OBRA DE TEATRO:
DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES
28 DE DICIEMBRE
ESCENA VIII
(Cuando comienza la escena, el forense está paseando de un lado a otro mirando
su reloj. Entra la inspectora M. J.)
INSPECTORA M. J. —Perdona mi
tardanza, pero he tenido que hacer unos ajustes en el caso de la empresaria.
Siéntese, por favor.
(El forense se sienta
en el sillón de la mesa y la inspectora se sienta en el sillón de la
empresaria, que está al otro lado de la mesa).
¿Usted lleva poco
tiempo en este departamento?
FORENSE —Una semana.
Vine en sustitución por baja laboral del anterior forense. Estaré hasta el
veintiocho de diciembre y mire con lo que me he encontrado. ¡Un asesinato!
INSPECTORA M. J. —Es curioso,
la jueza también mencionó esa fecha.
FORENSE —Será
coincidencia. Bueno, ¿para qué me ha llamado? Si el informe lo dejé en el
departamento.
INSPECTORA M. J. —Quiero que
me haga usted un resumen de cómo estaba el cadáver y qué salió en la autopsia.
FORENSE —La
empresaria estaba en este sillón.
(La forense señala el sillón y se sienta en él).
El cadáver presentaba
un orificio de bala en la parte derecha de la cabeza, sin salida; el cuerpo
hacia delante, con la pistola en la mano.
INSPECTORA M. J.
—(Interrumpiendo) ¡Perdón! ¿Ha dicho sin salida? ¿Y no le parece extraño que, estando
tan cerca, no tenga salida?
FORENSE —Los de
Analística se llevaron la pistola. La pistola tenía un fallo en el percutor;
debido a eso, la bala salió sin fuerza.
INSPECTORA M. J. —Eso me
despeja muchas dudas. Otra cosa más. ¿En el estómago no había sustancias como
pastillas u otras cosas extrañas?
FORENSE —No, estaba
limpio. ¿Adónde quiere ir a parar?
INSPECTORA M. J. —Se lo digo
porque en la mesita que está en el lado izquierdo había un vaso con una bebida
que todas las tardes le traía Juliana, una empleada de toda la vida. Al parecer
no había sustancias ni venenos de ninguna clase. En el cajón del lado
izquierdo, unas pastillas depresivas.
FORENSE —(Se levanta
del sillón y se pone en el centro del escenario; la inspectora se pone a su
lado) Lo que sí vi extraño es que, siendo zurda…
INSPECTORA M. J. —¿Cómo ha
llegado a esa conclusión?
FORENSE —Cuando
examiné el cuerpo, el dedo índice y el pulgar de la mano izquierda tenían
tinta, y en la mano derecha no. La pluma estaba en el lado izquierdo.
INSPECTORA M. J. —¡Buena
observación! Yo también sé que era zurda, llegando a otras conclusiones.
(Se mueve por el escenario y termina detrás del sillón).
Entonces la pregunta
es: ¿una persona que es zurda agarra una pistola con la mano derecha y se pega
un tiro en la parte derecha de la cabeza, siendo zurda? ¿Y por qué, teniendo un
bote de pastillas para la depresión, no hubiera sido más fácil suicidarse
tomándolas?
FORENSE —Estoy
totalmente de acuerdo con usted. Igual tenía intención de hacerlo con el método
de las pastillas y después pensó en el otro.
INSPECTORA M. J. —¿Entonces
podemos decir que no fue asesinato?
(El forense asiente con la cabeza).
Bueno, por mi parte no hay más preguntas. Me ha sido usted de muchísima ayuda, aunque hay algunas dudas; se puede decir que el caso está cerrado como suicidio. ¿No le parece?
FORENSE —(Mirando su
reloj) Sí, totalmente de acuerdo. Bueno, inspectora, sintiéndolo mucho, me
tengo que marchar.
INSPECTORA M. J. —Bien, me voy
con usted, si no le importa.
(Salen los dos).
ACTO TERCERO
ESCENA IX
(Cuando comienza la
escena están todos los personajes en el escenario. En el sillón del escritorio
hay otro personaje sentado y en la mesa, unas copas y una botella de champán).
TERESA —¡Por fin lo
hemos conseguido! Aunque nos lo ha puesto bastante difícil. ¡Es muy astuta…!
Estuvo a punto de pillarme si no es por Silvia.
SILVIA —¡Tú, con
tanto lloriqueo y tanta duda!
LA AGENTE —Pues yo le
entregué todo el informe tal como me dijo la jueza, y que le preguntara a la
forense. Yo creo que cumplí con lo que teníamos planeado.
FORENSE —Seguramente
se nos escapó algún detalle que ella sabe y nosotras no; un cabo suelto.
MARGA —(Que estaba
de espaldas y sentada en el sillón. Cuando se da la vuelta) ¡Bueno, ya está
bien de tantas dudas! Todo ha salido como esperábamos. ¡Veintiocho de
diciembre! ¡Le hemos dado la broma del siglo a la mejor inspectora del momento!
TODAS —¡Inocente,
inocente…!
FORENSE —¿Por qué no
hacemos un brindis como sabe Juliana?
