enero 01, 2026

Antonio Jesús Morante Pineda

 


EROS Y PSIQUE








EROS Y PSIQUE

Quiero pararme y desnudarte con calma,
pero no a ti, sino a tu alma.
Tú me haces sentir sensaciones desconocidas: el frÍo polar o el calor del magma.
Con tan solo una mirada mis sentidos se desarman,
tú hiciste que mi vida concebida y mal herida ahora valga,
sin ti, estaría esperando a que suene mi timbre
y aunque tiemble
al escuchar tu nombre
sin ti mi corazón es de mimbre,
sería como otoño el día 20 de diciembre.
tú y yo es todo lo necesario
eres la luna atrayendo olas a mi estuario,
el jardín de flores más bonito entre otros varios.
Mi felicidad es un barquito encallado en tu sonrisa y por nada lo cambio.
Contigo dejé de alimentar mis miedos para dedicarme a lo contrario,
he visto el homicidio de mis penas colgadas entre tus labios.
Quitaste a mi corazón lo amargo
no hay bilis, hay bilirrubina.
Tengo una cabaña encima de tu iris
porque al final del túnel está oscura la salida
pero eres tú la luz que la ilumina.


Notas Mitológicas:

En una polis antigua vivía un rey honrado y bueno. La ciudad, de altas murallas y próspera, con grandes cosechas de trigo a la vez que costera, vivía de la recolección de la tierra y el mar. Este rey tuvo tres hijas bellas, llamadas Aglaura, Orona y Psique. Hijas buenas, bellas, bien criadas y educadas.

Una de ellas tenía una pequeña anomalía: era quizás la mujer más bella que existía en la tierra, tal era así que los demás mortales la comparaban con la diosa Afrodita. Todos los días llegaban hombres de todos los rincones del mundo para apreciar la belleza de Psique y enviarle ofrendas como si de la misma diosa se tratara.

Con el tiempo, sus hermanas se casaron con príncipes de reinos colindantes. Todas menos Psique, ya que su gran belleza hacía que ningún hombre se atreviera a pedir su mano. Aun así, cada día que pasaba, el castillo se llenaba de personas que iban a admirar la belleza de la Afrodita mortal.

Desde el Olimpo, de paredes de mármol blanco perfecto, con columnas jónicas de oro macizo, allí donde el viento es esclavo de los dioses, donde los inmortales contemplan divertidos los destinos de los mortales, Afrodita, cabreada y celosa al ver que sus templos se vaciaban y una mortal acaparaba todas las atenciones, decidió castigarla. Hizo llamar a su hijo Eros, que era bello, alto y perfecto. 

Afrodita ordenó a Eros que con sus flechas enamorara a Psique del hombre más malvado y feo del planeta. Eros, temeroso de su madre, bajó a la tierra y se dirigió hacia el castillo de Psique para completar la misión que le encargó su madre. 

Eros llegó y estuvo oculto durante días observando a Psique. No pudo hacer otra cosa que enamorarse locamente de Psique, no solo por su belleza, sino también por sus actos, por su forma de ser, por su bondad, por sus gestos; la belleza la honraba en el cómputo absoluto de su significado. Eros, deseoso de Psique, desobedeció a su madre y llevó a Psique a un castillo invisible y encantado. Durante el día, Eros, totalmente tapado (para que no se contemplara su rostro), con actos y palabras, enamoró de forma pura y no física a Psique. Este, por las noches, en una oscuridad absoluta, dejaba que Psique recorriera cada una de las partes de su rostro y su cuerpo.

Psique vivía feliz a pesar de la promesa que le hizo a su amante de nunca descubrir su identidad. Una tarde que viajó al palacio de su padre, donde también se encontraban sus hermanas, habló con ellas sobre lo feliz que era y lo bien que su amante la trataba, colmada de amor y riquezas. 

Sus hermanas, envidiosas, se mofaron de ella, comentándole que posiblemente su amante sería un monstruo, con un solo ojo, dientes afilados y rostro deforme, y que esa era la única razón por la que no dejaba ver su rostro.

Esa misma noche, Psique, asustada, encendió una lámpara mientras Eros dormía. Cuando vio su rostro, tuvo que tapar su boca con la mano para no emitir ruido alguno: había descubierto el rostro perfecto de su amante y en ese momento supo que se trataba de un dios. Ese mismo gesto de taparse la boca hizo que una gota de aceite caliente cayera en la cara de Eros. Este se despertó, se enfadó y estaba dolido por la desconfianza y la ruptura de la promesa de Psique. Como medida, decidió huir del castillo al Olimpo.

Desesperada y arrepentida, Psique acudió a Afrodita para recuperar a su amado.

Esta, insidiosa y firme, dijo que tendría que superar unas pruebas imposibles para recuperar a Eros. Psique dijo que nada era imposible y que haría cualquier cosa por su amante.

Como primera tarea, Afrodita ordenó que ordenara una montaña de semillas, tales como: trigo, cebada, semillas de amapola, lentejas, etc. Esta, con determinación y con la ayuda de las hormigas, consiguió en una noche ordenar la montaña. Al descubrir la gesta, Afrodita se enfadó y le ordenó la segunda tarea: conseguir lana dorada de unos carneros que estaban en unas peligrosas cumbres y, una vez en esas cumbres, recoger agua de una cascada del río Estigia que pasaba por allí.

Psique, con magulladuras y arañazos, consiguió llegar a la cumbre. Con ayuda de una caña y un águila, consiguió la lana y el agua y regresó al Olimpo con Afrodita.

Al llegar con la tarea, Afrodita se enfadó aún más y la mandó al inframundo con un poco de néctar en una caja para que lo tomara Perséfone.

Esta, con dos monedas para pagar al barquero y dos dulces para Cerbero, consiguió completar la tarea. De vuelta y con la caja cerrada, no pudo contener la intriga y decidió abrirla para ver qué llevaba dentro. Psique la abrió y descubrió que lo que tenía era una trampa, ya que el sueño mortal de la muerte le hizo estragos y cayó dormida al suelo.

Afrodita reía, y Eros, conocedor del destino de su amada, decidió recurrir al padre del Olimpo: Zeus. Este, conmovido por el amor que Eros sentía por Psique, le dijo que la besara, y con el poder de su rayo, que surcaría el cielo hasta chocar con Psique después del beso, la volvería inmortal.

Y así es como Eros besó a Psique y esta despertó convertida en inmortal. Así fue como el amor (Eros) y el alma (Psique) se unieron para siempre dando luz a Voluptas, la diosa del placer.


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