enero 01, 2025

Editorial == Revista número 20 mes de enero 2025

Comenzamos un nuevo año, todos nos planteamos nuevas metas que con ilusión nos pondremos a ejecutar.

Hace ahora año y medio pusimos en marcha esta revista que ahora ustedes pueden disfrutar con su lectura. ¿Qué nos hemos propuesto nosotros para este año?

Primero, nos proponemos para este año seguir creciendo y mejorando nuestro contenido, sabemos que todo esfuerzo vale la pena, por tanto no desistiremos.

Segundo, en la parte que a mí me toca dar las gracias a todos los miembros que hacen posible que la revista goce de tan amplio contenido.

Tercero, darles las gracias a todos nuestros lectores, por seguirnos y leernos mes a mes. No nos cansaremos repetirles que son ustedes los que hacen que nuestra ilusión no se apague y nos animan a continuar con el proyecto de la misma. Gracias muchas gracias.

Pero he de insistir en que esta revista no es un coto cerrado de publicación, sino que está abierta a publicar si les apetece sus trabajos.

Si están interesados en publicar sus trabajos en la misma, solo deberán enviárnoslos al correo Email: cabracultaypoetica@gmail.com

No descartaremos a nadie. Solo hay que tener en cuenta que la revista no podrá tener contenido político, siendo esta la causa por lo que rechazaríamos aquello que se nos enviase. Por supuesto aquel contenido xenófobo, racista o de cualquier índole que vulnere los derechos de las personas será rechazado y en su caso denunciado, si procediere.

La revista no se hace responsable del contenido del trabajo que nos envían los colaboradores.

Su publicación sería mensual.

Puedes ver nuestra revista entrando en mi Facebook: escribidor de sueños, también siguiendo a cada uno de los colaboradores en su Facebook, o si lo prefieres te recomendamos este enlace: https://cabramilenaria.blogspot.com

También podemos enviártela en PDF, solicitándonosla a nuestro EMAIL de contacto o también  pueden descargarla desde nuestro blogs.

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Relatos de Historia

La historia para ser creíble es necesario que sea auténtica

Por Antonio Fernández Álvarez
(Escribidor de sueños)

La famosa frase: Sólo sé que no sé nada. Atribuida al famoso filósofo griego Sócrates, me viene como anillo al dedo, para exponer lo que a continuación cuento.

Y es que en esta etapa de mi vida en la que me hallo leyendo cualquier libro de historia que cae en mis manos, no hacen nada más que confundirme y poner en duda aquellos escasos conocimientos que poseía.

Había leído que el terremoto del uno de noviembre de mil setecientos cincuenta y cinco, el mal llamado terremoto de Lisboa: “En nuestra ciudad, derribó parte de su muralla (actualmente puede verse una torre truncada) y parte de la torre del campanario de la Iglesia de la Asunción y Ángeles”. Con esa creencia le había dicho a mis amigos y conocidos  “tirándome el moco” de mis conocimientos de la historia de Cabra, esta versión.

Pues bien en otra fuente ahora leo: “Que fue el día nueve de octubre de mil seiscientos setenta y tres, día de San Dionisio cuando en la mañana de ese día se dejó sentir en Cabra un terrible terremoto que se percibió en toda Andalucía, y que causó grandes estragos, derribando la mayor parte de la población antigua, situada en la “Villa Vieja”, un gran pedazo del alcázar o castillo, sus torres, menos las del Homenaje y la de doña Juana, sus torreones, cubos y adarves, murallas, etc. Aún se conserva caído y sin duda es vestigio de este suceso, un torreón que hay sobre la carretera Lucena, pues no por otra causa pudo ser rota por su base una obra tan sólida y duradera”.

Ciertamente en otro punto este autor hace referencia al terremoto acaecido en Cabra el sábado uno de noviembre, día de todos los Santos, de mil setecientos cincuenta y cinco (a las diez de la mañana precisa), y que fue tan extraordinario que no se recordaba otro semejante. También causó daños y alguna desgracia, se limita a decir del Gran terremoto de Lisboa. Llamado así porque destruyó la capital de Portugal, no solo por el gran temblor que se sintió allí, sino también porque fue sucedido por un tsunami y un incendio que duró seis días, causando la casi total destrucción de una ciudad en la que podrían haber muerto unas noventa mil personas.

Estas contradicciones son las que me llevan a reflexionar sobre la frase de Sócrates, porque ciertamente cuanto más sabes, más te preguntas y por lo tanto menos sabes porque te faltan muchas respuestas y máxime si además aquellas respuestas parecen irresolubles, puesto que supuestamente dos fuentes que piensas que deben ser fidedignas cuentan un mismo hecho datado en fechas diferentes. Claro que siendo así solo me queda darle verosimilitud a una u otra fuente en función de la credibilidad de los autores. En mi caso la primera fuente de información proviene de Wikipedia, que pudiera ser poco fiable. La segunda afirmación procede del libro Historia de la Ciudad de Cabra de Nicolás Albornoz y Portocarrero, el cual por otra parte ya le he detectado alguna errata en cuanto a fechas.

