abril 01, 2026

Rafael Rodríguez Muñoz (Patillas)

 



OBRA DE TEATRO:







DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

28 DE DICIEMBRE

ESCENA VIII


(Cuando comienza la escena, el forense está paseando de un lado a otro mirando su reloj. Entra la inspectora M. J.)

INSPECTORA M. J. —Perdona mi tardanza, pero he tenido que hacer unos ajustes en el caso de la empresaria. Siéntese, por favor.

(El forense se sienta en el sillón de la mesa y la inspectora se sienta en el sillón de la empresaria, que está al otro lado de la mesa).

¿Usted lleva poco tiempo en este departamento?

FORENSE —Una semana. Vine en sustitución por baja laboral del anterior forense. Estaré hasta el veintiocho de diciembre y mire con lo que me he encontrado. ¡Un asesinato!

INSPECTORA M. J. —Es curioso, la jueza también mencionó esa fecha.

FORENSE —Será coincidencia. Bueno, ¿para qué me ha llamado? Si el informe lo dejé en el departamento.

INSPECTORA M. J. —Quiero que me haga usted un resumen de cómo estaba el cadáver y qué salió en la autopsia.

FORENSE —La empresaria estaba en este sillón.

(La forense señala el sillón y se sienta en él).

El cadáver presentaba un orificio de bala en la parte derecha de la cabeza, sin salida; el cuerpo hacia delante, con la pistola en la mano.

INSPECTORA M. J. —(Interrumpiendo) ¡Perdón! ¿Ha dicho sin salida? ¿Y no le parece extraño que, estando tan cerca, no tenga salida?

FORENSE —Los de Analística se llevaron la pistola. La pistola tenía un fallo en el percutor; debido a eso, la bala salió sin fuerza.

INSPECTORA M. J. —Eso me despeja muchas dudas. Otra cosa más. ¿En el estómago no había sustancias como pastillas u otras cosas extrañas?

FORENSE —No, estaba limpio. ¿Adónde quiere ir a parar?

INSPECTORA M. J. —Se lo digo porque en la mesita que está en el lado izquierdo había un vaso con una bebida que todas las tardes le traía Juliana, una empleada de toda la vida. Al parecer no había sustancias ni venenos de ninguna clase. En el cajón del lado izquierdo, unas pastillas depresivas.

FORENSE —(Se levanta del sillón y se pone en el centro del escenario; la inspectora se pone a su lado) Lo que sí vi extraño es que, siendo zurda…

INSPECTORA M. J. —¿Cómo ha llegado a esa conclusión?

FORENSE —Cuando examiné el cuerpo, el dedo índice y el pulgar de la mano izquierda tenían tinta, y en la mano derecha no. La pluma estaba en el lado izquierdo.

INSPECTORA M. J. —¡Buena observación! Yo también sé que era zurda, llegando a otras conclusiones.
(Se mueve por el escenario y termina detrás del sillón).

Entonces la pregunta es: ¿una persona que es zurda agarra una pistola con la mano derecha y se pega un tiro en la parte derecha de la cabeza, siendo zurda? ¿Y por qué, teniendo un bote de pastillas para la depresión, no hubiera sido más fácil suicidarse tomándolas?

FORENSE —Estoy totalmente de acuerdo con usted. Igual tenía intención de hacerlo con el método de las pastillas y después pensó en el otro.

INSPECTORA M. J. —¿Entonces podemos decir que no fue asesinato?
(El forense asiente con la cabeza).

Bueno, por mi parte no hay más preguntas. Me ha sido usted de muchísima ayuda, aunque hay algunas dudas; se puede decir que el caso está cerrado como suicidio. ¿No le parece?

FORENSE —(Mirando su reloj) Sí, totalmente de acuerdo. Bueno, inspectora, sintiéndolo mucho, me tengo que marchar.

INSPECTORA M. J. —Bien, me voy con usted, si no le importa.

(Salen los dos).

ACTO TERCERO

ESCENA IX

(Cuando comienza la escena están todos los personajes en el escenario. En el sillón del escritorio hay otro personaje sentado y en la mesa, unas copas y una botella de champán).

TERESA —¡Por fin lo hemos conseguido! Aunque nos lo ha puesto bastante difícil. ¡Es muy astuta…! Estuvo a punto de pillarme si no es por Silvia.

SILVIA —¡Tú, con tanto lloriqueo y tanta duda!

LA AGENTE —Pues yo le entregué todo el informe tal como me dijo la jueza, y que le preguntara a la forense. Yo creo que cumplí con lo que teníamos planeado.

FORENSE —Seguramente se nos escapó algún detalle que ella sabe y nosotras no; un cabo suelto.

MARGA —(Que estaba de espaldas y sentada en el sillón. Cuando se da la vuelta) ¡Bueno, ya está bien de tantas dudas! Todo ha salido como esperábamos. ¡Veintiocho de diciembre! ¡Le hemos dado la broma del siglo a la mejor inspectora del momento!

TODAS —¡Inocente, inocente…!

FORENSE —¿Por qué no hacemos un brindis como sabe Juliana?

