Transiciones escandalosas
De nuevo nos
encontramos en un período de transición; le decimos hola al mes de marzo y, con
él, damos la bienvenida a la primavera y nos despedimos del invierno. Ahora nos
esperan algunos cambios que requerirán algo más de energía y movimiento en
nuestras vidas.
Hablando de cambios,
hoy os vengo a hablar de uno muy importante que se produjo hace un tiempo y que
a muchos les costó aceptar. Cuando os diga cuál fue, quizá penséis que es una
exageración, pero lo cierto es que no a todo el mundo le gusta que las cosas
empiecen a tomar un rumbo diferente.
El cambio del que os
hablo simbolizó igualdad, funcionalidad y liberación, porque consiguió
romper con las restricciones sociales que durante siglos habían estado presentes.
Hizo que la mujer tuviera más facilidad para incorporarse al trabajo,
convirtiéndose así en un emblema de independencia y comodidad.
Por si aún no lo
habíais imaginado, os estoy hablando de los pantalones. Esta prenda, tan
presente en el día a día de la vida masculina, fue considerada al principio un
acto de rebeldía, pero acabó transformándose en un símbolo igualitario y de
lucha feminista. Las faldas largas no se adaptaban a todas las necesidades
prácticas. La introducción del pantalón en la vida de las mujeres les
proporcionó libertad de movimiento para trabajar, hacer deporte e incluso para
algo tan simple como montar en bicicleta.
Tanto fue el revuelo
por la introducción de esta prenda en la vida femenina que tuvo que ser, de
alguna manera, «camuflada» en lo que hoy conocemos como la falda-pantalón.
Ahora pensaréis que exagero diciendo que unos pantalones causaron tanto
escándalo, pero os invito a investigar un poco y veréis que no ando equivocada.
De hecho, a principios
del siglo XX —sin irnos muy lejos, concretamente en Madrid—,muchas mujeres que
vestían pantalones o la mencionada falda-pantalón fueron perseguidas,
insultadas y acosadas. Todo esto fue recogido en periódicos como El
Imparcial en 1911, porque en España esta prenda, en aquella época, era
considerada inmoral y calificada como escandalosa.
Fue tal la oposición
que dos mujeres en Madrid fueron perseguidas hasta el punto de que la multitud
les impidió seguir circulando. Tuvieron que refugiarse en una portería y,
finalmente, lograron escapar camuflándose con abrigos largos. Y este no fue un
caso aislado.
Os hablo de todo esto
porque a veces es necesario hacer memoria de todo por lo que han pasado muchas
mujeres. Porque hasta decidir que un lunes iban a vestir pantalones en lugar de
falda fue, para ellas, un acto de lucha y reivindicación. Porque no puede haber
un 8 de marzo sin mirar atrás, alegrarnos por lo que se ha conseguido y
darnos un impulso para que sigan produciéndose más cambios, porque todavía
quedan algunos en el camino.
Finalmente, no puede
faltar la ilustración de siempre. Aprovechando este mes de renovación y de
cambios, os presento una cierva como símbolo de resistencia: un animal
que no necesita imponerse para mostrar fortaleza y poder. Además, decidí
transformar sus cuernos en ramas de cerezo, ya que la flor del cerezo florece
en conjunto, provocando un impacto en los paisajes donde el cielo se tiñe de
rosa. Así, al igual que las voces de las mujeres, que se hacen visibles cuando
suenan al unísono.


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