Visto lo cual, yo solo he pretendido contarle la magnitud de un terremoto que acaeció en Cabra y que causó importantes daños, e hizo que la entonces nuestra Villa de Cabra padeciese sus consecuencias. Quédense cada cual con la versión que les haya parecido más verosímil o aquella que ustedes tuvieran conocimiento. 

Miguel Blancas Calzado

 


MANUEL LAMA DURÁN






CAPÍTULO TERCERO

MANUEL LAMA DURÁN

EL PALETO

En ese momento se le hizo entrega a Manolo, del Título de Socio de Honor de la Peña Cayetano Muriel de la Peña Cayetano Muriel “El Niño de Cabra”, que le entregaron estos tres amigos y competidores en otros tiempos, pero siempre luchando en buena lid.

Antonio de Canilllas, recientemente nombrado Malagueño del Año y Medalla de Oro de Málaga, contó la anécdota siguiente: estando en Lucena con el Chato de la Isla, el Viernes Santo estaba cantado el Paleto de Cabra. Era un concurso y mientras cantaba el Paleto le dijo el Chato de la Isla “Antonio, átate bien los machos que yo no sé quién será ese monstruo, pero tiene una voz que asusta al más pintado”, y siguió diciendo Antonio de Canillas y es que todavía asusta a cualquiera.

Antonio, recordó sus buenos tiempos, cantó dos Saetas, una de ellas la famosa, Saeta Malagueña y se fundieron los dos en un abrazo. El Paleto le cantó el Ave María por Saetas y otra el Padre Nuestro al Señor de las Necesidades. 

Desde Puente Genil, llegó su amigo Frasquito. Le pasó lo mismo que a Antonio Canillas, se alarmó diciendo de donde había salido ese Saetero que si se lo habían traído de una Ópera, cantó una Saeta del Seco de Puente Genil y otra por Cuarteleras, los dos se abrazaron.

Fernando Ávila también cantó una Saeta por Seguiriyas y otra Samaritana de Castro del Río, cuando terminó de cantar Fernando, se fundieron en un abrazo y lágrimas fluyeron a sus ojos.

Siguen los que vinieron de fuera, de Baena su amigo Emilio Rosales le dedicó una Poesía y una Saeta. Eduardo Tarifa le cantó una saeta por Carceleras y otra antigua de Baena. De Lucena Antonio Maldonado “el Manotas” cantó una Saeta de “La Perrilleja” y otra de “Alcantarilla de Lucena”. ¿Dónde se puede reunir más Saetas Autóctonas?

De Cabra, no faltó nadie de sus amigos los que tantas veces han cantado con él, estos no solo le cantaron Saetas sino también por varios palos de flamenco.

Fueron los siguientes: José Cobo Puerto, Fernando de la Rosa, Alfredo Martínez, Fernando Urbano “El Gandi”, Pepe Pavón Santiago “El Tomate”, Antonio Castillo, Manuel García Lama.

De Doña Mencía Por Canción Española Marisol Delgado, esta vez cantó algunos palos de flamenco como Milongas, Colombianas a la Virgen de la Sierra y unos Tangos.

También se sumaron los poetas don José Burgos y Manuel Cantero Polo.

También dos guitarrista de lujo, uno vino de Córdoba José Antonio Díaz, profesor de Guitarra en Baena y desde Málaga Francisco Daniel Fernández “Curro de María” que también impartía clase de guitarra en la Academia de Araceli Hidalgo.

Una vez finalizado todos estos actos, se le hizo entrega de sendos pergaminos a los que fueron jurado del último Concurso Certamen Cayetano Muriel “El Niño de Cabra”, dio las gracias y cerró el acto el Presidente de la Peña José Cobo Puerto.


                    Poesía a mi amigo Manuel Lama (El Paleto)
                    Autor: Emilio Rosales Cruz
 
                        Cuando la noche llega
                        Se juntan los flamencos en las tabernas
                        Las quejas de sus gargantas
                        Cantando al cielo se alejan
                        Y rosas con bata de cola
                        Bailan asomadas entre rojas.
                        El vino derramando sus olores
                        Revueltos con hierbabuena
                        Y los flamencos cantas y las guitarras suenan
                        Las palmas redoblando el aire se las lleva.
                        El caldo de medianoche se derrama en la madera
                        Qué más da lo que se cante una vez metió en juerga
                        Lo mismo da por Saetas, seguiriyas, que los cantes de Lucena
                        Que suenen los tacones, que los claveles no duerman
                        Que requipen sin parar palillos y castañuelas
                        Y los flamencos canten y se diviertan
                        Y al llegar el alba, mantillas y peinetas
                        Van pasando delante de la taberna
                        Silencio que no se cante
                        Que ya se acabó la juerga.
 
