PERICLES EL ATENIENSE
La época dorada ateniense, también conocida como el Siglo de Pericles o el periodo clásico de Atenas, fue una etapa de extraordinario esplendor político, económico y cultural en la antigua Grecia. Abarcó aproximadamente desde el año 480 a. C. (tras la victoria griega sobre los persas en las Guerras Médicas) hasta el 404 a. C. (con la derrota de Atenas en la Guerra del Peloponeso). Durante estas décadas, Atenas se convirtió en el centro intelectual y artístico del mundo mediterráneo, sentando las bases de la civilización occidental moderna. En esta época, aparte de la Guerra del Peloponeso originada por ese dominio ateniense en todos los ámbitos, surgieron personajes increíbles en Atenas que engrandecieron dicha polis; algunos fueron:
— PERICLES —
El hombre que llevó a Atenas a su Edad de Oro… y murió viendo cómo comenzaba su caída.
Pericles nació hacia el 495 a. C., en una de las familias aristocráticas más importantes de Atenas. Su madre pertenecía a los Alcmeónidas; tenía riqueza, educación y contactos. Pero Pericles quería algo más: transformar Atenas. Se convirtió en uno de los principales impulsores de la democracia ateniense. Junto a Efialtes (no confundir con el traidor de las Termópilas), debilitó el poder del Areópago, el antiguo bastión de la aristocracia. La participación política de los ciudadanos se amplió y el Estado comenzó a pagar por determinadas funciones públicas. Atenas estaba entrando en una nueva era. Bajo su liderazgo comenzó el gran programa de construcción de la Acrópolis. Templos, esculturas y monumentos transformaron Atenas. Y en el centro de todo:
EL PARTENÓN
La ciudad quería demostrar al mundo entero que era la gran potencia cultural de Grecia. Durante estos años vivieron en Atenas algunos de los personajes más extraordinarios de la Antigüedad: Sócrates, Fidias, Sófocles, Eurípides, Aristófanes. Filosofía, teatro, escultura y arquitectura alcanzaron un esplendor extraordinario. Por eso aquella época acabaría siendo conocida como la Edad de Oro de Atenas.
No todos admiraban al gran estadista. Sus adversarios lo acusaban de utilizar los recursos de la Liga de Delos para engrandecer Atenas. Y Pericles tenía una respuesta: Atenas había creado un imperio y tenía derecho a mostrar su grandeza. Pero el poder ateniense preocupaba cada vez más a Esparta. La tensión estaba creciendo.
Entonces aparece una de las mujeres más fascinantes de esta historia:
ASPASIA DE MILETO
Extranjera, culta y compañera de Pericles. Su relación escandalizó a parte de la sociedad ateniense. Pero las fuentes también la relacionan con el círculo intelectual de Pericles. Incluso Sócrates aparece vinculado a ella en algunas fuentes antiguas.
¿Cuánto sabemos realmente de Aspasia? Mucho menos de lo que nos gustaría.
En 451/450 a. C., Pericles impulsó una ley que restringía la ciudadanía ateniense a quienes tuvieran padre y madre atenienses. La medida parecía diseñada para proteger la ciudadanía, pero años después ocurrió algo inesperado. Pericles tuvo un hijo con Aspasia. Pericles el Joven no cumplía inicialmente los requisitos de la ley de su propio padre. Finalmente, los atenienses hicieron una excepción y le concedieron la ciudadanía.
En 431 a. C. comenzó la Guerra del Peloponeso. Pericles confiaba en la superioridad naval de Atenas; su estrategia era evitar una gran batalla terrestre contra los espartanos y refugiar a la población dentro de las fortificaciones. Sobre el papel, tenía sentido. Pero había algo que no podía controlar: la enfermedad. Miles de personas se amontonaron dentro de las murallas, lo que originó una epidemia devastadora. La peste de Atenas mató a una enorme parte de la población y Pericles perdió a sus dos hijos legítimos. Después... también enfermó él. Murió en 429 a. C.
