Miguel Ángel Moral Quero (Cabra, 1978). Es un autor de proximidad y hondura, cuya palabra esencial es la "Raíz". Representa al escritor que custodia la identidad local con la elegancia de los clásicos, pero con la cercanía de quien escribe para que sus vecinos se reconozcan en "alguna esquina de sus páginas". Es, en esencia, un cronista del alma egabrense que ha convertido su refugio privado en un regalo público para su ciudad.
Entrevista con Miguel Ángel Moral Quero
El Legado de la Tierra
Pregunta.- Como colaborador de una revista que lleva por nombre nuestra ciudad, ¿crees que existe una "manera de sentir" propia de Cabra al enfrentarte a la página en blanco?
Respuesta.- Sí. Cabra tiene un latido que se percibe incluso en la escritura: es una mezcla de memoria y paisaje, de tradiciones y silencios que susurran al oído del lector. Sentir Cabra es sentir la historia entre los muros, la piedra de sus calles y la calma de su sierra. Esa sensibilidad, a veces silenciosa, acompaña mi mano cuando escribo.
Pregunta.- Don Juan Valera llevó el nombre de Cabra al mundo. ¿Qué rasgo del maestro —su elegancia, su fina ironía o su curiosidad cosmopolita— resuena con más fuerza en tu propia obra?
Respuesta.- Sin duda, su curiosidad. Valera miraba más allá de lo evidente y encontraba hondura en lo cotidiano. Esa mirada inquisitiva, que no se conforma con lo superficial, me inspira a observar Cabra y a sus gentes con atención y ternura, y a traducir ese mundo en palabras.
Pregunta.- Si tuvieras que esconder un manuscrito en un rincón de nuestro pueblo para que fuera hallado dentro de cien años, ¿qué lugar elegirías para custodiar tus palabras?
Respuesta.- Si tuviera que esconder un manuscrito en un rincón de nuestro pueblo para que fuera hallado dentro de cien años, lo colocaría en la Biblioteca Municipal, entre los libros antiguos, o tal vez en un hueco secreto de las murallas del Castillo de los Condes de Cabra, donde el tiempo parece detenerse y las piedras guardan historias que solo esperan ser descubiertas.
La Cocina del Escritor
Pregunta.- ¿Cuál es el motor que impulsa tu escritura? ¿Qué es aquello que te hizo escritor por encima de todo lo demás?
Respuesta.- El amor por las historias. Escribir es una forma de diálogo con el mundo, una manera de detener el tiempo y de comprender lo que nos rodea. Fue en el servicio militar donde descubrí mi interés más profundo por la escritura, entre cartas enviadas a mi novia, las cuales aún existen y conservan ese valor íntimo y emocional.
Pregunta.- ¿Buscas el silencio ascético de la Sierra o prefieres el pálpito vital de la Plaza de España para trabajar? Cuéntanos tu ritual.
Respuesta.- Ambos escenarios me inspiran. La sierra me ofrece soledad, reflexión y paisaje para imaginar; la plaza, movimiento y voces que inspiran diálogo y autenticidad. Suelo escribir con un café a mano, dejando que el primer sol ilumine las palabras mientras escucho la ciudad despertar.
Pregunta.- Cuando el lenguaje se muestra esquivo, ¿cómo consigues que la inspiración vuelva a fluir?
Respuesta.- Caminar. Observar, leer, escuchar conversaciones, sentir el aire y los aromas de Cabra. La inspiración llega cuando menos la busco, cuando me abandono a lo que ocurre a mi alrededor y dejo que las palabras me encuentren a mí.
Pregunta.- ¿Eres de los que prefieren el papel y la pluma o te seduce la pulcritud digital del teclado?
Respuesta.- El papel y la pluma (en mi caso, el bolígrafo) conservan la magia del pensamiento en gestos humanos: el trazo, la corrección, la tinta que mancha los dedos. Pero el teclado permite dar forma rápida a ideas que, de otro modo, podrían perderse. Combino ambos mundos según lo que escriba. Algún día os enseñaré mis cuadernos sin sentido, llenos de tachones y notas dispersas.
Pregunta.- ¿Cómo surgen sus nombres? ¿Has tomado prestado alguna vez el carácter de algún vecino de Cabra para tus ficciones?
Respuesta.- Los nombres surgen de sonidos que resuenan en mi memoria, a veces tomados de amigos, vecinos o figuras de la infancia. Y sí, muchas veces tomo un gesto, un acento o una costumbre de alguien de Cabra; hay algo de nuestra tierra que late en cada personaje.
Pregunta.- ¿Cuál es tu género predilecto como lector y qué libro es para ti una recomendación obligada para cualquier paisano?
Respuesta.- Me cautiva la narrativa que mezcla historia y vida cotidiana. Recomendaría, por ejemplo, Pepita Jiménez, de Valera, que nos recuerda que nuestra tierra también puede ser universo, y que lo cercano guarda siempre la grandeza de lo humano.
El Espejo y la Palabra
Pregunta.- Valera afirmaba que la novela debe ser "espejo de la vida". En tus textos, ¿dónde termina el reflejo de lo que ves y dónde empieza la invención poética?
Respuesta.- Termino de escribir cuando dejo de describir lo que existe y comienzo a dar voz a lo que podría existir. La poesía y la ficción son esa línea invisible donde lo real se transforma en emoción, memoria o deseo, y donde Cabra puede ser al mismo tiempo tangible y sueño.
Pregunta.- Se dice que la palabra escrita es una forma de curación o resistencia. ¿De qué te ha salvado a ti la literatura?
Respuesta.- De la rutina, del olvido y de la indiferencia. La literatura me ha salvado al dar sentido a los días, al permitir que lo que parece efímero se haga eterno en las páginas.
Pregunta.- ¿En qué proyecto trabajas actualmente que podamos disfrutar próximamente en las páginas de esta revista?
Respuesta.- Estoy terminando una serie de relatos sobre la vida cotidiana en Cabra, entremezclando memoria, personajes y espacios que forman parte de nuestra historia, para futuros artículos de nuestra revista, con la esperanza de que cada lector se reconozca en alguna esquina de estas páginas. Aunque, como ya he comentado en varias ocasiones, los cajones han sido mi refugio frente a críticos destructivos de nuestra sociedad, hasta que vosotros me disteis un empujón en el mes de mayo, y con ello me devolvisteis la vida.
III. El Cierre: "La Palabra Esencial"
Para finalizar, te pido un ejercicio de síntesis poética: Dime una sola palabra que, para ti, defina la esencia de Cabra.
Respuesta.- Raíz.

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