A PROPÓSITO DE...
LAS COPLAS DE LA
VIRGEN DE LA SIERRA
(Acercamiento al
origen de las
coplas de la
Virgen de la Sierra)
Llegadas las fechas de septiembre, ¿quién
no ha cantado en Cabra o, con sentida añoranza allí donde viva un egabrense
lejos de nuestra ciudad, las tradicionales Coplas de la Virgen de la Sierra?
Ya sean las tres estrofas más conocidas, grabadas por el Coro del Centro
Filarmónico Egabrense en distintas épocas de su existencia, o cualquiera de las
seis restantes que también el filarmónico quiere transmitir para que no se
pierdan y sean igualmente conocidas.
Claramente
lo que se narra en las distintas estrofas de las Coplas es la relación entre la
Virgen de la Sierra y su pueblo: la aparición en la cueva, los milagros, el
patronazgo, su amparo constante y su divinidad. Hechos que, unidos, sugieren
que fueron construidas con la intención de acercar los misterios de la fe al
pueblo, como hacían las autoridades eclesiásticas en el siglo XVI, considerando
la conveniencia de introducir en la liturgia composiciones en castellano,
cambiando la temática de los villancicos —antes centrados en el amor cortés—
para orientarlos progresivamente hacia contenidos de carácter religioso.
Asimismo,
en los albores del siglo XVII, estas composiciones se incorporaron a los
responsorios de maitines en las principales fiestas litúrgicas —Navidad, Corpus
Christi, Asunción, Epifanía, Trinidad, o celebraciones de santos locales—
convirtiendo el villancico en un ejercicio imprescindible para acceder al
magisterio de capilla como una de las principales obligaciones del maestro para
dichas celebraciones.
Podemos afirmar, por tanto, que nuestras coplas más populares —cuya autoría, tanto musical como literaria desconocemos, pero que hoy pertenecen plenamente al acervo del pueblo— responden estróficamente a la forma del villancico, entendido no como canción navideña, sino como una estructura poético-musical con entidad propia.
En
efecto, el villancico es una de las manifestaciones más antiguas de la lírica
popular castellana. En sus orígenes consistía en una breve composición
estrófica con estribillo, que solía ajustarse al esquema aBccaB. La
melodía principal recaía en la voz superior y normalmente estaba destinado a
ser ejecutado por un solista al que le acompañaban dos o tres instrumentos. Es
pues una estructura poética muy sencilla de contenido alegre y su
interpretación solía estar a cargo de un solista acompañado por dos o tres
instrumentos. Se trata de una estructura sencilla, de carácter generalmente
alegre, compuesta por estribillo, coplas, versos de enlace y una vuelta —parte
del estribillo—que cierra la composición, tal como ocurre en las Coplas de
nuestra Patrona.
En
los cancioneros españoles de música, el villancico fue la forma predominante.
Se considera que deriva, en su forma poética, del zéjel árabe, cuyo origen
algunos sitúan en la moaxaja, atribuida al poeta Muqadamm ben Mu'safà
(conocido como Moccadan de Cabra), lo que refuerza simbólicamente, su
vinculación con nuestra tierra. Las primeras referencias. También se apoya el
villancico en las formas responsoriales como el virelai, la ballata o las
cantigas paralelísticas. Aunque las primeras referencias documentales del
término aparecen en el Cancionero de Stúñiga y el Chanssonier
d´Herberay, seguidos del Cancionero de la Colombina y el Cancionero
musical de Palacio.
El
autor más representativo del género a finales del siglo XV fue Juan del Encina,
quien empleaba el compás binario, salvo en composiciones de carácter más
popular, en las que utilizaba el ternario. En esta época, el villancico ya se
configura como una forma que alterna coplas y estribillo. Su estructura
literaria consta de refrán, estrofa o estrofas y vuelta, en la que se repite
total o parcialmente el refrán, dando lugar al estribillo (“Madre Amada de la
Sierra, no nos niegues tu favor”).
La
evolución del villancico lo ha llevado hasta nuestros días como forma asociada
casi exclusivamente a la Navidad, aunque en muchos casos se trate más bien de
canciones navideñas que del villancico en su sentido histórico. No obstante, la
repetición de versos y la alternancia estructural siguen siendo rasgos
característicos.
Llegados
a este punto, y una vez establecida la correspondencia entre la disposición
poética de las Coplas de la Virgen de la Sierra y la forma villancico, podemos
ilustrar dicha relación mediante un ejemplo comparativo.
De
Juan del Enzina, (Salamanca 1468-León 1529), sacerdote, poeta, músico y autor
teatral de prerrenacimiento español, que perteneció a la escuela polifónica
castellana, una de las más importantes de España y que mejor representa le
evolución polifónica en este país, tomaremos una de sus obras
profanas-villancico (más de 60 composiciones), titulada “Soy contento y vos
servida”.
EJEMPLO COMPARATIVO DE ESTRUCTURA
Este
paralelismo permite observar con claridad la coincidencia en la organización
métrica y en la alternancia entre copla y estribillo, lo que refuerza la
identificación de nuestras Coplas con la forma tradicional del villancico desde
el punto de vista literario.
Conviene
señalar, no obstante, que esta correspondencia se limita al plano literario, no
al musical. Aunque puedan existir ciertas similitudes estructurales, la música
de nuestras coplas posee un carácter genuinamente popular, alejado de la
elaboración contrapuntística propia de la música renacentista.
En
definitiva, las Coplas de la Virgen de la Sierra constituyen no solo una
manifestación de devoción profundamente arraigada en el pueblo egabrense, sino
también un valioso testimonio de la pervivencia de formas poético-musicales
tradicionales que, a través del tiempo, han sabido adaptarse y mantenerse vivas
en la memoria colectiva.




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