septiembre 01, 2026

Francisco Salamanca Moreno

 




RELATO HISTÓRICO



Historia del Santuario de

Nuestra Señora de la Sierra

 

La Leyenda

 

Corrían los años de 1239 a 1240 (siglo XIII)

Suceso extraordinario: una Imagen de la Madre de Dios, aparecida en una montaña.

Al recibir la noticia San Fernando, tercero de este nombre, encaminó a Egabro sus Ejércitos, derrotando a las huestes arábigas en una gran batalla. Quedando Egabro libre de la dominación agarena.

El Santo Rey con sus ejércitos, clero y fieles arribaron a la sierra. Y allí pudieron comprobar que en una cueva abrupta del cerro había una Imagen muy hermosa.

Gracias dieron a Nuestro Señor por el hallazgo; doblaron las rodillas y la adoraron.

Fue en aquellos momentos cargados de emoción, cuando el Rey Santo puso a los pies de la Imagen la bandera de combate y la caja guerrera que había arrebatado a los moros en la batalla.

Luego, trataron de sacar a la Imagen de la cueva.

¿Moverla? imposible…

Advertidos de intervención sobrenatural, el Rey y el Prelado ordenan suspender la operación. Fue entonces, siglo XIII, cuando se dibuja en la Bética la devoción Mariana.

Acuerdan levantar una Ermita por ser muy necesario.

¿Sitio? En la cumbre, decíamos.

¿Otros? Al lado del manantial, parte honda del cerro.

Junto a la fuente dan las obras comienzo.

Mas… ¡oh! Sorpresa ¿Dónde están los materiales y las herramientas? En el cerro, junto a la cueva aparecieron.

¿Quiénes hicieron el traslado?

¡Dudas! ¡misterios! No lo pudieron averiguar

Retornan los trabajos abajo…, pero artefactos y materiales, otra vez en la cumbre.

¿Quién los llevó? Nadie lo sabe.

¿Misterios! ¡Milagros! ¡La Providencia! Suceso comentadísimo.

¿Pruebas? Cabildo, clero y pueblo lo atestiguan, Eso se lee en el palimpsesto.


El Santuario

El Santuario de Ntra. Sra. De la Sierra está ubicado en pleno centro del Parque Natural de las Sierras Subbéticas. “Balcón de Andalucía” debido a sus inmejorables vistas que se pueden disfrutar desde su mirador.

Para ocuparnos de la edificación de este santuario, tenemos que limitarnos a copiar lo que sobre este hecho dicen antiguos cronicones y confusas tradiciones que respetamos.

Según parece, lo más racional y lo más conforme con la verdad histórica, es que la ermita o santuario fue fundado a medidos de siglo XIII, en el sitio en que aparece el que hoy existe; pero como no hay documentos que lo describieran, es de suponer no sería el primitivo el actual, pues el paso de los siglos y el furor de los temporales, con seguridad demolerían el que primitivamente se construyera, y que reformas y ampliaciones sucesivas, han hecho que llegue a nosotros sostenido por la fe de los hijos de Cabra, el que hoy conocemos.

Su antigüedad puede colegirse, por lo que dicen algunos documentos, entre ellos la escritura de venta de la dehesa de La Nava, hecha el 23 de septiembre de 1396 y en la cual se nombra ya dehesa de Santa María de la Sierra, lo que prueba que ya se había construido el santuario que le daba nombre, y como la aparición de la Virgen fue unos ciento sesenta años antes de esta fecha (1236), es fácil deducir que no tardaría mucho en construirse el santuario después de la aparición de la Virgen, y por esto decimos que debió ser en el siglo XIII, aunque la imagen pudiera ser de hacia 1340, cuando se recupera la villa tras el ataque de Muhammad IV de Granada. El edificio actual, sin embargo, es bastante posterior a estas fechas.

Del año 1591 tenemos certificación de estarse haciendo esta ermita en su totalidad dado su anterior estado de ruina. En este último año, Pedro del Castillo, cantero y vecino de Cabra, se halla labrando la piedra “que necesaria para hacer de nuevo la capilla de la dicha ermita” Al año siguiente las cuentas de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción exponen que, “a costa de su obra y fábrica, se está cubriendo el cuerpo de la Iglesia bajo la dirección del maestro albañil Miguel Sánchez Villodres”, y finalmente en 1594 se declaran los gastos efectuados “en proseguir la obra de la dicha capilla haciéndole una bóveda de media naranja haciéndole unas molduras de yeso y enlucir la Iglesia”. Todo lo cual parece ser exponente y justificativo de la fábrica actual de este templo.

