OBRA DE TEATRO
PERSONAJES
INSPECTORA M J
MARGARITA
SILVIA
TERESA
JULIANA
FORENSE
AGENTE
I ESCENA
(La acción se desarrolla en un
despacho bastante amplio, con
muebles antiguos, una gran mesa
de escritorio, una librería con libros; entre los libros, uno rojo como un diario;
en la mesa, unos cuadros familiares;
en el lado izquierdo de la mesa,
una mesita especie de camarera y
un lapicero con bolígrafos; un
asiento giratorio y, en el otro
lado de la mesa, un asiento normal. Dos mujeres en plan amoroso.)
SILVIA — (Separándose de la
otra mujer) — ¡Basta, que ya
mismo viene Marga y nos pillará!
TERESA — (Sigue en plan
amoroso, intentando besar a Silvia)
— Todavía es pronto. Sigamos.
SILVIA — ¡Te he dicho que no... Venga, vámonos!... Coge los informes y salgamos, yo me llevo las compras. (Salen).
II ESCENA
(Mismo escenario. Entra una mujer de unos treinta años, aunque parece lo mismo que Silvia y Teresa. Trae unos informes en la mano izquierda, y un maletín.
Se sienta en el sillón giratorio.
Del maletín saca unas fotos y las ojea.
Llama por teléfono.)
MARGA — Juliana, tráeme lo de siempre. (Marga ojea los informes.
Entra Juliana).
JULIANA — (Entra con la bandeja y una copa de ponche con hielo) — ¿Te la dejo donde siempre? (Deja la bandeja en la camarera que hay en el lado izquierdo.)
MARGA — (Sin mirar a Juliana) — Sí. Déjala donde siempre.
Y te puedes marchar, que estoy averiguando cosas importantes.
(Juliana no se va, se queda en el sitio donde dejó la
bandeja con la copa. Marga se da
cuenta y la mira.)
— ¿No te he dicho que te marches
y me dejes sola?
JULIANA — (Seria) — Sí. Pero si me voy no puedo decirte lo que tengo que decirte, que ya te lo he dicho muchas veces, y no me voy hasta que se sepa
algo en concreto, porque siempre
me estás dando largas, y una
tiene sus necesidades como todo el mundo,
y lo sabes desde hace mucho tiempo.
MARGA — (Se levanta, va a la librería y extrae el diario rojo. Se pone al lado de Juliana en plan cariñoso.) — Ya te lo he dicho varias veces, ya te lo he dicho varias veces. Ya sé que me lo has dicho muchas veces. Mira; Juliana, llevas entre nosotras en la empresa no sé cuánto tiempo, y con mis padres, que en paz descansen. ¡Bueno! Desde que yo nací, que por eso entraste en esta casa para cuidar de mi hermano Iván y de mí. Ya sé que tengo que aumentarte el sueldo, pero ahora no es el momento... ¡tú no te preocupes!... que más pronto que tarde tienes el aumento de sueldo en tu cuenta.
JULIANA — ¡Bueno! Ya me voy, pero de mala gana.
¿Quieres algo más?
MARGA — (Juliana sale, y Marga pone el diario en la librería, y se sienta en el sillón giratorio. Entra Silvia.)
SILVIA — (Entra canturreando) — ¡Hola, la, la, hola la, la! (Gira el
sillón de Marga, intenta besarla. Marga la rechaza.)
— ¡Pero bueno! ¿Por qué me rechazas?
¿Estás enfadada por algo? (Se
retira de Marga, se saca un
chicle del bolsillo y el envoltorio del chicle lo tira en la papelera que hay
en el lado izquierdo de la mesa.)
¿Me vas a decir qué es eso tan urgente?
MARGA — (Dejando de mirar
los papeles, sigue en el sillón) — Sí, quiero saber cómo llevas la producción en la fábrica. Tenemos un gran pedido con
unos nuevos clientes; no podemos fallarles.
Yo sé que tú puedes hacerlo, por
algo llevamos tanto tiempo juntas.
(Silvia se sienta en la otra
silla que hay en el otro lado de la mesa,
sigue masticando chicle.)