                        Será porque he trasnochado, será el vino y tanta juerga
                        Que tengo el bello de punta solo con mirar la puerta.
                        Y es que los lirios moraos de ver su sangre se quejan
                        Y es que los velones lloran cuando se cantan Saetas.
                        La voz de la Quica, con olor a aguardiente retama tomillo y sierra
                        Entonan carceleras y martinetes
                        Y pasa el Cristo cargado de dolor y pena.
                        Y los chiquillos que dormían se despertaron al oír cantar al PALETO
                        Y a os viva del Cristo del Perdón de Cabra tu tierra.
                        Es que los flamencos, a pesar de ser flamencos
                        Somos por encima de to, cristianos
                        Y cantamos cuando nos da la gana
                        Cuando al corazón nos llega algo que sale del alma.
                        Por eso cuando se cantan en reuniones o en tabernas
                        No hay libro que enseñe tanto ni te da tanta experiencia.
                        Que un rato con los amigos, esos que te quieran
                        Que los flamencos que cantan en teatros de primera
                        Para cantar bien flamenco salieron de las tabernas.

Cuando falta poco para la Semana Santa y empezamos los aficionados a recibir los primero carteles de los concursos de Saetas que convocan las hermandades, asociaciones o peñas flamencas, todos los años se recuerdan aquellos recitales y concursos que se celebraban en Cabra por los años sesenta. Eran los años dorados de concursos y saeteros, en los que podría citar a infinidad de cantaores hoy ya casi todos consagrados y algunos desgraciadamente desaparecidos. 

Recuerdo a Diego “El Clavel”, a Antonio de Canillas, el de Patrocinio, Fernando Ávila, de Castro del Río, Manuel Ávila, Paco y sus hermanos de Montefrío, Rocío “La Campera”, Manuel Hidalgo de Posadas, y a nuestro gran maestro Manuel Lama “El Paleto” de Cabra.

Manuel por aquel tiempo yo era casi un chiquillo, pero también participaba con ellos en Concursos o cantando en las procesiones de Semana Santa. 

En Lucena, un año le cantó a la Virgen de la Capilla, estaba la puerta de la iglesia y aquella gran plaza que no se podía andar con tanta algarabía, dijo: Aquí hay que cantar, él empezó primero y nada más escuchar el primer “ay” se quedó todo en silencio, solo se escuchaba a la gente “sshhh”, está cantando el Paleto de Cabra.

Cuando terminó su saeta, le tocaba el turno al también gran saetero Antonio Ramos (El Andarín de Baena) y seguidamente al benjamín que yo en aquel tiempo.

 


CONTINUARÁ………

Antonio Fernández Álvarez (Escribidor de sueños)

 


RELATO CORTO






Su vida por el periodismo 

El cabreo que tenía el padre era mayúsculo, su hijo no quería hacer la carrera de Derecho y seguir los pasos de él, o los de su abuelo y su  bisabuelo. Tenían un despacho de abogados consolidado con un nombre y una importante cartera de clientes, lo que aseguraba que de conseguir la licenciatura, su hijo tenía un futuro que solo tendría que seguir.

La discusión aunque se llevaba a cabo en una habitación de la casa que además de despacho era una notable biblioteca, se elevó de tono y rápidamente la tensión se dejó sentir en toda la casa.

-A ver hijo, ¿por qué no quieres estudiar Derecho?

-Papá, me atrae más la carrera de Periodismo y estoy seguro que no te defraudaré, seguro que algún día te sentirás orgullo de mí.

-¿Eres imbécil o qué? No te das cuenta de que el periodismo al día de hoy está embarrado por la política, la prensa, los medios se decantan según sean subvencionados por uno u otro partido político. Acaso no te das cuenta de que según qué periódico leas o que emisora de radio o programa de televisión te pintan un panorama que poco tiene que ver con la realidad en la que vivimos. Eso por no hablar de determinados programas mal llamados prensa del corazón que solo tiene un calificativo: basura.

-Tienes razón papá, mucho de lo que se hace hoy no es periodismo, algunos medios se han dejado comprar, el dinero lo corrompe todo, y la política o mejor dicho los partidos cuando llegan al poder saben esto y compran medios para que les sean afines, pero también hay medios independientes y periodistas que se rigen por principios éticos que guían su trabajo en el principio fundamental de ejercer una labor informativa de manera responsable. La Verdad, la verificación de lo que se cuenta, teniendo en cuenta la relevancia, la proporcionalidad, la exhaustividad y el criterio son conceptos que un buen periodista ha de tener en cuenta, además de ser crucial que sepa diferenciar entre información, opinión y publicidad.

Por unos segundos el padre quedó callado ante el razonamiento de su hijo, el cual parecía tener la cabeza bien amueblada y tener claro en qué sentido quería encauzar su vida.

-Pero hijo ¿te estás escuchando?, ¿te das cuenta a todo lo que te vas a enfrentar?, ¿acaso crees que tú vas a cambiar el camino que ha tomado esa profesión?

-Papá, precisamente la abogacía no es un ejemplo de nada, acaso no muchos abogados, también se compran ¿y qué me dices de las tragaderas que hay que tener para defender a algunos sujetos cuyos hechos son tan evidentes, que repugnan sus actos?, cierto es que la Ley les ampara en el Derecho a tener una defensa pero estoy seguro que yo no los defendería ni con una venda en los ojos ni la nariz tapada, lo que me haría durar en esta profesión el tiempo que se tarda en  quitarse una la toga.

El padre volvía a quedarse  asombrado del razonamiento de su hijo que con tan solo diecisiete años parecía tener muy claro su camino en la vida y que al parecer ya contaba con todos los obstáculos que de ahora en adelante se iba a encontrar en él.

