POEMA:
Cuando el Cielo lloró en el Calvario
En lo alto del monte llamado Calvario,
donde la muerte alzó su altar,
la tarde vistió negro sudario,
el cielo comenzó a temblar.
La cruz se alzaba negra, desnuda,
rasgando el silencio mortal;
el viento, con pena profunda,
gemía sobre aquel lugar.
Las piedras guardaban lamento profundo,
la tierra dejó de latir,
pues el Creador del cielo, del mundo,
agonizaba allí.
Su frente sangraba bajo corona de
espinas,
sus manos abiertas de amor,
el rojo de aquellas heridas divinas
clamaba más fuerte que el dolor.
El sol ocultó su fuego ardiente,
la luz se volvió oscuridad,
cómo si el mismo cielo doliente
no quisiera mirar.
Entonces alzó su mirada al cielo,
con aliento débil, voz de perdón;
entregó su espíritu en último anhelo
con santa resignación.
Cuando expiró sobre aquel madero
el Santo, el Cordero, la Luz,
brotó un llanto desde el cielo entero
por la muerte de Jesús.
Las nubes rompieron su pecho en
tormenta,
la lluvia empezó a descender,
como lágrimas puras, lentas,
que el cielo no pudo contener.
El trueno rugió con voz desgarrada,
la tierra tembló de dolor,
el monte guardó en su roca callada
la herida del Redentor.
Más en medio de noche sombría
nació esperanza en la cruz;
la muerte creyó que vencía...
sin ver que nacía la luz.
Desde aquel día, cuando la lluvia
desciende sobre la creación,
muchos recuerdan aquella hora
del más grande acto de amor.


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