Pericles había convertido a Atenas en una potencia cultural, política y naval. Pero murió durante una guerra que él mismo había contribuido decisivamente a desencadenar. Y lo más trágico: Atenas todavía tardaría 27 años en perder aquella guerra. Pericles no llegó a ver la derrota final. El hombre que construyó el símbolo de la grandeza ateniense... murió cuando esa grandeza empezaba a resquebrajarse.
Después de él llegarían Cleón, Alcibíades, Nicias, Lisandro... Y una generación entera viviría una guerra que cambiaría Grecia para siempre.
— SÓCRATES —
Un amigo de Sócrates preguntó al oráculo quién era el hombre más sabio de Grecia. La respuesta sorprendió a todos: "Sócrates". Pero él no se lo creyó. Comenzó a hablar con políticos, poetas y artesanos para demostrar que el oráculo estaba equivocado. Al final llegó a una conclusión: "Solo sé que no sé nada".
En Atenas se hizo muy famoso por poner en evidencia a muchos sofistas, demagogos y supuestos sabios. Esto hizo que muchos personajes importantes recibieran sus enseñanzas, como por ejemplo Jenofonte, Platón y Alcibíades. Sócrates no pasó la vida escribiendo. Sus enseñanzas eran orales. También combatió como hoplita en la Guerra del Peloponeso. En una batalla salvó la vida del joven Alcibíades, uno de los personajes más influyentes de Atenas. Mientras muchos huían... Sócrates se retiró caminando con calma, sin perder la formación.
Este estaba casado con Jantipa; las fuentes antiguas la describen con un carácter fuerte y temperamental. Existe una anécdota muy famosa: después de una discusión, Jantipa le arrojó un cubo de agua. Sócrates respondió sonriendo: "Después del trueno... siempre llega la lluvia". (No sabemos si ocurrió realmente, pero la historia se hizo muy popular en Atenas).
Fue acusado de no respetar a los dioses y corromper a los jóvenes. Estas acusaciones fueron por culpa de los egos de esos sofistas y demagogos influyentes en política. Podía haber pedido el exilio. Pero decidió defender sus ideas hasta el final. Su juicio no tuvo un solo juez, fueron 501, y como consecuencia: "Una vida sin examen no merece ser vivida". Fue condenado a muerte.
Cuando Atenas condenó a muerte a Sócrates, Platón comprendió que una sociedad podía elegir lo injusto. Desde entonces defendió que el poder debía recaer en los más sabios, no en los más populares.
En el año 399 a. C. Sócrates bebió voluntariamente la cicuta. Sus últimas palabras fueron: "Critón, le debemos un gallo a Asclepio. No te olvides de pagarlo". Una frase que sigue siendo debatida por los historiadores. Sócrates nunca escribió una sola línea. Todo lo que sabemos de él proviene de sus discípulos, especialmente Platón y Jenofonte, y también de autores como Aristófanes, que incluso se burló de él en sus comedias. Si Platón no hubiera contado su historia... quizá hoy nadie conocería a Sócrates.
— ALCIBÍADES —
Alcibíades nació hacia el 450 a. C., en una de las familias más poderosas de Atenas. Quedó huérfano de padre siendo niño y fue criado bajo la tutela de Pericles. Pericles fue el político que llevó a Atenas a su Edad de Oro… y murió viendo cómo comenzaba su caída.
Alcibíades era rico, extraordinariamente atractivo, inteligente y desde muy pequeño mostró un carácter imposible de ignorar. De niño, durante un combate de lucha, su adversario estuvo a punto de derribarlo. Alcibíades le mordió la mano.
"Muerdes como una mujer", le reprochó su rival.
"No. Como un león", respondió Alcibíades.
Pero detrás de aquel joven arrogante había una mente extraordinaria. Sócrates se convirtió en su maestro y amigo. Le enseñó a cuestionarse a sí mismo, a buscar la virtud y a desconfiar de quienes simplemente lo adulaban. Alcibíades admiraba a Sócrates porque era prácticamente la única persona que no se dejaba impresionar por él. Tal fue de icónica esa amistad que hasta en combate Sócrates le salvó la vida. A los atenienses les resultaba muy curiosa esa relación, ya que era raro ver a una persona bella, joven y bien vestida como Alcibíades junto a una persona fea, más madura y vestida con túnicas mucho más empobrecidas como era el caso de Sócrates.
