abril 01, 2026

Miguel Ángel Moral Quero






DIVINO PRISIONERO 







Cristo cautivo por amor al mundo,
Rey de los Judíos en labios de burla
y Rey del Cielo en la verdad del tiempo.
 
Preso vas sin culpa,
con las manos atadas por salvar las nuestras,
con la mirada baja
y el corazón abierto como herida eterna.
 
En la tarde grave del Jueves Santo
cuando el sol se pierde sobre los tejados,
se abren las puertas de la Mayor de la Asunción y Ángeles
como se abrió el Pretorio en Jerusalén.
 
Y sales Tú,
Jesús Preso,
a encontrarte con tu pueblo
como antaño saliste al encuentro del juicio.
 
Te llamaron Rey de los Judíos
con manto de burla y corona de espinas,
pero hoy Cabra te proclama Rey verdadero
sin gritos,
sin lanzas,
solo con fe antigua y lágrimas contenidas.
 
Señor de las Multitudes te llamaban antaño,
porque eras seguido por pobres y enfermos,
por madres, por niños, por pecadores,
por los que buscaban pan
y por los que buscaban cielo.
 
Hoy sigues siendo el mismo:
el que convoca corazones
aunque vaya preso.
 
Te llevan tus Judíos,
hermanos de la tradición y del esfuerzo,
portándote a baral por fuera,
como manda la historia viva del pueblo,
cargando tu peso
como si cargaran el peso del mundo,
marcando el paso
como si marcaran los latidos del tiempo.
 
Y al verte pasar,
la calle se convierte en Vía Dolorosa,
las aceras en huerto de Getsemaní,
y el aire se llena
de un silencio que huele a incienso
y a oración antigua.
 
Tras de Ti caminan tus nazarenos,
túnica blanca como pureza prometida,
morada en los detalles
como anuncio de tu Pasión bendita.
 
Nazarenos mayores,
con fe de muchos años,
y chiquillería menuda
aprendiendo a rezar con los pies descalzos del alma.
 
Niños que hoy caminan contigo
y mañana heredarán tu paso,
como se hereda un apellido
o se hereda una promesa.
 
Porque tu cautiverio enseña
que el amor verdadero
no huye,
no se esconde,
no se defiende con espada.
 
Y Tú vistes la túnica morada,
riqueza de oro bordado
que no es lujo,
sino ofrenda.
 
Oro que no presume,
sino que reza.
Y arrastras la cola de cigarrón,
seña antigua de Cabra,
cola de historia,
cola de pueblo,
cola que escribe en el suelo
tu caminar de Redentor.
 
Morado de Rey humillado,
oro de gloria futura,
cola de tradición viva
que besa la piedra
por donde pasan los siglos.
 
No vas solo, Señor,
aunque vayas preso.
Te acompaña el murmullo de las saetas mudas,
el temblor de las manos que se persignan,
la lágrima del que te mira
como quien mira su propia culpa.
 
Y cuando el paso avanza
parece que no es madera lo que camina,
sino un Evangelio vivo
escrito con andas y sudor.
 
Divino Prisionero,
Preso por amar demasiado,
Preso por no negar al Padre,
Preso por no abandonar al hombre.
 
Que tus manos atadas
aten nuestros pecados,
que tu silencio juzgado
grite misericordia,
que tu caminar cautivo
nos enseñe a caminar rectos.
 
Rey de los Judíos te llamaron,
y sin saberlo dijeron la verdad.
Porque eres Rey no por trono,
sino por cruz;
no por corona,
sino por espinas;
no por poder,
sino por entrega.
 
Y cuando regresas al templo
tras recorrer tus calles,
no vuelves vencido,
sino sembrado.
 
Porque cada Jueves Santo
dejas tu huella
en la conciencia del pueblo.
 
Divino Prisionero,
Señor de las Multitudes,
 
Jesús Preso de Cabra,
cuando pasas
no camina un paso,
camina la historia,
camina la fe,
camina el alma entera
de un pueblo que te reza.



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