-Está bien hijo, creo que te había subestimado, sé por tu buenas notas desde tu etapa de la EPO que tendrías de seguir así un brillante futuro, tu puntuación de la EBAU, ha sido la más alta de la provincia, pero hoy me has sorprendido con tus planteamientos. ¡Estoy seguro que serías un buen abogado!

-¡Papá!

-Me has convencido hijo, permitiré que estudies periodismo, pero con una condición, que siempre recuerdes que la verificación y la búsqueda de la verdad son los pilares fundamente de esa profesión. Tú mismo lo has dicho antes. No te vendas ni te corrompas jamás. Aunque eso te aleje de trabajar en medios relevantes, la libertad y la independencia deberán ser tu bandera.

-Ni lo dudes papá, también la imparcialidad, tengo claro que un periodista es un intermediario entre la sociedad y el poder, por lo tanto la labor esencial es fomentar la transparencia y el ejercicio de la libertad de expresión, y mantener a la sociedad informada y protegida la manipulación.

El padre abrazó a su hijo y dio por zanjada la discusión, pero no pudo evitar que la tristeza y alegría le invadieran al mismo tiempo. Él mismo había querido ser periodista, y una discusión parecida a ésta mantuvo con su padre muchos años atrás, sólo que éste no transigió y ahora se veía como un buen abogado que lo era, pero con una vida insulsa por no haber realizado su sueño, pero eso podría cambiar, ¿por qué no matricularse también él periodismo?

Treinta años más tarde, mientras el padre que había abandonado la abogacía, ingresaba en la Real Academia de Bellas Artes y le nombraban cronista oficial de su ciudad, recordaría a su hijo que había sido asesinado hacía tan solo un año, tras destapar un escándalo mayúsculo de corrupción política a escala nacional e internacional, y al cual habían otorgado en la categoría de mejor investigación periodística y mejor trayectoria profesional, el Premio Ortega y Gasset de periodismo a título póstumo.


FIN

José Fernández Álvarez (JotaEfeA)

 


EL VERDUGO FORZADO






Capítulo II

Padre, no sé. No lo he pensado. Son muchas las cosas que ahora tengo en mente y paradójicamente otras que parece que me faltan o las he abandonado o yo que sé. Pero siempre podría dedicarme a la educación. Sabes de mi licenciatura en la Universidad. Podría, quizá… bueno, me duele bastante la cabeza. Hablaremos más adelante.

Si, hijo, más adelante, más adelante. Cuídate. Ahora tengo que marcharme. Nos vemos mañana. Aquí te cuidarán bien, ya sabes, eres el nieto del coronel Luján. Todos lo saben.

Y así fue efectivamente que durante cuatro largos meses de hospitalización Alberto se esforzó lo necesario para poder andar y lo preciso para quedar incapacitado para su profesión por imposibilidad de desempeñar sus funciones al ciento por ciento. Mientras, en el exterior de aquellas paredes, la guerra había seguido su curso e incluso se recrudecía por días. Él no era consciente de cuál había sido su papel en aquel despropósito que se desencadenó en su país. Durante los años de su formación jamás se plugo de haber seguido los pasos de sus ancestros, pero sabía que aquella elección contentaba a su padre. Lo que no esperaba, como quizá tampoco mucha gente, era que se declarase aquel cruento enfrentamiento civil y fratricida. Nadie lo esperaba, aunque se veía venir por los aconteceres sociopolíticos que se estaban desarrollando.

Cuando recibió el alta médica, seguía sin recordar aquellos episodios que le llevaron a incapacitarse voluntariamente destrozando su pie. Sí tenía constancia de que esta acción la realizó conscientemente a sabiendas de que si le salía bien la jugada sería un inútil como militar y forzosamente sería separado del servicio. Pero esto debía negarlo también. Jamás podría salir de su boca reconocer que aquella decisión sí la recordaba. Ahora tendría que mantener la mentira y, con suerte y si la guerra lo permitía, buscaría trabajo como profesor tal y como planteó aquella noche después de mirar al frente y cerrar los ojos. 

Fueron muchos los días y algunos meses incluso durante los cuales Alberto tuvo que lidiar con tribunales militares, con tribunales médicos y otras inquisiciones que trataban de dar con la verdad de lo ocurrido. Nadie consiguió que tergiversara un solo argumento ni que consiguiera recordar lo que realmente no recordaba. Tampoco nadie se atrevió a argumentarle jamás su pertenencia a aquel pelotón de fusileros que acabó con la vida de cuatro personas, descerrajados en un barranco a las afueras de la ciudad. Consiguió al fin, y sabía a ciencia cierta que su padre tuvo mucho que ver, que todo quedara aclarado y sin mancha alguna ni en su carrera ni en la de la familia Luján. Fue jubilado como militar.

La guerra duró aún casi dos años más. Alberto no consiguió el trabajo que había deseado, pero tenía claro que era debido a la situación bélica que hacía que nada funcionara con normalidad. Y ciertamente, tras un año más de espera, con un nuevo régimen político implantado por los vencedores y con la consiguiente falta de todo en un país que no era ni un reflejo del que se conocía antes de la ofensiva militar y que supuso la caída de la república, Alberto, quizá y tal vez sin quizá, con la influencia de su padre y del ilustre apellido militar, obtuvo un puesto como profesor de instituto en la especialidad de literatura española.