(Todas van hacia una
mesa camarera que hay al fondo del despacho, con unas copas y dos botellas de
champán. Cada una con una copa en la mano. Juliana comienza el brindis. Todas
haciendo un corro, Juliana en el centro, llena las copas).
JULIANA —(En francés;
el resto del grupo responde en español)
Santé. Salud.
Tchin, tchin.
Chin-chín.
À votre santé. A
vuestra salud.
À la tienne. A la tuya.
Levons nos verres.
Levantemos nuestras copas.
Je lève mon verre.
Levanto mi copa.
On trinque.
¿Brindamos?
Je lève mon verre à
tes beaux yeux. Levanto mi copa ante tus hermosos ojos.
INSPECTORA M. J.
—(Interrumpiendo, entra en escena con una copa en la mano)
¿Puedo yo también brindar?
(A Teresa se le cae la
copa; las demás se quedan congeladas. La inspectora camina hacia ellas).
Parece que habéis visto un fantasma. Que no, que soy la inspectora M. J. en
persona, a la que pretendíais gastarle una broma que, por cierto, si hubiera
salido bien, habría estado bien realizada. Pero aquí estoy yo, con la copa que
trajo Juliana.
(La inspectora M. J. se dirige a Silvia).
Silvia, ¿tiene un
chicle?
SILVIA —Sí, claro.
INSPECTORA M. J. —¿Puede darme
uno?
(Silvia se saca un
chicle del bolsillo y se lo entrega a la inspectora. Esta se saca un envoltorio
del bolsillo del pantalón).
Qué coincidencia que
este papel es idéntico al que había en la papelera que hay en el lado izquierdo
de la mesa escritorio. También es igual al que encontré en vuestra habitación.
Porque eso sí es cierto y no habéis mentido en lo de que estáis casadas. Quiero
decir que Silvia estuvo en este despacho antes de producirse el falso suicidio.
FORENSE —¿Y yo qué
fallo he tenido?
INSPECTORA M. J. —Fallo en sí,
ninguno. Es más, todo muy bien redactado. Pero fue sospechoso que coincidiera
también con la fecha veintiocho de diciembre que tenía Teresa en su despacho,
en un almanaque circulado con la misma fecha.
(Se saca un diario
rojo de su chaqueta y lo enseña a todos).
Pero lo más inocente
de todo es que Marga también tiene la misma fecha.
MARGA —¡Ese es mi diario!… ¿Cómo lo ha conseguido?
INSPECTORA M. J. —Cuando
entré en este despacho por primera vez, en la librería había un libro rojo. Yo
no le di importancia, pero cuando vine por segunda vez alguien lo tuvo que
coger, porque las letras estaban del revés. Lo extraje y era un diario: «Diario de M».
Lo ojeé y lo dejé de nuevo en su sitio. Pero, porque siempre hay un… pero, vine
para seguir con la investigación… ¡ya no estaba el diario en su sitio! Y me
dije: aquí hay gato encerrado. Entonces, como buena detective, busqué y me
senté en el sillón de Marga. En la mesa, en el lado izquierdo, hay dos cajones.
En el primero…
(Silvia interrumpe a la inspectora).
SILVIA —¡Marga! ¿Cómo es que no me has
dicho nada de ese diario?
MARGA —Porque es mi diario personal.
SILVIA —Marga, llevamos juntas mucho
tiempo y te has guardado ese secreto.
INSPECTORA M. J. —¡Bueno,
está bien! Vuestros problemas los dejáis para más tarde. Como os iba diciendo,
en el primer cajón solo encontré informes y contratos de empresa, y en el
segundo cosas más personales. Pero ese cajón tiene dos partes. ¿Es cierto,
Marga?
MARGA —Sí.
INSPECTORA M. J. —Y Silvia se
preguntará: ¿cómo es que yo no lo he descubierto? Pues yo te lo voy a decir.
Debajo del segundo cajón hay un botón que se activa y se abre una trampilla, y
ahí estaba el diario. Entonces pensé: si el diario es de Marga, lo tenía en
secreto. ¿Quién lo ha puesto en el segundo cajón? Pues la misma Marga, por
supuesto. Esta vez sí estuve leyéndolo. En la última página decía esto. Marga,
lea, por favor.
(La inspectora le entrega el diario a Marga).
MARGA —Días pasados contraté a un
detective privado porque sospecho que Silvia tiene un rollo con alguien; de ahí
la falta de dinero que hay en la cuenta. El detective me entrega fotos y, como
sospechaba, Silvia y Teresa están liadas. Tengo que hablar con Silvia y, si es
verdad, disuelvo la empresa y nos divorciamos.
Nota: 28 de diciembre. Broma a la inspectora M. J.
INSPECTORA M. J. —Cuando leí
esto ya tuve el caso resuelto. Broma a la inspectora M. J. ¡28 de diciembre,
inocente… inocente! Os debería meter a todas en el talego, pero lo voy a dejar
como broma.
(La inspectora M. J. coge la botella de champán y una copa y se la
llena).
Ahora la que brinda soy yo, por la chapuza de asesinato.
(Bebe y le da la copa a Juliana. Se va del escenario diciendo:)
¡Inocente, inocente!
FIN

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