— Y ahora te voy a decir por qué te
rechacé antes. Llevas un tiempo
que en la cama eres fría, que
cuando lo estamos haciendo, te
siento distante, y es lo que me choca, porque tú siempre has sido muy apasionada. Ya me dirás a qué es debido, porque yo, por más vueltas que
le doy, no encuentro explicación. Y otra cosa: de la cuenta que tenemos en el
banco has sacado un dinero que no está justificado.
SILVIA — ¿Ahora me estás controlando? Te recuerdo que la
empresa es de la dos.
MARGA — Sí, lo sé... pero tú sabes... que ese no es nuestro lema. Es que llevas haciéndolo desde
hace seis meses y no me has
justificado para qué ha sido el dinero.
Si por lo menos me lo dijeras,
me quedaría más tranquila.
Porque no hago más que pensar y darle vueltas a la cabeza. ¿Tendrá una aventura?
SILVIA — (Se levanta del
sillón y se va hacia donde está Marga,
en plan cariñoso) — ¿Cómo puedes
sospechar de mí? ¡Si en mi vida
siempre has estado tú, en todo
momento, desde siempre! (Marga
se levanta, va a la librería, Silvia la sigue.)
— Marga, igual es un error del banco. MARGA — Un
error sería si solo fuese un mes,
pero son seis meses.
(Marga se pone frente a Silvia.)
— ¡Mírame a los ojos! ¿No tendrás una aventura, verdad? SILVIA — (Apartándose de Marga) — ¿Por qué me lo preguntas? Sabes que siempre he estado a tu lado, ya te lo he dicho muchas veces, ya me lo has preguntado hoy dos veces.
MARGA — En estos seis
meses has cambiado de perfume,
llegas tarde, te maquillas diferente.
SILVIA — ¡Basta ya... Vamos a dejarlo!... ¡Me voy a la fábrica!
MARGA — (Marga agarra a
Silvia por el brazo y la vuelve hacia ella.)
— ¡No! Porque algo me corroe por dentro
y lo voy a descubrir, y como sea
lo que yo sospecho, rompemos la
sociedad y nuestra relación.
Vete y déjame sola.
SILVIA — Como quieras. (Sale de escena).
III ESCENA
(Cuando comienza la escena, el escenario está con luz tenue. Marga está sentada en su sillón
con el cuerpo hacia delante y la cabeza apoyada en la mesa. Silvia está junto a ella con una pistola en la mano; el arma tiene un silenciador. Silvia le pone a Marga el
arma en la mano derecha, cuando
entra Teresa.)
TERESA — (Entra y cuando ve
a Marga da un grito y se le caen
los informes al suelo. La luz
del escenario se ilumina del todo.)
SILVIA — (A Teresa) — ¡Cállate!... y cierra la puerta...,
no ves que te van a oír. Recoge
los informes y siéntate.
TERESA — (Recoge los
informes del suelo, que se le
cayeron de la impresión al ver a Marga.
Teresa se sienta llorisqueando.)
— ¿Qué ha pasado... está muerta... qué has hecho?
SILVIA — Sí. Tuve que hacerlo, se enteró de lo nuestro.
(Silvia se saca un chicle del bolsillo,
lo deslía y el envoltorio lo
tira a la papelera que está en el lado izquierdo de la mesa. El chicle se lo da a Teresa.)
— Toma, y deja el llorisqueo
que me pones de los nervios. Se
enteró de lo nuestro y me
amenazó con disolver la empresa y el matrimonio.
¿Qué querías que hiciera?
TERESA — (Que sigue con su llorisqueo.) — Eso digo yo. ¿Ahora qué hacemos?
SILVIA — Lo he hecho de
forma que parezca un suicidio.
Tú solo tienes que hacer lo que yo te diga y seguirme la corriente. Venga, vete con los papeles
y deja el llanto. (Sale Teresa.)
— (Silvia saca del bolso un
frasco de pastillas y lo mete en el cajón izquierdo de la mesa. La pistola la pone en la mano
derecha de Marga. Se quita los
guantes de las manos. Con la
vista lo mira todo. Va donde
está el teléfono, llama a la policía.) — ¿Comisaría de policía?
CONTINUARÁ…………


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