Desde un primer momento, su labor estuvo marcada por la cruel censura que campando a sus anchas todo lo recortada, cuando no eliminaba o incluso falseaba. Fueron ninguneados muchos autores literarios, prohibidos, sin tan siquiera nombrarlos y por supuesto tampoco dar cuenta de su obra fuera del género que fuera: poesía, teatro, novela. Aquello dificultaba muy mucho su trabajo, pero supo durante un tiempo adaptarse a lo así dictado. La generación que se estaba formando por aquellos años viviría la cruenta sinrazón de una manipulación histórica gestada por las altas esferas a fin de que imperase la razón de los vencedores que, por definición, no deja vencer jamás a la razón.

Realmente fueron muchos días con sus respectivas noches, con sus mañanas, con sus tardes, las que Alberto padeció aquella situación. No podía rebelarse, no quería, no luchaba ni lucharía. Era su carácter, pero cada vez se le hacía más difícil negar que en este país había existido y existían o incluso habían sido aniquilados literalmente grandes literatos que fueron ensombrecidos o condenados al ostracismo. Próceres de las letras de este país pesare a quien pesare, que indefectiblemente habrían de ser recuperados en décadas posteriores.

Pero lo escrito, escrito estaba, lo publicado, lo representado; y además florecieron otros autores con versos orales y escritos que crearían conciencia incluso antes de finalizar el conflicto bélico, en las propias trincheras de un bando y de otro.

Alberto amaba la poesía por encima de todo y tenía sus poetas preferidos, alguno además, profuso autor teatral, dramaturgo y prosista de una generación muy prolífica y destacada. Y él no podía hablar de aquellos poetas, no podía cantar sus versos ni los de la nueva generación, la del dolor marcado en la retina, la de los versos combativos, directos, realistas. Vivía en un sinvivir constante, silenciado, amordazado, si quería vivir en paz.

Avanzaban los años y con ellos se abría una distancia balsámica en lo ficticio con los desgraciados acontecimientos del país que a duras penas levantaba la cabeza. No significaba aperturismo en ningún caso, pero Alberto ya contaba una determinada edad cuando el régimen impuesto tocaba a su fin y había gastado mucho tiempo bailando una música demasiado desafinada.

Cerca ya de la edad que llaman del jubileo, Alberto comenzó a sufrir constantes episodios de inestabilidad en los que parecía que determinadas imágenes que pudieran ser recuerdos acudían a su mente. Recuerdos que empero no recordaba haber vivido. ¿Pudieran ser los de aquellos días olvidados?, se preguntaba.

Aquellas alucinaciones cada vez más frecuentes le hacían reflexionar sobre su vida, su trabajo y la dedicación y devoción que siempre tuvo hacia los poetas despreciados, y no sabía por qué, pero experimentaba determinados sentimientos de culpabilidad considerando que los había traicionado aceptando la censura perpetrada para con ellos. Tanto remordimiento comenzaba a hacer mella en su discernimiento de la realidad. Qué era verdad y qué inventaba su imaginación. ¿Y si no imaginaba?, ¿y si había vivido en primera persona lo que creía que soñaba? Si eso era así… No, se decía, eso significaría que… Mejor no, no. Aquello era una locura. Él era…

A quién podría preguntar. Hacía muchos años. Su padre falleció hacía 10 años. Y además se trataba de un tema muy delicado. ¿Cómo iba a ir preguntando por ahí…? Sin embargo, la respuesta la tenía en sus alucinaciones, en sus recuerdos recobrados. Si era así, tendría que reconocerse como uno de ellos, uno de aquellos ¿fusileros? ¿Cómo superar, o mejor dicho, cómo aceptar tamaña felonía perpetrada por él mismo?

Me telefoneó al periódico y quedamos citados en la puerta de un conocido restaurante. Durante la comida me lo contó todo. Para su desgracia había recuperado aquellas dos semanas perdidas hacía ya tantos años. Se vio cargando aquel fusil, el mismo que descargaría sobre su pie en un triste hotel, triste como su realidad. Se vio apuntando a uno de aquellos reos de guerra. Vio los ojos del poeta que cantó a la muerte pero que no temió la suya. Vio al hombre íntegro, no al culpado por execrables infundios a modo de excusas justificadas bajo el paraguas de crimen político. Vio por fin que cerró los ojos.

¡¡Fuego!! –escuchó que gritó su superior

Apretó el gatillo. Sí. No había duda. Había sido él. Pero era una orden. Él no podía negarse, aunque nunca quiso estar allí. No quiso formar parte de aquel pelotón. Llegó al cuartel y huyó. Buscó olvidar. Alcohol, mucho alcohol. Una habitación. Más alcohol. Y olvidar. Y olvidó. Perdió la noción del tiempo que llevaba encerrado en aquel alojamiento. Un día despertó y…

Me pidió que lo publicara todo. Que no diera su nombre. Me comentó que más adelante se sabría. Salió en la edición de la mañana. Aquella noticia, que supuso un boom, fue comentada en todos los medios durante el día. 

