POEMA
Suaves rayos solariegos
Me abandono a la entrega de septiembre,
a la frescura de esperadas lluvias,
a esos tallos alegres que murmuran
recibiendo las gotas que les
alienten.
Ya cesaron los cantos estridentes;
panales rebosando miel endulzan,
el campo, su color de bordadura,
ondula sobre vientos que le mecen.
¡Qué suaves son los rayos
solariegos!
Cuando rozan mi rostro y mi cabello
recuerdan la caricia de la madre
placenteros, templados, me atraen
al esplendor cercano del otoño,
embelesarme en ocres olorosos.

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