junio 01, 2026

Antonio Jesús Morante Pineda


 


POEMA y PROSA HISTÓRICA



Itálica

Hoy mancho mi hoja...en este momento.
Cómo el sol mancha el cielo de esa manera tan roja...
Cómo regalo de su sufrimiento.
Yo entrando en el Guadalquivir, ciudad de Escipión con su puerto,
me siento como en Itálica, cuando me tiento.
Porque encontrarás un anfiteatro debajo de mis sedimentos,
donde verás mis batallas, mi vida, muerte, mis arrepentimientos;
Entre columnas corintias y mosaicos en mis cimientos.
Aun así tu sonrisa lo más bonito y no miento.
A veces derrotas a veces victorias un nuevo nacimiento
por que el sol nace en el este,
pan y circo para el pueblo y los dioses del cielo.
El sentido de la lucha volver a verte,
mis sentimientos alzan el vuelo, por tu pelo
puedo decir algo que espero...con suerte.
Con el escudo o sobre él se hallará mi cuerpo frío como el hielo
celebremos juntos la vida, el disfraz de la muerte.

 

Nota histórica sobre Itálica

La antigua ciudad de Itálica, fundada en el año 206 a. C. por Publio Cornelio Escipión el Africano tras la victoria romana sobre Cartago, fue la primera gran ciudad romana establecida en Hispania. Situada junto al río Betis y muy próxima a la actual Sevilla, Itálica

se convirtió con el paso de los siglos en uno de los principales símbolos de la romanización de la Bética y en cuna de los emperadores Trajano y Adriano. Bajo el gobierno de este último, la ciudad alcanzó su máximo esplendor: amplias calzadas, termas, templos, casas patricias decoradas con mármoles orientales y un anfiteatro monumental capaz de albergar a miles de espectadores daban testimonio de la riqueza de la urbe.

Sin embargo, quizá el legado más delicado y silencioso de Itálica no se encuentra en sus muros, sino en sus mosaicos. Entre ellos destaca el célebre Mosaico de los Días de la Semana, una obra excepcional hallada en una de las domus de la ciudad. En él aparecen representados los siete días mediante divinidades astrales y planetarias del imaginario romano: Saturno, el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. Más que una simple decoración doméstica, el mosaico refleja la visión cósmica de Roma, donde el tiempo cotidiano estaba unido a los dioses y al movimiento celeste. Su conservación parcial permite aún imaginar el refinamiento cultural de las élites italicenses y la influencia oriental que impregnó el arte tardo romano de la Bética.

Pero la historia de Itálica también es la historia de la pérdida. Durante siglos, muchas de sus piedras fueron reutilizadas para construir casas, monasterios y caminos en los alrededores de Santiponce y Sevilla. Numerosos mosaicos desaparecieron arrancados por coleccionistas, vendidos a particulares o destruidos por la humedad y el abandono. Algunos fueron trasladados a museos; otros solo sobreviven en dibujos y descripciones antiguas. A ello se suma el deterioro natural provocado por las lluvias, las raíces y el paso del tiempo, que han ido borrando lentamente colores y figuras que permanecieron intactos durante casi dos mil años.

A pesar de su enorme valor arqueológico e histórico, Itálica aún no forma parte del catálogo de Patrimonio Mundial de la UNESCO. La candidatura ha sido defendida durante años por instituciones y especialistas, pero diversos factores han dificultado su inclusión definitiva: la necesidad de ampliar áreas protegidas, garantizar mayores inversiones de conservación y demostrar un plan integral de protección a largo plazo. Paradójicamente, mientras otras ciudades romanas del Mediterráneo han recibido reconocimiento internacional, Itálica continúa aguardando ese título pese a haber dado emperadores al Imperio y poseer uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de Hispania.

Hoy, entre columnas caídas, mosaicos incompletos y graderíos vacíos, Itálica permanece suspendida entre la gloria y el olvido. Sus ruinas recuerdan no solo el esplendor de Roma en Andalucía, sino también la fragilidad de la memoria histórica: aquello que una civilización levanta durante siglos puede desaparecer lentamente si deja de ser contemplado.




Calles empedradas que muestran el alto grado de urbanismo romano

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