A la mañana siguiente, en un hotel céntrico, apareció un hombre ahorcado en la habitación 18-8. Entre sus pertenencias, un maletín con muchos recortes de periódico, un proyectil sin pólvora, una muleta y toda su documentación, entre ella un carnet de identidad donde se leía que aquel hombre había respondido al nombre de Alberto.











FIN



Francisco Asís Granados Mellado (Paco Granados)

 


RELATOS: LA HORA DEL MIEDO






Niña Rara

 Niña rara, sí. Así llamaban a María.

Todo empezó cuando ella era precisamente eso, una niña. Una niña como otra cualquiera que le gustaba jugar con sus muñecas, sus juegos de concina, sus amigas… Pero María tenía un amigo algo especial para ella, un amigo que solo veía ella. María hablaba con él, jugaba juntos y hasta de vez en cuando tenían discusiones, cosa que no les gustaba a sus amigas y por ello le daban de lado. Eso a María no le importaba ya que ella jugaba con Agustín su amigo imaginario. Ese amigo que todos o casi todos hemos tenido de pequeños, ese amigo que suele aparecer cuando somos unos bebes y el cual luego desaparece, no acordándonos JAMÁS de él.

 Los padres de María observaban que se pasaba horas y horas hablando y jugando sola. Le preguntaban y ella contestaba diciendo que jugaba con su amigo Agustín. La madre pensó que lo mejor sería hablar con un psicólogo infantil para comentarle lo que pasaba, pero este le comentó que no se preocupara, porque eso venía siendo normal a esas edades. Lo mejor sería que la dejara a su aire y con el tiempo se le iría de la cabeza. 

 María siempre le decía a su madre que pusiera otro plato en la mesa y una silla para su amigo. Cuando salían al parque también le tenía que preparar la merienda a Agustín, cosa que a la madre no le hacía mucha gracia. La pequeña ya iba a cumplir los cinco años y pronto se le olvidaría todo. Una noche los padres escucharon un fuerte golpe en la habitación de María. Rápidamente subieron a la habitación y vieron que la estantería del cuarto se encontraba en el suelo y ella lloraba en su cama.

 - ¿Qué te pasa María?

- Es que Agustín se ha disgustado porque quería jugar y yo no tenía ganas. 

 Agustín al irse enfadado tiró la repisa al suelo. 

Los padres se miraron e intentaron tranquilizar a la niña. Al final María acabó durmiéndose. Los padres se dirigieron  al salón y comentaron que se encontraban un poco agobiados de la imaginación de María.

Habían pasado dos años y María había dejado de ver a Agustín, pero ella seguía hablando sola. La madre la solía castigar por ello y le decía que dejara todo eso  y se dedicara a jugar con sus amigas.

María lloraba angustiada y le decía a su madre que ella hablaba realmente con personas. 

Sus amigas del colegio la llamaban “niña rara” y no querían jugar con ella. 

Pasaban los días y María seguía hablando sola a pesar de los castigos de su madre. Una de las veces  María le dijo a su madre que había visto a su abuela y que le había comentado que quería mucho a su madre y que se lo hiciera saber. A su madre no le  resultó raro, ya que su abuela iba todos los días a ver a su nieta, pero a los diez minutos tuvo una llamada de su hermana diciendo que la abuela había muerto, María le dijo a su madre que no llorara que ella estaba bien. Su madre se quedó sin saber que decirle a su hija. 

Tres días más tarde la madre de María la vio en el patio hablando  otra vez sola. Cuando la niña entró en la casa le preguntó con quién hablaba, ella  le dijo que con el hijo de los vecinos… A los diez minutos vio como la vecina  salía de su casa llorando desesperadamente porque su hijo había fallecido y exclamando “NO, MI HIJO NO”. 

A María la seguían viendo hablando sola los vecinos y amigos, y comenzaron a llamarle también “NIÑA RARA”

María se hizo mayor, ya contaba con veinte años y estudiaba en la universidad. Aún seguían llamándola “NIÑA RARA”. Su don era cada vez más fuerte y todos los días veía a almas perdidas que pedían ayuda o simplemente almas que querían que diera un mensaje a sus familiares, cosa que a María le gustaba hacer, pues se sentía bien pudiendo ayudarlas. Mucha gente no la creía y se burlaban de ella o simplemente se metían con ella llamándola loca. Eso a María no le importaba, pues ella sabía bien lo que veía y que era totalmente real. 

También quería ayudar a los vivos, pues sabía que podrían así ser más felices. Decidió aprender el arte del tarot. María también podía ver el aura de las personas y saber cómo eran en realidad. Desde pequeña pudo ayudar a mucha gente y hoy en día sigue haciéndolo.

María tiene ya más de cuarenta años y la gente que no la cree la sigue llamando por aquel mote que siempre la persiguió en su infancia “NIÑA RARA”. Aun así los que la creen la respetan y se dirigen a ella como un “ANGEL”. Precisamente a mí me ayudó. Sí, a mí. Yo me sentía perdido sin saber qué hacer y sin saber dónde estaba y ella me ayudó a encontrar el camino. SÍ, YO SOY, Agustín.

