TEXTO:
EXPOSITIVO-HUMANÍSTICO
EL DESTINO
El destino, también llamado fatum,
hado o sino, se puede definir como una fuerza o un plan superior que guía la
vida y los eventos de manera inevitable: una fuerza sobrenatural similar a una
causa oculta o divina que decide lo que va a pasar, por lo que se opone al
concepto de libre albedrío.
En las culturas occidental y orientales, la mayoría de
las religiones han creído en una forma de destino, especialmente relacionada
con la predestinación, como:
- El
karma en el hinduismo: según las religiones dhármicas, el karma es una
energía o ley cósmica trascendente (invisible e inmensurable) que se
genera a partir de los actos de las personas. También es conocido como un
espíritu de justicia y/o equilibrio. El karma se interpreta como una ley
cósmica de retribución o de causa y efecto. Se refiere al concepto de
acción entendido como aquello que causa el comienzo del ciclo de causa y
efecto. Según el karma, cada una de las sucesivas reencarnaciones quedaría
condicionada por los actos realizados en vidas anteriores, siendo el
sentido de la vida el poder aprender y progresar a través de las
diferentes vidas que el alma (atman) transite (a consecuencia del
karma) hasta poder finalmente lograr reconocer y sentir la verdadera
naturaleza de la existencia (la realidad última).
El karma, principalmente en Occidente, a menudo se
interpreta como destino, fatalidad o predeterminación; sin embargo, estos
conceptos tienen una terminología específica en sánscrito conocida como Prarabdha.
El karma explica los dramas humanos como la reacción a
las acciones buenas o malas realizadas en el pasado más o menos inmediato.
Según el hinduismo más religioso, la reacción correspondiente es generada por
el dios Yama; sin embargo, a nivel de la filosofía hindú, así como en el
budismo y el jainismo —donde en estos últimos no existe ningún dios
controlador—, esa reacción es generada como una ley de la naturaleza (como la
gravedad, que no tiene ninguna deidad que la controle).
El karma no implica solamente acciones físicas, sino
que habría tres factores que generan reacciones:
- Los
actos
- Las
palabras
- Los
pensamientos
Por lo que el concepto de karma no solo tiene una
dimensión moral, sino también una dimensión existencial. En este sentido, el
karma se produce cuando el sujeto que ejecuta una acción no reconoce la
verdadera naturaleza de la realidad y por ello no se reconoce como parte de la
causa que origina los efectos que esa misma acción produce, sobre todo cuando
dichos efectos le son adversos. Este no reconocimiento también ocasiona la
exacerbación de los efectos nocivos, porque los movimientos que hace el sujeto
para solucionar el problema solo lo agravan.
Respecto a la causa metafísica de la existencia del
karma, las tradiciones que enseñan sobre este entienden la existencia de manera
cíclica. En este sentido, el karma no es producto de un evento singular
identificable, sino una realidad inherente a la existencia misma.
El karma usualmente se asocia con la reencarnación, ya
que una sola vida humana no alcanzaría para experimentar todos los efectos de
las acciones realizadas (cobrar todo el bien que se ha hecho o pagar todo el
mal que se ha realizado en la vida).
La reencarnación o transmigración de las almas es el
paso hacia la siguiente existencia física. El karma determina las condiciones
bajo las cuales el individuo vuelve a la vida. Sin embargo, el estado de pureza
y sabiduría latente sigue intacto y desarrollándose lenta y progresivamente
vida tras vida, en una especie de evolución espiritual del alma/cuerpo a través
de numerosos cuerpos físicos y personajes: un largo viaje desde nuestra
naturaleza inferior o animal hasta nuestra naturaleza superior o divina.
La mayoría de las escuelas budistas enseñan que
mediante la meditación se puede llegar a un estado de superconciencia llamado nirvana,
que es el fin de la existencia condicionada por el cambio; por lo tanto, la
práctica budista intenta que las personas alcancen un estado de paz y felicidad
absoluta en esta misma vida.

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