz” y en el transcurso del mismo, el prior del convento de dominicos pronunciaba el “Sermón del Descendimiento” que era seguido por los fieles allí congregados y a su término, se iniciaba la procesión del Santo Entierro, que salía a las seis de la tarde desde la ermita del Calvario y se recogía de nuevo en la de San Martín, recorriendo la distancia aproximada de unos 1000 metros. Curiosamente la distancia equivalente a los 1321 pasos que se supone separaba el pretorio de Pilatos del Monte Calvario”.

Desde la parte de atrás del santuario se disfruta de una espléndida panorámica de Cabra. Hay que tener cuidado porque se encuentra al lado una zanja tremenda de una cantera. Esta cantera, esconde un pequeño tesoro. Protegida su entrada por una caseta cerrada con una puerta metálica se localiza la denominada “cueva de la ermita del Calvario”, declarada bien de interés Cultural. 

Esta cavidad ofrece un interés muy notable desde el punto de vista arqueológico, debido a manifestaciones de arte rupestre.

Ángeles Espejo Cañete (Salambó)

 


Poesías nacidas del corazón






La Paz del Alma
 
En el susurro del viento callado,
donde el tiempo se queda a soñar,
habita un cielo dorado,
donde el alma aprende a descansar.
 
No es el oro, ni el brillo del día,
ni sombras que vienen y van,
es la luz de una esencia tranquila,
un latido en la orilla del mar.
 
Cuando el mundo parezca rugiente,
cuando el miedo te quiera atrapar,
cierra los ojos, respira sereno,
y deja el alma volar.
 
Pues la paz no se busca en la nada,
ni en los ecos de un viejo dolor,
es la flor que florece en el alma,
cuando riega su luz el amor.
 
 
Una Conciencia Tranquila
 
Duerme en paz quien nada teme,
quien su alma lleva serena,
quien no carga entre sus hombros
culpas que el viento condena.
 
No hay cadenas que lo opriman,
ni sombras que le persigan,
porque su verdad camina
sin doblez ni hipocresía.
 
No se esconde entre mentiras,
ni en engaños se adormece,
su conciencia es luz callada,
que en su pecho resplandece.
 
Camina por sendas rectas,
sin desvios ni recelos,
y aunque el mundo lo confunda,
sabe hallar su rumbo entero.
 
Que la noche traiga estrellas,
que el alba bese su frente,
quien en paz su vida lleva,
vive libre eternamente.
 
 
Preso de la Envidia
 
El sufrimiento te quema por dentro,
te atrapa en su lazo de sombra y veneno.
No vives, no sueñas, no sigues tu rumbo,
te ahoga el deseo de ver caer el mundo.
 
Tus ojos no miran, solo comparan,
tu alma no siente, solo reclama.
El triunfo ajeno es tu castigo,
el éxito, un filo que corta tu abrigo.
 
Si supieras que el oído no llena,
que la envidia te vuelve cadena,
que mientras maldices la luz de otros,
te hundes en mares de pena.
 
Vive, no sigas muriendo en el rencor,
rompe el espejo donde ves tu dolor.
Que el fuego que sientes no sea castigo,
sino el resplandor de tu propio camino.
 
 
Sombras de Envidia
 
Te vistes de sombra, de falsa sonrisa,
susurras veneno con lengua precisa.
Inventas tormentas, te crees vencedor,
pero en tu reflejo solo hay un dolor.
 
Tu alma es espejo de lo que te falta,
te ahoga la rabia, la ira te exalta.
Mientras te afanas en hundir caminos,
tus pasos se pierden, quedan sin destino.
 
Crees que una farsa deshace verdades
que el brillo ajeno se borra en maldades.
Pero la luz no se apaga con viento,
ni quiebra el alma con falso argumento.
 
Das pena, no miedo, en tu triste teatro,
te arrastras buscando lo que no has logrado.
Porque quien se afana en torcer la vida,
termina atrapado en su propia mentira.