FIN




Natalia García Ruiz (Natalia García)

 


PEQUEÑOS GRANDES COMIENZOS






Antes de empezar, quisiera desearos el feliz año nuevo a todos. Otro año más, otra vida nueva en la que la mayoría de nosotros intentará empezar de nuevo junto con este mes. ¿Tenéis ya preparada vuestra lista de propósitos para este año? ¿O más bien intentaremos ser más conscientes con los del año pasado? En todo caso, espero que estéis ilusionados con lo que este 2025 está por darnos, y con ello daros este pequeño recordatorio. Si no conseguís tachar todos vuestros propósitos, está bien también. Quizás consigamos tachar cosas de la lista que ni siquiera estaba en ella, porque como todos sabemos, la vida está llena de sorpresas, y aunque esto le sorprenda hasta al más pesimista, no todas las sorpresas tienen porque ser malas. A veces, solo tenemos que mirar a todas esas pequeñas cosas buenas, y probablemente si las juntamos todas, superen a todo lo malo.

Bueno, espero haber podido animaros con esta introducción. Y si no, quizás pueda conseguirlo con el resto de este texto. Porque quisiera recordaros, como dice el refrán, “mal de muchos consuelo de tontos”. Y para males y para tontos, nosotros no somos los únicos que intentan empezar de nuevo este mes. La mismísima naturaleza también nos acompaña en este proceso.

Todos sabemos que el invierno se acaba con el inicio de la primavera, pero no tenemos que esperar precisamente hasta Marzo para que esto suceda. Este nuevo inicio comienza mucho antes. Exactamente, la naturaleza comienza a restaurarse desde este mismo instante. Sólo tenemos que prestar atención a ella, cosa que sé que es difícil con todos los estímulos que tenemos hoy en día a nuestro alrededor, pero créeme, solo hazlo un instante porque merecerá la pena.

Prestar simple atención, muchas veces es lo que necesitamos, y eso fue lo que hice hace unos años cuando llegué a Inglaterra. No sé si fue porque todo era demasiado nuevo e intentas abrir todo lo que puedas tus ojos para recoger toda la información posible de lo que te rodea, pero fue una bonita y pequeña sorpresa.

Me encontré con unas pequeñas flores blancas, que son llamadas Campanillas de Invierno (Snowdrop en inglés). Estás flores son una pequeña promesa de que el invierno está por acabar, y va a dar paso a nuevos comienzos. Simplemente son un símbolo de esperanza y renacimiento. Y, aquí fue la primera vez donde me encontré con ellas, porque suelen crecer en bosques húmedos, frescos y en la semisombra, entonces estaba en el ambiente perfecto.


Quedé maravillada con estas flores, porque si de un sitio húmedo, frío y oscuro puede nacer algo tan delicado, pequeño y a la vez tan bonito, ¿Por qué tú no puedes? Así que si estas pequeñas flores lo hacen, tú lo puedes hacer. Sólo tómate el tiempo que necesites, respira, mira a tu alrededor, cuenta esas pequeñas cosas que te hacen feliz, consérvalas y ve a por muchas más este año.



José Carlos Ortiz de Galisteo Delgado (Carlos Delg.)

 


EL GRAN TEATRO PRINCIPAL






Memorias del cine y el Teatro




1878-1984


Autores:
José Carlos Ortiz de Galisteo Delgado
Rafael Arroyo Jurado
Año 2013



Foto que ha llevado Joaquín Muñiz Amo, “Marzo”, en su cartera toda la vida, hasta su reciente muerte, ya acabado este trabajo final, el cual fue escrito en 2.012. Y que preside el Libro homenajeando a tan célebre Operador, muy querido en toda la Ciudad. Y a todos los empleados de toda la vida y Empresarios.

Diseño de Portada: María José Carmona González. Montaje y Foto Composición: José Carlos Ortiz y Antonio Arévalo Morillo. Fotos: Archivos-Recuerdos en Internet de Rafael Luna Leiva y “Cabra Digital”, Profesionales autóctonos Consagrados, Buenos Aficionados, Foro del Lagarto,…. Documentos y programas Cine: Rafael Arroyo Jurado.



Dedicatoria:

“A la ciudad y al pueblo, con la mayor dignidad y orgullo…

Ayudando a descubrir juntos las páginas más célebres de su Historia y Cultura…

Muchas de ellas vividas, gozadas y representadas entre estas paredes del Teatro- Coliseo Egabrense, a través de tantos años de existencia y actividad. Y a las que no paró ni la Guerra… Sólo… ¿el progreso?… finalmente.” (Esperando fuese para bien… o para mejor…)

Así como que al final de esta obra, tengan una sólida base teatral y cinematográfica, adaptada a la época, en la que en su mayor parte no hubo ni televisión, ni radio, ni ordenadores, ni móviles, ni efectos especiales, ni internet.

Cosa hoy inimaginable, salvo para los que vivieron y disfrutaron esa experiencia, y recordamos con gran alegría. Agradeciéndoselo… Y la cual, casi ninguno hubiese cambiado por la de ahora en el fondo, a pesar de los adelantos y comodidades presentes”.

Rafael Arroyo Jurado

 


José Carlos Ortiz de Galisteo Delgado


  

CONTINUARÁ............


