Desconexión a la vida
Hace un tiempo leí un artículo en el que se mencionaba
que, en los últimos 200 años, se había producido un descenso de más de un 60 %
en nuestra conexión con la naturaleza. Y no solo eso, sino que este
desprendimiento se ha visto reflejado también en nuestra literatura, ya que
ciertas palabras como flor, musgo o riachuelo han ido desapareciendo de nuestra
habla común y de los libros.
Desde que leí esta noticia, siento una pena que
permanece en mis pensamientos, porque este estudio también revela que este
porcentaje aumentará en las próximas décadas. Siento dolor y tristeza al saber
que esto ha sido provocado por la decadencia en la transmisión de creencias y
costumbres relacionadas con la naturaleza.
Pero esto no es todo. Hoy en día, muchas personas ya
no saben distinguir en sus pantallas qué animales son generados con IA y cuáles
son reales. Por supuesto, la tecnología nos ha dado mucho, pero al no saber
usarla con cierta moderación y ética, también nos está quitando muchos valores.
Os escribo esto para haceros un poquito más
conscientes de esta situación. Os escribe una niña cuyo momento favorito del
día, en su infancia, era que su abuelo la llevara a coger flores, nueces y a
observar los pájaros. Esa niña siente pena al pensar que otros niños no
conozcan esta sensación hoy en día. Niños que aprenden a utilizar una tablet,
pero que tienen dificultades para nombrar tipos de árboles que no sean los más
comunes, como el olivo, el pino o el abeto.
Estaréis pensando: pero qué manera de empezar el año.
Precisamente por esa razón os escribo esto, porque qué mejor momento que ahora
para daros una palmadita en la espalda y animaros a tener en cuenta esta
reflexión en vuestra lista de propósitos, o incluso para el año en general.
Quiero invitar no solo a las generaciones más recientes, sino a todas, a que os
paréis un poquito a observar y a aprender de nuevo aquello que la naturaleza ya
nos enseñó en su día y que quiere seguir mostrándonos, porque tiene muchas
historias que este mundo lleno de vida desea contarnos.
Entre ellas, la primera historia comienza en enero y nos enseña que, a veces, simplemente hay que observar la naturaleza. Porque cuando el mundo parece dormido y detenido por el frío, si te paras a mirar con atención, es precisamente cuando empieza a surgir la vida.
Por eso os traigo esta ilustración, en la que os
represento a un erizo, un animal que permanece en una hibernación profunda
durante el invierno. En muchas culturas se le considera un sabio del bosque, ya
que, observándolo, se podía predecir cuán largo sería el invierno de ese año.
Además, el erizo está agarrado a una campanilla de
invierno que, si alguna vez la habéis visto, es una de las primeras flores en
florecer incluso cuando aún hay nieve. Esta flor es un anuncio de que la vida
sigue y de que pronto llegará la primavera. Simboliza la esperanza y los nuevos
comienzos. Para finalizar, os quiero desear un buen comienzo del año 2026.
Espero que durante este año sigáis disfrutando de mis pequeñas aportaciones a
través de mis dibujos y que, en aquellos momentos en los que no podáis salir,
os ayuden un poquito más a sentiros conectados con la naturaleza que nos rodea.
Aunque, sinceramente, deseo que tengáis muchas más oportunidades de estar fuera
de casa que mirando una pantalla.


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