(Todas van hacia una mesa camarera que hay al fondo del despacho, con unas copas y dos botellas de champán. Cada una con una copa en la mano. Juliana comienza el brindis. Todas haciendo un corro, Juliana en el centro, llena las copas).

JULIANA —(En francés; el resto del grupo responde en español)

Santé. Salud.

Tchin, tchin. Chin-chín.

À votre santé. A vuestra salud.

À la tienne. A la tuya. 

Levons nos verres. Levantemos nuestras copas.

Je lève mon verre. Levanto mi copa.

On trinque. ¿Brindamos?

Je lève mon verre à tes beaux yeux. Levanto mi copa ante tus hermosos ojos.

INSPECTORA M. J. —(Interrumpiendo, entra en escena con una copa en la mano)
¿Puedo yo también brindar?

(A Teresa se le cae la copa; las demás se quedan congeladas. La inspectora camina hacia ellas).
Parece que habéis visto un fantasma. Que no, que soy la inspectora M. J. en persona, a la que pretendíais gastarle una broma que, por cierto, si hubiera salido bien, habría estado bien realizada. Pero aquí estoy yo, con la copa que trajo Juliana.
(La inspectora M. J. se dirige a Silvia).

Silvia, ¿tiene un chicle?

SILVIA —Sí, claro.

INSPECTORA M. J. —¿Puede darme uno?

(Silvia se saca un chicle del bolsillo y se lo entrega a la inspectora. Esta se saca un envoltorio del bolsillo del pantalón).

Qué coincidencia que este papel es idéntico al que había en la papelera que hay en el lado izquierdo de la mesa escritorio. También es igual al que encontré en vuestra habitación. Porque eso sí es cierto y no habéis mentido en lo de que estáis casadas. Quiero decir que Silvia estuvo en este despacho antes de producirse el falso suicidio.

FORENSE —¿Y yo qué fallo he tenido?

INSPECTORA M. J. —Fallo en sí, ninguno. Es más, todo muy bien redactado. Pero fue sospechoso que coincidiera también con la fecha veintiocho de diciembre que tenía Teresa en su despacho, en un almanaque circulado con la misma fecha.

(Se saca un diario rojo de su chaqueta y lo enseña a todos).

Pero lo más inocente de todo es que Marga también tiene la misma fecha.

MARGA —¡Ese es mi diario!… ¿Cómo lo ha conseguido? 

INSPECTORA M. J. —Cuando entré en este despacho por primera vez, en la librería había un libro rojo. Yo no le di importancia, pero cuando vine por segunda vez alguien lo tuvo que coger, porque las letras estaban del revés. Lo extraje y era un diario: «Diario de M». Lo ojeé y lo dejé de nuevo en su sitio. Pero, porque siempre hay un… pero, vine para seguir con la investigación… ¡ya no estaba el diario en su sitio! Y me dije: aquí hay gato encerrado. Entonces, como buena detective, busqué y me senté en el sillón de Marga. En la mesa, en el lado izquierdo, hay dos cajones. En el primero…

(Silvia interrumpe a la inspectora).

SILVIA —¡Marga! ¿Cómo es que no me has dicho nada de ese diario?

MARGA —Porque es mi diario personal.

SILVIA —Marga, llevamos juntas mucho tiempo y te has guardado ese secreto.

INSPECTORA M. J. —¡Bueno, está bien! Vuestros problemas los dejáis para más tarde. Como os iba diciendo, en el primer cajón solo encontré informes y contratos de empresa, y en el segundo cosas más personales. Pero ese cajón tiene dos partes. ¿Es cierto, Marga?

MARGA —Sí.

INSPECTORA M. J. —Y Silvia se preguntará: ¿cómo es que yo no lo he descubierto? Pues yo te lo voy a decir. Debajo del segundo cajón hay un botón que se activa y se abre una trampilla, y ahí estaba el diario. Entonces pensé: si el diario es de Marga, lo tenía en secreto. ¿Quién lo ha puesto en el segundo cajón? Pues la misma Marga, por supuesto. Esta vez sí estuve leyéndolo. En la última página decía esto. Marga, lea, por favor.

(La inspectora le entrega el diario a Marga).

MARGA —Días pasados contraté a un detective privado porque sospecho que Silvia tiene un rollo con alguien; de ahí la falta de dinero que hay en la cuenta. El detective me entrega fotos y, como sospechaba, Silvia y Teresa están liadas. Tengo que hablar con Silvia y, si es verdad, disuelvo la empresa y nos divorciamos.

Nota: 28 de diciembre. Broma a la inspectora M. J.

INSPECTORA M. J. —Cuando leí esto ya tuve el caso resuelto. Broma a la inspectora M. J. ¡28 de diciembre, inocente… inocente! Os debería meter a todas en el talego, pero lo voy a dejar como broma.

(La inspectora M. J. coge la botella de champán y una copa y se la llena).
Ahora la que brinda soy yo, por la chapuza de asesinato.

(Bebe y le da la copa a Juliana. Se va del escenario diciendo:)

¡Inocente, inocente!

 

FIN

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