La ciudad que nos mira
El pincel fotográfico de Telesforo Tienda Jiménez
Hay quienes transitan las calles de Cabra como quien pasa las páginas de un libro sin leerlo. Sin embargo, nuestro colaborador ha decidido detenerse en los márgenes, capturando esos instantes donde la luz de la Subbética se vuelve poesía. Sin ser fotógrafo de profesión, pero con una sensibilidad que ya quisieran muchos maestros del objetivo, sus imágenes han traído a las páginas de nuestra revista un colorido nuevo, una mirada fresca y, sobre todo, un amor profundo por cada rincón de nuestra geografía. Hoy conversamos con el hombre que nos enseña a ver la ciudad con ojos nuevos.
Pregunta: Tus fotografías tienen una viveza que rompe con la imagen estática del profesional. ¿En qué momento el vecino de Cabra deja paso al observador y decide que una escena cotidiana merece ser eterna?
Respuesta: El momento ocurre cuando algo que has visto mil veces, de repente, parece que se presenta ante ti por primera vez. El silencio de una calle vacía o el ángulo de una sombra cuentan una historia.
Pregunta: Nuestra revista se define como culta y poética. Si tus fotos fueran versos, ¿qué tipo de poema estarían escribiendo ahora mismo sobre las calles de Cabra?
Respuesta: Mis fotos serían un romance popular con tintes de oda. Una poesía sencilla, sin artificios, que busca la rima en la repetición.
Pregunta: Cabra tiene una luz que cambia drásticamente desde la blancura del Cerro hasta la penumbra fresca del Parque Alcántara Romero. ¿Cuál es ese color o esa tonalidad que, para ti, define mejor el alma de nuestra ciudad?
Respuesta: Para mí, el alma de Cabra es el contraste. Es el blanco deslumbrante de los muros encalados que, al recibir el sol de la Subbética, crean esas sombras azuladas y profundas en el suelo.
Pregunta: La Fuente del Río es nuestro monumento vivo. ¿Cómo te enfrentas a la dificultad de fotografiar el agua y el sonido? ¿Qué buscas capturar cuando te acercas a nuestro manantial?
Respuesta: En la Fuente del Río o en nuestras plazas, fotografiar el agua es intentar detener un latido. Busco el reflejo y la frescura. El reto es capturar cómo el agua rompe la quietud de la piedra, recordándonos que somos una ciudad viva que brota constantemente.
Pregunta: Todos tenemos fotos de la Parroquia de la Asunción o del Castillo, pero tú te fijas en el detalle: un desconchón, una maceta, una sombra en una esquina. ¿Es ahí, en lo pequeño, donde reside la verdadera identidad de Cabra?
Respuesta: Absolutamente. La verdadera identidad no está solo en los grandes monumentos, sino en el orden de las macetas en una pared blanca o en el detalle de una reja de forja proyectando su sombra sobre una fachada. Esos detalles son las huellas dactilares de nuestro pueblo; lo que nos hace únicos y diferentes a cualquier otro lugar.
Pregunta: Al no dedicarte profesionalmente a esto, ¿sientes que tienes el privilegio de "esperar" a que la foto ocurra, sin la presión del reloj o del encargo?
Respuesta: Es mi mayor tesoro. No tengo que "sacar" la foto; dejo que la foto me encuentre. Puedo esperar a que el sol baje lo suficiente para que la luz bañe la calle justo de la manera que quiero, o esperar a que no haya nadie para capturar la paz de un callejón. La ausencia de prisa permite que la fotografía tenga alma.
Pregunta: Tus colaboraciones han llenado de colorido nuestra revista. ¿Crees que la fotografía es una forma de devolverle a Cabra un poco de la belleza que ella nos regala cada día?
Respuesta: La fotografía es mi manera de dar las gracias. Cabra nos regala rincones espectaculares a cada paso; yo solo intento empaquetar esa belleza en un encuadre para que, cuando alguien hojee la revista, sienta el mismo orgullo que yo al caminar por nuestras calles. Es una forma de gratitud visual.
Pregunta: Dinos, de todos los paseos que has dado buscando que fotografiar ¿cuál es esa imagen de Cabra que aún persigues y que todavía no se ha dejado atrapar?
Respuesta: Persigo la imagen de la bruma matinal desapareciendo justo cuando los primeros rayos de sol tocan la Sierra, fundiendo el verde de los olivos con el blanco de la ciudad de una forma casi mística. Es una luz esquiva, de apenas unos segundos, que todavía espero atrapar con la paciencia de quien sabe que lo mejor siempre está por llegar.
Terminamos nuestro encuentro agradeciendo a Telesforo Tienda su generosidad. Sus fotos no solo ilustran nuestra revista, nos recuerdan que vivir en una ciudad y en un entorno como el nuestro es un ejercicio constante de asombro.
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Bendita Agua en La Subbética |



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