OBRA DE TEATRO
DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES
28 DE DICIEMBRE
ESCENA VI
(Mismo escenario. Silvia y Teresa en
escena. Teresa va a sentarse en el sillón, pero cuando se da cuenta de
que el sillón es el de Marga, se levanta de pronto, llorisqueando).
TERESA —Lo sabe, lo sabe todo.
SILVIA —¡Quieres callar... que me pones de los nervios! (La
abraza y la consuela). No pasa nada; lo único que quiere es ponernos
nerviosas para hacernos hablar, pero no tiene pruebas. (Se separa de Teresa).
Son las preguntas habituales en estos casos, tú solo tienes que no perder los
nervios. (Se sienta en el sillón como buscando algo). Ya hemos hablado
muchas veces lo que tenemos que decir cuando nos hagan preguntas, así que deja
ya de llorar, mujer. ¿A qué has venido?
TERESA —A ver si estabas. Como me dijiste que ibas a venir
al despacho, pues quería comentarte algo.
SILVIA —Venga, desembucha.
TERESA —(Se sienta). Quiero saber si este incidente
afectará a lo nuestro.
SILVIA —¡Pues claro que no! Tan solo tenemos que tener
cuidado; puede que nos estén vigilando. (Se levanta del sillón y Teresa
también; Silvia se aproxima a ella). Pero nos veremos como hasta ahora,
solo que más discretamente, por lo menos un tiempo, hasta que esté todo
solucionado. (Besa a Teresa). ¡Venga, vámonos! Te invito.
(Salen).
ESCENA VII
(Cuando comienza la acción está la Inspectora M. J.
con el teléfono llamando).
INSPECTORA M. J. —¿Teresa? ¿Puede traerme mi carpeta, que me la he
dejado en su despacho?... ¿Qué cuándo he estado en su despacho? Hace media hora
fui a hablar con usted, pero no estaba. Me dijeron que tardaba poco. Venga, la
espero.
(Teresa entra en el despacho. La Inspectora
está sentada en el sillón donde estaba Marga, exactamente igual que
cuando estaba muerta. Teresa da un grito y los papeles que traía se le
caen al suelo).
INSPECTORA M. J. —Veo que se le han caído los papeles. Venga, recójalos.
Se le caen las cosas de las manos cuando ve algo fuera de lo normal. Y, sin
embargo, no se le cayeron cuando entró sola ese día.
TERESA —¡No... no! Entramos las dos juntas, pero me agarró
Silvia cuando se dio cuenta del estado de Marga, por eso no se me cayeron los
informes que traía.
INSPECTORA M. J. —(Se levanta del sillón). ¿Vosotras vinisteis
al escuchar el disparo?
TERESA —No, veníamos a revisar los papeles, porque todos los
días, después de terminar la jornada, nos juntamos en el despacho.
INSPECTORA M. J. —¿Usted es zurda?
TERESA —Sí. ¿Cómo lo sabe?
INSPECTORA M. J. —Como ya le he dicho, estuve en su despacho. Por la
forma en que están todas las cosas, por su forma de escribir y por los muchos
detalles que nos enseñan en la academia. Y una muy importante: en su mesa hay
una foto suya escribiendo con la mano izquierda. ¿Quiere usted sentarse en el
sillón? (Teresa se sienta. La Inspectora pone su pistola en la mesa). No
se asuste, coja la pistola.
TERESA —(Coge la pistola con miedo).
INSPECTORA M. J. —No tenga miedo, está descargada. Póngasela en la
cabeza.
TERESA —(Con la pistola en la mano izquierda, se la pone
en la sien izquierda).
INSPECTORA M. J. —Vale, es suficiente.
TERESA —¿A dónde quiere ir a parar?
INSPECTORA M. J. —Usted ha hecho lo mismo que supuestamente hizo Marga. Pero Marga también era zurda y, sin embargo, el tiro lo tenía en el lado derecho. ¿No le parece extraño? Pero bueno, eso es otra historia. Siga, siga sentada. Otra cosa, Teresa... ¿Usted tiene novio? ¿De amor cómo anda? (Se sienta en el filo de la mesa).
TERESA —(Más tensa). Eso son asuntos personales que
solo me incumben a mí. Además, yo soy más de mujeres... ya me entiende.
INSPECTORA M. J. —(Acosando un poco más a Teresa). ¿Entonces,
como secretaria personal de Marga y Silvia, que eran pareja o más bien
matrimonio, también debe saber que Silvia tenía —o tiene— una aventura? ¿Usted
no sabe quién es esa persona?
TERESA —(Se levanta del sillón y empieza a llorisquear).
Yo no sé quién es, y si lo supiera, no se lo diría.
INSPECTORA M. J. —¡Si lo sabe, venga, dígamelo! ¿Es usted?
(En ese instante entra Silvia, se coloca al
lado de Teresa y la abraza. Teresa sigue lloriqueando).
SILVIA —¿Quiere hacer el favor de dejarla en paz? ¿No está
llevando esto demasiado lejos?
(Suena el teléfono; lo coge la Inspectora M. J.).
INSPECTORA M. J. —¿Que llegue al laboratorio? Ya voy para allá. Bueno,
ya me voy, me esperan. (Saliendo). Gracias por su colaboración, Teresa.
(Sale la Inspectora de escena).
CONTINUARÁ…………

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