septiembre 01, 2026

Rafael Rodríguez Muñoz (Patillas)

 




OBRA DE TEATRO



De puertas para dentro

EL REGRESO

 

SEIS MESES DESPUÉS

(La madre está sentada en el sofá, cosiendo ropa y escuchando la radio. Son sobre las siete y media de la tarde. Entran las dos hijas riendo).

MADRE (apagando la radio). —¿De dónde venís tan contentas? ¿Os ha tocado la lotería?

HIJA 1.ª (sentándose). —¡Qué va, madre! Venimos de trabajar.

MADRE. —¿En qué travesura estaréis metidas?

HIJA 2.ª —Travesuras, ninguna. Hemos terminado de trabajar y después hemos estado paseando y viendo tiendas con las amigas... ¡Bueno, mi hermana! (La hermana la corta).

HIJA 1.ª —¡Cállate, que todavía...!

MADRE. —No, sigue... sigue... ¿Qué secretillo tenéis entre las dos?

HIJA 2.ª —Que aquí mi hermana está saliendo con alguien. ¿Te acuerdas del policía que estaba en la comisaría el día de la denuncia? Pues desde ese día están saliendo; son ya seis meses.

MADRE. —¿Y no me decís nada? ¿Tan poca confianza tenéis en mí? ¿Seguro que vuestros hermanos también lo saben?

HIJA 1.ª —Lo saben, pero no te hemos dicho nada porque quería estar segura de sus intenciones. Y como sé que me lo vas a preguntar, te lo digo yo: es de buena familia, no fuma, no bebe y además tiene un buen trabajo. Ya te lo presentaré.

MADRE. —¡No... si ya le conozco! Yo lo único que quiero es que elijas bien al que va a ser el hombre de tu vida, porque la experiencia la estás viviendo en casa y espero que te sirva de algo. ¡Ah, se me olvidaba! Quiero deciros que la próxima semana viene vuestro padre.

HIJA 2.ª —¿Qué nos dices, madre?

HIJA 1.ª —¿Quién te lo ha dicho?

MADRE. —Me llamaron por teléfono y me dijeron que le daban el alta, pero que estaba expuesto a recaer de nuevo, porque él no pone de su parte, y que lo vigilemos en estos primeros días. Ya estoy temiéndole a cuando tu padre vea al policía, porque las circunstancias en las que se conocieron no fueron las más propicias.

HIJA 1.ª —El hombre cumplía con su obligación y no se esperaba esa reacción de padre. ¡Qué mal trago pasó! Cambiando de conversación, madre, hemos venido por ti porque en la tienda hay un vestido que te va a gustar.

MADRE. —Está bien. ¡Vámonos! (Salen).

(Cuando el escenario se queda solo, entra en escena el padre. Trae una maleta, la suelta y da un vistazo. Desaparece de escena un instante hacia otras dependencias del piso y entra de nuevo).

PADRE. —¿Pero será posible que en estas cuatro paredes falta uno un tiempo y todos se pierden? Mano dura es lo que necesitan. Creen que se me ha olvidado lo que me hicieron. Seis meses dan para pensar mucho, lo tengo todo grabado en la sesera como un martillo que martillea constantemente.

(Entran la madre y las dos hijas riendo, pero se les corta la risa en seco. Se quedan sin habla al ver al padre sentado en una de las sillas que hay junto a la mesa).

PADRE. —¿Qué, de fiesta? ¿Os extrañáis de verme, verdad?

MADRE. —Pero... ¿tú no venías la semana que viene, según me dijeron por teléfono? (Las dos hijas van hacia su padre para abrazarlo. El padre se levanta).

PADRE (parándolas). —¡No hace falta tanto abrazo después de lo que me hicisteis! Y es verdad, pero yo mismo pedí el alta voluntaria. Me la dan, vengo a mi hogar y mira lo que me encuentro: cuatro muebles y el piso vacío de gente. ¡Mi gente, se supone! ¿Eso es lo que me echáis de menos, verdad?

(Las dos hijas siguen juntas; la madre, con valor).

MADRE. —¿Qué querías, que nos quedásemos aquí encerradas como si estuviéramos de luto?

PADRE. —Eso es lo que esta familia quisiera: verme bajo tierra.

HIJA 1.ª —Padre, no digas eso.

PADRE. —¿Que no os diga eso? ¡Ya veo que habéis entrado llorando!

(Entra en escena el Hijo 1.º silbando, pero se queda extrañado cuando ve a las dos hermanas juntas y muy serias).

HIJO 1.º —¿Qué os pasa? (Las dos señalan con la vista hacia donde está el padre). ¡Padre! ¿Cuándo has llegado? (Va hacia el padre con afán de abrazarlo; el padre lo rechaza).

PADRE. —¡Y eso qué importa!

HIJO 1.º —No, nada, solo que te esperábamos la próxima semana.

PADRE. —¡Claro! Como tu madre y tus hermanas. Pues os digo que yo sigo siendo el mismo, que no se me ha olvidado lo de la denuncia.

MADRE. —Y tampoco las causas de la denuncia y los maltratos que recibimos tanto yo como tus hijos. ¿Eso no se te ha olvidado?

HIJO 1.º —¡Ya está bien! Madre, no empecemos de nuevo.

HIJA 2.ª —¡Será posible que en este hogar nunca tengamos paz! (Sale de escena llorando hacia una de las habitaciones).

PADRE. —Bueno. Me voy a dar una vuelta y así veo el barrio.

HIJA 1.ª (acercándose al padre). —No, padre, no te vayas. Quédate aquí y descansa; empecemos de nuevo. Que tu regreso sea un antes y un después para volver a ser una familia unida. Ve, te duchas, te pones cómodo, te traigo una cerveza sin alcohol y nos cuentas cómo has estado y cómo te han tratado en el centro. Hacemos la cena y celebramos tu llegada.

PADRE (apartándola). —No hace falta que celebréis nada. Me voy a dar una vuelta y, cuando vuelva, si puede ser, que la cena esté en la mesa. No vendré muy tarde; tan solo voy a dar una vuelta.

HIJO 1.º —¡Padre, me voy contigo!

PADRE. —No. Tú acompaña a tus hermanas y a tu madre. (Sale de escena).

HIJO 1.º —¡Está bien! Me iré yo solo a la reunión. Si tardo, cenáis sin mí. (Sale).

HIJA 1.ª —¿Qué te parece el regreso de padre? Porque yo he tenido miedo.

MADRE. —No perdona lo que le hicimos, y eso que fue por su bien. Tiene mucho odio dentro de él, que me da mala espina. ¡Dios quiera que no! Mientras tanto, nos vamos a la cocina y preparamos la cena. (Salen).

(Oscuro)

 

CONTINUARÁ…………


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