Y aquí aparece la gran contradicción de su vida. Sócrates quería que Alcibíades dominara sus pasiones. Alcibíades quería dominar Atenas. Tenía talento para la política, una enorme capacidad de persuasión y una ambición gigantesca. Pero su vida demostraría que tener talento no significa tener virtud.
Alcibíades convirtió su riqueza en espectáculo. Carreras de carros, banquetes, lujo, amantes, borracheras; nada se le escapaba a una vida extravagante y llena de excesos. Llegó a enviar siete carros a los Juegos Olímpicos y obtuvo varias de las primeras posiciones. En las carreras, el que más prestigio obtenía era el criador y dueño de los caballos, y por eso Alcibíades pagaba sumas desorbitadas de dracmas. Tenía una curiosa obsesión por llamar la atención. Su perro tenía una cola magnífica. Se la cortó. Cuando todos los atenienses comenzaron a hablar del perro, Alcibíades sonrió.
En 420 a. C., Alcibíades entró en la política y fue elegido estratego. Quería convertir a Atenas en la potencia dominante de Grecia. Impulsó una alianza con Argos, Mantinea y Élide contra Esparta. Pero en Mantinea (418 a. C.), los espartanos derrotaron a sus aliados.
En 415 a. C., Alcibíades convenció a Atenas de lanzar una gigantesca expedición contra Sicilia, donde el pueblo ateniense se volvería rico. Era una apuesta enorme. Pero justo cuando la flota había partido, estalló el escándalo de los Hermes mutilados. Desconocidos dañaron los rostros y genitales de estas estatuas sagradas del dios. El brillante y ambicioso general Alcibíades fue acusado por sus enemigos políticos de liderar el sacrilegio, lo que desató un juicio trunco y su posterior exilio. Sumando el fracaso de la expedición de Sicilia y temiendo por su vida, huyó. Y eligió el lugar más inesperado:
ESPARTA.
Alcibíades pasó de ser general ateniense a asesor de los espartanos: un supuesto traidor de su patria. Les recomendó enviar ayuda a Siracusa y fortificar Decelia, en territorio ático. Sus consejos ayudaron a poner a Atenas contra las cuerdas. Pero incluso en Esparta acabaría metiéndose en problemas. Según una tradición transmitida por Plutarco, Alcibíades mantuvo una relación con Timea, esposa del rey espartano Agis II. La historia incluso afirmaba que el hijo de Timea podía ser suyo. (La relación aparece en las fuentes antiguas, pero su historicidad es discutida).
Una vez más, temiendo por su vida, Alcibíades volvió a cambiar de bando. Se acercó al sátrapa persa Tisafernes y trató de utilizar la diplomacia persa para recuperar su posición. Mientras tanto, consiguió volver a ganarse el favor de los atenienses. En 411-410 a. C., dirigió importantes operaciones navales y venció a los espartanos en Abidos y Cícico, recuperando además posiciones estratégicas como Bizancio.
En 407 a. C., Alcibíades regresó triunfalmente a Atenas. El hombre que había sido acusado de traición volvía recibido como un héroe. Parecía que había conseguido lo imposible: volver a conquistar a la ciudad que lo había expulsado. Pero su suerte no duraría. En Notio (406 a. C.), su subordinado Antíoco fue derrotado por los espartanos. Aunque Alcibíades no estaba al mando directo de la batalla, los atenienses lo responsabilizaron políticamente, no fue reelegido estratego y una vez más volvió al exilio.
Antes de la batalla de Egospótamos, Alcibíades advirtió a los atenienses de que su posición era peligrosa. No le hicieron caso. En 405 a. C., Lisandro destruyó la flota ateniense; un año después, Atenas se rendiría. La ciudad había perdido la guerra y Alcibíades había tenido razón.
Alcibíades huyó a Frigia, donde buscó protección del sátrapa persa Farnabazo. En 404 a. C., cuando intentaba dirigirse hacia la corte persa, su residencia fue incendiada. Al salir, fue atacado con flechas; tenía alrededor de 46 años. Las fuentes antiguas difieren sobre quién ordenó exactamente su asesinato, aunque la tradición señala la intervención espartana.
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