ECO Y NARCISO
Solo tú,
tal belleza condenada
a enamorarse de su reflejo.
que cuando sopla el
viento
vuela libre como
vencejo.
del color del roble,
del color del otoño
que deja en el suelo
un manto de cadáveres
ocres;
y hasta las estrellas,
los astros,
sienten complejo.
senderos que dibujan
el tronco de un árbol
viejo.
casco de un barco
hundido;
tus dientes,
soldados relucientes
que han quedado
heridos.
Todo en ti es misterio
perplejo.
como el sol al asomar
tras la montaña a lo
lejos.
ver tu cuerpo es un
festejo.
Tu pecho, dos escudos
más rico que la plata y el oro.
laberinto de curvas,
es Creta.
Ver tu silueta
forma un mosaico de
pequeños azulejos.
y por admirarte y
mirarte,
el poeta muere ahogado
en el lago
de su propia libreta.
Notas Mitológicas:
En un lugar lejano de Grecia,
cerca de un lago , en una pradera verde con flores en un día soleado, varias
ninfas danzaban alegremente por dicho prado. Una de ellas, hermosa, simpática
pero con una maldición: que nunca paraba de hablar. Su nombre era Eco, Las
otras ninfas siempre rehuían de ella, porque como Eco viera algo o supiera algo
siempre lo contaba.
Una tarde de verano Eco risueña le
contaba a otra ninfa que había visto a Zeus, cortejando a una ninfa del bosque.
Este comentario llegó a los oídos de Hera, la mujer de Zeus, como si un fuego
arrasara por los bosques dejando nada más que fuego, caos y cenizas.
Hera enfadada por las calumnias,
aunque en su fondo sabía que eran ciertos no podía permitir que los demás
dioses conocieran las infidelidades de su esposo y tomó la decisión de acallar
a Eco.
Hera condenó a Eco durante la
eternidad a repetir lo último que escuchara.
Tal fue su maldición y se sentía
tan mal de no poder mantener una conversación con ningún ser, que llorando y aterrada
escapó de esa pradera y se escondió en lo más oscuro de un bosque cerca de un
lago donde solo vivía ella.
Un día en ese lago apareció un
apuesto cazador, era la persona más bella que Eco había visto, su nombre era
Narciso.
Ella se enamoró al momento de él,
se quedó espiando a ese cazador, pero este, entrenado en la caza escuchó algo a sus espaldas a lo que
preguntó:
— ¿Hay alguien aquí?
A lo que Eco respondió:
—Aquí, aquí.
Nerviosa y temblorosa optó por
salir, miró de frente a Narciso y lo abrazó enamoradamente.
Narciso cruelmente la empujó
tirándola al suelo, burlándose de ella, escupiéndole que le daba asco.
Tal fue la crueldad de ese bárbaro
hombre que Eco llorando desconsoladamente huyó al fondo de una cueva, muriendo
de pena, de abandono lo único que quedó por los siglos de los siglos hasta los
días actuales es la voz apenada de Eco al escuchar cada palabra…
Hera tras descubrir el final de Eco se apiadó de ella, destinó a Narciso sin que él lo supiera a enamorarse de un amor no correspondido: de él mismo.
Un día fue a beber del mismo lago
que rechazó a Eco y Narciso descubrió en el reflejo del agua a una persona muy
bella, la más bella que él había visto, enamorado intento tocarlo pero la
imagen desapareció, intentó besarlo, pero solo conseguía tragar agua.
Narciso aterrado descubrió que
estaba enamorado de su reflejo, que ese amor era inalcanzable.
Finalmente creyó conveniente tirarse al lago para abrazar a su reflejo para siempre y para siempre lo único que abrazó era a la muerte.
A las orillas de ese lago nació una flor justo después de morir: una flor
blanca y amarilla.


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