POEMA
Tempus fugit.
Se lo
entregué a la marea,
y no me
lo devolvió.
No quise
que pasara,
pero
sucedió.
La
tormenta a la calma precedió,
sin
causa, sin duelo, sin prisa,
un látigo
al tiempo fustigó.
Un caudal
de otoños lo inundó.
A menudo
no comprendo,
o no
quiero comprender,
cómo
el “tempus fugit”,
sin
poderlo detener.
Ocurren y
suceden cosas,
las más bellas
flores se marchitan,
ninfas e
infantes envejecen,
y se
apagan sus pupilas.
¿Es de
justicia?
No lo sé.
Pero el
tiempo inexorablemente arrasa,
la
belleza y la juventud,
aunque
permanezca el alma.
Imperturbable
y luminosa; tú.

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