septiembre 01, 2026

Francisco de Asís Granados Mellado (Paco Granados)

 




POEMA



Canto de Sierra y Corazón:

Virgen de Cabra

 

En la quietud de la madrugada, cuando la sierra despierta, 
surge el eco de un pueblo que en ti, Virgen Santa, encuentra 
su más honda razón, su fervor que no cesa, 
bajo el cielo andaluz, en Cabra, donde tu amor se acrecienta.
 
La aurora dibuja en tu rostro sereno 
la esperanza de un nuevo día, en paz y en calma, 
y en las almas de quienes te rezan con esmero, 
eres consuelo, eres fuerza, eres el sostén del alma.
 
Los campos de Cabra, verdes y dorados, 
se inclinan ante ti como un fiel homenaje, 
y las manos del campesino, por el sol marcados, 
alzan la tierra que bendices en eterno pasaje.
 
Las gentes de Cabra, con corazones sencillos, 
bajo tu mirada hallan la paz que ansían, 
y entre olivares y huertos, como tiernos ramillos, 
crece la fe que en tu seno confían.
El 4 de septiembre, día señalado, 
la sierra se despide de su Reina y Señora, 
en una procesión que baja a lo sagrado, 
donde el pueblo te recibe y tu presencia implora.
 
Las calles se llenan de una ferviente emoción, 
las banderas ondean en el aire andaluz, 
y el tambor retumba con devoción, 
marcando el paso de la Virgen de la Luz.
 
Cuando la procesión recorre las calles antiguas, 
y el sol se derrama en las piedras gastadas, 
cada rincón del pueblo te saluda, 
con un fervor que ni el tiempo desgasta.
 
Se alza la bandera, ondeando en el viento, 
un símbolo sagrado de fe y tradición, 
que con cada batir del paño, lento, 
lleva el nombre de la Virgen en devoción.
 
El tambor resuena, vibrante y profundo, 
como el latido mismo del corazón de Cabra, 
marcando el paso de un pueblo en un mundo 
donde la fe en ti, Virgen, nunca se labra.
 
El 8 de septiembre, en pleno fervor, 
el pueblo se reúne para celebrar tu día, 
con oraciones, cantos y un amor 
que en cada corazón se convierte en melodía.
 
Las notas de su ritmo, fuertes y firmes, 
se mezclan con el viento en las noches serenas, 
y cada golpe es un rezo que se afirma 
en el eco de la sierra, donde tu amor en venas.
 
En cada casa, en cada esquina, en cada altar, 
tu imagen reina, Virgen de la Sierra, 
y cuando la noche cae, al clarear, 
tus hijos te confían su guerra.
 
Los ancianos, con la sabiduría de los años vividos, 
recuerdan las promesas cumplidas bajo tu manto, 
y los jóvenes, en sus corazones encendidos, 
te llevan con orgullo como su mejor encanto.
 
En las romerías que a ti se dedican, 
cuando el pueblo entero se viste de fiesta, 
tu nombre es canto, es oración que se explican, 
y en tus ojos la misericordia se manifiesta.
 
Oh Madre de la Sierra, en tus manos dejamos, 
cada lágrima, cada sonrisa, cada pena, 
y en tus brazos siempre hallamos 
la dulzura de quien nunca se condena.
 
Eres el sol en la cima, el refugio en la tormenta, 
el faro que guía en la oscuridad, 
y en cada rincón de esta tierra tan nuestra, 
tu presencia se siente como verdad.
 
En ti se funde la esperanza y la memoria, 
de un pueblo que en tu amor se inspira, 
y en Cabra, tu hogar, tu eterna historia, 
resplandece en la Sierra.
 
Con el tambor que retumba y la bandera que ondea, 
te llevamos en el alma, Virgen bendita, 
y en cada paso, en cada gesto que crea, 
nuestro amor por ti, Madre, nunca se quita.


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