ATENEA Y POSEIDÓN
ATENAS
Medita
un minuto,
varias
horas,
dando
pasos por donde los dieron
guerreros
y pensadores,
entre
campos de olivos y amapolas.
al
pisar un campo floral,
al
pisar el Partenón, el Ágora;
pasear
por la Pnix
o,
en un trirreme,
surcar
las olas.
se
evapora,
todo
lo borra.
No
mentía:
Cronos
todo lo devora.
frente
a escudos de escayola.
En
mis ojos, columnas corintias;
en
mi corazón, guitarras españolas.
En
mi corazón, tú,
pero
llora.
Yo
dije:
«Con
gusto, dispara».
lo
que sostenía la pistola.
Todavía
huele a tu ausencia, nena;
me
salió cara.
pero
vuela,
vuelo.
Todos
estos versos
te
condecoran.
lo
único que yo controlo.
Naces
solo,
mueres
a solas.
o
creo que queden por venir,
por
todos los que,
en
verso o en prosa,
tengan
algo que decir,
les
invito a este paseo.
aceite
de oliva
de
la sombra del Guadalquivir,
bañada en el mar del Egeo.
NOTAS MITOLÓGICAS
Hubo un día en el que Atenea luchó con Poseidón por
ser los patrones de esta tierra árida y vasta.
Al no ponerse de acuerdo ambos dioses, Zeus ordenó un
concurso en el que ambos tenían que ofrecer algo al pueblo que allí habitaba:
si Atenea, diosa de la sabiduría, nacida completamente armada de la cabeza de
su padre Zeus, o Poseidón, dios de los mares, el del furioso tridente,
provocador de tormentas y terremotos.
Poseidón, seguro y obstinado, golpeó con su tridente
el suelo, provocando una gran grieta, estaba oscura y profunda; empezó a emanar
agua como si sangre saliera de la piel de un humano tras un tajo. El pueblo se
alegró del agua y corrió sediento para saciar su sed, pero al dar el primer
sorbo escupieron el agua, ya que era salada. En cambio, en el tuno de Atenea,
plantó un olivo en el suelo; este, con tronco recio, con hojas perennes y
longevo, no solo daba sombra todo el año, sino que también un fruto, la
aceituna, que podía ser comestible e incluso, tras su tratado, extraer aceite
que servía de combustible.
El pueblo, maravillado, tenía claro quién sería su
patrona a partir de ahora, pero esto le tocaba decidirlo al rey de ese poblado.
Cécrope dio el voto a favor de Atenea, que salió como victoriosa de aquel
duelo. Poseidón, indignado y como mal perdedor, golpeó con fuerza su tridente,
inundando así parte del poblado hasta entonces llamado Cecropia.
Tras retirarse Poseidón hacia sus dominios marítimos,
el pueblo estaba tan encantado con su patrona que pasó a llamarse Atenas y,
desde entonces, se venera a esa diosa allí.
Esta disputa se
encuentra representada en el frontón de la parte occidental del Partenón,
templo creado en honor a Atenea Parthenos, diseñado por Ictinos y Calícrates y
supervisado por Fidias entre los años 447 y 432 a.C.


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