UNAS NOTAS SOBRE LA ESCRITORA MARÍA LUISA BOONEN
Parece que destacaba por su belleza, como se indicaba en las escasas fotografías que hemos hallado en la prensa o en este poemita que “Raleva” le dedicó en el “Álbum de belleza” de La Opinión en 1913:
Eres en extremo hermosa
Y es tu hechicera sonrisa
Y tu mirada mimosa
Más suave que la brisa
Y más bella que una rosa.
También mencionaron los ojos (la mirada) Juan Soca y Pedro Iglesias en el poema que le dedicaron en Siluetas de mujeres egabrenses:
El cuento de sus ojos nació de una leyenda
de príncipes y hadas en una noche azul.
En efecto, tenía los ojos de color azul. Pedro Iglesias Caballero le dedicó un extenso poema en La Opinión del 28 de septiembre de 1913, “Salve a la trigueña de los ojos azules”, del que solo reproducimos una estrofa y el estribillo:
Por tu mirar que embriaga,
Dios te salve, virgen maga.
De Amor los nevados tules
besen tus ojos azules
con Apolo, y al besarte
den su bendición al Arte
de tu mano y en tu pluma
brote la cálida espuma,
de tu alma, y que se prenda
en ella como una ofrenda
la flor del Paje, la flor
que aroma la vida: Amor.
Precisamente, 1913 fue un año activo para ella. En enero la hallamos como actriz en una velada dramático-musical de carácter benéfico, en que actuó en una comedia de Narciso Serra y un sainete de los Hermanos Álvarez Quintero; comenzó su labor literaria con el prólogo para Siluetas de mujeres egabrenses, de los autores ya mencionados, y sus colaboraciones en La Opinión; y en diciembre fue madrina de la boda entre Pedro Iglesias Caballero y Pepita Muñoz de la Cepa.
María Luisa Boonen se casó en 1920 con José Calvo Cubillo. Tras la boda, pasó más tiempo en Madrid que en Cabra, aunque la seguimos encontrando con devoción a la Virgen de la Sierra, como cuando donó cirios para el santuario en 1935 o unos candelabros de plata en 1962. Quedó viuda en febrero de 1975 y falleció en julio de ese mismo año.
Como escritora, María Luisa Boonen colaboró con poemas, narraciones y artículos en La Opinión desde septiembre de 1913 hasta noviembre de 1916, cuando la dirección del periódico se negó a publicar un texto de Juan Soca dirigido a la escritora. También fue autora del libro Páginas sueltas (1914), de cuya publicación llegó a hacerse eco El Heraldo de Madrid. En 1915 fue la ganadora del concurso de cuentos organizado por La Opinión en 1915, con el titulado “Siempre tú, Virgen mía”. A partir de 1917 no hallamos ningún texto suyo en prensa ni publicó otro libro.
Aunque ya hablamos de ello recientemente en La Opinión, es muy valioso para conocerla el
texto que encontramos en la edición del 20 de julio de 1913 en esta centenaria
publicación, en el que Juan Soca y Pedro Iglesias bajo seudónimos (Kanape y
Picón) relataron cómo le pidieron a María Luisa Boonen el prólogo de Siluetas
de mujeres egabrenses. Tras solicitárselo, ella se sorprendió y pidió la
autorización de su madre, doña Beatriz, quien alegó “la no disposición de su
bella hija para agradecernos tanto más la atención”; ante la insistencia de los
escritores egabrenses, doña Beatriz preguntó cuándo iba a salir el libro a lo
que uno de ellos respondió:
—Ciertamente, nunca; probablemente, pronto, muy pronto, puesto que al
público nos debemos, porque público ofrecimiento le hemos hecho al público.
Finalmente, en la despedida, al aludir a que el epílogo lo iba a realizar
el doctor Manuel Roldán, la sonrisa de María Luisa fue interpretada como una
respuesta afirmativa.
Para concluir estas anotaciones, se reproducen un fragmento del artículo de carácter literario titulado “Mariposas”, publicado originalmente en La Opinión el 14 de noviembre de 1915, en el que habló del afán o anhelo de cada etapa de la vida, representadas en el color de las alas de las mariposas; estas son “Las de color de rosa”:
Son aquellas que revolotean inquietas en torno de los jóvenes y de las jóvenes; y sus alas son fuertes y de un color rosa muy subido. Su vuelo es impetuoso; y al contrario de las blancas necesitan que alguien refrene su vuelo ligero e incesante. Representan quimeras, locuras, ilusiones, trajes, joyas, amor y las hay también que representan desengaños y alguna que otra pena; mas las mariposas de color de rosa no suelen desaparecer por eso; son muy numerosas y si alguna vez cae una con als alas rotas, al instante, la Juventud engendra otras ciento, que a poco nacen rebosantes de vida, aturdiendo con su girar continuo a las jóvenes y a las jóvenes...
El texto transcrito de Siluetas de mujeres egabrenses procede del
ejemplar de la Real Biblioteca de Palacio: “Real Biblioteca de Palacio, Madrid,
Patrimonio Nacional, C/XIX/3 (12)”.
BIBLIOGRAFÍA
SOCA, J., e IGLESIAS, P. (1913): Siluetas de mujeres egabrenses. Cabra, M. Tipo.
La Opinión (27-10-1912) (12-1-1913) (19-1-1913) (9-2-1913)
(16-2-1913) (6-7-1913) (20-7-1913) (3-8-1913) (17-8-1913) (28-9-1913)
(5-10-1913) (28-12-1913) (26-7-1914) (30-8-1914) (15-8-1915) (8-9-1915)
(16-11-1916) (17-6-1917) (30-3-1919) (29-8-1920) (15-6-1924) (7-5-1935)
(17-4-1962) (7-2-1975) (17-7-1975)
El Heraldo de Madrid (5-10-1914)
Diario de Córdoba (18-10-1914)
El Defensor de Córdoba (26-8-1913) (6-10-1913)
(22-2-1915)



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