Una Épica
Cantiga para mis hijos:
Noelia y Miguel Ángel
La Herencia de
la Luz y la Fuerza
Al final de la jornada, cuando el tiempo se apodere de los pasos dados y del polvo que recogen, cuando nuestros ojos revivan lo pasado y el destino nos pregunte si fui un hombre justo... no diré que fui soberano ni poseedor de riquezas o fortuna; hablaré de muros derribados, de que el atardecer solo contó dos lunas que nuestros hijos verían al cielo dirigirse. Dicho con la voz que no titubea ni olvida, con el pecho ansioso de orgullo y esperanza, en mi vida más bonita escribí los nombres sagrados y eternos que han sido mis hijos. No me importa el dolor, ni la estación más gélida, ni la tormentosa tempestad que sopla sobre la faz del mundo, pues en la calidez de un amor tan querido, cualquier sombra del alma es arrancada y arrebatada.
Noelia: El Milagro de la Luz
Linda criatura mía,
alma de mi vida, fuentes cristalinas que deshelo en mi seco jardín: eres la
brisa cálida que me devuelve la paz, farol encendido que me lleva con garantía
a puerto seguro. Ver tu sonrisa es contemplar
una maravilla en flor que recorre sus senderos serena; cuando el mundo es amargo, contigo doy gracias, porque estás
como un puente que trae el futuro hacia adelante.
Te he visto desde pequeña imaginando horizontes, con ojos cargados de tanta verdad, llenándolo todo con una luz capaz de superar la montaña y adornarse de azul con tu claridad. Puse fuerzas en ti, y tú me diste firmeza cuando la tierra vibraba y el terreno se quería deshacer; tú fuiste el escudo que resistió mi peor batalla, tu razón fue la bendición para que no cayera. Mantente fuerte, vida mía, con fe en tu camino, ya que tú eres la llama que nunca se apaga. Tu trabajo ha creado la gloria en ti misma; mi alma de padre has alimentado, haciéndome feliz. Eres gracia, eres vida, mi niña preciosa, el carisma con el que Dios me bendijo; y sin que te mires, ninguna penumbra puede vencer la lucha cuando veo tus ojos.
Miguel Ángel: El Impulso de la Mano Futura
¡Miguel Ángel! Mi hijo, mi
sangre, mi orgullo, la figura ideal de lo que imaginé. Tu paso firme elimina el murmullo de aquellas dudas que una
vez llevé en mí. Tienes arte en tu nombre y
valor en las manos; la madurez del ser que ya sabe hacia dónde va, con los ojos
abiertos y gestos humanos, fue el faro que alumbró el camino de la nueva
generación.
En tus pasos puedo
encontrar mi propio poder, la energía que me mueve en esta vida constante;
saber tu presencia como hijo me da la valentía para cruzar cualquier tormenta
en el océano. Has crecido fortalecido, con gran
espíritu, recorriendo la estrecha senda del honor y la virtud; ver que creciste
tan firme y contigo, me devuelve la plena salud mental y vital. ¡No desistas nunca ante el viento hostil, ya que en tu
sangre habita la llama de quien pelea; eres mi
triunfo en este mundo en el que andas, mi herencia más viva y mi mayor guía! Anda con firmeza, con la cabeza erguida, que tu destino es
el libro que irás escribiendo, y a este progenitor que te apoya lo demás no le
importa si ve en ti la fuerza de sonreír.
El Faro de Mis Peores
Odiseas
Ellos sabían, sin saberlo
en absoluto, rescatarme la vida mientras el cielo caía. Cuando el universo perseveraba en su engaño y el destino me
cerraba las puertas en la cara, cuando la carga del día me pesaba en el hombro
y el empeño iba a desaparecer, bastaba mirar sus rostros bajo los escombros
para mantenerme firme como una piedra e intentarlo de nuevo.
Son el motor sagrado que mueve mi vida, mi tregua constante, mi norte, mi tranquilidad, un refugio seguro para mis alegrías, la verdad más bella y la mayor fuerza, el amor más sincero, mi tesoro preciado. Noelia y Miguel Ángel, mis dos bendiciones, las columnas doradas de mi catedral, los que le dan un sentido a mis oraciones, mi único tesoro, mi herencia valiosa. Saber que en la tierra quedará su recuerdo es el premio mayor al que alcancé a llegar. La vida no tiene una moneda equivalente, ni siquiera la fama, que se compare con el orgullo que tengo en mi piel: la vida los buscó y los llamó, y a su lado fui siempre fiel.
Si la vida me pide
cuentas, le mostraré sus miradas, su luz, su valor; le diré que no quise más
equipaje en este viaje que el derecho a ser su tutor. Mi mayor triunfo no fue el rango de rico, ni los aplausos
superficiales que ofrece la ciudad, sino la noble belleza que brota de sus
ojos, ver en ellos la belleza del cariño y la verdad.
Por siempre recuerden, independientemente de cuál
sea su destino, si la muerte me llama y no puedo estar ahí, que mi vida fue
hermosa en cada palabra y rincón. Porque
lo más valioso que tuve al frente en este mundo no fue el papel de un
combatiente ni el de un sabio de gran fortuna... ¡Fue la majestuosidad infinita
de ser vuestro padre!


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