Vicente Palomar Arroyo

 


¿INCULTOS O IGNORANTES?






De igual modo que se arranca la mala hierba para permitir el libre crecimiento y fortaleza de las plantas que nos alimentarán, debemos arrancar poco a poco la mala hierba y la plaga de la incultura, o mejor dicho de la ignorancia. 

Cultura la tenemos todos, más o menos desarrollada, más o menos localizada en un sector social. El verdadero inculto, o sea, el carente de cultura, es  el muerto o el niño recién nacido, y aun así, son el reflejo de una cultura que les ha precedido.

Si tomamos como cultura a todo lo que representa una costumbre y un carácter, en definitiva una forma de vivir y entender la vida, seguro que coincidimos en que todos, a nuestra manera, poseemos una cultura. Claro está que la cultura a la que se refiere todo el mundo no es la que yo trato de referir ahora. Esa cultura, o mejor dicho, la cultura general, es la de los libros, la de los instintos, generalmente asociada a la literatura o las ciencias. Esa cultura a la que tanto nos acceden es la que nos haría ser menos ignorantes, no más cultos. La cultura que yo quiero destacar es la que surge del quehacer del pueblo.

Un señor muy mayor me decía que se consideraba inculto porque no sabía leer ni escribir. Sin embargo, conocía todas las plantas que existen en los alrededores del pueblo y sabía la utilidad de cada una, tanto para curación de enfermedades como para condimentar alimentos. Además había que escuchar como hablaba. Poseía una prosa rica en matices y de una gran profundidad espiritual. Para mí eso es toda  una cultura  y una lección de humanidad. Aquella era una cultura adquirida con la propia experiencia durante toda su vida.

Ahora bien, podríamos decir que hay una cultura que irradiamos, que es la  forma de relacionarnos con los demás, y otra (que no siempre es coincidente), que vivimos en nuestro interior. Yo quiero referirme, en esta ocasión, a la cultura de la convivencia, a esa parte de nuestro hacer que afecta a los demás y que está plagada de malas hierbas y agentes tóxicos.

Traspasando el aspecto humano de la relación ser a ser, llego al medio en que la sociedad es posible y saliendo del hábitat cotidiano (de la casa y la ciudad), quiero gritar nuestra incultura hacia la naturaleza. Nuestra ignorancia del medio ambiente.

El campo es nuestra segunda casa, y como no pagamos alquiler, como nadie nos riñe si ensuciamos, pues así está de maltratado.

Donde queda patente nuestra ignorancia (mala hierba de nuestra cultura) es en la suciedad de los arroyos y fuentes frecuentadas por familias de domingo, en la basura abandonada en lugares inadecuados, en la destrucción del ramaje de los árboles, en la incapacidad de limpiar lo que hemos ensuciado. Nadie tiene en su casa un estercolero, ni un vertedero de basuras. NO, las basuras las guardamos para ese sitio que tanto nos gusta pasar el domingo, para el fondo de ese manantial a flor de tierra, porque el agua limpia y clara debe ser una porquería si no contiene unas cuantas latas de refrescos, unos cuantos plásticos de todos tipos y colores etc. etc.

Hasta que nuestros parques públicos, nuestras fuentes de recreo, nuestras arboledas y lugares destinados al esparcimiento no estén como nuestra propia casa, seguiré diciendo que somos ignorantes y que la plaga de la dejadez corroe nuestra cultura. Elevemos el nivel de nuestra cultura, seamos menos ignorantes, ensanchemos nuestros horizontes, derribemos el muro de la ignorancia… pero antes adecentemos el local.

María del Carmen Pérez Morales (Poeta) ------------ Roberto Marcelo Heredia Medina (Ilustrador) --------

 






A TI MUJER

 A ti mujer, te dedico mi poesía.
Llegó el día de escribirte
y abrir el alma mía.
Así que, ¡escucha con atención estas letras mías!
                                                                                   

Eres un bello regalo que                      
Dios hizo en esta vida,
no solo para el hombre,
sino para todo el que detrás vendría.
 
De ti nació el primer hombre
que como un bebé nacería,
lo llevaste en tu cuerpo
con todo el amor que tú tenías.
 
Estuvo nueve meses
abrazado a tu alma,
y cuando fuera salió, 
tú nunca lo dejarías.                                       
                                                                
A ti que eres mujer,
dedico estas letras mías.
Seas madre, esposa o hermana,
eres la creación más hermosa que habría.
 
Dios te eligió para llevar
en tu vientre la humanidad,
para criar y dar cariño
a todo el que viniese detrás.
 
Te desvives en la vida
por ayudar a los demás
a tu padre y a tu hermano,
tu esposo e hijos, hasta el final.
 
¡Mujer que bella eres!
No te das cuenta de lo que vales.
Eres la creación más hermosa
que pudo hacer Dios entre todas las cosas.
                                                                                                                   
Comienza a verte como deberías,                                                  
como una joya muy preciada,
que no se le puede poner precio       
porque nadie tendría como pagarla.



NOTA: Este poema lo leyó la autora el pasado día 18 de diciembre en la presentación del libro en el que está incluido: "Se me hizo largo el otoño".