Las primitiva dimensiones, es indudable que no fueron las actuales, pues si bien se observa en su plano cierto orden y homogeneidad de que solían carecer las edificaciones antiguas de esta clase, y que pudieran indicar un proyecto primitivo como actualmente se encuentra; existe un poema escrito en Madrid con fecha 29 de junio de 1616 por Jerónimo de Herrera, ciego natural de Cabra hallado en Códice G. 183 de la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional, por el Ilustrado egabrense Sr. D. Francisco Belda, en el cual hay estrofas, en que el autor se proponía estimular a los de Cabra, su patria, y pueblos limítrofes para que:

… el templo antiguo y breve
Se aumente, ensanche y reforme
Y sierra de tanta dicha
Su frente ensalce y corone…

Y este precioso documento, basta para probar que el primitivo santuario no era de las dimensiones del actual.

 

Documentación

Tengo una anotación que revela que el Santuario fue fundado en 1252., cosa bastante creíble si tenemos en cuenta que la aparición de la Virgen fue en 1236 o 1240. 12 años puede ser posible que transcurran mientras se decidía si hacer el santuario en lo alto del picacho o junto al venero de la Viñuela y proveerse de los materiales necesarios para su construcción en las condiciones que se ofrecían en aquella época.

SOBRE EL LIBRO DE MONTERÍA DE ALFONSO XI

De acuerdo con las crónicas de la época, el libro de Montería de Alfonso XI detecta la presencia de Santa María de la Sierra y una escritura de compraventa de 1396 hace referencia a la dehesa “que dicen de Santa María de la Sierra.

Con estas premisas, es posible establecer la génesis de una devoción y la construcción de una primitiva ermita en la segunda mitad del siglo XIV y, consecuentemente, la existencia de una cofradía que se rige por unas constituciones –hoy perdidas, como se desprende del contexto literal de la nueva reorganización de la misma el 14 de agosto de 1560, siendo Visitador Apostólico don Andrés de Argumanes- y que puede ser entendida más como una administración piadosa que como una asociación corporativa, en la que el hermano mayor-administrador se limita a llevar las cuentas que atienden al sostenimiento del santuario y a celebrar romerías como la que se hace en honor a la Natividad de Nuestra Señora.

Las primitivas dimensiones del templo tienen que ser pequeñas si atendemos a lo que Jerónimo de Herrera manifiesta en 1626 “El templo antiguo y breve / se aumente, ensanche y reforme…” (Albornoz, 1900: 298): igualmente Vega Murillo es más explícito y dice que es “pequeña para templo, grande para ermita y proporcionada para el combate de los tiempos que la asaltan en cualquier tiempo del año, -que está labrada de una piedra dura con más fortaleza que hermosura si bien dispuesta a lo moderno formando una nave que desde la puerta hasta la capilla Mayor tiene catorce varas de largo y desde el Altar Mayor otras diez varas y nueve varas de ancho y a cada lado tres capillas o arcos que la hermosean y en el remate de la Capilla Mayor en forma de media naranja que tiene dieciséis varas de circuito muy bien compartida y a quien divide de la Iglesia una reja muy bien labrada y a la parte del norte de la capilla está el Altar Mayor a que se sube por cuatro gradas y en medio un tabernáculo dorado en cuyo seno sobre un trono adornado de rostro de ángeles y molduras se encierra la admirable y Santísima Imagen de María Nuestra Señora” (Vega , 1668: 151).

Por último, la descripción que ofrece Albornos y Portocarrero no difiere del proceso de construcción de nuevas dependencias cuya distribución se mantiene hasta bien entrado el siglo XX. El Santuario está cerrado si bien con otra ordenación: amén del templo, la hospedería y el patio, el edificio congrega los departamentos de los capellanes, del hermano mayor, del santero, de cabildos y las caballerizas. Paralelamente al proceso de construcción, la devoción a la Virgen de la Sierra se materializa en diferentes milagros, bajadas a Cabra y limosnas procedentes de los pueblos de la geografía cordobesa que estimulan una fe y una economía necesaria para hacer factible la comunicación entre la divinidad y el creyente en un lugar donde la altitud y las inclemencias meteorológicas no impiden que Melchor de Aguirre acometa la ejecución del retablo mayor a finales del siglo XVII, que Francisco José Guerrero labre en la capilla mayor el altar de Santa Ana o que Francisco Javier Pedrajas hágalo propio en el cuerpo de la iglesia con los altares de Santo Domingo de Guzmán, San Francisco de Asís y San Agustín a lo largo de la centuria del setecientos.


Foto: Rafael Luna Leiva

Camerín de la Virgen de la Sierra, obra de los años 20 costeada por la vizcondesa de Termens. 
En su realización se utilizó esencialmente jaspes rojos de nuestras canteras, especial- mente en pilastras, zócalos y peana.

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