septiembre 01, 2026

Isabel Natalia García Ruiz (Natalia García)

 




Artículo de opinión y memoria



Tradición, Manto y Claveles

Ha llegado septiembre y, con él, ese evento que todos los egabrenses han estado esperando durante todo el verano. No sé si atreverme a decir que, para algún niño, estos días son incluso más emocionantes que el último día de colegio o instituto que da paso a sus vacaciones.

Y permíteme que hable de mí.

Aunque no soy una persona especialmente devota, sí lo soy de las tradiciones. Creo que son ellas las que, de alguna manera, nos van dejando pequeñas huellas y terminan formando parte de quienes somos.

Todavía puedo ver a mi abuelo colocando la bandera de Cabra para recibir a la Virgen. Puedo oler los nardos en casa de mi abuela, en mi propia casa y en las tiendas que los venden. Me veo pequeña, asomada al balcón de la casa de mis tíos, esperando para verla pasar.

Puedo verme con quince años, subiendo de madrugada la sierra para después hacer la Bajá aquel año y los siguientes, con mis amigos y mi pareja.

Recuerdo mi primera Batalla de Flores siendo niña. Mi vestido de gitana. El fajín rojo atado a la cintura de mis vaqueros. Mi moño alto, preparado para colocar mi flor colorá. Y aquellas botas camperas que me hicieron polvo los pies de lo incómodas que eran, pero que, aun así, disfrutaron de la feria conmigo.

Hace años que no estoy en septiembre en Cabra. Pero todos esos recuerdos siguen aquí. Porque las tradiciones tienen eso: crean momentos que, con el tiempo, dejan de ser simplemente momentos y pasan a formar parte de nosotros. Y aunque ahora viva lejos, de vez en cuando vuelvo a oler nardos.

Y fue precisamente ese olor el que me hizo pensar.

Pensé que quizás los nardos no fueran la única flor capaz de representar a nuestra Virgen de la Sierra. Siempre los he asociado a ella, y seguramente no sea la única, pero este año me dio por preguntarme si existiría alguna otra flor que, de una manera menos evidente, también estuviera ligada a nuestra Virgen.

Así que, indagando, me topé con el clavel.

Y, concretamente, con uno de los mantos históricos de la imagen: el conocido como «Manto de los Claveles», fechado en 1779, cuyo exorno floral está compuesto por numerosos motivos de claveles.

No he encontrado, sin embargo, ninguna fuente histórica que explique por qué fueron precisamente claveles los que quedaron representados en él. Pero sí encontré una historia que quizá muchos egabrenses ya conozcan, porque estas historias tienen la capacidad de viajar de boca en boca, de generación en generación, y probablemente existan distintas versiones de ella.

Os la cuento por si alguien todavía no la conoce.

El relato de «Claveles rojos» cuenta un romance que, como tantos otros, comienza con un joven enamorado. En este caso, un joven cabrero que regresa al cortijo con sus cabras. Su enamorada, Matilde, le pide que le lleve unos claveles rojos.

Él sale a buscarlos por la sierra, recordando haber visto allí una mata. Pero no consigue encontrarlos. Entonces recuerda algo: los mozos de los cortijos habían llevado pensamientos y claveles rojos como ofrenda a la ermita de la Virgen de la Sierra.

Y es entonces cuando sube hasta allí y toma un manojo para llevárselo a Matilde.

Esta historia popular, por supuesto, no demuestra que esos claveles sean los que aparecen representados en el manto de 1779. Tampoco podemos afirmar que el relato sea el origen de su nombre.

Pero sí nos permite hacer algo que me parece bonito: unir, aunque sea a través de la tradición y de la memoria popular, tres cosas nuestras como la sierra, la Virgen y los claveles.

Así que este septiembre os dejo mi pequeña aportación. Un pequeño clavel. Para que acompañe al blanco de los nardos, al manto de nuestra Virgen de la Sierra o, quién sabe, quizá también a vuestra Matilde. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario