Charlas con
Don Juan Valera
Comenzaremos con su vida y a esta primera charla la titularemos:
“Don Juan Valera, un donjuán hasta en su senectud”.
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Efigie a Don Juan Valera |
-Buenos día Don Juan, perdone mi atrevimiento, podría conversar con usted, si no tiene inconveniente.
-Dígame joven, ¿nos conocemos?
-No, no me no conoce dado que usted es de una época anterior a la mía.
-¿Entonces como sabe usted
sabe quién soy yo?
-Porque usted el personaje más famoso de nuestro pueblo y sigue siéndolo.
-No sea exagerado joven, Cabra la antigua Egabrum en la época de los romanos, es antiquísima, tanto que se atribuye su fundación a los lúrdalos. ¿Sabes que su nombre más antiguo que se conoce es griego? Era Aigagros, que significa cabra montés.
Desde tiempo tan lejano, Cabra ha dado no solo hombres ilustres sino también Santos mártires, tantos que nos ocuparía muchas horas de conversación hablar de todos ellos.
Por ejemplo, mi tío Dionisio Alcalá Galiano que nació el 8 de octubre de 1760 y murió por su heroica actuación al mando del navío de línea Bahama, el 22 de julio de 1789 en la batalla de Trafalgar, por este triste acontecimiento, además de ser un destacado marino, cartógrafo, militar y científico español, brigadier de la Real Armada Española, le correspondería esa categoría de personaje más famoso. No llegué a conocerlo ya que yo nací el lunes 18 de octubre de 1824.
-Vaya a la primeras de cambio hablando con usted y ya puedo ratificar lo que se dice de su persona que fue uno de los españoles más cultos de su época, y propietario de una portentosa memoria. Ciertamente Cabra ha sido cuna de hombres eminentes, que han sido honra de su tiempo y orgullo de su raza. Pero usted es uno de hijos más ilustres por ser un eminente literato.
-¿Eso dicen de mí?
-Bueno y muchos elogios más
como que usted hablaba, leía y escribía el francés, el italiano, el inglés y el
alemán. Además que como escritor cultivó todos los géneros literarios,
epistolar, periodístico, poesía, cuento, novela…Llegando a ser miembro de la
Real Academia Española desde 1862. La verdad es que es sorprendente su
trayectoria, ya que no solo se dedicó a la literatura y a la ciencia literaria,
fue director de periódico, político llegando a ser diputado a Cortes,
Secretario del Congreso y por su carrera como diplomático le llevó a ser
embajador de España lo que le llevó a conocer algunas de las principales
ciudades y capitales de Europa y América: San Petersburgo, Lisboa, Río de
Janeiro, Nápoles, Washington, París y Viena.
Aunque también desde un punto de vista más mundano, dicen que usted de joven le llamaban Juanito, pero llevaba ya camino de ser un don Juan, y muy pronto cuando solo contaba con veinticuatro años se enamoró de la marquesa de Bedmar Lucía Palladi a la que conoció cuando estaba de agregado sin sueldo en la Embajada del duque de Rivas, en Nápoles.
-¿Eso hablan? Bueno, yo siempre recordé a esa señora que era una mujer madura cuando yo la conocí, pues era mayor que yo, con cariño y agradecimiento. Ella era una mujer muy culta, me empujó a estudiar griego. Y puedo asegurar que no cedió a mis deseos físicos con ella. ¿Sabes que le llamaban “la griega” y también por su extremada palidez, “La muerta”?
-Tres años más tarde cuando le asciendan a Secretario de la Legación Brasil cuentan que disfrutó de los encantos de cierta Baronesa, muy experimentada.
-Calle, joven, calle solo son chismes.
-¿Y qué me dice de Magdalena
Brohan?
-Eso fue cinco años después, en 1856, fui nombrado Secretario de la Misión Extraordinaria en Rusia del Gran Duque de Osuna. Yo tenía ya treinta años y ella veinticuatro, era francesa, actriz, divorciada y muy hermosa. Me enamoré, pero también aprendí con ella que, para el hombre enamorado, una mujer puede suponer el infierno o el paraíso.
-Pero lo suyo con las mujeres fue un no parar, hasta cuatro pretendientes tenía para una posible boda, Rafaelita, Magdalena Burgos, Carmela Castro y “la de París”. Pero acaba casándose a finales de 1867, en París con Dolores Delavat, hija de un antiguo jefe.
-Cierto, tuvimos tres hijos,
Carlos, Luis y Carmen; pero no fui feliz, por conveniencia social seguimos
juntos pero nuestra vida en común era una separación de hecho disimulada.
-Cumplidos sesenta años, que para su época eran muchos usted seguía levantando pasiones, cuentan que estando de ministro Plenipotenciario en Washington, una joven, Katherine Bayard, hija del Secretario de Estado norteamericano Thomas Francis, Bayard, se sintió profundamente enamorada y frustrada por usted. La diferencia de edad era notoria, quizás por ello aun cuando lo sentimientos hacia usted eran muy claros los de usted hacia ella solo eran conjeturas.
-Qué pena de joven el 13 de enero de 1886 recibí la orden de que me trasladaban a Bruselas, y tres días después, Katherine se suicidó, yo por mi edad cierto es que no quise comprometerme. No porque fuera un don Juan como usted menciona que se dice de mí.
-Perdone Don Juan hemos hablado de su vida amorosa, chismes como usted dice, ciertamente a mí me interesa más conocer al literato, me da hasta vergüenza comentárselo a usted yo también escribo.
-¿Vergüenza, por qué?
-Don Juan es que decirle que yo escribo, parece una osadía por mi parte como si pretendiera compararme, menos mal que usted no puede leerme porque seguro que se reiría a carcajadas o seguro que haría una de sus bromas con mi seudónimo.
-¿Utiliza un seudónimo?
-Sí, escribidor de sueños. Y le vendría genial para decirme que eliminara “de sueños” y en adelante utilizase el seudónimo de: escribidor “de tres al cuarto”.
-Ande, hombre no sea modesto. Lea mucho, estudie mucho y esfuércese más. Pero siga adelante con sus sueños.
-Gracias, es usted muy amable, no parece aquel hombre en el que sus chanzas eran notorias, me contaron una que se ha hecho famosísima, y es que una ocasión siendo usted diputado por Córdoba, creo que allá por el año 1871, dirigiendo un discurso en la Cámara Alta, en el transcurso del mismo pronunció el nombre del escritor inglés Shakespeare. Pero tal cual se lee en español, y esto provocó las risas de varios senadores.
Usted, todo elegancia, hizo un
inciso en su discurso y disculpándose dijo: “Perdón, señores; creí que no
sabían inglés”. Y prosiguió su discurso en inglés, dejando a sus señorías
avergonzados y sin entender el resto de
sus palabras.
¡Hala! se me ha hecho tardísimo, pero no querría marcharme sin hacerle una pregunta, por la que mencianos y egabrenses a veces discutimos.
-¿Dígame joven?
-¿Donde nació usted, en Doña Mencía o en Cabra?
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Casa natal de Don Juan Valera |
-Lo siento muchísimo ya me tengo que ir. Usted aquí tiene tiempo de esperarme, permítame que pase en otro momento.
-Pase cuando quiera joven, no
me voy a mover de aquí. Jajaja
CONTINUARÁ ……………………
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